Informe negro



Autor: Francisco Hinojosa
Ilustrador: Ricardo Peláez
Editorial: Alfaguara
Comic
Recomendado para: lectores en marcha
Tomás Sanabria es un Quijote moderno, quien un buen día decide renunciar a su empleo en una fábrica de clips y autonombrarse, en una ceremonia sencilla, detective privado. Así comienza Informe negro, el relato negro de Francisco Hinojosa. Aunque en un comienzo fue publicado para adultos, esta bella adaptación en lenguaje de comic permite tanto a niños como adultos sumergirse en una obra que se apropia, a la vez que parodia, del género negro.
La obra de Hinojosa no es la única que ha buscado aproximar este género, que busca adentrarse en el mundo de los detectives y el crimen, a los más pequeños; títulos como Aventuras de la mano negra, Tom Sawyer detective y Detective Chesterton,  entre otros, han emprendido este sendero con anterioridad. Sin embargo, a diferencia de estas, Informe negro destaca por la crudeza al burlarse de los principales tópicos del género así como por denunciar una realidad atroz, que se descubre al final.
Este curioso volumen no deja bien parado a su protagonista ni su búsqueda ni sus contactos ni la resolución del misterio. Apoyado en el gran sentido del humor de Hinojosa, el relato quijotesco termina denunciando toda una realidad social de la que en apariencia hace mofa. Los lectores adultos descubrirán en Tomás Sanabria, ecos de Phillip Marlowe y de Lew Archer. Sin embargo, a diferencia de ellos, este detective sólo simula ser un héroe.
De otro lado, no deja de ser interesante, que sea Alfaguara la editorial que se anime a presentar este comic dirigido al público infantil con tanta reminiscencia e intertextualidad con el mundo adulto. 

Los cuadernos de N. Una antinovela irrespetuosa y tierna sobre la soledad del hombre postmoderno.



Autor e ilustrador: Nicolás Suescún
Editorial: Planeta
Recomendado para: Jovenes Lectores.
Novela ilustrada

Supe de N por vez primera hace más de diez años. Leí sus cuadernos con esa felicidad omnívora y poco selectiva del lector adolescente. Algo de su regusto sin embargo se quedó en algunos de mis escritos, algo de su ironía se deja traslucir aún hoy en día en mis palabras. Eso, a pesar de no retener una sola de sus palabras en mi memoria, sólo una forma de mirar el mundo, una forma de ser en él.  A lo largo de todos estos años sin embargo, no he dejado de nombrarlo o de buscarlo, en vano, en alguna librería de viejo. No de manera obsesiva, sino como aquel viejo que acecha a la puerta del cementerio, cuál de sus viejos conocidos  llega primero que él a la fosa del olvido.
Hace unos cuantos días, después de leer un artículo en la revista Arcadia sobre Nicolás Suescún, el viejo deseo se hizo más fuerte y pedí a Danny que me consiguiera el libro en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Así, menos de una semana después, el tomo llegó a mis manos en inmejorables condiciones.  La misma edición que había leído en mi adolescencia.
Los cuadernos de N es una novela dividida construida por aforismos y dividida en capítulos temáticos. Así, se construye una particular forma narrativa que nos deja la esencia de su protagonista, N, a través de múltiples, absurdos y delirantes episodios de su vida y los reflejos de sus pensamientos; logrando que no podamos dejar de querer a N ni de detestarlo ni de inventarle chismes ni tenerle conmiseración. De alguna manera, Suescún logra crear una novela sobre un personaje al que casi podemos considerar un vecino o un tío lejano pero entrañable.
No coincidimos en todo con N, por supuesto, pero algunas de sus situaciones nos quedan acompañando: 

Las personas que pueden decir sin pestañear: “Que lindo era todo cuando éramos niños”, deben tener amnesia. Por supuesto, los padres tratan, cada vez con menos ánimo a medida que envejecen, de taparle los ojos a sus hijos. Cada vez lo logran menos, porque la sociedad se cuela por todos los rincones de su casa. No hay intimidad ni aislamiento si no hay voluntad común de cerrar los ojos. Y siempre habrá rebeldes o idiotas que no puedan hacerlo. Siempre habrá niños que llegarán a viejos. Siempre habrá viejos que llegarán a niños. Piensa N.
***
Todos fuimos cazadores alguna vez. Pero unos cazaban osos y leones. Otros, como N, moscas.
***
N se asombra. Mi antepasado –son uno todos ellos, mis abuelos –mi doble, mi alma y mi persona –con sus sombras- están siempre de acuerdo, van donde yo voy, y hasta duermen conmigo.
Extraño: primero pensé ser uno, luego dos, después me di cuenta de que era tres, o cuatro o cinco. Por último, percibí que era incontable. ¡Un ejército! Y todo él –inquieto, sudoroso, estridente-metido en el mugriento atado de un mendigo.     
***
Proteico N, reflejo sempiterno de nuestros espejos.

Los niños tontos



Autora: Ana María Matute
Ilustrador: Javier Olivares
Editorial: Media Vaca
Recomendado para: lectores en marcha
Libro ilustrado

Son tontos, tontísimos, alcanzan altos niveles de idiocia y cretinismo. Uno tras otro los niños que componen esta galería hacen las cosas más estúpidas por las razones más equivocadas. En un principio podría pensarse que contar historias tontas sobre niños tontos sería una soberana tontada. Sin embargo, no has leído más de tres líneas cuando te das cuenta que hay algo más, que en cualquier momento te va a saltar un gato en la cara. Y, por supuesto, resulta que claro, que no faltaba más, que cada relato está teñido de una poesía sutil y maravillosa que impregna cada palabra de una honda tristeza. No hay risa al final de ninguno de los textos. Hay retazos de marginalidad y mucho de sapiencia, hay toda una crónica del olvido, del desarraigo y del abandono.
Las historias que teje Ana María Matute son descarnadas pero se disfrazan de poema. Son terriblemente tristes y cada tontería de sus protagonistas se explica según la lógica de la niñez y de la soledad. Son pocos los adultos que desfilan en estas historias. Son pocos y se suelen destacar por su indiferencia o su negligencia o su simple invisibilidad. Adultos que vienen y se van, que dan la espalda o dicen un par de palabras nada más.
Las ilustraciones de Javier Olivares se suman, en sus trazos negros sobre fondo azul, para teñir de estridencia y melancolía cada una de las historias aquí contadas. Sin melodramas ni exageraciones. Al final, sentimos que somos un poco tontos o un poco más sabios, pero al fin y al cabo un poco más tristes a la mañana siguiente…


La cosa perdida


Autor e ilustrador: Shaun Tan
Editorial: Barbara Fiore Editora
Recomendado para: Lectores en marcha
Libro-álbum

Cada cosa tiene su lugar. Cada cosa tiene inexorablemente su lugar. Los lunes comienzan los trabajos y las clases; el mundo es de los jóvenes y seis pies de tierra les pertenecen a los viejos.  Sólo si consumes tienes derecho a existir. Lo contrario es subversivo. La inútil e inclasificable debe ser enterrado, sacado de circulación, apilado y/o olvidado. El libro fue publicado en el 2005, pero parece escrito apenas ayer bajo las regulaciones de la ley SOPA o la ley Lleras o el ACTA. Quizás es porque la historia humana está sembrada de la prelación de la uniforme, lo útil, lo consumible sobre lo singular. Lo que nos escandaliza hoy es lo que hemos preconizado desde siempre.
Lo llaman Bullying. Se trata del abuso de los fuertes inseguros sobre el débil otro. El diferente (débil, negro, homosexual, pequeño, alto, blanco, albino) es sistemáticamente golpeado, humillado, destrozado. Pasó en Auschwitz. Sigue pasando en las aulas de clase. Sin embargo esta explicación es insuficiente. Seguimos el ejemplo de las familias y de los gobiernos y de los medios masivos de comunicación.
La cosa perdida no trata de esto. Trata de un niño que encuentra una cosa (sí, cosa, la palabra más inútil de todo el vocabulario porque lo designa todo y nada) y decide ayudarla. También trata de una oficina que se ofrece a encargarse de las cosas que no se pueden clasificar. Además existe un tercer lugar, sin documentos del gobierno, sin burocracia, sin trámites que nadie puede encontrar a menos que sepa que es lo que está buscando.  Todo esto lo envuelve en unas magníficas viñetas que ubica en un fondo de diagramas y columnas contables y edictos gubernamentales. Shaun Tan se hace cargo de la situación. Evita papeleos inútiles. Se adelanta a las pequeñas mentes. En la contraportada leemos como el libro se cataloga de antemano como subversivo. En la mejor tradición de las grandes obras literarias.
Subversivo, quiere decir que subvierte, modifica, cambia, pone patas arriba, un orden social, status quo, existente. A veces son grandes actos que cobran vidas injustamente (no toda subversión es buena), a veces son pequeños como inculcar a los niños el hábito de la lectura, como insistir tercamente en que las editoriales que trabajan con el Plan Lector no tienen porque acogerse a lo que más y mejor se venda porque sus clientes son padres y docentes que sólo buscan lo políticamente correcto. A veces se trata de escribir una y otra vez un blog…

En el 2011,  La cosa perdida, convertido en cortometraje ganó un premio Oscar. A veces se gana...

Cuidado con el amor



Autor: Alberto Rodríguez
Editorial: Corporación ideas y palabras.
Colección: Tambor arlequín.
Colección de cuentos
Recomendado para: jóvenes lectores

Con Alberto nos unen variadas pasiones y nos separan unas cuantas diferencias. Entre las pasiones se hallan el amor por la palabra escrita, la negación al facilismo, una buena ginebra – yo la prefiero con limón, a él le gusta pura- y una buena conversación. Entre nuestros abismos se hallan, y en ello ambos somos irreductibles,  su preferencia por la escaleta a la hora de escribir –inclinación que comparte con Mario Mendoza-, su amplio mundo y nuestras preferencias lectoras –Alberto se niega a leer basura, yo disfruto aún leyendo Bill, el héroe galáctico.
Su experiencia docente lo ha llevado a  escribir Lectura y entendimiento, un ladrillo de gran riqueza conceptual pero de estilo denso y un libro para niños cuyo tema y título desconozco. Después de jubilado decidió emprenderla con la promoción de lectura y la deformación de futuros escritores. Así, se halla desde hace algunos años dirigiendo el capítulo Cali del taller de Relata, que ha obligado a muchos pichones de escritores a terminar sus proyectos y a escribir. Debo reconocer que en variados casos estos pichones han terminado publicando cuentos e incluso novelas completas. Digo nombres, Silvia Valencia, Ana María Díaz,  David Vázquez, Elizabeth Ruales y este suscrito servidor.
Así que por morbo, saña y mucha mala leche debía leerme el más reciente de sus libros. Pero me demoré. Debo reconocer que Cuidado con el amor, no era el primero de mi fila de libros. Como todo lector en mi biblioteca hay un porcentaje de libros, pedidos, robados, olvidados o comprados en un saldo, que aún no se han leído y que estaban esperando su turno. Bueno, en mi ego decido que ellos estaban esperando. Así que en estas vacaciones puse las cosas en orden y antes de darme cuenta ahí estaba el libro de Alberto Rodríguez.
Cuidado con el amor, es una colección de 11 cuentos precedidos por una cita bíblica, Acuérdate que mi vida es un soplo, mis ojos ya no verán más la felicidad. (Job 7-7). Es curioso como diferentes lectores leen lo que les interesa. Julio Cesar Londoño encuentra en Cuidado con el amor, “El alma negra de los relatos, la maldad tallada a mano de las tramas y la violencia heráldica”; Mario Mendoza dice que “La otra cara de nuestra guerra tiene nombre: el desamor.”; en tanto Cristian Valencia habla de “…algo que flota en los cuentos de Alberto y no es el amor, aunque el amor inunde cada relato por los resquicios.” Estoy de acuerdo con todas – en menor grado con la de Mendoza-  y sin embargo yo hallo otra cosa, hallo un encuentro con la religión y con la erudición. Son por supuesto los elementos que cada lector halla de sí mismo en lo que lee. Casi todos los cuentos tienen una referencia o reflexión religiosa y al menos en la mitad de ellos se encuentran referencias librescas. Por ejemplo en mi cuento favorito, ¿De quién es esa sangre Susana?, en un bar llamado La Traba, aparece de manera inverosímil una fotografía de Borges –Espero que María Kodama no decida censurar también esa imagen-; en otro de esos cuentos que dejan su marca en el lector, Hoy es miércoles, señor, se puede leer una magnífica reflexión, Es ante todo en razón del tiempo que los sueños son un género literario, porque aunque no son como la vida, toman de  ella, igual que la literatura, las cosas que necesitan (Rodríguez; P. 154).
Por supuesto, como en toda colección de cuentos, hay algunos que gustan más o menos al lector. El putero me pareció casi un ejercicio inútil, mientras que al leer ¿De quién es esa sangre Susana? entendí de golpe ese juego narrativo que adorna varios de sus cuentos, donde a mitad de una frase el narrador cede la voz a un personaje.  Sin embargo debo reconocer que al menos cada cuento deja una línea, un sabor, que deja cierto regusto a veces dulce, a veces amargo, tan propio de él.