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MATERIAL SENSIBLE

Author: Diego Fernando Marín
martes, enero 3

Autor por: Neil Gaiman
Traducido por: Laura Fernández y Mónica Faerna.
Editado por: Ediciones Salamandra
Recomendado para jóvenes lectores
Colección de cuentos

    
     Una de las apreciaciones comunes acerca de Gaiman es que se trata de una suerte de Rockstar de la literatura. Allí donde va se le idolatra y se le considera un referente, tanto en el mundo de los cómics como en el del texto alfabético. Así, ha publicado novelas, narraciones gráficas, relatos infantiles, audiolibros y participado en verdaderos espectáculos de lectura en voz alta. Sin embargo, en contraposición a muchos fenómenos del momento, Gaiman posee mucha más habilidad, profundidad y perdurabilidad que los éxitos editoriales de una sola saga. Suya es la versión contemporánea que tenemos de Morfeo, el señor de los sueños -Sandman-; suyas son las nuevas versiones que tenemos de cuentos de hadas como Blancanieves –Nieve, manzanas y cristal de azogue- o La bella durmiente del bosque –La joven durmiente y el huso-; suya es la reconfiguración de las antiguas mitologías –Instrucciones, American Gods-; suya es una de las obras contemporáneas más aterradoras para muchos niños –Coraline-.

Material sensible es la tercera recopilación de relatos (No comprendo aquí si se trata de un despiste del autor o un error editorial. Gaiman dice en su introducción de manera literal, “Ésta es mi tercera colección de cuentos” (p. 16). Empero, al menos en español, esta sería la cuarta antología, siendo las anteriores, Humo y espejos, Objetos frágiles y El cementerio sin lápidas y otras historias negras), salpimentada con poesía, de Gaiman, y una de las mejores que se pueden encontrar en el mercado. Aunque siendo sinceros no tiene mucho con que competir, cuando hoy en día el mercado de cuentos es bastante más reducido de lo que debería.  

      En lo personal las obras de Gaiman me gustan en sus variadas presentaciones. Sin embargo Material sensible tiene para mí un atractivo especial, pues en su interior se encuentra Las nada en punto, un relato protagonizado por Dr. Who, mostrando que no se debe enviar a la guerra a los hombres buenos. Destacan, así mismo, un relato sobre Sherlock Holmes, resolviendo el problema de la muerte, y la espeluznante Clic-Clac, el sonajero. Con todo, y a mi pesar, hay un poema que debería evitarse a toda costa, Cómo montar una silla, que es aterrador solo por el hecho de que un escritor tan bueno pueda atreverse a publicar una cosa tan mala. En compensación El oficio de bruja, es un singular poema pleno de tristeza.


     Cómo montar una silla aparte, el lector se encontrará ante una colección de cuentos, que se empecinaran en volver a su mente una y otra vez. Ya sabéis, como todo buen relato de Neil Gaiman.    

      P.D.: Alguien debería aclararle a los traductores que los lobos tienen garras, no pezuñas. Lo había leído en Crepúsculo y me lo vuelvo a encontrar aquí. Pezuñs tienen los animales ungulados como las vacas y los caballos. 

LAS CARTAS DE PAPÁ NOEL

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, diciembre 21

Autor e ilustrador: John Ronald Reuel Tolkien
Traducido por: Manuél Figueroa
Editado por: Baillie Tolkien
Editorial: Minotauro
Recomendado para: Primeros lectores
Libro ilustrado

     Si bien no soy creyente, en los últimos años he visto con creciente estupefacción como la idea de lo políticamente correcto va haciendo que se pretenda celebrar la navidad como si se tratase de un acontecimiento que ninguna relación guarda con la religión, al punto que en algunos países europeos no se hace mención de elementos religiosos para no herir susceptibilidades. La cuestión no deja de ser curiosa, además, porque no solo el Cristo Blanco ha asentado su nacimiento en diciembre, sino que dioses tan diversos como Cronos, Mithra y Beiwe, entre tantos otros, también han centrado sus celebraciones alrededor del solsticio de invierno.

     Para los padres, creyentes o no, Navidad también es un momento para “recompensar” a sus hijos por sus buenas acciones o “castigarlos” si han sido malos. Con todo, la efectividad de este mecanismo solo surte efecto si se mantiene la creencia, por tanto, una de las mayores preocupaciones para muchos padres es mantener la fe y la ilusión en los pequeños. Al parecer Tolkien no era diferente en esto al resto de los padres; en cuanto al tamaño de la ficción que construyó para mantener este artificio, bueno, nos estamos refiriendo al creador de la Tierra Media.

     Creo, sin temor a equivocarme, que los hijos fueron el motor creativo de Tolkien. Así, El hobbit, fue un cuento de niñez y El señor de los anillos un relato de adolescencia y juventud. Ambos verían la luz tiempo después de ser relatados a sus hijos en primer lugar. En contraste, Las cartas de Papá Noel nunca fueron editadas ni reelaboradas para una posterior publicación, fueron elaboradas para la intimidad de su hogar. Año tras año, Tolkien, un padre que buscaba mantener la fe de sus hijos en un ser superior, un santo en este caso, redactó e hizo llegar a manos de sus hijos cerca de veinte cartas en las que relata la rica vida que tenía Papá Noel (Father Christmas en inglés) en el Polo Norte.

     A pesar de la infinita riqueza narrativa de Tolkien, las cartas no son extensas, sin importar si se tratan de sucesos cotidianos o de grandes batallas contra los duendes; en cambio sí contienen elementos que ayudan a  apuntalar su visión de la navidad, un mundo amable en donde la presencia del mal existe pero sin lograr amenazar con seriedad la existencia de quienes en él habitan. A medida que pasan los años el mundo del Papá Noel de Tolkien se amplia, se llena de conflictos, pero también gana en profundidad y melancolía. Asumo, no tengo evidencias de ello, que Tolkien se enfrentaba de manera literal contra el tiempo, contra el momento en que la ficción ya no podría ser mantenida ante sus propios hijos.

     En consecuencia, Las cartas de Papá Noel, no es un libro extenso en número de páginas, pero si intenso en las emociones que Tolkien concentró en ellas, amén de la gran cantidad de ilustraciones que en el libro encontramos. Razones de sobra para lamentar que no se haya reeditado y solo se pueda acudir a las bibliotecas para tener sus páginas iluminándonos por cortos períodos de tiempo.     


LA NOVELA DE GENJI

Author: Diego Fernando Marín
martes, diciembre 20

Autora: Murasaki Shikibu
Versión, introducción y notas: Xavier Roca- Ferrer
Prólogo: Harold Bloom
Editado por: Ediciones Destino
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     Ubicada entre el siglo X y el XI de nuestra era La novela de Genji (Genji Monogatari) narra la vida de un cortesano japonés. No hay aquí nada de lo que nuestro pueril  imaginario reconoce como japonés: no hay espadas gigantescas, ni héroes a caballos, ni animadversión hacia la cultura china. El lector llega al punto de reconocer las alusiones a las flores del ciruelo como un mero artificio, las alusiones a las mangas mojadas por las lágrimas como una mera superficialidad. 

     Harold Bloom afirma en el prólogo a la obra que las últimas 350 páginas de  La novela de Genji parecen sobrar, pues después de la muerte de su protagonista son otro cuento (p. 18). Roca-Ferrer lo contradice en una nota a pie de página (concretamente la número 5), invitando a una lectura donde el protagonismo trasciende la presencia física del personaje para incluir a su propia karma. Para Roca-Ferrer, la disolución del karma de Genji es lo que marca el verdadero final de la novela (Aquí Roca-Ferrer es increíblemente lucido, aunque luego se haga odiar cuando en la nota a pie de página 419 introduce un spoiler gigantesco, que marca uno de los puntos más importantes de la vida de Genji).

     Como lector una de las cosas que más me avergonzó fue percatarme de la facilidad con la que entraba en un relato del siglo X. Digo que me avergonzó porque como hispanohablante me cuesta muchísimo trabajo ingresar al mundo del Quijote, ubicado siete siglos después, en una sociedad que debería serme más comprensible, y que, sin embargo, en muchas ocasiones me aburre, cuando no tengo que acudir de manera continua al diccionario para saber qué es lo que estoy leyendo. No es el único contraste, por supuesto, en tanto don Quijote se enfrenta con bravura a su destino, Genji recita versos y llora. Don Quijote lucha contra su hado, Genji es un fatalista.

     La novela de Genji se divide en dos sendas partes. La primera, titulada Esplendor, narra los mejores años de vida del protagonista; en tanto la segunda, Catástrofe, narra el decaimiento y muerte de Genji, así como el lento desvanecimiento de su karma. En cuanto a su edición, la primera parte es primorosa, en tanto el segundo volumen pareciese pertenecer a otra editorial, con abundantes errores en la escritura de palabras y con una titulación que difiere del primero.

     Sin embargo, a pesar de la distancia, de la edición del segundo volumen, Genji es una obra sumamente divertida. Su idea del amor constante en una sociedad que se caracteriza, entre otras cosas, por la infidelidad (no solo del hombre hacia la mujer, sino de la mujer hacia el hombre –por supuesto, siempre y cuando la sociedad no se entre de los hechos-). De otro lado, por momentos es una suerte de novela epistolar, las cartas con poemas vienen y van; y, hay que decirlo, en muchos casos los poemas son francamente malos, meras fórmulas que aluden a la posición de la luna o al canto de los grillos, en los que importa más la forma que lo que quieren transmitir. Por último, es inevitable no aludir a la importancia que la caligrafía tiene en la obra como una forma de juzgar el carácter de las personas.


     Por esta, y otras muchas razones que se quedan en el tintero, La novela de Genji es una opción para cualquier lector que se atreva a explorar la inexistencia de barreras espaciotemporales al sumergirse en las páginas de un libro.  

PÁGINA DE DIARIO. Cuarta entrada. 12/XII/2016

Author: Diego Fernando Marín
lunes, diciembre 12



                Esta es una de esas fotos conseguidas de manera espontánea. Como se puede ver la biblioteca de aula no es gran cosa; sin embargo, cuando se logra que un grupo de estudiantes trabaje alrededor de ella, los resultados son más que satisfactorios.   
 

     La última entrada del diario terminó para mí con una suerte de sinsabor, de cosa falseada, de frase mal dicha. Es decir, pareció de alguna forma que había encontrado algún tipo de respuesta y que os la estaba comunicando. Nada más lejos de la verdad, por supuesto. No se trata de esto este diario, se trata de buscar, de construir respuestas. La biblioteca de aula es parte de esto, claro, pero está muy lejos de ser un todo constituido.

     Como lo había mencionado en la entrada anterior, comencé el año pasado con un puñado de libros que llevé en un baúl que arrastraba conmigo todos los jueves a la misma hora al grupo del que era director de grupo. Los libros comenzaron siendo resumidos y en ocasiones les leía unos cuantos párrafos, no más. Los libros comenzaron a ser llevados en préstamo y fui llevando unos más. Como siempre, no llevé contabilidad alguna acerca de libros prestados o mirados en algún momento. Sin embargo, consideré que chicos entre 14 y 16 años se llevaran libros y se los recomendaran entre ellos, era suficiente para mí.

     Lo bueno de los diarios es que permiten también digresiones, seguir el discurrir de los pensamientos de una manera no lineal, casi caprichosa. Por ejemplo, ¿os habéis preguntado alguna vez cuantas actividades de promoción de lectura existen para adolescentes? A pesar de que Daniel Pennac ya dio a entender en Como una novela la infinita soledad de un adolescente enfrentado a los libros, la única respuesta ha sido dada por las editoriales, reproduciendo ad nauseam la fórmula maravillosa de Harry Potter y luego de los libros de romances trágicos y realistas. En este sentido los promotores/ mediadores de lectura ha concentrado todos sus esfuerzos en la primera infancia. En relación a la lectura en los adolescentes se han dedicado a condenar a los booktubers y los productos premasticados de las editoriales, pero, en apariencia, sin dedicarse a indagar con mayor profundidad sobre la problemática.

     Sin embargo, con un mediador dispuesto a hablar, a discutir, a razonar, a reconocerlos, los adolescentes leen. Leen como quien se alimenta de crispetas, pero leen y pasan pronto a otras cosas, comienzan a construir una historia lectora que a veces parecemos ignorarles. De la misma manera parece que nosotros tenemos un olvido selectivo acerca de la calidad de nuestras primeras lecturas, o de los intereses que teníamos en esas primeras lecturas (todavía no olvido que en uno de sus Trópicos Henry Miller describe una escena en donde termina metiéndole una zanahoria por el culo a una de sus amantes).


     En este sentido la biblioteca de aula fue una forma de comenzar a dialogar con ellos.  

AKIRA

Author: Diego Fernando Marín
martes, diciembre 6

Guión [Sic.] y dibujo: Katsuhiro Otomo
Traducido por: María Ferrer
Publicado por: Norma editorial
Recomendado para: Jóvenes lectores
Manga – Novela gráfica (6 volúmenes)

     Seis volúmenes componen lo que se considera la novela gráfica completa de Akira. Novela gráfica, porque esta versión en particular es la versión norteamericana del manga homónimo japonés, que, hasta donde mi leal saber alcanza, fue publicado originalmente en blanco y negro y, por supuesto, se lee de derecha a izquierda. En este orden de ideas, hay que advertir al lector que ésta es una suerte de quimera. Se trata de un producto adaptado al mundo occidental que luego fue traducido al japonés (aunque la versión original era japonesa); así, esta versión retoma la versión norteamericana pero adaptando sus textos en español de la publicación original japonesa.

     Aunque sea una lástima, muchos de mi generación conocimos en primer lugar la versión animada de la historia, que contada además con una banda sonora magistral. Sin embargo, y como suele suceder, el relato original de Katsuhiro Otomo, que tomó ocho largos años en ser construido, es mucho más complejo que su versión animada, rompiendo los límites de esa dualidad entre Tetsuo y Kaneda; modelando con mayores matices al Coronel; con un gran protagonismo de Kay y el Joker; y mostrando a Akira fuera de sus contenedores de cristal.

     Hay personajes terciarios que se agradecen a pesar de sus pocas apariciones y su precipitada muerte como el del guardián de El gran imperio de Akira. Así mismo es notoria la diferencia en los dibujos, pues ya en Akira Three (Los títulos de todos los volúmenes están en inglés) hay cambios notorios en el uso del color, el empleo de las viñetas y el uso de las grandes panorámicas; resultando en imágenes espectaculares y primeros planos en el último volumen.

     Por otro lado, los amantes de las distopías se pueden encontrar con un mundo en realidad devastado, donde los personajes son un hatajo de perdedores que de buenas a primeras encuentran un lugar en la historia, al enfrentarse a hechos que los exceden con claridad. Y lo hacen con una sonrisa en el rostro, sin desfallecer nunca, sin plantearse alternativas, sin considerar que alguien más puede asumir sus roles o gozar sus muertes.


         Por último, no se puede dejar de mencionar el interés magnético que genera la obra, es muy difícil parar la lectura de un volumen, o no querer seguir de inmediato con el siguiente. Akira exige ser leído por su ritmo raudo, logrando un interés homogéneo en los diversos personajes, buscando que el lector logre entender a Tetsuo, incluso empatizar con él a pesar de su poder desbordado y la brutalidad de sus acciones. Así mismo, el papel femenino está muy bien logrado. En contraste con las producciones norteamericanas, las mujeres tienen papeles protagónicos e importantes, no son reducidas piernas y tetas enfundadas en mallas de alegres colores. De esta manera, Akira logra ser leído de múltiples formas debido a su riqueza de  matices, propuestas e hilos narrativos. Una obra que merece estar en la biblioteca de cualquier lector, mucho más allá de su interés por la narrativa gráfica. 

ANTOLOGÍA

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, noviembre 30

Autor e ilustrador: Katsuhiro Otomo
Traducido por: Olinda Cortukes
Editorial: Norma Editorial
Recomendado para Lectores en marcha
Manga

     No recuerdo cuando comencé a leer ciencia ficción. Mucho menos recuerdo el momento en que conocí que las historietas iban mucho más allá de Batman y Superman, de alguna manera había llegado a mis manos una revista llamada Heavy Metal. En aquella época, en algún momento entre los finales de los 80´s y mediados de los 90´s supe lo que era la trasgresión y lo que significaba seguir una estética.

     En algún momento también, tal vez cuando existía un canal llamado Locomotion, llegué a una obra cinematográfica inmensa, Akira. Solo tiempo después vendría a saber que se basaba en un manga (Cuánto tiempo recuerdo haber pasado intercambiando los sustantivos manga y anime para referirme a las historietas japonesas y a los dibujos animados del mismo origen) homónimo.

     El nombre del autor de Akira es Katsuhiro Otomo, su obra crece a partir de la admiración por el cine occidental y es magnífica.

     Mi primer contacto con Antología fue gracioso. Comencé a ojearla de izquierda a derecha y no le encontraba ningún sentido a esa primera página. Solo entonces recordé que se trataba de un manga y que se comenzaba en sentido contrario que nuestros libros. Entonces comenzó el asombro, entonces retorné a la niñez.

     Retorné a esas viejas historias que me impedían despegar mis ojos del papel; historias trágicas que ironizaban sobre el sentido de la existencia; historias profundamente melancólicas que extendían sus brazos hacía el futuro; historias que extrapolaban las consecuencias de nuestras guerras y capacidades destructoras; historias que desnudaban el sistema. Eso reencontré en Antología de Katsuhiro Otomo.

     La obra es un conjunto de trece relatos gráficos de calidad irregular, y sin mayores datos acerca de otros artistas que hayan acompañado a Otomo, como suele ser común en el cómic estadounidense, incluso en la versión norteamericana de Akira. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en autores como Otomo, la calidad irregular está siempre por encima de la media y no deja indiferente – ora a través de la risa, ora a través de la violencia, ora través de la ironía- al lector.


     En resumen, no hay que ser un fan del manga para disfrutar esta obra. Lo único que se requiere es acostumbrarse a leer de derecha a izquierda y, en ocasiones, un corazón fuerte. 

PAGINA DE DIARIO. Tercera entrada. 29/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
martes, noviembre 29
Todo el proceso comenzó por un baúl siendo llevado solo un día a la semana con libros para ser prestados. No podían ser más porque no tenía lugar en el aula, es decir que no tenía donde colocarlos ni idea de cómo prestarlos de manera eficiente. Es importante decir que la biblioteca del colegio tiene un buen número de libros de muy buena calidad. El problema con ellos es que los estudiantes ya los conocen. No me importaba la novedad en el tiempo, si no en conocimiento.

Una cosa que no me gusta de los diarios es su desorganización. Es decir, es difícil seguir en ellos una ilación lógica, al menos tan lógica como quisiera. Así, el único orden que puedo intentar llevar es el de las ideas que van surgiendo. Empero, no todo es malo con el diario como forma de recoger ideas, puesto que permite al investigador recoger esas primeras ideas –así, en bruto- para luego poder trabajarlas, refinarlas y confrontarlas a medida que pasa el tiempo.  De hecho, siendo completamente fiel al proceso, no debería siquiera devolverme a corregir los múltiples errores de ortografía y/o digitación que voy cometiendo a medida que avanzo. Pero en un primer momento, el diario o bitácora de campo es personal; este no lo es.

     Creo que en la primera entrada de este diario referí que en algún momento la lectura en voz alta me hastió. Lo hizo porque me cansé de leer una y otra vez las mismas cosas, no importaba que los chicos fueran cambiando una a uno; no importa que yo también fuera cambiando y que, por supuesto, los libros van mudando de piel a medida que van siendo leídos. En algún momento me sentí ejerciendo una acción mecánica, mis labios se abrían y cerraban, mi voz desgranaba frases, pero yo ya no estaba ahí, mi espíritu hacía listas de mercado o pensaba que hacer justo a continuación o me irritaba con ese único alumno que estaba desinteresado. Así que poco a poco fui espaciando la actividad. La clase estaba primero, dejé de cargar libros y, como no podía de ser de otra forma, algunos chicos hicieron la pregunta que de alguna manera también esperaba, ¿Por qué no nos has vuelto a leer?    

     No tenía ninguna manera de responder de una manera que pareciera siquiera lógica. ¿Qué podía decirles?, que mientras leía por vigesimosexta vez las mismas líneas en el mismo salón, mi espíritu estaba disfrutando otras lecturas que eran más extensas, y que la regularidad de mis clases no me permitía compartirles las lecturas que me gustaría; que me gustaría que pudiéramos ir más allá y que se entusiasmarán por La biblioteca de noche o por Danza de dragones o por Leyendas del abismo (¿alguien sabe cómo leer novela gráfica en voz alta ante un grupo de más de tres personas?)o por Neuromante o por As you like it.

     Mi respuesta en ese momento fue comenzar a traerles libros de mi biblioteca. Así que me conseguí un baúl que alguna vez contuvo todas las historietas de Tintín, y arramblé con Cartas al Rey de la Cabina, Visiones peligrosas I, Jurassic Park, Dos años, ocho meses y veintiocho noches – que acababa de leer en ese momento-, y Tú, el inmortal, entre otros títulos que fui añadiendo. Además les compartí Instrumental y Voces de Chernóbil, aunque no pude prestárselos porque no eran míos.


     Ese sería el comienzo de un proceso que hoy está en movimiento y al cual me referiré in extenso la próxima entrada.   

SALTARÉ SOBRE EL FUEGO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 28

Autora: Wislawa Szymborska
Ilustrado por: Kike de la rubia
Traducido por: Abel Murcia y Gerardo Beltrán 
Editado por: Nørdica Libros
Recomendado para: jóvenes lectores
Poesía


                ¿Es justo decir que un libro se termina mucho antes de que quisieras? Mejor, ¿es posible que un libro se termine mucho antes de que se desee?, ¿más aún si ese libro es de poesía? Porque eso es justo lo que me acaba de suceder con Saltaré sobre el fuego

     Entendámoslo. No es que me queje. La edición de Nørdica Libros es quizá la mejor que he leído de un libro de Szymborska. Sus páginas son de un grueso papel fino; el encuadernado parece estar hecho para resistir el paso del tiempo; las ilustraciones, que figuran entre lo figurativo y lo abstracto, brindan solidez –no se me ocurre una palabra mejor- al volumen; por último, la selección de poemas es exquisita. Parcial, pero exquisita.   

     Por otro lado, la mayor parte de los libros de Szymborska son insatisfactorios. Me refiero a que la mayor parte de los libros que de ella he leído son antologías, como este, no obras completas. Las antologías son buenas para iniciar con un escritor, te permite conocerlo un poco, tantearlo, indagar si te gustaría profundizar en él. Una antología, entonces, es como una primera cita. Pero, hay que decirlo, no es fácil, tener una relación profunda con Szymborska; es un poco como esa película mala de Adam Sandler, 50 First Dates, donde un hombre intenta tener una relación con una mujer que no tiene la posibilidad de generar nuevos recuerdos. Szymborska es maravillosa, aunque la edición de sus libros es frustrante. 

     Con todo, Saltaré sobre el fuego, me permite que mis estudiantes indaguen un poco en ese verso libre, irónico, mordaz, sensible, cotidiano, que la hacen tan ella, tan única. 

     Los puristas agradecerán que se trata de una edición bilingüe; quienes apenas la conozcan tendrán una magnífica primera cita. Más allá de ello, quien quiera tener una relación más profunda, deberá tener paciencia y constancia, los secretos de cualquier relación verdadera. 

     Por último, y para no perder la costumbre, transcribo uno de esos poemas que Martha podría admirar, 

     UN GATO EN UN PISO VACÍO

     Morir, eso no se le hace a un gato. 
     Porque qué puede hacer un gato 
en un piso vacío.
Trepar por las paredes. 
Restregarse entre los muebles. 
Parece que nada ha cambiado 
y, sin embargo, ha cambiado.  
Que nada se ha movido, 
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende. 

Se oyen pasos en la escalera, 
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato tampoco 
es aquella que lo ponía.   

Hay algo que no empieza 
a la hora de siempre. 
Hay algo que no ocurre 
como debería.
Aquí hay alguien que estaba y estaba, 
que de repente se fue 
e insistentemente no está. 

Se ha buscado en todos los armarios. 
Se ha recorrido la estantería. 
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. 
Incluso se ha roto la prohibición 
y se han desparramado los papeles. 
Qué más se puede hacer. 
Dormir y esperar. 

Ya verá cuando regrese, 
ya verá cuando aparezca. 
Se va a enterar 
de que eso no se le puede hacer a un gato. 
Irá hacia él 
como si no quisiera, 
despacito,
con las patas muy ofendidas. 

Y nada de saltos ni maullidos al principio.  
martes, noviembre 22

    Hace ya un tiempo dejé de emplear solo las carátulas de los libros en las reseñas. Se ha convertido en un reto “escenificar” cada uno de los libros, aunque en muchas ocasiones me he terminado repitiendo. Detrás del primer volumen de Wild Cards (ya reseñado) se encuentra el germen de lo que es hoy la biblioteca de aula, debido a una mezcla de cambios, persistencia y mucha suerte.



     Hace unas pocas horas terminé de leerme de nuevo Un monstruo viene a verme de Patrick Ness (ya reseñado con anterioridad).  La novela de Genji (por reseñar) me sigue acompañando en el maletín y la planeación para el segundo período de octavo va a girar alrededor de No comas renacuajos de Francisco Montaña (también reseñado ya). Los libros me han acompañado toda la jornada. Sin embargo hay una pregunta que me ha rondado en las últimas semanas, ¿para qué enseñamos literatura en el aula?

     La respuesta no es sencilla por supuesto. De hecho, creo que se trata de una respuesta en proceso, de un trayecto inacabado, de un edificio a construir –una suerte de Sagrada Familia-, sobre el que no hemos terminado de ponernos de acuerdo. ¿Trabajamos para que nuestros alumnos se conviertan en nuevos lectores?, ¿empelamos la literatura para que lean todo con lupa, como quien lee los contratos de préstamos de los bancos?, ¿empleamos la literatura para formar mejores personas? Y si es así, ¿qué mecanismos de censura ponemos en marcha?, ¿sirven para algo?, ¿el Coronel Aureliano Buendía conoció en verdad el hielo alguna vez o se trataba de una metáfora acerca del desamparo?, ¿terminó el periplo del pistolero en la puerta de la Torre Oscura?, ¿se encontrará el principito de nuevo en su asteroide? No lo sé. Paso con rapidez de preguntas estructurales a preguntas relacionadas con el deseo.

     Construyo mi planeación alrededor del rastreo de las formas de violencia presentes en No comas renacuajos. Quiero que los chicos de octavo aprendan a rastrear una idea en un texto, que aprendan a seguir un hilo de Ariadna en medio del laberinto de las palabras. Elizabeth, mi esposa, se ha burlado un poco. Te vas a tirar el libro, me dice con sorna. Las funciones de una bibliotecaria y de un docente son diferentes, le respondo con rapidez a la defensiva. Además, primero lo vamos a leer de un tirón, añado con rapidez. ¿En realidad me tiraré el libro? He vuelto a derramar unas pocas lágrimas al acercarme a las últimas páginas del libro (¿novela?, ¿cuento?, ¿por qué novela?, ¿por qué cuento?) de Montaña. ¿Sucederá lo mismo con los chicos? Solo tengo una forma de saberlo, implementar la idea, los elementos conceptuales, leer el libro con ellos, discutirlo, cuestionarlos, conducirlos a que se enfrenten a la realidad a través de una historia que ellos rastreen y que puedan convertir en una crónica, y luego evaluar qué ha sucedido con todo el proceso.

     El día de hoy no les he leído a los chicos. No he encontrado el libro adecuado. Sin embargo, este fin de semana compré libros para la biblioteca de aula. Pero como dijo Ende, esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

     Gracias por la compañía, querido lector insomne.

       

PÁGINA DE DIARIO. Primera entrada. 21/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 21

Mi nombre es Diego Fernando Marín (A.K.A. Andor Graut). Soy docente de Lenguaje en Octavo, y de Metodología de la investigación en décimo y once. Desde que tengo memoria he tenido una fuerte inclinación por la palabra escrita, y ello me ha llevado a la senda de la escritura y la promoción de lectura.

Siendo promotor/mediador de lectura he dedicado durante los últimos cinco años a realizar lectura gratuita en voz alta a mis alumnos. En todas las clases he intentado leerles un poema, un cuento, y, cuando la regularidad horaria me lo ha permitido, les he compartido una novela corta. Hasta hace cerca de un año el resultado era plenamente satisfactorio.

     Realizar promoción de lectura es un acto, necesaria, obligatoriamente, de afecto. Hace un año, con preocupaciones personales en la cabeza, comencé a hastiarme de las mismas lecturas, los mismos títulos, que sí bien podían tener influencia en mi auditorio, me estaba cansando de leerlo, como esos discos que escuchamos una y otra vez hasta que pierden por completo el sentido.

     Es esa sensación de hastío la que llevó a que abandonara SEMILIJ (Seminario de investigación de literatura infantil y juvenil de Cali) y dejara de asistir a algunas actividades de promoción de lectura. Es esa sensación la que hoy me lleva a escribir estas líneas.

     Como investigador, como docente, me encantan los protocolos. Como promotor, como docente, me encanta el trabajo con adolescentes. Como lector, he seguido los títulos de calidad irregular destinados a los adolescentes, y en realidad me siento defraudado. Así que este diario, es la manera que tengo de comunicar las dudas que han surgido en mi labor; también, la mejor manera que tengo de sistematizar y dialogar con otros acerca de los intentos de encontrar respuestas a las preguntas que me agobian acerca de la mediación/promoción de lectura.

     El objetivo final, a despecho de Petit y de otros autores, es encontrar una suerte de protocolo que haga efectiva la labor de promoción de lectura en el aula con adolescentes. No como una suerte de fórmula mágica, sino como una manera de indagar en la relación que los adolescentes tienen con la lectura.

     Por supuesto, la idea de hacer un diario público es también tener alguien con quien dialogar acerca de esta temática. Así que si están en la misma posición, no tengan ninguna duda en compartir sus dudas y también sus experiencias. Por último, a quienes están acostumbrados a las reseñas, no deben preocuparse, en cuanto retome mi nivel normal de lectura y termine La novela de Genji, volveré a publicar.  

     Gracias por estar al otro lado de la pantalla.



Este soy yo. Aunque se trata de una vieja foto es de mis preferidas porque, aunque parece, no es posada. La foto la tomó mi viejo dealer bibliotecológico, Danny Loaiza, en un momento en que estaba concentrado en hacer lo que los profesores más hacemos: retroalimentar trabajos de nuestros alumnos.