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AKIRA

Author: Diego Fernando Marín
martes, diciembre 6

Guión [Sic.] y dibujo: Katsuhiro Otomo
Traducido por: María Ferrer
Publicado por: Norma editorial
Recomendado para: Jóvenes lectores
Manga – Novela gráfica (6 volúmenes)

     Seis volúmenes componen lo que se considera la novela gráfica completa de Akira. Novela gráfica, porque esta versión en particular es la versión norteamericana del manga homónimo japonés, que, hasta donde mi leal saber alcanza, fue publicado originalmente en blanco y negro y, por supuesto, se lee de derecha a izquierda. En este orden de ideas, hay que advertir al lector que ésta es una suerte de quimera. Se trata de un producto adaptado al mundo occidental que luego fue traducido al japonés (aunque la versión original era japonesa); así, esta versión retoma la versión norteamericana pero adaptando sus textos en español de la publicación original japonesa.

     Aunque sea una lástima, muchos de mi generación conocimos en primer lugar la versión animada de la historia, que contada además con una banda sonora magistral. Sin embargo, y como suele suceder, el relato original de Katsuhiro Otomo, que tomó ocho largos años en ser construido, es mucho más complejo que su versión animada, rompiendo los límites de esa dualidad entre Tetsuo y Kaneda; modelando con mayores matices al Coronel; con un gran protagonismo de Kay y el Joker; y mostrando a Akira fuera de sus contenedores de cristal.

     Hay personajes terciarios que se agradecen a pesar de sus pocas apariciones y su precipitada muerte como el del guardián de El gran imperio de Akira. Así mismo es notoria la diferencia en los dibujos, pues ya en Akira Three (Los títulos de todos los volúmenes están en inglés) hay cambios notorios en el uso del color, el empleo de las viñetas y el uso de las grandes panorámicas; resultando en imágenes espectaculares y primeros planos en el último volumen.

     Por otro lado, los amantes de las distopías se pueden encontrar con un mundo en realidad devastado, donde los personajes son un hatajo de perdedores que de buenas a primeras encuentran un lugar en la historia, al enfrentarse a hechos que los exceden con claridad. Y lo hacen con una sonrisa en el rostro, sin desfallecer nunca, sin plantearse alternativas, sin considerar que alguien más puede asumir sus roles o gozar sus muertes.


         Por último, no se puede dejar de mencionar el interés magnético que genera la obra, es muy difícil parar la lectura de un volumen, o no querer seguir de inmediato con el siguiente. Akira exige ser leído por su ritmo raudo, logrando un interés homogéneo en los diversos personajes, buscando que el lector logre entender a Tetsuo, incluso empatizar con él a pesar de su poder desbordado y la brutalidad de sus acciones. Así mismo, el papel femenino está muy bien logrado. En contraste con las producciones norteamericanas, las mujeres tienen papeles protagónicos e importantes, no son reducidas piernas y tetas enfundadas en mallas de alegres colores. De esta manera, Akira logra ser leído de múltiples formas debido a su riqueza de  matices, propuestas e hilos narrativos. Una obra que merece estar en la biblioteca de cualquier lector, mucho más allá de su interés por la narrativa gráfica. 

ANTOLOGÍA

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, noviembre 30

Autor e ilustrador: Katsuhiro Otomo
Traducido por: Olinda Cortukes
Editorial: Norma Editorial
Recomendado para Lectores en marcha
Manga

     No recuerdo cuando comencé a leer ciencia ficción. Mucho menos recuerdo el momento en que conocí que las historietas iban mucho más allá de Batman y Superman, de alguna manera había llegado a mis manos una revista llamada Heavy Metal. En aquella época, en algún momento entre los finales de los 80´s y mediados de los 90´s supe lo que era la trasgresión y lo que significaba seguir una estética.

     En algún momento también, tal vez cuando existía un canal llamado Locomotion, llegué a una obra cinematográfica inmensa, Akira. Solo tiempo después vendría a saber que se basaba en un manga (Cuánto tiempo recuerdo haber pasado intercambiando los sustantivos manga y anime para referirme a las historietas japonesas y a los dibujos animados del mismo origen) homónimo.

     El nombre del autor de Akira es Katsuhiro Otomo, su obra crece a partir de la admiración por el cine occidental y es magnífica.

     Mi primer contacto con Antología fue gracioso. Comencé a ojearla de izquierda a derecha y no le encontraba ningún sentido a esa primera página. Solo entonces recordé que se trataba de un manga y que se comenzaba en sentido contrario que nuestros libros. Entonces comenzó el asombro, entonces retorné a la niñez.

     Retorné a esas viejas historias que me impedían despegar mis ojos del papel; historias trágicas que ironizaban sobre el sentido de la existencia; historias profundamente melancólicas que extendían sus brazos hacía el futuro; historias que extrapolaban las consecuencias de nuestras guerras y capacidades destructoras; historias que desnudaban el sistema. Eso reencontré en Antología de Katsuhiro Otomo.

     La obra es un conjunto de trece relatos gráficos de calidad irregular, y sin mayores datos acerca de otros artistas que hayan acompañado a Otomo, como suele ser común en el cómic estadounidense, incluso en la versión norteamericana de Akira. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en autores como Otomo, la calidad irregular está siempre por encima de la media y no deja indiferente – ora a través de la risa, ora a través de la violencia, ora través de la ironía- al lector.


     En resumen, no hay que ser un fan del manga para disfrutar esta obra. Lo único que se requiere es acostumbrarse a leer de derecha a izquierda y, en ocasiones, un corazón fuerte. 

PAGINA DE DIARIO. Tercera entrada. 29/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
martes, noviembre 29
Todo el proceso comenzó por un baúl siendo llevado solo un día a la semana con libros para ser prestados. No podían ser más porque no tenía lugar en el aula, es decir que no tenía donde colocarlos ni idea de cómo prestarlos de manera eficiente. Es importante decir que la biblioteca del colegio tiene un buen número de libros de muy buena calidad. El problema con ellos es que los estudiantes ya los conocen. No me importaba la novedad en el tiempo, si no en conocimiento.

Una cosa que no me gusta de los diarios es su desorganización. Es decir, es difícil seguir en ellos una ilación lógica, al menos tan lógica como quisiera. Así, el único orden que puedo intentar llevar es el de las ideas que van surgiendo. Empero, no todo es malo con el diario como forma de recoger ideas, puesto que permite al investigador recoger esas primeras ideas –así, en bruto- para luego poder trabajarlas, refinarlas y confrontarlas a medida que pasa el tiempo.  De hecho, siendo completamente fiel al proceso, no debería siquiera devolverme a corregir los múltiples errores de ortografía y/o digitación que voy cometiendo a medida que avanzo. Pero en un primer momento, el diario o bitácora de campo es personal; este no lo es.

     Creo que en la primera entrada de este diario referí que en algún momento la lectura en voz alta me hastió. Lo hizo porque me cansé de leer una y otra vez las mismas cosas, no importaba que los chicos fueran cambiando una a uno; no importa que yo también fuera cambiando y que, por supuesto, los libros van mudando de piel a medida que van siendo leídos. En algún momento me sentí ejerciendo una acción mecánica, mis labios se abrían y cerraban, mi voz desgranaba frases, pero yo ya no estaba ahí, mi espíritu hacía listas de mercado o pensaba que hacer justo a continuación o me irritaba con ese único alumno que estaba desinteresado. Así que poco a poco fui espaciando la actividad. La clase estaba primero, dejé de cargar libros y, como no podía de ser de otra forma, algunos chicos hicieron la pregunta que de alguna manera también esperaba, ¿Por qué no nos has vuelto a leer?    

     No tenía ninguna manera de responder de una manera que pareciera siquiera lógica. ¿Qué podía decirles?, que mientras leía por vigesimosexta vez las mismas líneas en el mismo salón, mi espíritu estaba disfrutando otras lecturas que eran más extensas, y que la regularidad de mis clases no me permitía compartirles las lecturas que me gustaría; que me gustaría que pudiéramos ir más allá y que se entusiasmarán por La biblioteca de noche o por Danza de dragones o por Leyendas del abismo (¿alguien sabe cómo leer novela gráfica en voz alta ante un grupo de más de tres personas?)o por Neuromante o por As you like it.

     Mi respuesta en ese momento fue comenzar a traerles libros de mi biblioteca. Así que me conseguí un baúl que alguna vez contuvo todas las historietas de Tintín, y arramblé con Cartas al Rey de la Cabina, Visiones peligrosas I, Jurassic Park, Dos años, ocho meses y veintiocho noches – que acababa de leer en ese momento-, y Tú, el inmortal, entre otros títulos que fui añadiendo. Además les compartí Instrumental y Voces de Chernóbil, aunque no pude prestárselos porque no eran míos.


     Ese sería el comienzo de un proceso que hoy está en movimiento y al cual me referiré in extenso la próxima entrada.   

SALTARÉ SOBRE EL FUEGO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 28

Autora: Wislawa Szymborska
Ilustrado por: Kike de la rubia
Traducido por: Abel Murcia y Gerardo Beltrán 
Editado por: Nørdica Libros
Recomendado para: jóvenes lectores
Poesía


                ¿Es justo decir que un libro se termina mucho antes de que quisieras? Mejor, ¿es posible que un libro se termine mucho antes de que se desee?, ¿más aún si ese libro es de poesía? Porque eso es justo lo que me acaba de suceder con Saltaré sobre el fuego

     Entendámoslo. No es que me queje. La edición de Nørdica Libros es quizá la mejor que he leído de un libro de Szymborska. Sus páginas son de un grueso papel fino; el encuadernado parece estar hecho para resistir el paso del tiempo; las ilustraciones, que figuran entre lo figurativo y lo abstracto, brindan solidez –no se me ocurre una palabra mejor- al volumen; por último, la selección de poemas es exquisita. Parcial, pero exquisita.   

     Por otro lado, la mayor parte de los libros de Szymborska son insatisfactorios. Me refiero a que la mayor parte de los libros que de ella he leído son antologías, como este, no obras completas. Las antologías son buenas para iniciar con un escritor, te permite conocerlo un poco, tantearlo, indagar si te gustaría profundizar en él. Una antología, entonces, es como una primera cita. Pero, hay que decirlo, no es fácil, tener una relación profunda con Szymborska; es un poco como esa película mala de Adam Sandler, 50 First Dates, donde un hombre intenta tener una relación con una mujer que no tiene la posibilidad de generar nuevos recuerdos. Szymborska es maravillosa, aunque la edición de sus libros es frustrante. 

     Con todo, Saltaré sobre el fuego, me permite que mis estudiantes indaguen un poco en ese verso libre, irónico, mordaz, sensible, cotidiano, que la hacen tan ella, tan única. 

     Los puristas agradecerán que se trata de una edición bilingüe; quienes apenas la conozcan tendrán una magnífica primera cita. Más allá de ello, quien quiera tener una relación más profunda, deberá tener paciencia y constancia, los secretos de cualquier relación verdadera. 

     Por último, y para no perder la costumbre, transcribo uno de esos poemas que Martha podría admirar, 

     UN GATO EN UN PISO VACÍO

     Morir, eso no se le hace a un gato. 
     Porque qué puede hacer un gato 
en un piso vacío.
Trepar por las paredes. 
Restregarse entre los muebles. 
Parece que nada ha cambiado 
y, sin embargo, ha cambiado.  
Que nada se ha movido, 
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende. 

Se oyen pasos en la escalera, 
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato tampoco 
es aquella que lo ponía.   

Hay algo que no empieza 
a la hora de siempre. 
Hay algo que no ocurre 
como debería.
Aquí hay alguien que estaba y estaba, 
que de repente se fue 
e insistentemente no está. 

Se ha buscado en todos los armarios. 
Se ha recorrido la estantería. 
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. 
Incluso se ha roto la prohibición 
y se han desparramado los papeles. 
Qué más se puede hacer. 
Dormir y esperar. 

Ya verá cuando regrese, 
ya verá cuando aparezca. 
Se va a enterar 
de que eso no se le puede hacer a un gato. 
Irá hacia él 
como si no quisiera, 
despacito,
con las patas muy ofendidas. 

Y nada de saltos ni maullidos al principio.  
martes, noviembre 22

    Hace ya un tiempo dejé de emplear solo las carátulas de los libros en las reseñas. Se ha convertido en un reto “escenificar” cada uno de los libros, aunque en muchas ocasiones me he terminado repitiendo. Detrás del primer volumen de Wild Cards (ya reseñado) se encuentra el germen de lo que es hoy la biblioteca de aula, debido a una mezcla de cambios, persistencia y mucha suerte.



     Hace unas pocas horas terminé de leerme de nuevo Un monstruo viene a verme de Patrick Ness (ya reseñado con anterioridad).  La novela de Genji (por reseñar) me sigue acompañando en el maletín y la planeación para el segundo período de octavo va a girar alrededor de No comas renacuajos de Francisco Montaña (también reseñado ya). Los libros me han acompañado toda la jornada. Sin embargo hay una pregunta que me ha rondado en las últimas semanas, ¿para qué enseñamos literatura en el aula?

     La respuesta no es sencilla por supuesto. De hecho, creo que se trata de una respuesta en proceso, de un trayecto inacabado, de un edificio a construir –una suerte de Sagrada Familia-, sobre el que no hemos terminado de ponernos de acuerdo. ¿Trabajamos para que nuestros alumnos se conviertan en nuevos lectores?, ¿empelamos la literatura para que lean todo con lupa, como quien lee los contratos de préstamos de los bancos?, ¿empleamos la literatura para formar mejores personas? Y si es así, ¿qué mecanismos de censura ponemos en marcha?, ¿sirven para algo?, ¿el Coronel Aureliano Buendía conoció en verdad el hielo alguna vez o se trataba de una metáfora acerca del desamparo?, ¿terminó el periplo del pistolero en la puerta de la Torre Oscura?, ¿se encontrará el principito de nuevo en su asteroide? No lo sé. Paso con rapidez de preguntas estructurales a preguntas relacionadas con el deseo.

     Construyo mi planeación alrededor del rastreo de las formas de violencia presentes en No comas renacuajos. Quiero que los chicos de octavo aprendan a rastrear una idea en un texto, que aprendan a seguir un hilo de Ariadna en medio del laberinto de las palabras. Elizabeth, mi esposa, se ha burlado un poco. Te vas a tirar el libro, me dice con sorna. Las funciones de una bibliotecaria y de un docente son diferentes, le respondo con rapidez a la defensiva. Además, primero lo vamos a leer de un tirón, añado con rapidez. ¿En realidad me tiraré el libro? He vuelto a derramar unas pocas lágrimas al acercarme a las últimas páginas del libro (¿novela?, ¿cuento?, ¿por qué novela?, ¿por qué cuento?) de Montaña. ¿Sucederá lo mismo con los chicos? Solo tengo una forma de saberlo, implementar la idea, los elementos conceptuales, leer el libro con ellos, discutirlo, cuestionarlos, conducirlos a que se enfrenten a la realidad a través de una historia que ellos rastreen y que puedan convertir en una crónica, y luego evaluar qué ha sucedido con todo el proceso.

     El día de hoy no les he leído a los chicos. No he encontrado el libro adecuado. Sin embargo, este fin de semana compré libros para la biblioteca de aula. Pero como dijo Ende, esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

     Gracias por la compañía, querido lector insomne.

       

PÁGINA DE DIARIO. Primera entrada. 21/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 21

Mi nombre es Diego Fernando Marín (A.K.A. Andor Graut). Soy docente de Lenguaje en Octavo, y de Metodología de la investigación en décimo y once. Desde que tengo memoria he tenido una fuerte inclinación por la palabra escrita, y ello me ha llevado a la senda de la escritura y la promoción de lectura.

Siendo promotor/mediador de lectura he dedicado durante los últimos cinco años a realizar lectura gratuita en voz alta a mis alumnos. En todas las clases he intentado leerles un poema, un cuento, y, cuando la regularidad horaria me lo ha permitido, les he compartido una novela corta. Hasta hace cerca de un año el resultado era plenamente satisfactorio.

     Realizar promoción de lectura es un acto, necesaria, obligatoriamente, de afecto. Hace un año, con preocupaciones personales en la cabeza, comencé a hastiarme de las mismas lecturas, los mismos títulos, que sí bien podían tener influencia en mi auditorio, me estaba cansando de leerlo, como esos discos que escuchamos una y otra vez hasta que pierden por completo el sentido.

     Es esa sensación de hastío la que llevó a que abandonara SEMILIJ (Seminario de investigación de literatura infantil y juvenil de Cali) y dejara de asistir a algunas actividades de promoción de lectura. Es esa sensación la que hoy me lleva a escribir estas líneas.

     Como investigador, como docente, me encantan los protocolos. Como promotor, como docente, me encanta el trabajo con adolescentes. Como lector, he seguido los títulos de calidad irregular destinados a los adolescentes, y en realidad me siento defraudado. Así que este diario, es la manera que tengo de comunicar las dudas que han surgido en mi labor; también, la mejor manera que tengo de sistematizar y dialogar con otros acerca de los intentos de encontrar respuestas a las preguntas que me agobian acerca de la mediación/promoción de lectura.

     El objetivo final, a despecho de Petit y de otros autores, es encontrar una suerte de protocolo que haga efectiva la labor de promoción de lectura en el aula con adolescentes. No como una suerte de fórmula mágica, sino como una manera de indagar en la relación que los adolescentes tienen con la lectura.

     Por supuesto, la idea de hacer un diario público es también tener alguien con quien dialogar acerca de esta temática. Así que si están en la misma posición, no tengan ninguna duda en compartir sus dudas y también sus experiencias. Por último, a quienes están acostumbrados a las reseñas, no deben preocuparse, en cuanto retome mi nivel normal de lectura y termine La novela de Genji, volveré a publicar.  

     Gracias por estar al otro lado de la pantalla.



Este soy yo. Aunque se trata de una vieja foto es de mis preferidas porque, aunque parece, no es posada. La foto la tomó mi viejo dealer bibliotecológico, Danny Loaiza, en un momento en que estaba concentrado en hacer lo que los profesores más hacemos: retroalimentar trabajos de nuestros alumnos. 


LA MADRE Y LA MUERTE/ LA PARTIDA

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 18



Autores: Alberto Laiseca y Alberto Chimal
Ilustrador: Nicolás Arispe
Editado por: Fondo de Cultura Económica
Recomendado a: Lectores en marcha
Libro ilustrado

    
Un libro, dos historias, un ilustrador, un anverso y un reverso. Un lazo que aúna todo: La muerte. Las historias sobre la muerte son tan viejas como el tiempo. Recuerdo una en particular que vi hace mucho tiempo en una serie de televisión. En ella, la muerte era atrapada en un árbol y mientras ella estaba ahí, nada en el mundo podía morir, todo se detuvo, el mundo se fue convirtiendo en un lugar oscuro. La muerte no era un esqueleto descarnado, era una mujer, creo que una mujer negra. Creo que se trataba de un cuerpo africano. Al final, el hombre que había atrapado a la muerte volvió donde ella y la dejó ir, y el mundo recuperó la paz. Otra versión, creo que la conocí o la recordé después, dice que la muerte al ser atrapada rogo y se quejó durante mucho tiempo hasta que al fin el hombre se compadeció de ella, y la conminó a seguir su camino sin llevárselo. Se lo hizo prometer. Mucho tiempo después el hombre, que no podía morir pero sí envejecer, llamó a la muerte y pidió el favor de ir con ella.

     Ha dicho Campbell, o al menos así creo, que el hombre comienza a ser hombre al conocer la muerte. Ahí comienza el mito.

Las historias de la muerte son universales porque son inexorables, y nos muestra, mal que bien, que somos criaturas mortales y que la muerte puede ser un descanso, una salida, un olvido. Sin embargo en occidente nos olvidamos de contar historias sobre la muerte. Sin embargo hay una que recuerdo ahora, retoma el personaje de Lázaro, y dice que días después de haber sido devuelto por Jesús a la vida, se perdió de nuevo entre las fosas lamentándose por haber sido llamado despertado de nuevo. Shakespeare hermanaba sueño y muerto. Calderón de la Barca hizo lo propio.

Alberto Laiseca, a quien hemos elegido de manera arbitraria como el anverso, relata la historia de una madre que da todo lo que puede por recuperar a su hijo muerto y eso es todo lo que obtiene. El relato es desgarrador, paso a paso la mujer va perdiéndose entre el río, el espino y la montaña para ingresar viva al reino de la muerte. Por supuesto obtiene exactamente lo que quiere. Su hijo. Muerto.

La muerte no se tiene porque mostrar piadosa. La muerte es.

Alberto Chimal, escribe el reverso de la historia. En ella una madre pierde a su hijo y ruega a los dioses que se lo devolvieran. Los dioses no permiten que su alma se vaya, pero su cuerpo no vuelve a la vida. Imaginen el tormento. Imaginen el dolor, los ruegos, la desesperanza. Todo eso está allí. Hay un final por supuesto, y solo nos enseña que la tristeza está viva y es inmortal.

La muerte es uno de los nexos de los dos relatos. Nicolás Arispe es el segundo. Quienes lo conocen de El camino más largo  reconocerán su estilo abigarrado aún más exacerbado. No hay vacío aquí, y cada vacío es casi un grito, un suspiro, un desgarro. En cada una de las estampas que dibuja encontramos una melancolía infinita, un patetismo que duele, una conmoción que no deja a nadie incólume.


Este volumen, de tapas plata y negro, ingresa con honores al Pequeño teatro de la crueldad. 

MATADOR

Author: Diego Fernando Marín
jueves, octubre 13

Autor: Wander Piroli
Ilustrador por: Odilon Moraes
Traducido por: Beatriz Peña Trujillo
Editado por: Babel Libros
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum

     Matador no es un libro visualmente atractivo. El 95% de su paleta de color es verde clínica, color verde escuela oficial. Entre otros libros se pierde, de hecho sería de esos libros que podrían perderse por meses detrás de un anaquel que nadie lo echaría en falta. No es ese libro azul que van a preguntar a las librerías. Nadie preguntaría por un libro color verde sábana de hospital.

     La elección del color es un tema importante en un libro dirigido a niños. Principalmente, porque los libros dirigidos al público infantil están repletos de colores (Editorial Panamericana abusa de este recurso de manera tal que satura, marea, al lector), colores plenos, vibrantes, que obligan al ojo a fijar su mirada sobre la página, sobre las ilustraciones. El 90% de las ilustraciones de Matador son un telón de fondo para la narración alfabética.

     Sin embargo, sin embargo ese 10% que no es un telón de fondo obliga al lector a fijarse en el color, a reinterpretar las ilustraciones, a devolver las páginas recorridas y volver a comenzar. Ese 5% de la paleta de color que no es verde clínica se clava en la mente del lector y lo deja con un tenaz nudo en el estómago.

     Algo similar ocurre con la prosa de Piroli. Es sencilla, sin adornos; incluso podría denominarse escueta. Sin embargo, la forma de rematar la narración en la última página, recuerda las lecciones de Cortázar acerca del cuento. El final es pleno, vibrante, obligan al ojo a fijar su mirada sobre la página, sobre el texto alfabético.

     Matador narra la historia de un chico que no tiene suerte para atinar al blanco. Su sino es poseer una puntería terrible sin importar que tanto practique. Eso lo hace centro de las burlas de sus compañeros,

Yo iba guardando todo eso, una rabia muda, para desquitarme más tarde en el fútbol, distribuyendo pisotones y puntapiés a granel.
Un alivio temporal. Lo que yo quería, por encima de todo, era también matar un maldito gorrión. (p. 14)

     Y, por supuesto, donde hay burla hay desquite.


     Matador ingresa por derecho propio al Pequeño teatro de la crueldad, un teatro que hacía algún tiempo no tenía nuevos integrantes. Así, con un bajo perfil, recordando que una buena narración requiere de un buen contraste, Matador dejará inquietos a muchos lectores. Las preguntas vendrán después... 

LUNÁTICA

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, octubre 12

Autora: Martha Riva Palacio
Ilustrado por: Mercè López
Editado por: Fondo de Cultura Económica
Recomendado para: Los pequeños
Poesía

Premio hispanoamericano de poesía para niños 2014.


     Me gusta Lunática porque es salvaje, porque no le teme a las palabras, porque es femenina y porque está escrita por mujeres. Me gusta Lunática, sobre todo, porque celebra la infancia, la infancia sin límites, que no se conforma, que se muestra hambrienta de emociones y de afecto. Me gusta Lunática, porque es de esos maravillosos libros con los que suele sorprenderme mi esposa.

     La portada de Lunática me recuerda La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki, el rostro de una niña cubierta con la piel de un lobo, la cabeza con los colmillos sobresaliendo. El contenido de Lunática me atrapa porque es raudo, firme y juguetón; le gusta detenerse en las palabras y no les teme,

(…) ilógica lunática
Cambian los sueños
en una marisma de lechugas.
Aerofanía lunar.
En la panza de los peces
siempre es de noche. (p. 14)

Me gustan las ilustraciones de Mercè López, porque son dinámicas, fuertes y atractivas; porque juegan con lo onírico, porque se atreve con los contrastes de colores, porque en ningún momento renuncia a lo femenino al hacer a la Lunática aventurera, conquistadora, pionera.

Me gusta el diseño de Angélica Antonio Monroy, quien destaca el texto jugando con las ilustraciones, haciéndola dinámica, modificando las formas, ondulando, espiralando.

La protagonista de Lunática celebra su infancia,

Escalar
sin que te importe
que se rasgue tu vestido.
Porque es sólo tela
y lo que importa
es alcanzar la cima. (p. 28)

     La protagonista de Lunática está explorando siempre, indagando inquieta,
     Probar
     a escondidas
     el pasto
     para comprender
     el lenguaje
     silente
     de las plantas.
     Banquete feérico,
     purga colosal. (p.32)

     Ni la escuela se salva de la Lunática,
    
     Auuuu lleno de malos augurios.
     Aún falta una hora para el recreo.
     Auuuu los niños
que han muerto
de aburrimiento. (p.22)

Pero, sobre todo, Lunática es un feliz encuentro con la poesía en la infancia.

EL LECTOR

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 11


Autor: Bernhard Schlink
Traducido por Joan Parra Contreras
Editorial: Anagrama.
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     En algunas ocasiones llegamos tarde a los libros. Algunas veces son las películas las que nos recomiendan las letras. Eso me sucedió con El lector.

     Cuando en el 2008 vi la película, protagonizada por Ralph Fiennes y Kate Winslet, algo se me quedó en el corazón, una tristeza extraña se me quedó en el alma. Luego sabría que la película había sido basada, como tantas otras, en un libro. Tuvieron que pasar ocho años para encontrarme con el libro.

     Para quienes promovemos la lectura no hay herramienta más valiosa que la lectura en voz alta y permitirle a un lector encontrarse a solas con el libro. Lo demás… Bueno, lo demás es parafernalia. En el núcleo de este libro se encuentra la lectura en voz alta. El contexto en que esta lectura se nos presenta es lo que revaloriza un evento histórico y lo que nos permite el asombro.

     El lector se ubica en dos momentos relevantes a nivel histórico, el surgimiento del Tercer Reich y los juicios posteriores a la caída del nazismo, después de terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando toda una generación se debatía entre la culpa y la necesidad de seguir adelante; cuando toda una generación culpó a la anterior por haber permitido el holocausto. El tema se ha repetido hasta el cansancio, dirá tal vez el lector. Empero, la forma de abordarlo de Schlink; la dicotomía en la que sumerge a su personaje principal, Michael Berg; la paradoja que representa Hanna Schmitz; todo ello contribuye a construir una atmósfera en la que interroga al lector, quizá al mismo pueblo alemán, acerca de las responsabilidades que se atribuyeron a los diversos protagonistas en el holocausto judío.

     Así, en la primera parte asistimos a una historia de amor, a un romance entre una mujer de 36 años y un adolescente de 15, que se profundizó y se entramó a partir de la lectura en voz alta que el segundo realizaba a la primera. En su papel de lector Michael Berg no supo, ni antes ni después, que mundos, que posibilidades abría ante Hanna.

     La segunda parte ocurre años después. Asistimos al reencuentro de Michael y Hanna. Él, un estudiante de Derecho; ella, acusada de hacer parte del mecanismo Nazi, de haber dejado morir a unas prisioneras durante un incendio. Hanna no se defiende, asume su parte de responsabilidad en medio de un juicio del que no alcanza a entender sus consecuencias, ni las implicaciones que tendrá para sí misma. Es orgullosa y testaruda, inaccesible.

     En la tercera parte Schlink nos muestra a un Berg que no ha podido dimensionar el amor, que se siente culpable y que ha compartido al menos diez años de lecturas con Hanna. Lecturas que hace llegar a la cárcel por correo. Michel Berg es un hombre cansado, solitario; traidor y traicionado.

     Más allá de los hechos, empero, nos quedan las palabras; la melancolía de la narración de Schlink, quien no oculta nada al lector y lo revela todo.


     El lector es una obra magnífica que cuestiona la naturaleza de la responsabilidad y la moral; la misma naturaleza de la culpa y el amor. Ojalá el recuerdo de Hanna y sus acciones se queden en el lector tanto tiempo como se quedaron en Michael Berg.