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miércoles, octubre 1
Imágen tomada de: piezasdeaocho.blogspot.com
Al escribir un concepto podemos pensar que aquello que engloba se trata de una unidad. Si bien la lógica nos enseña que bajo el concepto esfera se agrupan todas las figuras que cumplen con la idea de esfericidad, en detrimento de sus características físicas como color o tamaño, aplicar esta idea al campo literario puede ser muy complicado. Así, al agrupar el concepto de literatura latinoamericana podemos encontrarnos en extremos tan diversos como Joao Guimaraes Rosa, William Ospina o Jorge Luis Borges, todos ellos con sus propias características, con sus propios mundos.
De la misma manera, al aplicar el epíteto de Literatura Juvenil, podemos encontrarnos con dos divisiones principales. A la primera de ella correspondería aquello que se considera se ha escrito para jóvenes; en tanto en la segunda se puede considerar todo aquello que los jóvenes se han apropiado como suyo.
En el primer caso encontraríamos un gran conjunto de obras que las editoriales han rubricado con el término juvenil, teniendo en cuenta, en apariencia, que se trata de obras de aventuras o romance o una mezcla extraña de ambas, escritas en estilo cinematográfico y cuyos protagonistas, de manera casi invariable, están entre los trece y los diecinueve años de edad.  Al menos, de manera general, podemos describir así lo que nos encontramos en el mercado en la actualidad. Así, libros tan disímiles como Harry Potter, Crepúsculo, las ventajas de ser invisible o Bajo la misma estrella, se pueden encontrar con el mismo rótulo. El signo del cine no es ajeno a ninguno de estos títulos.
En Colombia los éxitos cinematográficos han dejado su impronta en el mercado editorial. Un ejemplo de ello es que al poco tiempo del éxito de la adaptación de El señor de los anillos, en muchas librerías surgió una nueva sección: Ciencia ficción. Eso, sin importar qua la obra de Tolkien no tiene ningún elemento de extrapolación científica. De esta forma, las librerías amontonaron bajo ese mismo título las obras de Asimov, de H.P. Lovecraft, Ambrose Bierce, Robert E. Howard, Stephen King y J. K. Rowling, solo por citar algunos. Por supuesto, y lo podemos constatar con el simple hecho de que la sección todavía existe, se trató de un éxito en el mercado del libro.
Hace poco tiempo, en una de las sedes de nuestra “amada” Librería Nacional, buscando la sección de Ciencia Ficción – en dónde no están títulos como: Dr. Jekill y Mr. Hyde o 1984, pero sí Vampyr- me encontré con una nueva sección: Juvenil. Ahí se encontraban agrupados títulos como Ghost Girl, Bajo la misma estrella, El libro de los portales u Oscuros. Dicho de otra forma, todo aquello que las editoriales han lanzado al apostrofado como Juvenil y que, a mi parecer, se encuentran más o menos cortadas bajo la misma tijera. Se trata de historias románticas que retratan amores- el amor debe aparecer aunque sea casi innecesario o complique de manera inútil la trama como en Memorias de Idhún- o situaciones imposibles que un joven –el sexo puede ser indistinto- a través de pocas reflexiones y una situación traumática supera siendo transformado en el proceso. El lenguaje, como fue mencionado con anterioridad, suele ser sencillo –no vaya a ser que el lector abandone si se utilizan descripciones largas o palabras muy complicadas-, los diálogos rápidos y efectistas y mucha acción. Todo esto configura un retrato robot que las editoriales han hecho de la juventud de hoy en día. Aclaro, no digo que los jóvenes sean así, digo que las editoriales han concebido así a los jóvenes.
Al mismo tiempo, y siguiendo las enseñanzas adquiridas con Harry Potter, si se trata de una saga, más o menos esquemática, mucho mejor. Por supuesto, y mencionarlo es casi gratuito, son obras de fácil adaptación al medio audiovisual, no tardando así en salir el libro cuando ya se anuncia la película.
Sin embargo la juventud no es, por fortuna, todo lo que un retrato robot hace de ella, pero eso será tema de la siguiente entrada en la que espero, querido lector, que aún nos acompañes.

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