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LA BIBLIA DE LOS CAÍDOS

Author: Diego Fernando Marín
martes, febrero 21

Autor: Fernando Trujillo
Editado por: Panamericana editorial
Recomendado para jóvenes lectores
Novela


     La biblia de los caídos llegó a mí por casualidad, de hecho como una recomendación para trabajar en el aula que fue realizada casi con temor reverencial, inquiriéndome de antemano si no tenía problemas con el nombre, con esos temas. De su autor, Fernando Trujillo, se me dijo tan solo que había publicado primero a través de una plataforma digital. Si alguna vez había tenido esperanza con el libro, aquella información no me animó precisamente.  

     Considero que el trabajo del editor es necesario, pues aunque no siempre se da con el correcto, el editor ayuda a filtrar, retroalimenta y, en muchos casos, puede ayudar a engrandecer una obra. Desconfío mucho, en especial de wattpad porque es el espacio que ha engendrado cosas como After y, creo, un fanfic pornográfico de Los gatos guerreros. Solo por mencionar algunas cosas. La segunda razón es que cualquiera que hace su publicación de manera autónoma irrumpe en cuanto espacio virtual para autopromocionarse, como una suerte de Testigos de Jehová digitales.

     Sin embargo, a pesar de mi prevención, y porque el volumen llamó mi atención, me lo llevé a mi apartamento un fin de semana. No puedo decir que haya sido amor a primera página. Las primeras dos páginas tienen un tono grandilocuente que repele. De hecho la narración en el primer capítulo se me hizo harto dudosa, el personaje de Mario Tancredo se me antojó estereotípico, débil. De hecho es un personaje deleznable y poco creíble durante toda la obra, pero, por fortuna, se trató tan solo de un personaje secundario, de hecho, casi otro mueble en el decorado, una excusa para contar la historia importante, la del exorcismo y la maldición del Gris y su grupo de desharrapados.

     Una cosa que agradecí sobremanera es que no se trata de una nueva saga juvenil. No se trata de los prejuicios y búsquedas de un adolescente que necesita encontrar su origen y desatar su poder, no.   Esta es una historia grande, de hecho es el primer tomo de una historia que abarca el cielo y la tierra y una biblia que perteneció a aquellos que se rebelaron contra dios. En muchos sentidos me ha recordado aquella saga de Philip Pullman, La materia oscura de la misma manera que me ha recordado los relatos sobre Harry Dresden. Otro aspecto que agradecí es que aunque Trujillo es español el texto adolece de hostias y tíos y coños y joder. De hecho, las traducciones de Anagrama y las de las obras de Stephen King parecen más españolas en comparación.

     La biblia de los caídos, que creo se puede encontrar de manera legal en formato digital, o al menos se originó allí, es un libro ágil y entretenido que, aunque cumple con plantear un misterio y resolverlo, deja también muchas preguntas abiertas que dejan al lector con ansías de continuar con el siguiente volumen. Eso sí, no sé cómo algo así podría trabajarse dentro del aula.    

PÁGINA DE DIARIO. Quinta entrada.

Author: Diego Fernando Marín
lunes, febrero 20
Esta pequeña estantería fue instalada en la sala de profesores con el objetivo de realizar de manera constante un intercambio de libros. Hasta ahora solo unos cuantos han llevado libros con la promesa de traer otros más adelante, en tanto hay algunos que no se deciden a traer libros para llevar otros.  De manera accidental se ha alcanzado a una secretaría que muy juiciosa trajo tres libros y se llevó otros tantos. Deseo que hayan sido felices encuentros. 


     Por supuesto he vuelto a leer a los chicos. No con la misma frecuencia de antes, pero intentando que la experiencia sea más significativa. Quizás el mejor resultado lo he obtenido con un relato de Neil Gaiman, Cuento de octubre, incluido en su libro Material Sensible. En él, Gaiman narra la experiencia de una mujer que encuentra la mítica lámpara de Aladino, la mítica lámpara con el genio que concede los fabulosos tres deseos, y cuando este aparece y le ofrece todo el oro y el moro, escucha un “(…) No hace falta. Estoy bien.” como respuesta. El genio insiste, la mujer no cede, le invita un té. El genio acepta, es el mejor té que ha probado. La mujer le invita a comer, le pide al genio barrer las hojas del patio entre tanto. El genio insiste, es algo qué desea ella. Ella responde que es algo que él podría hacer mientras tanto. Así se va constituyendo una relación atípica donde él se queda a vivir en casa, y ya sobre las líneas finales lo descubrimos despertando al lado de la mujer, contemplando como el sol va iluminando su rostro. Ella se levanta entonces y le pregunta acerca de su deseo, de lo que él pediría si pudiera pedir un deseo. Él la mira, No hace falta, estoy bien, responde.
     El cuento es dulce, dulcísimo (acudid a él, encontradlo en la red, no me creáis a mí), y sentí que los chicos se enamoraron de alguna manera del cuento como yo cuando lo leí por primera vez. También intenté un nuevo recurso, no solo presentarles al autor o hablarle de lo que me había gustado el libro; no, esta vez comencé preguntándoles acerca de lo que pedirían si pudieran pedir tres deseos a un genio. La intención era lograr una conexión significativa entre ellos y la lectura gratuita. Las respuestas, por supuesto, fueron muy diversas. Algunos desearon tener más dinero o la salud para alguien a quien aman o la paz mundial o la justicia social. Las respuestas fueron múltiples y creo que lograron el objetivo, que por eso respondieron de la manera que lo hicieron frente al relato. Sin embargo, una vez terminado el relato, puesto el libro de nuevo en la biblioteca de aula, nadie se lo llevó a casa.
     La idea de comenzar con una pregunta detonante puede ser interesante pero exige tiempo y un conocimiento profundo del público y del texto. A la siguiente oportunidad intenté hacer lo mismo con otro relato de Gaiman, Clic-clac, el sonajero y no sentí la misma respuesta frente al texto, aunque no fue del todo indiferente. Por lo pronto seguiré explorando esta posibilidad y os comunicaré como van respondiendo los chicos.
                           ***
         Hace algún tiempo tengo la idea de aplicar una encuesta a los chicos y personal administrativo de la institución donde laboro con el fin de definir los diversos hábitos y ambientes lectores de quienes la conforman. Sin embargo alguien me hizo caer en cuenta de la necesidad de dirigir la encuesta a los docentes.  De esto surgió otra pregunta, ¿quién hace promoción de lectura con los docentes? Y luego, ¿cómo hacer promoción de lectura con los docentes, en particular, y, en general, con el personal de una institución educativa? La respuesta ha venido en forma de una estantería con libros propuestos para realizar un trueque permanente de libros. Pronto estaré informando también de los resultados de esta iniciativa.


EL JUEGO DEL LABERINTO

Author: Diego Fernando Marín
jueves, febrero 16

Escrito por: Pablo De Santis
Editado por: Ediciones Santillana
Recomendado para jóvenes lectores
Novela juvenil
    

     Dijo Borges que no hay un actor tan malo que no tenga una línea que no lo rescate. Ha dicho King que hay que leer autores u obras tan malas que no tengan que enseñarnos. Yo confieso que una vez terminé de leer El inventor de juegos seguí casi de inmediato con el siguiente libro de la saga de Iván Dragó. Sí, saga, porque en la actualidad los libros para niños deben venir al menos en paquetes de tres. Pero divago.

     Con El juego del laberinto tenía la idea de terminar de saber lo que había pasado con el adversario del libro anterior y tenía la esperanza de que en esta novela las cosas que se habían resuelto abruptamente se definieran con mayor detalle. Por supuesto, y como debí haber sabido, nada de esto resultó ser así.

     Esta segunda novela comienza tiempo después en el pueblo de Zyl, el pueblo de los inventores de juegos, convertido ahora en un lugar prospero que ve al fin un futuro. Sin embargo, como es lógico, una nueva amenaza llega al pueblo siguiendo en este caso la temática del laberinto. Así, Iván Dragó deberá enfrentar un nuevo adversario que de nuevo lo ha elegido a él como centro de un nuevo reto. De nuevo pues, la fantasía de cualquier adolescente narcisista.

     Sin embargo no todo es malo en El juego del laberinto. Al igual que en su novela anterior, De Santis da pruebas de ser un narrador competente, ágil, que en esta ocasión muestra algo de evolución en sus personajes a pesar de lo flojo de sus resoluciones. Dos tópicos me interesaron. El primero de ellos tiene que ver con la educación. Ante la amenaza del laberinto los docentes son criticados por no enseñar acerca de los laberintos en el colegio –ante esto hay que decir que en El inventor de juegos se nombró un currículo destinado al aprendizaje de todo lo relacionado con la construcción y diseño de juegos. La materia más difícil era la de escribir las instrucciones.- Una maestra responde, “Les enseñamos los juegos del día, no los de la noche” (De Santis, 2016, p.64) y luego, “En todos los países, en todas las sociedades, la gente protesta por el estado de la educación. Zyl no era la excepción: se oyeron voces en contra del plan de estudios de la ciudad.” (p. 65)

     El otro tópico que me interesó fue la estrategia empleada por De Santis para dejar ser a los personajes argentinos. Me explico, en muchos casos, cuando un autor latinoamericano emprende una obra que busca traspasar fronteras, (excepción hecha de todos los Borges, Cardenal, Cortazár, García Marquéz y cuanto autor del Boom latinoamericano haya)  por lo general falsea su voz, la neutraliza. De Santos nunca dice el nombre del país en el que sucede su relato, sin embargo sus personajes vosean con toda confianza, dicen “tratá” y “parecés” con toda naturalidad (yo no puedo, el revisor de ortografía de Word subraya esas palabras siempre con rojo). Sin embargo ninguno de estos elementos es capaz de salvar una novela que hace aguas porque parece subestimar a sus lectores, porque promete un enorme laberinto y otorga una gymkhana que se resuelve tan solo con cruzar por donde haya un dibujo o una señal que recuerde al toro.

     En conclusión, De Santis vuelve a incumplirnos su promesa poniéndonos a jugar un póker con una baraja a la que le ha robado las jotas, las reinas, los reyes y los ases, por temor a que nos hagamos daño entre nosotros.         

TOMBUCTÚ

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, febrero 15

Escrito por: Paul Auster
Traducido por: Benito Gómez Ibañez
Editado por: Editorial Planeta
Novela
Recomendado para jóvenes lectores

     Las hojas son de papel periódico y la encuadernación barata, pero al menos no la tinta no se corre al pesar los dedos sobre ella. Al menos no por ahora. Se trata de una edición barata destinada a las manos de los alumnos de muchas de las instituciones educativas del país y, posiblemente, del mundo hispano. Está hecho para ser rayado, anotado y luego, una vez se ha deglutido su contenido en sendos exámenes o trabajos evaluativos, serán olvidados en casilleros o directamente en las canecas de la basura. De no ser desechado es probable que su promedio de vida no superase los 15 o 20 años de vida como máximo. No suele haber mucho afecto hacía ellos. Son libros producidos para el estudio, para el aprendizaje, para el olvido.

     Sin embargo, con suerte, a veces se produce amor a primera vista entre un lector y un autor, aún en un aula de clase, y ese libro barato, deshojable, rayado, con orejas y arrugado, se constituye en el primer volumen de una colección sobre ese autor. Ese encuentro es el que los docentes buscamos que se logre.

     Paul Auster es principalmente conocido por Trilogía en Nueva York. Incluso una de las novelas que constituyen esta obra, Ciudad de cristal, ha sido adaptada como novela gráfica. Pero más allá de ello, la obra de Auster es enigmática y conmovedora, incluyendo además de la prosa la poesía.

     Tombuctú sigue las andanzas del perro, Mister Bones, de un habitante de la calle, o al menos de una de esas personas que nos encontramos en las calles y que definimos de inmediato como un indigente o un loco, aún sin escucharlo ni atrevernos a intercambiar con ellos una mirada. Sin embargo, cuando entramos a la historia, Willy G. Christmas, la parte humana de esta dupla, está muriendo y a Mister Bones aún le quedan muchas calles por andar.  Así, en la mitad del libro conocemos la vida de Willy G. Christmas, sus obsesiones, su forma de ver el mundo, su talento que se desvanece, su lenta espiral de autodestrucción, mientras, a su lado, a pesar del hambre y de las privaciones, vamos conociendo también a Mister Bones, y el pacto que hay entre ellos, que en algún momento se encontrarán en Tombuctú, un lugar que supera todas las expectativas, donde todo está en paz y que se encuentra allí donde se acaba el mapa del mundo, y, sobre todo, donde podrá estar con aquel que ama más que a nadie en todo el mundo, su amigo Willy G. Christmas. Porque no importa que tan bien te vaya en el mundo, no podrá ser pleno si no está a tu lado tu cómplice, tu compañero del alma.  

     Tombuctú es un tratado de la amistad que no quiere ser un tratado de la amistad, solo busca contarnos la vida de un perro y su amo, o sus amos si nos atenemos a la historia; nos dice que a veces no importa el hambre y el frío si se está al abrigo de una buena conversación.         

CUADERNOS ERÓTICOS – GUSTAV KLIMT

Author: Diego Fernando Marín
domingo, febrero 12

Texto de: Norbert Wolf
Traducido por: Carlos Mayor
Editado por: Océano
Libro de arte
Recomendado para: Jóvenes lectores


     No sé nada de arte. Me gusta aclararlo para que se entienda que en este tema mi opinión es la misma de cualquier lector desprevenido, la misma de cualquier lego. No suelo ser un lector de arte y mi opinión acerca de este tema pasa por algo tan simple como el placer. Si me da placer al verlo, entonces sé que me gusta. Así, si hay algo que no me gusta del denominado arte contemporáneo es que, a mi juicio, hay más en él de sustento conceptual que de experiencia estética. Alguna vez leí, no recuerdo donde, que en algún momento una artista había colgado un lienzo en blanco en una exposición y sustento esa decisión aduciendo que era una forma de protestar contra lo que para ella era el final del arte.

     Por razones que no corresponde aquí, en los últimos cuatro años he trasegado semana a semana con libros de arte. Libros que ojeo -¿hojeo?- guiándome solo por aquello que me da placer. Así descubrí, por ejemplo, que me gusta mucho más Botticelli que Da Vinci, a pesar de que este último es el genio por excelencia del arte y de la ciencia. En la última semana descubrí que Klimt es un paisajista sui generis, al menos desde mi experiencia, porque gusta mucho de primeros planos en lugar de tomas panorámicas. Luego descubrí este libro.

     De acuerdo con Cortázar, en su última clase de Literatura en Berkeley, “Entre erotismo y pornografía hay una diferencia capital: la pornografía en la literatura es siempre negativa y despreciable en el sentido de que son libros, o situaciones de libros, escritos deliberadamente para crear situaciones eróticas que provoquen en el lector una determinada excitación o una determinada tendencia; en cambio, el erotismo en la literatura significa el hecho  de que la vida erótica del hombre es tan importante y tan fundamental como su vida mental, intelectual y sentimental”. (Cortázar, 2014, pp. 252-253)

     Si extrapolamos esta idea al campo de las artes plásticas, en particular al campo de la pintura, nos encontramos con que el desnudo es un tema muy tratado en diversas partes de su historia, situándose algunos de sus grandes exponentes en el renacimiento. Empero, el hecho de que muchos artistas lo hayan tratado, no implica que no hubieran sido censurados en épocas posteriores, llegándose al punto de añadir hojas de parra a muchos de ellos. No en vano, hasta Freud, la pacata sociedad burguesa occidental (no me atrevo a hablar de Medio Oriente y mucho menos de Oriente por la sencilla razón que no sé nada), parecía no querer saber nada de la sexualidad, teniendo un comportamiento histérico en relación a ella. Aquí es donde aparece Klimt.

     Aunque la obra más conocida de Klimt es el beso, son ampliamente conocidos sus cuadros donde el desnudo femenino es protagonista; obras como Judith I o Danaé. Sin embargo será en sus dibujos en donde su expresión es más temible, más provocativa. Provocativa, no en el sentido erótico, de excitación, sino de provocar una reacción en el espectador, no se puede quedar indiferente al ver uno solo de estos dibujos de Klimt. Sus modelos se expresan con una fría calma, con un frío goce, congeladas en un acto íntimo y preciso. Wolf (2008) se refiere a estos dibujos así, “Los cuerpos están repantingados, abandonados, pero, incluso cuando se masturban o se entregan al éxtasis, los modelos mantienen la compostura con una especia de sublimidad descarada.” (p. 59)   

     Así, las mujeres y unos pocos hombres, aquí desplegados, son dibujados sin pudor o tapujos, son captados en una expresión sublime de su humanidad, expuestos en carboncillo principalmente y, en algunos pocos casos, con una pizca de color. En cualquier caso, se trada de un erotismo desaforado, provocador.  


FUENTES DE CONSULTA

- Cortázar, J. (2014) Clases de literatura, Berkeley, 1980. Santillana Ediciones: Bogotá, Colombia.   


- Wolf, N. (2008). Cuadernos eróticos – Gustav Klimt. Editorial Océano: Barcelona, España. 

EL INVENTOR DE JUEGOS

Author: Diego Fernando Marín
martes, febrero 7

Escrito por: Pablo De Santis
Publicado por: Editorial Santillana
Recomendado para: jóvenes lectores
Novela juvenil

     Dada la naturaleza de mi trabajo es bastante común que distintas editoriales soliciten cita para ofrecer su catálogo de plan lector. A menudo he debido escuchar largos discursos que me hablan de los beneficios de los libros en relación al currículo, la transversalidad de los contenidos y, por supuesto, de los infaltables valores relacionados con cada obra. A menudo me he aburrido y he ojeado catálogos armados sin demasiada imaginación y sin un balance entre nombres conocidos y desconocidos; para mayor inri, en muchas ocasiones he tenido que escuchar a muchos vendedores que solo conocen de los libros lo que leen en las contraportadas. Cuando hay suerte.

     En esta ocasión he tenido suerte. Me visitó Humberto Atehortúa, quien para mi sorpresa no solo conocía el catálogo, más importante aún, parecía haber leído los libros de los que hablaba. Es decir, su conversación era la de un lector. Por Humberto Atehortúa llegué a este libro.

     El inventor de juegos es la delicia de un adolescente narcisista. La trama gira alrededor de Iván Dragó, descendiente de una dinastía de creadores de juegos, cuya existencia será el centro de una antigua lucha que amenaza en convertir su propia vida en el tema de un juego. Uno de esos con casillas, dados y diversos artilugios. Así, Pablo De Santis narra como este adolescente busca descifrar la trama que gira alrededor de su vida al punto de enfrentar aquel que fue desterrado del pueblo de Zyl.

     El inventor de juegos está dividido en capítulos cortos, ágiles, fáciles de leer, que atrapan al lector de manera tal que no puede abandonar el libro hasta su desenlace final. Sin embargo ese final deja un sin sabor en la boca al lector. Hay un momento en el que el protagonista se encuentra en medio de un cuarto rodeado de sus enemigos. Un capítulo después Dragó escapa por un pasillo y se encierra en una maravillosa biblioteca –una de las mejores invenciones de este volumen-. ¿Cómo escapó Dragó del cuarto? Eso es algo que De Santis le deja al lector, quien en este caso puede sentirse engañado y defraudado. Páginas más adelante, Dragó dispara a su adversario quien cae derribado. Sabemos que queda vivo, sabemos que su ira ha de ser inmensa. Sin embargo el libro va dejando que la historia se cierre; el adversario ha sido vencido nos dice el relato, su imperio de juegos se derrumba, su nombre cae en el olvido, sus juegos son olvidados. De hecho el relato es rematado a toda prisa en las últimas tres páginas.

     Si nos devolvemos a lo que podría denominarse la teoría clásica de la narración. Una de las diferencias principales entre cuento y novela, aduce que el primero se centra en la anécdota en tanto la segunda se centra en el desarrollo de los personajes. Una duda me asalta con esta novela de De Santis y con la actual novela juvenil, ¿hasta qué punto nos están vendiendo cuentos extensos en forma de novelas? Dragó no tiene una mayor evolución en su vertiginoso discurrir de página en página, de capítulo en capítulo; es un personaje que de hecho logra victorias que no convencen al lector, o que son tan apresuradas que enturbian más que aclaran.


     No deja de ser curioso que una obra ágil y entretenida nos deje en realidad con hambre, con ganas de leer algo más sustancioso. Por fortuna, Humberto solo me llevó a mostrar El inventor de juegos, con el libro en la mesa nos dedicamos a Dahl, a Pescetti y a Bodoc, entre otros temas.  

EL SALVAJE

Author: Diego Fernando Marín
martes, enero 31

Escrito por: David Almond
Ilustrado por: Dave McKean
Traducido por: Gonzalo Quesada
Editado por: Astiberri Ediciones
Recomendado para: Lectores en marcha
Libro ilustrado

     Esta es una historia sobre la ira. Esta, también, es una historia sobre la sublimación.

     Me gusta la ira. Me gusta porque es un sentimiento que suele ser juzgado y condenado. Debemos ser buenas personas, comprensivos, tolerantes, juiciosos, tranquilos. No debemos dejarnos llevar por la ira, la santa ira, la buena ira.

     Me encanta encontrar libros que traten sobre este sentimiento. Recuerdo ahora Fernando furioso, aunque tiene un final aleccionador, nos dejamos llevar por la ira y luego olvidamos porque nació, de donde nació. Su importancia. En contraste, Donde viven los monstruos redime la ira, y el lector de entonces se quedó buscando moralejas donde no debería haberlas. Max es el rey de todos los monstruos, se lo merece, se lo ganó a pulso. Si hay una parte que me gusta de Un monstruo viene a verme, es aquella en donde Conor O´Malley destroza sistemáticamente la casa de su abuela. Luego Conor hablara con su madre, y esta, en lugar de censurarlo, lo incita a ello, a expresar su ira, sus sentimientos, cuando quiero, do quiera.

     Sin tener problemas de ira, reconozco que es un sentimiento que he acogido de manera satisfactoria, que late en mí, que está presto a salir, que me impele. Es el sentimiento que me acompaña cuando escribo.

     El espíritu de El salvaje es el espíritu de la ira. Blue Baker, un niño que ha perdido su padre inventa una historia que es protagonizada por un salvaje. Una historia de esas que dan miedo, donde hay “sangre, tripas y aventuras” (p. 12). Blue Baker sabe que los finales felices no son la moneda más frecuente de cambio. Así que Baker comienza a contar la historia de un niño salvaje que ni tan siquiera sabe hablar, un salvaje que mata personas y se las come, un salvaje que vive en el mismo lugar donde él, que a veces lo observa y que se fija también en quien lo acosa. Porque, por supuesto, Blue Baker, quien ha perdido a su padre, tiene un compañero que lo acosa y quien también tendrá un encuentro con el salvaje; un encuentro que trasciende las páginas del cuento de Baker. Y, sin embargo, ese encuentro es atemperado por Baker, contenido, controlado, sublimado. Cada página escrita por Baker sublima su ira y la lleva a un lugar más alto; convierte su sombra en algo que va más allá del simple desahogo, lo convierte en arte.

     Eso, precisamente, es El salvaje, una obra de arte. A eso ayudan las ilustraciones de Dave Mckean, quien se solaza en la figura del salvaje, su encorvado cuerpo semidesnudo, sus rasgos primitivos, su ternura, su felicidad. Una de las mejores ilustraciones, que sintetiza todo esto que he mencionado, es aquella en donde el salvaje cabalga hacha en mano un cerdo gigantesco bajo la luz de la luna.


     ¿Qué es El Salvaje? La ira hecha arte en palabras y trazos. La buena ira, la santa ira.   

EL JUEGO DE LAS GOLONDRINAS

Author: Diego Fernando Marín
viernes, enero 27

Autora e ilustradora: Zeina Abirached
Traducido por: Lucía Bermúdez Carballo
Editador por: Ediciones Sinsentido
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela gráfica

     Ya casi es una tradición. A principio de semana hago mi pedido de libros a la Red de Bibliotecas del Banco de la República. Por lo regular sé de antemano que no voy a tener mucho tiempo para leer para mí mismo. Es decir, pido libros para mi paciente, algunos libros para acompañar mis clases y, porque sé que no voy a tener tiempo para leer, añado a la lista una novela gráfica. Muchas veces lo hago sin fe alguna, pues de antemano ignoro que estoy eligiendo; a lo sumo me atrae un título –como en este caso- o me guio por la editorial.

     Por supuesto, todo es susceptible de ser encontrado, y en ocasiones releo relatos o me encuentro con auténticas joyas, como en este caso.

     En mi niñez era habitual que mencionaran el nombre de Beirut en la noticias. No recuerdo muy bien que sucedía en Beirut ni porqué estaba sucediendo, solo recuerdo que en mi imaginario, era un nombre sinónimo de guerra, de devastación y de dolor. No comprendía, no comprendo lo que sucedió allá, y no sería capaz de ubicar a Beirut en un mapa más que de una forma vaga. Sin embargo, debido a esta novela gráfica, puedo entender un poco lo que es el horror que vivieron sus habitantes.

     Como en todo relato de guerra había unos y había otros. Lo que no suelen decir las historias de guerra es que suelen haber unos terceros a quienes no les suele interesar lo que dicen los unos y los que dicen los otros y que suelen ser los primeros que caen cuando se acaban los argumentos y empiezan a hablar las armas. En estos terceros es que recae el argumento de El juego de las golondrinas.

     Esta es una historia sobre el hogar, y sobre como el hogar es muy diferente a una casa. El hogar es donde nos encontramos, en el caso de los protagonistas de este relato, una vez comenzaron las confrontaciones, el hogar comenzó a ser un espacio cada vez más reducido. Se fueron perdiendo los dormitorios, luego la cocina, la sala y el comedor, hasta que, como en el cuento de Cortázar, solo se pudieron refugiar en la entrada a su apartamento. Una entrada en donde también se reúnen varios de los vecinos del edificio. Se reúnen alrededor de sus propias historias.

     Esta es también la historia de una separación temporal, en donde mamá y papá salen a  reunirse con la madre de mamá dejando a los niños solos. Esta es también la historia de una familia separada que busca reunirse, puesto que los padres, después de ejecutar “una compleja y peligrosa coreografía” (p.15) destinada no al goce estético sino a evadir la caída de los obuses y al francotirador que abarcaba todo con la mirada de su arma.

     El tiempo se detiene entonces cuando comienza el bombardeo. Sin embargo, lo más cruento es que ya no hay temor, es decir, hay una tensión constante por saber si la familia se vuelve o no a encontrar, pero no hay miedo como el que sentiríamos si de repente hay una gran explosión justo mientras estás leyendo, justo mientras yo estoy escribiendo. Los habitantes se han habituado a la guerra, como los habitantes de Israel que miran si el apartamento que van a comprar tiene una habitación del pánico, un búnker en el que refugiarse una vez dan inicio los bombardeos. Hay tensión sí, y hay un calor de hogar, pero también hay un hastío enorme, una capacidad enorme de acostumbrarse incluso al horror.


     El juego de las golondrinas es una novela gráfica cercana en la estética a Persépolis. Sin embargo, donde Pérsepolis narra la historia del crecimiento de una mujer en un mundo que se derrumba y se construye, El juego de las golondrinas narra un instante de un continuo escape. Una obra que no nos ayuda a escapar de la realidad sino a entenderla un poco más.  

CLASES DE LITERATURA. Berkeley, 1980

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, enero 25

Autor: Julio Cortázar
Editado por: Aurora Hernández y Carles Álvarez Garriga
Editorial: Alfaguara
Recomendado para Jóvenes lectores
Libro académico

    
     En algunas ocasiones me sucede que me apetece un libro pero no me apetece comprarlo. Es decir, el libro está ahí, servido, lo tomo, lo huelo, lo hojeó, lo llevo de camino a la caja y de repente dudo. No me decido. Curiosamente termino llevando un libro que he leído con anterioridad o no llevando nada. ¿Será lo suficientemente bueno?, me pregunto. Suele ocurrirme con mayor frecuencia aún con libros que no son novelas o cuentos; con la poesía, con el teatro, con los libros académicos. Y casi siempre, por fortuna, el tiempo se encarga de decirme que soy un zopenco y que debí haberme llevado ese libro, aunque fuera para dejarlo madurando en los estantes a la espera de poder ser leído.

     En este caso, Clases de literatura. Berkeley, 1980, se me impuso en la biblioteca de Nathalie López, una amiga bibliotecaria y promotora de lectura, quien me había invitado a la despedida de su viaje a Europa. Fue entonces cuando encontré el libro y decidí que era tiempo de leerlo, tiempo de reencontrarme con Julio Cortázar.   

Hablar de Cortázar suele ser hablar de experimentación, de juego, de irreverencia; es hablar de magia y hablar de cronopios; es hablar de ternura y de un hombre que vivió a través de la literatura.

     En 1980 Julio Cortázar dictaría en Berkeley un seminario dedicado a la literatura en el que con paciencia y dedicación se dedicó a desbaratar sus propios escritos para mostrarle a su auditorio la manera en la que estaban construidos sus cuentos y novelas, su literatura. Así, el seminario estuvo dividido en ocho clases que abordaron temas como Los caminos de un escritor, El cuento fantástico, El cuento realista, la lúdica y el erotismo. Ocho clases en las que Cortázar viviseccionó sus relatos para mostrar sus entresijos y la manera en la que él entendía la literatura.

     A este respecto, hay que entender que Cortázar tiene para quienes lo hemos leído dos grandes divisiones en su literatura, antes de la revolución cubana y después de la revolución cubana. Cortázar propone en cambio una división de tres períodos en su camino de escritor, una etapa estética, una metafísica y una histórica, siendo esta última la que identificaríamos como posterior a la revolución cubana, la que algunos denominarían comprometida, y a la que el mismo Cortázar reconoce como comprometida pero lejos de ser panfletaria, al menos de la forma en que nosotros lo identificaríamos.

     Hay que decir que si leer el texto de Cortázar es un placer, haber existido a una de sus clases debió haber sido inolvidable. Cada una de los capítulos sigue una lógica pausada, que permite al lector redescubrir la literatura latinoamericana como un hecho histórico  natural, que no podía ser de otra forma. En contraste, el volumen ofrece dos apéndices que corresponden a dos conferencias ofrecidas en la universidad durante su estadía y que sólo puedo calificar de pesada, incluso artificiosa, lejos de la espontaneidad que manejaba en el aula de clase.

     Así, Clases de literatura. Berkeley, 1980, es una excusa magnífica para revisitar a Cortázar, tanto el académico como el lúdico.


P.D. Como cosa curiosa, Cortázar no dedicó una sola palabra a su poesía.  

MATERIAL SENSIBLE

Author: Diego Fernando Marín
martes, enero 3

Autor por: Neil Gaiman
Traducido por: Laura Fernández y Mónica Faerna.
Editado por: Ediciones Salamandra
Recomendado para jóvenes lectores
Colección de cuentos

    
     Una de las apreciaciones comunes acerca de Gaiman es que se trata de una suerte de Rockstar de la literatura. Allí donde va se le idolatra y se le considera un referente, tanto en el mundo de los cómics como en el del texto alfabético. Así, ha publicado novelas, narraciones gráficas, relatos infantiles, audiolibros y participado en verdaderos espectáculos de lectura en voz alta. Sin embargo, en contraposición a muchos fenómenos del momento, Gaiman posee mucha más habilidad, profundidad y perdurabilidad que los éxitos editoriales de una sola saga. Suya es la versión contemporánea que tenemos de Morfeo, el señor de los sueños -Sandman-; suyas son las nuevas versiones que tenemos de cuentos de hadas como Blancanieves –Nieve, manzanas y cristal de azogue- o La bella durmiente del bosque –La joven durmiente y el huso-; suya es la reconfiguración de las antiguas mitologías –Instrucciones, American Gods-; suya es una de las obras contemporáneas más aterradoras para muchos niños –Coraline-.

Material sensible es la tercera recopilación de relatos (No comprendo aquí si se trata de un despiste del autor o un error editorial. Gaiman dice en su introducción de manera literal, “Ésta es mi tercera colección de cuentos” (p. 16). Empero, al menos en español, esta sería la cuarta antología, siendo las anteriores, Humo y espejos, Objetos frágiles y El cementerio sin lápidas y otras historias negras), salpimentada con poesía, de Gaiman, y una de las mejores que se pueden encontrar en el mercado. Aunque siendo sinceros no tiene mucho con que competir, cuando hoy en día el mercado de cuentos es bastante más reducido de lo que debería.  

      En lo personal las obras de Gaiman me gustan en sus variadas presentaciones. Sin embargo Material sensible tiene para mí un atractivo especial, pues en su interior se encuentra Las nada en punto, un relato protagonizado por Dr. Who, mostrando que no se debe enviar a la guerra a los hombres buenos. Destacan, así mismo, un relato sobre Sherlock Holmes, resolviendo el problema de la muerte, y la espeluznante Clic-Clac, el sonajero. Con todo, y a mi pesar, hay un poema que debería evitarse a toda costa, Cómo montar una silla, que es aterrador solo por el hecho de que un escritor tan bueno pueda atreverse a publicar una cosa tan mala. En compensación El oficio de bruja, es un singular poema pleno de tristeza.


     Cómo montar una silla aparte, el lector se encontrará ante una colección de cuentos, que se empecinaran en volver a su mente una y otra vez. Ya sabéis, como todo buen relato de Neil Gaiman.    

      P.D.: Alguien debería aclararle a los traductores que los lobos tienen garras, no pezuñas. Lo había leído en Crepúsculo y me lo vuelvo a encontrar aquí. Pezuñs tienen los animales ungulados como las vacas y los caballos.