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EL EDIFICIO

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, abril 27

Autor: Jairo Buitrago
Ilustraciones de: Daniel Rabanal
Editado por: Babel Libros – Manuvo (en su versión digital)
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum – Libro digital

     Encontré este libro por casualidad en la red. Y digo que lo encontré en la red, porque en este caso El edificio surgió ante mí como una construcción digital. Como tal me recordó –cómo no podría hacerlo – a Los once. Por supuesto, se trata de ofrecimientos muy diferentes tanto en factura como en objetivo. Los once surgieron del crowfunding, El edificio tiene el respaldo de una beca del Ministerio de Cultura y de Babel Editores, que no es poco decir.
     En ese primer instante, digital, El libro me pareció curioso, destacando especialmente su acompañamiento musical y el dinamismo que había al pasar las páginas o las escenas. Sin embargo, encontré un par de textos que escapaban de la diagramación, cortándose en la margen derecha y la historia, de alguna manera, no me terminaba de cuajar. Como elemento adicional que hay que subrayar se encuentra la posibilidad de navegar por el mapa de una Bogotá que hoy ha venido a menos, además de poder compartirlo con amigos, que vivan en otro país, puesto que se puede leer también en inglés.
     La sorpresa, sin embargo, vino después, cuando encontré el libro en formato impreso de manera completamente accidental. De hecho no se me había ocurrido que eso pasase, pensaba que Babel Libros había decidido sin más entrar en el medio digital. El libro no es difiere de manera importante de la versión digital, de hecho el soporte –cualquiera de los dos – ni le quita ni le pone al relato que es, en últimas el de un edificio, no el de doña Blanca, ni del relojero Levin, ni del niño –Iván- que decide robarse esos zapatos viejos para darle lugar a unos pequeños ratones que han nacido en un rincón del edificio.
     Si me centrara en la dificultad que tiene El edificio  quizá sea esa, hay un enorme interés por contar como el paso del tiempo ha afectado a Bogotá, a las personas que viven en esa ciudad (un viejo relojero que llegó desde joven a Bogotá, una maestra pensionada con solo un par de zapatos, un niño que trae color en la segunda etapa del relato), a los edificios que la amueblan. El resultado es nostálgico – ayuda a ello los colores sepia, la textura del papel-, pero hay dificultad en conectar de manera emocional con los personajes, puesto que son solo una excusa para relatar el impacto del tiempo en su arquitectura. Es la misma dificultad que se tiene cuando se encuentran esos relatos empeñados en contarle al lector algo e la virtud y la moral, sin dejar fluir a los personajes ni la propia historia.
     Quienes quieran conocer la versión digital del relato, la pueden encontrar tanto en la App Store como en Google Play (Me consta que en esta última es gratuita). Sea también esta, amable lector, una invitación para que nos des a conocer tu opinión.  

READY PLAYER ONE

Author: Diego Fernando Marín
domingo, abril 17

Autor: Ernest Cline
Traducido por: Juanjo Estrella
Publicado por: Editorial B Grupo Zeta
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela - Ciencia ficción

     Cuando se habla de fantasía ha llegado a ser inevitable discutir acerca de si es mejor escritor John Ronald Reuel Tolkien o George Raymond Richard Martin. Por un lado se tiene la destreza gigantesca de Martin para manejar la enorme cantidad de personajes que tienen en sus novelas. En tanto, Tolkien tiene a su favor la riqueza narrativa y literaria que se deja traslucir en cada línea, en cada delicada descripción. Ahora bien, lo que parecen tener ambos escritores en común es que ninguno de ellos pensaba en la pantalla, grande o chica, al momento de estar escribiendo. De hecho, si le creemos a Martin, lo que él buscaba era crear un relato que no pudiese ser traducido a la pantalla.
     El fenómeno se estos dos escritores se halla, empero en una franca oposición a lo que parecen estar haciendo otros escritores el día de hoy. Algunos de ellos incluso parecen escribir un guion antes que una novela o un relato que pueda funcionar por sí mismo. Incluso veteranos en la literatura infantil y juvenil (LIJ) como Cornelia Funke, parecen estar pensando en la pantalla mientars están ejerciendo su oficio. Así, en algún momento declaró sentirse maravillada porque Brendan Fraser protagonizara la adaptación de Corazón de tinta al cine, puesto que era a él a quien se había imaginado como Lengua de brujo. Esta parece ser también la situación de Ready Player One, cuyos derechos fueron vendidos a los estudios Warner, al mismo tiempo que se realizaba su publicación.  
     Ready Player One narra la historia de una gesta que tiene lugar en el ciberespacio, una mezcla entre el mundo utópico y olvidado de Second Life y el mundo de quienes accedimos por vez primera al mundo de los videojuegos a través de Arcades como Pacman, marcianitos o incluso el juego de la culebrita, que muchos conocimos en Basic. Así, Wade Watts, a la manera de los protagonistas de los videojuegos clásicos va avanzando en un entorno virtual, mientras tiene que enfrentar dificultades y enigmas cada vez más difíciles con tal de lograr alcanzar el stage final, aquel que le dará acceso a riquezas inimaginables. Por supuesto, en el mundo irreal Wade es un don nadie, cuya historia recuerda un poco a la de cenicienta.
     Sin embargo, no pretendo ser injusto con el libro de Cline, ante todo porque logra uno de los objetivos más puros de la literatura, entretener. Y lo logra, dirigiéndose a dos grupos de lectores, aquellos que nacimos en la época de los videojuegos y aquellos que están a punto de entrar a jugar en la realidad virtual. Por un lado apela a nuestra nostalgia, por el otro explora lo alienante que puede ser el mundo virtual. El resultado es una novela que pronto veremos en los cines (como cosa curiosa tengo a Ferdie, mi mejor amigo de la infancia, desde hace dos años insistiéndome en la lectura de esta novela, que solo pude conocer porque pronto llegará a cine), narrada de la manera más sucinta posible, siguiendo el modelo de los videojuegos clásicos, a saber, primer enemigo fácil, segundo enemigo un poco más difícil, en tanto se adquiere equipamiento para poder enfrentar al boss, que en este caso es una multinacional tecnológica.

     En resumen, una obra divertida de la cual podemos pasar con rapidez a otra cosa.     

MALLKO Y PAPÁ

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, abril 13

Autor e ilustrador: Gusti  Rosemffet (Gusti)
Publicado por: Océano Travesía
Recomendado para: Lectores en marcha
No ficción

     Recientemente premiado en la Feria del libro de Bologna en la categoría de libros sobre discapacidad, Mallko y papá es un libro que desafía cualquier intento de encasillamiento. Es decir, no es una guía sobre la superación de una enfermedad (Gusti es claro al respecto, el síndrome de Down no es una enfermedad), tampoco es un diario en el sentido estricto de la palabra (no está dividido de manera específica por jornadas), ni es una narración convencional (No es un cuento o una anécdota, aunque algo de ello hay en algunas de sus páginas), tampoco es una crónica (Pero, mucho de ello hay en la forma objetiva en la que Gusti intenta dar cuenta de lo que siente y piensa acerca de lo que vive); solo puedo estar seguro de que se trata de un libro de no ficción. Y aun así, hay mucho de ensoñación, de poesía, de magia…
     En las primeras líneas Gusti comienza haciendo una confesión, confesión en el sentido que tiene que declarar algo que de alguna manera lo vulnera, no aceptó en un principio que su segundo hijo fuera Down. Todo el proceso que vivió para aceptar a Mallko es comparado con un dibujo que se quiere hacer y rehacer ad absurdum hasta que el artista se percata de que es perfecto tal y como está. Y Mallko es perfecto, tal y como es…
     Así, las páginas subsiguientes son un repaso de cómo es la vida con Mallko, de su forma de relacionarse con cada uno de los miembros de la familia (el único instante que me pareció innecesariamente reiterativo fue cuando refiere la forma en que Théo, el hijo mayor de Gusti y Anne, acepta a Mallko) para luego dar cuenta de los espacios que Mallko ha ido conquistando (La escuela, la cancha de fútbol) y sus formas de comunicarse (el juego y el amor).
     A esto hay que adicionarle que todo el libro está atravesado por una cantidad enorme de ilustraciones realizadas en una generosa diversidad de técnicas (collage, lápiz, acuarela, fotografía) y tipologías textuales (listas, libro álbum, historieta, poesía) con la consabida calidad y expresividad que solo Gusti sabe plasmar en su obra. En este orden de ideas, no es exagerado decir que en cada página aguarda una sorpresa.

     De esta manera Mallko y papá habla ante todo de la diversidad, del respeto y la aceptación; de la necesidad de anteponer el amor en cualquier tipo de relación en la que se busque construir a futuro, para toda la vida. En ese sentido, en todos los sentidos, esta es una obra iluminadora, imprescindible.  

LA INTELIGENCIA DE LAS FLORES

Author: Diego Fernando Marín
lunes, abril 11

Autor: Maurice Maeterlinck
Traducido por: Juan Bautista Enseñat
Editorial: Asociación Lengua Franca – Taller de Edición Rocca
Recomendado para: Grandes lectores
No ficción

No soy bueno con las cosas vivas. Las plantas se me mueren, y sospecho que si en algún momento llego a tener algún animal, este podría morir de forma inverosímil o inesperada. Eso no quiere decir que no me gusten los animales o las plantas, que no sienta empatía por ellos, es sólo que la cabeza se me va en otras cosas, libros, una esposa, unos alumnos despistados…
Sin embargo, La inteligencia de las flores es un llamado a ver la vida que nos rodea de otra forma,
Durante mucho tiempo hemos puesto un orgullo necio en creernos seres milagrosos, únicos y maravillosamente fortuitos, probablemente caídos de otro mundo, sin vínculos ciertos con el resto de la vida, y, en todo caso, dotados de una facultad insólita, incomparable, monstruosa. Es muy preferible no ser tan prodigioso, pues hemos aprendido que los prodigios no tardan en desaparecer en la evolución normal de la naturaleza. Es mucho más consolador observar que seguimos la misma ruta que el alma de este gran mundo, que tenemos las mismas ideas, las mismas esperanzas, las mismas vicisitudes y casi –a no ser por nuestro sueño específico de justicia y de piedad- los mismos sentimientos. (pp. 101, 102)
En este orden de ideas, el texto de Maeterlinck, aborda las flores como un ente volitivo que con el transcurso del tiempo ha ido desarrollando de manera consciente diversas estrategias dedicadas a lograr una reproducción más efectiva. Sin embargo, más allá de los elementos biológicos, el espíritu que anima esta obra es de un carácter más audaz y poético; “(…) un libro pagano, en el mejor y más profundo y vital sentido de esa palabra (…)”, tal y como lo afirma en el proemio de este volumen, Gustavo Wilches-Chaux. Así, La inteligencia de las flores es ante todo un libro consolador, un libro que trasciende la idea de la botánica para impregnar el espíritu del lector de cierto sentido de trascendencia, poniéndose de esa manera al mismo nivel de las grandes obras mitológicas de los pueblos.
Un libro sencillo, humilde, que trata de nuestras humildes vecinas, poseedoras de una inteligencia más vasta de lo que podríamos atrevernos a imaginar.  

DIARIO DE UN LOCO

Author: Diego Fernando Marín
jueves, abril 7

Autor: Lu Hsun
Traducido por: Sergio Pitol
Editorial: Asociación Lengua Franca – Taller de Edición Rocca
Recomendado para: Grandes lectores
Relato
     Hay un abuso de la idea de a locura, sobre todo entre los jóvenes. Se considera que ésta es una forma diferente de ver el mundo, y que los locos no están inmersos en la trampa de la sociedad. Existe una confusión importante entre el marginado (y aquí habría que entrar a ver la importancia de ser marginado) y el loco. Ante todo por el increíble sufrimiento que padece el enfermo mental y quienes le rodean. Quien quiera ahondar en esta situación solo debe pasar por las páginas de Lo que no tiene nombre de Piedad Bonnett.
     Lu Hsun no es ajeno a la problemática de la enfermedad mental, como no es ajeno a la situación política de principios del siglo XX en China, ideología que Juan Manuel Roca, afirma en el prólogo de esta edición, se trasluce en Diario de un loco.
     Por otro lado, a la tipología de la locura, Lu Hsun adicionará la del tabú de a antropofagia. De esta guisa, el hombre atormentado delira con la idea de que todos a su alrededor se alimentan de carne humana y que, bien que mal, él se está preparando para ser el próximo plato en la mesa. Así mismo sospecha que él ha probado la carne humana, quizá cuando su hermana menor murió cuando él mismo era un niño.
     De esta manera, aterrorizado, viendo en cada gesto un signo de lo que se le puede avecinar, va consignando en las páginas de su diario las ideas con las que construye con solidez el mundo de pesadilla que le rodea, donde no hay un salvador, donde su propio hermano, al declararlo trastornado, conspira contra su vida,
(…) ya todo estaba preparado: me acusaba de estar loco. De esa manera cuando llegara el momento de devorarme, no solo no tendría ningún escrúpulo para hacerlo, sino que la gente probablemente le quedaría agradecida. (p. 56)   
Diario de un loco es una obra intrigante de un número muy corto de páginas frente a los increíbles mamotretos y sagas que se escriben hoy en día, pero más que suficiente para expresar el dolor y el sufrimiento. Uno de esos libros que se vuelve a visitar una vez cada cierto tiempo.
Tal vez sea posible encontrar niños que no hayan probado la carne humana,

¡Salvad a los niños! (p. 63)

¿QUÉ ES LA VERDAD?

Author: Diego Fernando Marín
martes, abril 5

Autora e ilustradora: Antje Damm
Editorial: Iamiqué
Recomendado para: Los pequeños
Libro informativo

     La verdad es una criatura elusiva. Tanto, que para encontrarla un montón de pájaros, cientos, millones, salieron en su búsqueda. De todos ellos, sobrevivieron 30, solo para descubrir que el motivo de su búsqueda eran ellos mismos. Esa es la historia del Simurgh.
     En una búsqueda similar se adentra Antje Damm, quien a lo largo de las páginas de sus libros, estableciendo un dialogo entre los textos y las ilustraciones, se aviene a dudar de la verdad, a mostrar que muchas de las cosas que consideramos ciertas son relativas; incluso se encarga de mostrarnos que hay circunstancias bajo las cuales nuestros sentidos nos mienten.
     Hay algunas partes sin embargo que van más allá de la naturaleza de la verdad, como cuando Damm afirma que el efecto placebo es una forma en que el cuerpo se miente a sí mismo, o cuando se pregunta si los animales mienten, ejemplificando con el mecanismo de mimetismo de algunos animales. Sobe todo, porque en ninguno de estos casos se halla en marcha ningún elemento volitivo. El insecto palo no toma ninguna decisión de parecerse a la parte de una planta, el cuerpo no sabe que se le engaña para que responda como si no fuese engañado. Incluso hay una pregunta que cuestiona la misma realidad, ¿Es verdad lo que uno sueña?

     Lo maravilloso de ¿Qué es la verdad?, es que no se trata solo de un libro para leer en soledad o compartir en voz alta. Cada página es una provocación, una invitación a discutir, a conversas acerca de lo que vemos y de lo que hay detrás de lo que vemos; una invitación a buscar el Simurgh. 

TRÍPTICO DE LA INFAMIA

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 29

Autor: Pablo Montoya
Editorial: Penguin Random House
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

Pocos sabemos de nuestra historia. Usamos las palabras negro e indio como formas de insultos, adoramos un dios impuesto y adjudicamos a Europa la posesión de la ilustración. Somos América, la de Machu Picchu, la de las pirámides al Sol y a la Luna, la de los Mapuche, la de los Cimarrones, la del Salvaje Oeste; somos una mixtura inmensa aunque muchas veces eso parece olvidársenos. Somos desmemoriados y, por eso, se hace necesario que se nos recuerde que venimos de la sangre, de los huesos rotos y la fractura de nuestra línea de tiempo.
Quizá, con esa idea en la cabeza, Pablo Montoya se sumerge en la Europa renacentista y nos recuerda como fuimos vistos en aquel entonces por una parte de Europa, de la fe, del arte. En efecto, Tríptico de la infamia, sumerge al lector en la visión que de la América recién encontrada a través de los ojos de Jacques Le Moyne, François Dubois y Théodore de Bry, todos ellos luteranos.
El relato comienza con la visión de Le Moyne, quien llega a Florida en una expedición con el propósito de mostrar a la población indígena y, de paso a los españoles, otra forma de relacionarse. Una vez allí, descubre en los indios algo que lo conmueve y lo llena de curiosidad,
El cuerpo para los indios, fue esta su primera conclusión, era como una gran tela que, a su vez, podía dividirse en diferentes espacios. No parecía ser lo mismo pintar sobre la espalda y el pecho que hacerlo sobre los lóbulos de las orejas y las yemas de los dedos. (…) Conque el cuerpo es para esto, pensaba el francés, mientras veía a un indio desnudo y tocado de líneas, círculos y rombos como un inmenso pavo real. Ya existe para mostrarlo al modo de una obra itinerante. (…) El cuerpo se manifestaba como el lugar de todas las representaciones. (p. 44)
Sin embargo, como era de preverse, y a pesar de sus intenciones, el hambre, las dificultades y la avaricia de unos cuantos atraen la mirada de los españoles y con ellos el desastre.
Montoya comienza así a mostrar la infamia de los conquistadores. Sin embargo, después de estas primeras páginas, las más extensas, el relato abandona las tierras americanas y pasa a mostrar la influencia que este descubrimiento tuvo en la Europa de la época, sobre todo en una Europa que se debatía entre la fe católica y la luterana. Dubois narra su propia y desgarradora historia, siendo traicionado y muerta su familia. Al final, desposeído de todo, lo único que le queda es pintar La masacra de San Bartolomé en donde da cuenta de la masacre de los hugonotes a manos de los católicos franceses. Esa es toda su herencia, todo lo que nos quedó de él.
La estación final es de Théodore de Bry, grabador, quien ilustrará las narraciones de los viajes a América y los testimonios que hablaban de las atrocidades cometidas por los españoles, incluyendo las narraciones de Fray Bartolomé de las casas.
En conjunto, la gran protagonista de la obra es la visión, la forma en que las palabras acarician las obras que no se encuentran reproducidas en las páginas, la forma en que las palabras están dibujando la luz, las texturas y la perspectiva; la forma en que las palabras se adentran dentro de las pinturas y los grabados enseñándole al ignaro en que debe fijarse cuando se enfrente a esas obras en particular.  
No debe dejarse de lado que la obra, dividida en tres partes, se halla narrada de tres maneras diversas. El relato de Le Moyne se encuentra narrado en tercera persona, en tanto que a Dubois se le permite hablar por sí mismo. Sin embargo, la tercera parte es quizás la más desigual, Montoya se aleja del renacimiento y ve a de Bry a través de nuestra propia época, incluso en su caminar un profesor le pregunta cuál es la razón de quedarse tanto tiempo en un país que le es ajeno, cuando las pruebas documentales que puede encontrar sobre de Bry son tan escasas y tan ínfimas, tan inútiles; incluso en una calle le ofrecen, entre risas, un bareto. Montoya no se arredra, camina las calles por las que caminó el grabador, describe sus grabados, le acompaña con su familia una vez que ha cumplido con su labor.     

   Si bien las palabras de Montoya son potentes, las vidas que ilumina son estremecedoras, hay elementos que intranquilizan al lector. Los luteranos son tan buenos (Montoya como personaje se declara ateo), los católicos son tan brutales, los indígenas solo existen a través de las miradas de los europeos, no tienen vos propia. Tal vez a eso nos hemos acostumbrado.  

LA ISLA DE LOS CIEN MIL MUERTOS

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 23

Autor: Fabien Vehlmann
Ilustrador: John Arne Sæterøy
Traducido por: Óscar Palmer
Editorial: Astiberri
Recomendado para: Lectores en marcha
Novela gráfica

     La isla de los cien mil muertos tiene el título perfecto para atraer la mente morbosa de más de un lector, amén, de recordarnos a los más veteranos, un tiempo en que títulos como Sandokan, el tigre de la Malasia estaban a la orden del día. Se trata, cómo no, de un relato que sigue algunos de los tipos más comunes de los relatos de piratas. Así, encontramos a un par de personajes –claro, uno con parche y chaleco- adentrándose en un cementerio improvisado en una costa, mientras al fondo, navegando en el océano, entrando a la página, se deja ver un antiguo bergantín.
     El protagonista del relato es Gweny, una chica que ha perdido a su padre, quien al encontrar un mapa en una botella se ha perdido en busca de la legendaria Isla de los cien mil muertos, un lugar repleto de tesoros. Y Aunque dicen que el rayo no golpea dos veces en el mismo lugar, Gweny encontrará un mapa que podría llevarla donde su padre.    
     Este, es solo el comienzo de una delirante aventura que incluirá piratas, verdugos, torturas inimaginables, un asesino renuente a matar a otros y un padre que carga sobre su conciencia un hecho atroz, haber abandonado a su hija en brazos de su madre. El resultado de la suma de todos estos elementos es una novela gráfica que no se puede dejar de leer hasta el final, repleta de humor y giros imprevistos, que dará al lector mucho que pensar acerca de lo que quiere para su futuro, las relaciones familiares y que se puede esperar de un sitio conocido como La isla de los cien mil muertos.
     Las ilustraciones de John Arne Sæterøy, más conocido como Jason, son sencillas, dedicándose a lo esencial, mostrar al lector las situaciones sin adornarlas de manera excesiva. Aunque debo anotar que los extraños ojos sin pupilas de los personajes, que los psicólogos relacionamos con la psicosis, son bastante perturbadores.
     En este momento, en que la dicotomía en el mundo del cómic, parece darse de manera exclusiva entre los amantes de Marvel y/o DC, es refrescante encontrar otros lenguajes, otros espacios en donde no son necesariamente los superhéroes los personajes más relevantes. No en vano, cuando Alan Moore quiso saber qué tipo de narraciones gráficas se leerían en un mundo plagado de superhéroes, solo encontró una respuesta, historias de piratas.     

EMMA Y JUAN

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 22

Autora e ilustradora: Amalia Satizábal
Editorial: Gato malo
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum

     Supe de Emma y Juan  cuando la revista Semana anunció que habían sido incluidos en la categoría de ilustración en la lista de honor de la IBBY este año. La noticia me causó curiosidad, en primer lugar porque Semana, al igual que muchos otros medios, no se ha caracterizado por visibilizar (no recuerdo una reseña en sus páginas sobre el tema) la literatura infantil y juvenil; y segundo, porque la obra pertenece a una editorial pequeña, Gato malo, de quienes conocía Estúpido y Circo de pulgas. Con todo, la obra no me sonaba para nada y no recordaba haberla visto en ninguna parte.
     Algunas semanas después, mirando en la librería de El globo, sin decidirme por ningún título (Cada vez me cuesta más elegir un libro de LIJ para comprar) me encontré la obra de Satizábal y me la leí de un tirón. Aclaro, no sólo me refiero a su extensión sino que algo en ella, su tema, su ilustración, me llevó a querer acabármela de prisa, a querer llegar con prontitud al final.     
     Emma y Juan es una de esos libros que demuestra que la LIJ no necesariamente debe ser protagonizada por niños o jóvenes. En este caso sus personajes principales son adultos, incluso, personajes que con mucha probabilidad han pasado la mediana edad, solitarios, autónomos y con una forma de ver la vida ya formada. Juan es un oso formal, lector, centrado. En cambio, Emma es una tigre de Bengala, curiosa, artista, hiperquinetica. Ambos entonces deben enfrentarse a la frustración de conocer a otro que es por completo ajeno a lo que ellos mismos son; a la frustración y al encanto, puesto que conocer a alguien más, significa dar espacio a la sorpresa, a lo que no se conoce, a lo imprevisible.
     Así, Emma y Juan se convierte en uno de esos libros imprescindibles alrededor de los cuales se puede encontrar muchos temas de conversación, porque capta un trozo vivo de la cotidianidad, un trozo que en este momento puede estar aconteciendo en Beirut, Granada o en la casa de al lado.
     Por supuesto, no se puede dejar de lado las ilustraciones empleadas por Satizábal. Aunque al ojo del lego se trataría de ilustraciones realizadas a color y a tinta, los ojos de Silvia, más conocedores, me revelaron que se trataba de una forma de grabado (me dijo el nombre en especial, pero mis porosas neuronas no me han permitido recordarlo), lo cual le permite enriquece aún más la ilustración,  permitiéndole crear unas texturas muy especiales, una profundidad muy propia.
     Para quienes gustan de los paratextos, al final, cuando la editorial señala el número de ejemplares, el lector podrá encontrar una sorpresa, lo que en términos cinematográficos y de videojuegos se conoce como un huevo de pascua, y que permite una interpretación un tanto diferente de la obra, que invita a ir más allá y más acá del vivieron felices para siempre de los cuentos de hadas.

     Así, te sugiero, Oh lector constante, que no dejes pasar mucho tiempo sin leer esta pequeña, en tamaño,  obra de arte. 

EL GATO QUE VENÍA DEL CIELO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 21

Autor: Takashi Hiraide
Traducido por: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial: Alfaguara
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     Nunca he terminado de entender esa fascinación que muchas personas tienen por los gatos. Martha Rengifo hablaba hasta la saciedad (de los otros) de Genio, el gato que hacía lo que le daba la gana, incluso acostarse sobre el teclado cuando ella estaba escribiendo. Martha Rada (Tengo demasiadas Marthas en mi vida) tiene su Facebook lleno de la misma foto de Obelisca, su gata, en el mismo sueño sempiterno. Mientras Nathalie Lunajaguar acaba de publicar una foto de su gata sobre este libro, mucho mejor que la que yo he publicado (ella tiene un gato real mientras yo no.) De hecho, el único gato que me gusta es Garfield, aunque nunca me gustaría encontrármelo en la misma habitación.
     Ha llegado el punto que muchos animales de los animales dividen a las personas entre amantes de los gatos y amantes de los perros. Como decía, nunca he entendido esta fascinación, aunque El gato que venía del cielo casi ha logrado hacerme entender esa idea, contemplar incluso la idea de adoptar un gato.
     La idea que atraviesa este libro es la del relámpago y la del centelleo como elementos subyacentes a toda la historia. Incluso en uno de sus capítulos, Hiraide discute la diferencia entre inazumatori e inazumadori, dos ideogramas, dos conceptos, escritos de igual manera pero que significan cosas diferentes. Así, de acuerdo a Hiraide, “la captura del destello es inazumatori. Atrapar cualquier cosa que tiene un movimiento como de destello es inazumadori.”(p. 87). En este sentido lograr escribir acerca de Chibi, el gato de la historia, sería inazumatori, en tanto que la novela misma, que atrapa un instante de la vida del autor, sería inazumadori. Por supuesto, se trata tan sólo de una interpretación.
     El gato que venía del cielo narra el encuentro que tienen una pareja de esposos con un gato, Chibi, pequeño, ingresa a sus vidas, adoptándolos de esa manera tan propia que tienen los gatos con los seres humanos y compartiendo un instante de sus vidas con ellos. Debe decirse que la acción es poca, que los hechos narrados están salpicados en medio de profundos instantes de contemplación acerca de las formas en las que están construidas las casa o la disposición de los jardines e incluso el juego con las libélulas. Y en medio de todo eso, el juego de Chibi,
Cuando vagábamos juntos por el jardín, su cuerpo se ondulaba como una ola. Era su forma de comulgar con el entorno antes de echar a correr como poseído, trepar hasta la copa de los árboles y, como si quisiera escapar hacia alguna parte, su cuerpo entero temblaba, se estremecía antes de prepararse a dar un salto. Muchas veces me permitió ser testigo de aquellos instantes de éxtasis (p. 69)
El gato que venía del cielo, se convierte de esta forma en un vistazo al mundo de los gatos, pero también en un vistazo al mundo japonés, y en cómo podemos ser transformados si tan solo dejamos que lo otro, sea humano o animal, nos toque.        
Foto robada a Nathalie Lunajaguar.