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TRANSCREPUSCULAR

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, abril 25


Escrito por Emilio Bueso
Editado por Gigamesh
Recomendado para Lectores en marcha
Novela – ciencia ficción


     Por alguna razón he evitado -a pesar de Miquel Barceló García- la ciencia ficción española. Creo que la costumbre se originó cuando al leer Visiones Peligrosas me encontré con un relato que se situaba en una plaza de toros donde estos animales habían sido reemplazados por automóviles. Lo gracioso del caso, es que el relato en cuestión no pertenece a un español sino a Roger Zelazny, un autor norteamericano. A este recuerdo confuso se le unió que en las Antologías Bruguera, aquella dedicada a la ciencia ficción española, esta última me parecía bastante rezagada frente a la norteamericana, británica y francesa. Amén a esto, me tocó levantarme con traducciones horribles de Stephen King, donde sus personajes se trataban de gilipollas y decían hostia a más no poder. No se trata de una situación justo, pero qué le puedo hacer si sin mis recuerdos y antipatías. Con todo, una sinopsis mal leída de Transcrepuscular me llevó a buscar el libro para leerlo.

     Digo mal leída, porque comencé a leer el libro con unas expectativas completamente diferentes a lo que me encontré. Esperaba una novela sórdida y sucia, situada en un entorno decadente y brutal. Empero, me encontré con un relato sito en un mundo muy diferente al nuestro – y al mismo tiempo tan similar- donde el ser humano habita en hongos o conchas gigantes de caracol; monta en libélulas, moscas, arañas y tábanos, en tanto se ha fusionado con diferentes tipos de moluscos en su afán por evolucionar. Lo único que encontré de lo que esperaba inicialmente fue lo decadente. Fue una más que agradable sorpresa.

     A pesar de lo descrito, aquella idea de un mundo de seres humanos diminutos que hará pensar en los pitufos, nada de lo sucedido en Transcrepuscular sucede en los terrenos ni en la lógica de la infancia. Se trata de un mundo duro, de una búsqueda desesperanzada y de unos personajes abyectos, en diversos sentidos, que al final del libro no terminaba de entender. Incluso, encontré que el final funcionaba a cierto nivel, pero me dejaba con una cierta sensación de cosa inacabada, de haberme descargado el libro equivocado –sí, leí una versión pirata, más adelante me referiré a ello- o una copia bastarda o una edición maldita, mal maquetada y borrosa. Sin embargo, al leer la biografía del autor, resulta que esta obra es la primera de una trilogía. Solo espero, que no suceda lo mismo que con Martín, que no le compren a Bueso los derechos de autor para una película o serie, y nos ponga a espera que se acabe la adaptación hasta que podamos leer la trilogía.

     Por otro lado, he de mencionar que lamenté no tener la obra original a mano. Sin embargo, en mi defensa, a pesar de vivir en un mundo globalizado, tengo una detestable costumbre en cuanto a la compra de libros, y es que procuro hacerlo de forma directa, no a través de páginas web –sigue siendo magia negra eso de jugar con un dinero que no veo con una persona que no veo y que vive en un lugar que no toco y a quien no puedo reclamar de buena forma si me toca hacerlo-, y Gigamesh, editorial que publicó este título, parece no tener distribuidor en Colombia –tengo que averiguar si Mirabilia si lo tiene-, lo que hace más que difícil su consecución.

     Por último, ha de señalarse, que Transcrepuscular es un libro atractivo y acogedor que no permite que el lector se separe de él hasta haberlo terminado. 
martes, abril 10



Escrito por Howard Philips Lovecraft
Traducido por José A. Álvaro Garrido
Editado por Editorial EDAF, S.A.
Recomendado para jóvenes lectores
Ensayo – No ficción

     Howard Philips Lovecraft  es uno de los referentes de la literatura de terror más relevantes  de la historia. Está en un panteón junto a Edgar Allan Poe, Bram Stoker y Arthur Machen, entre otros grandes nombres. Es también el antecesor directo de escritores como Stephen King, Clive Barker y John Ajvide Lindqvist. De hecho, la literatura de terror no sería la misma sin él.

     Es cierto que a Lovecraft se le puede poner en entredicho por realizar un trabajo en ocasiones esquemático, la inverosimilitud de sus diálogos o el excesivo empleo de los términos inenarrable o innombrable. Sin embargo, el mundo de la fantasía no sería el mismo sin Cthulhu y los primigenios.

     Lovecraft inaugura algo que denomina horror cósmico y construye sus propios precursores en nombres como Mary Shelley, Sir Walter Scott e incluso William Blake. Así, el ensayo El horror sobrenatural en la literatura, texto central de esta publicación, es un trazado de la literatura de horror sobrenatural desde el inicio de los tiempos hasta detenerse en Poe y luego, en sus propios contemporáneos, en autores como Arthur Machen, Algernon Blackwood y Lord Dunsany, entre otros. El ensayo es un rastreo preciso y detallado del género que se engendra alrededor del miedo, comenzando por su detonante psicológico, “La más antigua y poderosa emoción de la humanidad es el miedo, y la clase más antigua y poderosa de miedo es el temor a lo desconocido” (p. 125). Así, Lovecraft comienza su rastreo, saltándose las grandes tradiciones de las primeras civilizaciones, cuyos relatos desconoce o simplemente decide dejar a un lado por desconocer sus costumbres o por falta de interés. Así, en el aparte VII, titulado La tradición sobrenatural en Norteamérica, comienza el inicio de esta tradición desde un punto meramente eurocentrista, “Estados Unidos, además de ser heredero del usual folclore oscuro llegado de Europa, tenía su propio y adicional fondo de asociaciones sobrenaturales, por lo que tales leyendas espectrales habían sido ya ampliamente reconocidas y volcadas a la literatura.” (p. 178). Sin embargo, cuando el lector anticipa que se reconozcan los antiguos relatos de los pueblos aborígenes, se encuentra en cambio que

Ese fondo adicional [los temas fantasmales] procede, tal y como Paul Elmer More ha señalado, del tremendo interés espiritual y teológico de los primeros colonizadores, además de la extraña y sobrenatural naturaleza del paisaje en el que se vieron inmersos. Las inmensas y penumbrosas selvas vírgenes en cuyo crepúsculo perpetuo podían acechar toda clase de terrores, las hordas de cobrizos indios, cuyos aspectos saturninos y extraños y violentas costumbres apuntaban con fuerza a la hipótesis de un origen infernal (…) (pp. 178-179)

     No es extraño entonces que su rastreo histórico se detenga principalmente en Europa, excepto cuando hala de Edgar Allan Poe y construye su propio círculo de escritores de lo sobrenatural. Con todo, este ensayo es un riguroso recorrido alrededor de la historia del relato gótico y sus antecesores, así como un buen recorrido a través de sus principales autores y autoras, pues se detiene por igual, o más, en Shelley que en Stoker, reconociendo por igual la importancia de hombres y mujeres en la construcción del género que llama por igual sobrenatural o de terror.  

     Por otro lado, El horror sobrenatural en la literatura y otros escritos contiene también otros textos en donde defiende el horror sobrenatural, algunas de sus creaciones y se detiene en la apología de escritores como Lord Dunsany y Robert Erwin Howard.

     En conjunto, aunque debe ser mirado de forma crítica,  se trata de una obra que genera interés en todo lector interesado en la literatura fantástica, en general, y del horror en particular, sí como de todo aquel interesado en la estética de Lovecraft, quien en numerosas ocasiones destacará la importancia de la atmósfera por encima de la trama o de la construcción de los personajes. En este orden de ideas, en Algunas notas sobre ficción interplanetaria, dirá,

Ha de ponerse énfasis, además, en todo momento, en el portento que supone la anormalidad central, que es la que da pie a la narración. Debe recordarse que cualquier violación de lo que nosotros entendemos por ley natural es, en sí misma, un elemento mucho más tremendo que cualquier otro suceso o sentimiento que pueda afectar a un ser humano. (…) Los personajes, aun cuando han de ser naturales, deben estar subordinados al portento central, alrededor del cual están en danza. El verdadero héroe de un cuento prodigioso no es ningún ser humano, sino, simplemente, un grupo de fenómenos. (p. 52)

     Y luego, “La atmósfera y no la acción es lo que hay que cultivar en las historias extraordinarias” (p. 53).

     De esta manera, El horror sobrenatural en la literatura y otros escritos nos ofrece una visión de un autor que no sólo construyó un mundo sobrenatural, sino que también se detuvo a concebir una estética de este tipo de literatura, siendo así, un completo agasajo para el lector de fantasía.   

EL OXFORD DE LYRA

Author: Diego Fernando Marín
jueves, marzo 29



Escrito por Philip Pullman
Ilustrado por John Lawrence
Traducido por Enrique Sánchez Abulí
Editado por Ediciones B
Recomendado para Lectores en marcha
Relato – libro ilustrado - Fantasía

     Hay universos que no necesitan ser expandidos o que no necesitan en verdad volver a ser visitados. Algo así sucedió con Stephen King cuando decidió escribir una secuela a El resplandor, o el alargamiento excesivo de los relatos de acerca del Alcaudón de Dan Simmons o Wildcards. Sin embargo, hay momentos, trozos de historias a los que los autores necesitan retornar, como en Los cuentos de Beedle el Bardo, El viento por la cerradura u Oficio de búhos, que, sin entroncar con el relato principal, amplían la visión que el lector ha tenido de la obra del autor. No adicionan nada al relato principal, pero pueden darnos nuevos matices de los personajes o del mundo que habitan. En ese sentido funciona El Oxford de Lyra de Phillip Pullman.

     La materia oscura es una de las mejores series juveniles de los últimos años. Una de las mejores porque no se acogió a ningún estereotipo, porque es exigente con el lector, llegando al punto de confrontarlo en sus creencias, y porque no es fácil reducir su complejidad al mundo audiovisual (nunca entendí que tenía Disney en la cabeza cuando decidió intentar una adaptación de una saga de tal magnitud). Una de las mejores también porque contó con una protagonista indómita y plena de encanto. Lyra Belacqua, también conocida como Lyra Silvertongue.

     El Oxford de Lyra tiene lugar poco después de los hechos acaecidos en La materia oscura, y nos muestra a una Lyra más sosegada, aunque no menos impetuosa, y madura, al punto que su daimonion ya no cambia de forma, manteniéndose en forma constante como una marta. Su precaución, y de Pantalaimon, será piedra fundamental en la resolución del misterio que los acecha, llevándolos también a descubrir que la relación de Lyra con Oxford es mucho más vinculante de lo que en un principio se había sospechado.

     Más allá del relato, empero, este volumen de Pullman, cuanta con una serie de fotografías e imágenes que se sitúan en una suerte de adenda, acerca de las cuales, nos sugiere el autor en el prólogo, podrían estar relacionadas, o no, con futuros relatos acerca del mundo de La materia oscura. Como elemento adicional, que no influye ni realimenta el relato, encontramos un pequeño mapa plegado al final del libro que nos da a conocer la estructuración física de ese Oxford que habita Lyra.

     El Oxford de Lyra se constituye en un breve vistazo (breve, sumamente breve, tan breve que nos hace saber que tan afortunado es Pullman que se puede arrojar la oportunidad de publicar este volumen de manera independiente) acerca de lo que ha acaecido con Lyra después de El catalejo lacado, y que nos hace sentir nostalgia por ese mundo, sus revoluciones, conspiraciones, osos y brujas.  
viernes, marzo 23


Ideada y dirigida por Anne Blanchard
Escrita por Jean-Bernard Pouy
Ilustrada por Serge Bloch
Traducida y adaptada al español por Cristina Piña
Editado por Catapulta editores
Recomendado para lectores en marcha
Libro informativo – biografía

     Reyes, artistas, inventores, políticos y escritores son algunos de los protagonistas de esta enciclopedia. Así, salen a relucir nombres como Leonardo da Vinci, Charles Darwin, Winston Churchill, Agatha Christie o John Lennon, todos ellos con un elemento en común, tuvieron dificultades escolares. Ah, y que fueron europeos o norteamericanos. Lo que se traduce de forma inmediata en que los latinoamericanos, africano, asiáticos y los habitantes de Oceanía somos excelentes estudiantes. Eso, o que ninguna personalidad digna de mención hemos tenido.

     Enciclopedia de malos alumnos y rebeldes que llegaron a genios comienza con un  recorrido cronológico a partir de Carlomagno, el responsable de inventar el colegio y termina con John Lennon. En el camino podemos leer a los insignes protagonistas de estas biografías, bien sea en primera persona o en tercera, con citas extraídas de diversos textos, y todo redactado en un lenguaje fresco y atractivo. Así mismo, y como es presentado en el prefacio, se encuentran algunos recuadros un poco más formales con “(…) breves textos que destilan saber. Esas pequeñas notas de seriedad explican por qué o cómo esos nombres dejaron su huella: inventos y ecuaciones revolucionarios, batallas, grandes novelas, cuadros célebres o películas de culto…” (p.5).

     Sin embargo hay detalles que no terminan de encajar del todo. Si bien la obra no tiene porque dar cuenta de un universo multicultural, que se extiende más allá de Europa y Estados Unidos, si da cuenta de una institución educativa en donde los alumnos no suelen entender porque no quieren. En este orden de ideas, Churchill o London o Einstein o Armstrong, presentan problemas escolares por pobreza, abandono o simple pereza. Ninguno de ellos presentó dificultades de aprendizaje o problemas de adaptación. No, con una o dos excepciones en las que se encontraba una institución académica severa, las dificultades escolares de estos personajes obedecían a problemas actitudinales.

     Por otro lado, el texto adolece de una mirada crítica de los personajes retratados, resultando que la mirada en conjunto del libro es casi aséptica, que se  mantiene principalmente en la infancia aunque se nombren los logros de la juventud y/o adultez.

     Con todo, Enciclopedia de los malos alumnos y rebeldes que llegaron a genios también brinda a los lectores una esperanza al abrirles la posibilidad metacognitiva de valorar el éxito y fracaso escolar en su justa medida, abriendo las puertas a paradigmas emergentes diferentes, donde una nota o una dificultad escolar no es el fin de la existencia. Así mismo, llama la atención sobre la importancia de la pasión y el compromiso al momento de obtener aquello que se quiere.
jueves, marzo 22


Compilado por Rodrigo Bastidas
Editado por Editorial Planeta
Recomendado para Jóvenes lectores
Antología – Ciencia ficción

     No sé cómo llegó este libro a editarse. No sé bajo que medios Rodrigo Bastidas le vendió la idea a Planeta, o Planeta le vendió la idea a Rodrigo Bastidas para hacer una antología de ciencia ficción colombiana. Aunque sospecho las razones y no me gustan. Creo que es porque quieren llegar al denominado, al maldito, plan lector. También es lo único que justifica que este libro se publique en dos tomos.

     La ciencia ficción colombiana no tiene una gran historia. No son muchos sus protagonistas, y en algún momento ni siquiera se planteaba su posibilidad. Durante muchos, largos años, la literatura colombiana se construyó desde la mimesis; exagerada, estrambótica y coloquial, pero aun así mimesis. En Colombia, la ciencia ficción ha sido en realidad un género menor.  Por eso mi sorpresa al encontrar un muy completo libro (dividido en dos tomos) con autores contemporáneos. Más aún si tenemos en cuenta que se trata de relatos cortos, un género de poco éxito en nuestro país, rendido como tantos otros ante el poder de la novela. Más aún, al encontrar que sigue la misma lógica de las publicaciones del género que disfruté en mi niñez: una biografía, un relato y un comentario acerca del género. 

     Los autores que se encuentran en este libro me tomaron por sorpresa. No hay ningún relato de René Rebetez ni de Antonio Mora Vélez. En cambio, descubro a Enrique Patiño, que también ha escrito un libro del género llamado La sed, publicado con anterioridad por la misma editorial. También me doy cuenta de la existencia de Andrea Salgado Cardona, quien recientemente acaba de lanzar otro libro de ciencia ficción con ese monstruo multiforme llamada Penguin Random House, llamado La lesbiana, el oso y el ponqué.

     Me sorprende grandemente, además, la existencia de una ciencia ficción madura, bien escrita, que no se detiene –con pocas excepciones- en la miseria o el conflicto interno del país, sino que problematiza nuestra relación con la tecnología, los límites de lo que denominamos ser humano, los peligros de la educación, y la relación con la máquina, entre otros temas. Son temas propios de la denominada Nueva Ola o el Cyberpunk. No hay aquí imperios galácticos ni relación con extraterrestres; no hay tampoco escape posible frente a un posible fin del mundo; no se elaboran todavía utopías o distopías; pero son relatos emocionantes, relatos que están señalando un futuro posible para el género en nuestro país; relatos que pueden llegar a escandalizar en algunos momentos por su crudeza, escándalo necesario generado por  una literatura que no ha sido domesticada todavía.

     Relojes que no marcan la misma hora y Cronómetros para el fin de los tiempos son libros que están marcando un paso para los nuevos escritores; son libros atrevidos que quieren definir la relación del escritor con la ciencia ficción y de esta con la construcción del concepto mismo de sociedad y futuro que nos planteamos.  Son libros valientes, pero ante todo necesarios en estos tiempos dolorosos que nos atañen.

     Es importante también ver más allá de las humildes portadas del libro dirigido a los planes lectores, y saber encontrar lo que probablemente es el germen de una revolución, al menos en nuestro tiempo, al menos en nuestro país.  

LA MUJER DE LA GUARDA

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 20


Escrita por Sara Bertrand
Ilustrada por Alejandra Acosta
Editado por Babel Libros
Recomendado para Lectores en marcha
Libro ilustrado

     La mujer de la guarda no es un libro ilustrado tradicional. No se filtran entre sus páginas algunas ilustraciones interpretando el texto. De hecho las ilustraciones que la acompañan no son las típicas de los relatos infantiles contemporáneos, sino más bien la de los relatos en los que nuestros padres o abuelos sorprendieron las primeras letras. Se trata de grabados y al mismo tiempo no se trata de grabados, pues estos se hayan intervenidos con algunas ¿fotografías?, ¿trazos de pluma?, ¿collages?, ¿ilustración digital?, el recurso es impreciso a los ojos del profano, como es el caso. Nada es lo que parece en este relato de Sara Betrand y Alejandra Acosta. Las ilustraciones, en este caso, abren y cierran el libro. 8 páginas dobles abren el relato. 8 páginas dobles cierran el relato.  En medio de ellas se encuentra el relato de Jacinta, una niña que ve “(…) a la mujer más bella del mundo arriba de su caballo azul” (p. 23). En una de sus manos hay un ojo que le índica a donde ir, y en la otra un cuenco dorado. Jacinta tiene que cuidar de sus hermanos, José y Joaquín, mientras su padre y la mujer que los acompaña no están. A veces el padre se demora mucho en llegar a casa y Jacinta le cuenta un relato – cuyas líneas discurren en azul, el mismo color de la cabalgadura de la mujer más hermosa del mundo- acerca de unos  Ellos que cada verano llegan a la casa de los mellizos y les obligan a vivir en los árboles. El relato da vuelta y vuelta sobre sí mismo, se dobla y desdobla en simbolismos, como los cuentos maravillosos de antaño, aquellos en que nuestros padres o abuelos sorprendieron las primeras letras.

     Hay algo de caleidoscópico en La mujer de la guarda y también de subversivo. De subversivo, porque encontramos que las cosas se revuelven, pues Jacinta no es acompañada por un ángel de la guarda, sino por una mujer, que proviene de un relato de la tradición tibetana. Más aún, el relato distingue entre entidades sobrenaturales masculinas, los duendes, y femeninas, las hadas. No hay espacio para el dios de los cristianos aquí. De hecho, la resolución final, casi, pero no cierto, un deus ex machina, es un desdoblamiento donde el principio femenino es el protagonista. De caleidoscópico, porque La mujer de la guarda juega al espejo, a la duplicación.

     Estamos pues, ante un relato que se escapa de la linealidad y la ñoñería a la que estamos acostumbrados frente a tantos productos comerciales tipo Disney, o domesticados, tipo Browne; un relato que se presenta de una forma ante el público infantil, pero que muestra una cara más feroz ante el adulto que media la historia. Uno de esos relatos que definitivamente no fueron propuestos para el consumo voraz ni para el inmediato olvido.       

KIPLING ILUSTRADO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 19


Escrito por Rudyard Kipling, con textos de Javier Varela, Lola Pascual y Teresa Durán
Ilustrado por Ajubel, Pablo Amargo, Isidro Ferrer, Pep Monserrat,Pablo Auladell, Paco Gimenéz y Arnal Ballester
Traducido por Gabriela Bustelo
Editado por Kalandraka editora
Recomendado para lectores en marcha
Antología

     Este libro no nace como un proyecto editorial, de hecho, aunque gira alrededor de Kipling, no pone el acento en el texto alfabético, sino que lo hace en el texto gráfico. Este libro nace de una exposición homónima organizada por el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM). El hecho de que nazca de un proyecto de esta índole lo hace radicalmente distinto. Este énfasis también es realizado en su presentación y dos prólogos, Una aproximación a Kipling de Lola Pascual y Por cierto: ¿es posible ver a Kipling con otros ojos?  De Teresa Durán.

     El texto de Lola Pascual se centra en la capacidad expresiva de los diferentes ilustradores. Recorre una por una las bondades de cada uno de ellos, subrayando las decisiones artísticas tomadas y hace fijar al lector en muchos detalles que podrían pasar desapercibido a quien no se haya acercado a un libro ilustrado, o pase de largo las ilustraciones, concentrándose en el texto alfabético. Pascual no se límita entonces a describir, sino que también señala influencias y posibles simbologías en correspondencia con el texto alfabético que cada ilustrador reinterpreta.

     Por otro lado, Teresa Durán hace un análisis magnífico de la relación con la ilustración que tiene la denominada literatura infantil, resignificando el término infancia, dependiendo si se la ve como un estadio evolutivo o un estado mental. Así, replante al lector la relación texto alfabético – texto gráfico y lo relaciona con los avances que han tenido los medios de comunicación. De esta guisa, no se detiene solo en el álbum sino que se detiene a hablar del cómic y del cine, y del papel de todos ellos en la democratización de la cultura.

     ¿Qué queda más allá de estos dos textos? Kipling, por supuesto. Un paseo por siete textos de Rudyard Kipling, que comienzan en las fábulas y terminan en uno de sus relatos más urbanos, pasando por diversos relatos que hablan de la lucha de los ingleses en su camino de expansión. Palabras que hablan de la supremacía del hombre blanco sobre el indio y, por extensión, sobre todo aquel que no fuera europeo. De esta forma, Kipling, hijo del imperio justifica las acciones del imperio,

Allí donde no manda la Ley de la Reina es irracional esperar que se observen otras normas más endebles. A quienes corren por delante del carro de la Decencia y la Corrección, logrando poner orden en plena selva, no se les puede juzgar por el mismo baremo que a quienes se quedan en casa tranquilamente, engrosando ya las atestadas filas, al estilo de la nutrida chin rusa (p. 149).

Por supuesto, estas afirmaciones hay que entenderlas en el contexto político y cultural de la época, que no es el actual, y esperemos que no se vuelva actual en aquellos ires y devenires del tiempo.

Las historias de Kipling, no son siempre luminosas y esperanzadoras como las de El libro de la selva, con frecuencia recorremos caminos infames, angustiosos o espantosos, como en El hombre que quiso ser rey o El regimiento perdido. Quienes prefieren los relatos de infancia, disfrutarán mucho más con El gato que siempre andaba solo, El pequeño elefante o, el inmortal, Rikki-tikki-tavi. Ya a quienes le gusta el relato rocambolesco e insólito, podrán sentirse a gusto con El cuento más hermoso del mundo.

Las ilustraciones que acompañan estos relatos son un derroche de técnicas y de simbolismos. Cada uno de ellos juega con su propio estilo y reinterpreta a su manera las palabras de Kipling, deteniéndose en uno u otro pasaje, o contando de forma paralelea su propia historia.

     Así, ya sea a los ojos del lector tradicional de Kipling, al del estudioso de la ilustración, o a quien le gustan los libros ilustrados, este volumen es un regalo para los sentidos.  

EL PINTOR DEBAJO DEL LAVAPLATOS

Author: Diego Fernando Marín
domingo, marzo 18


Escrito por Afonso Cruz
Traducido por Nicolás Barbosa López
Editado por Tragaluz editores
Recomendado para jóvenes lectores
Novela
    
     Comúnmente se nos ha enseñado que la poesía está en los versos, ante todo en las metáforas, y que puede existir algo llamado prosa poética. A lo sumo se permite la existencia del verso libre, aunque mirado con cierta sospecha en la actualidad. Nadie te enseña que, de muchas formas, la poesía emerge en la prosa. Basta leer a Mann para ello o a Cortázar o a Campbell o a Cruz.

     El pintor debajo del lavaplatos es una novela atravesada por la poesía, vista a través de los ojos de un poeta, compuesta a partir de metáforas, comparaciones y misterio; una novela para leer como quien lee un poema.

     El relato retrata la vida de un pintor, Jozef Sors, quien busca desde pequeño solucionar “el problema de la dispersión y la ley de Andrónikos relativa al árbol de Dioscórides”, que viene a resumirse más o menos así, los árboles tienen un impulso a crecer que es frenado porque tiende a dispersarse en ramas y frutos. De la misma manera, el hombre tiende a crecer, pero no lo hace porque tiende a dispersarse; de esta manera, todo lo que disperse al hombre de su objetivo, pero al intentar alcanzar ese objetivo, al librarse de la posibilidad de tener ramas y frutos, Sors pierde la luz. No se vuelve ciego, no, pierde la posibilidad de diferenciar la luz, tendiendo a que todo lo que expresa su arte es sombrío.

     El pintor debajo del lavaplatos cuenta con una amplia galería de personajes que incluye, un coronel que descree de las armas; un mayordomo, padre de Sors, incapaz de entender las metáforas y que siempre dice la verdad; una madre y esposa, que sienta a la hora de comer los pantalones y camisa de su esposo, incapaz de separarse de él: una chica, Františka, quien tiende a dispersar a Sors; y un hermano simbólico, quien pierde una oreja sin ser Van Gogh, ni tan siquiera pintor.

     Asistimos entonces al auge de la adolescencia y la caída de la madurez, de quien apuesta todo por una idea, para participar en una guerra, dando tiros al aire, y luego en otra, siendo un perseguido, mientras su más grande batalla es dentro de sí mismo, mientras decide si hace o no parte de la humanidad.

     Al final asistimos a una curiosa declaración del autor, quien revela que existió un Sors, que pintó algunos de los cuadros mencionados en el libro, que también fue perseguido y huyó a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, pero cuya historia no es la misma historia que Cruz nos cuenta, aunque en ambos casos, el pintor estuvo debajo del lavaplatos, literal y metafóricamente.

     Como colofón, debe añadirse que se agradece que Tragaluz editores de importancia al traductor de la obra como se lo merece, pues se trata de una labor ardua que en muchas ocasiones las editoriales obvian.     

JOSÉ Y SUS HERMANOS. El joven José

Author: Diego Fernando Marín
sábado, marzo 17


Escrito por Thomas Mann
Traducido por Joan Parra, Diego Freira y María José Díez
Editado por Ediciones B Grupo Zeta
Recomendado para Grandes lectores
Novela – Tetralogía

     Thomas Mann no es un autor para leer a la carrera. Una y otra vez te hace detenerte en pasajes, cuando no devolverte a ellos para saborear una idea o rumiar una y otra vez una frase. Si en Las historias de Jaacob Mann se detiene en el aspecto mitológico del relato, en El joven José se detiene en el aspecto psicológico, en la esencia de lo humano. Asistimos aquí a un José de diecisiete años, un José que ha comenzado a soñar, que se sabe el preferido de su padre y que no tiene ningún reparo en acusar ya a Judá, ya a Leví, ya a Yahudá de algo que no hicieron, o de llevar pequeños rumores a los oídos de Jaacob, sabiéndose de antemano el preferido. Así, mientras los hijos de Lea se dedicaban a las labores del campo, José se concentraba en tener una formación más académica, por decirlo de alguna forma. Aprendería de su preceptor algo de astronomía y matemáticas y lectura y escritura. Eso haría, de alguna forma, que sus ojos no se fijaran en el suelo, sino más allá, donde pacen las estrellas. Ahí, tal vez se originaron sus sueños.

     Juntos con los hijos de Lea, aprendemos a detestar a ese pequeño pagado de sí, que es el hijo de Raquel. Presumido, bello, afortunado, pretencioso y aprovechado hijo de papi, así es José, amado por todos por su apostura, y más aún, por su padre y su hermano, el otro hijo de Raquel, Benjamín.

     A partir de esto, Mann construye todo el segundo libro de la tetralogía de José y sus hermanos. En lo que podríamos denominar una primera parte, hay algunas bellas charlas aún, es decir una serie de discursos aleccionadores que buscan recuperar para el lector las formas de las tradiciones de las creencias y tradiciones de la época y su simbología arquetípica. En la segunda parte, asistimos a la elevación y posterior caída de José. José recibe de su padre la túnica talar, el ketônet, que era de su madre, lo que hace que los ojos de sus hermanos se fijen aún con más inquina en él. Inquina que los lleva a la separación familiar y luego a deshacerse de su molesto hermano.

     Asistimos también con detalle a un pasaje que en las escrituras era descrito en una o dos líneas, diciendo que aquellos afligidos por el dolor rasgaban sus vestiduras y se echaban ceniza en la cabeza. Mann nos describe a un Jaacob desolado por la muerte de su hijo, transido por el dolor,

Se puede apreciar una de esas civilizadas alusiones en la acción de rasgarse la túnica a consecuencia de una profunda tristeza: es la cívica atenuación de la costumbre original o protocostumbre de despojarse por entero de la ropa, de rechazar atuendo y atavío como símbolo de una dignidad humana ahora aniquilada por la mayor de las desolaciones y, como quien dice, echada a los perros y rebajarse a una mera criatura. Eso es lo que hizo Jaacob. Movido por el más hondo de los pesares volvió a los orígenes, desanduvo el camino del símbolo a la crudeza de la propia cosa simbolizada y a la atroz realidad; hizo “lo que ya no se hace”, y eso es, bien mirado, la fuente de todo horror. Así, lo de abajo pasa arriba. Y si, para manifestar la hondura de su aflicción, se le hubiese pasado por las mientes balar como un carnero, a sus  siervos no habría podido parecerles peor. (p. 240)
    
    El joven José es una digna continuación de la tetralogía de José y sus hermanos y deja en vilo – lo deja a pesar de que él sabe qué va a pasar, de qué trata la historia- al lector acerca de lo que podrá acaecer a este joven José, que, cosa curiosa, muere y renace también en tres días, pues él transita los caminos del arquetipo.  

EL ESPÍRITU PERDIDO

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 14


Escrito por (guion) Gwen de Bonneval
Ilustrado por Matthieu Bonhomme
Traducido por Arnau París
Editado por Norma Editorial
Recomendado para Jóvenes lectores
Novela gráfica – narración gráfica

     ¿Qué hacer ante la muerte?, ¿cómo enfrentar el hecho de que en el fondo de tu corazón sabes que quien amas no está muerto, no se ha ido del todo?, y, ¿qué hacer si todos a tu alrededor crees que no estás en lo correcto, que quizá el demonio, algún demonio te ha poseído?

     Guillaume de Saunhac hace todo lo posible para demostrar que no está equivocado, que son todos a su alrededor quienes han errado, aunque para hacerlo tenga que visitar mundos de los que no tenía conocimiento, habitados por criaturas propias de la imaginería medieval, humanoides sin cabeza pero con rostro en el torso, y un infierno que ha tomado como modelo los cuadros de El Bosco.

     Gwen De Bonneval y Matthieu Bonhomme construyen alrededor de estas ideas un relato fantástico en un entorno medieval, donde un adolescente se empeña, con la ruta que le ha dado una suerte de pitonisa, en buscar el alma de su padre y liberarla, bien sea devolviéndola a su propio mundo, bien sea ayudándole a pasar al otro. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles para él, pues se halla en medio de una conspiración en la que su misma madre está involucrada y donde las fuerzas políticas podrían jugarle más de una mala pasada. Por fortuna, como es habitual en relatos iniciáticos, Guillaume no afronta solo su aventura, sino que es acompañado por un bravo caballero que, siendo coherente con la época, tiene un corazón bravo y un pasado más bien turbio.

     No contento con esto, el relato contiene además elementos símbolos y oníricos que nos obligan a volver a él una y otra vez, más aun cuando llegas a un final que es casi una bofetada a la fe del lector. Un final que, aunque no lo queramos, es tremendamente sencillo y coherente con el mundo que se ha construido, y que reduce la figura del héroe a su tamaño exacto ni más ni menos.

     Por otro lado, los trazos de Matthieu Bonhomme, son exactos, pulcros y atractivos, características de esa novela de aventuras clásicas con las que muchos crecimos, trazos en blanco y negro que no costaría nada convertir en storyboard y de ahí pasar a la pantalla. Por fortuna no es lo que sucede, y nos quedamos deleitados por esas escenas detalladas donde la luz y la sombra juegan un papel preponderante. Eso, y los gatos negros, por supuesto.

      El espíritu perdido es una imaginería fantástica medieval que retoma mucho de las narraciones clásicas de la literatura maravillosa y de la iconografía medieval para contar un relato que no solo entretiene, sino que se queda para que lo rumiemos un poco.