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domingo, agosto 21

Fanuel Hanán Díaz llama libros perturbadores, a aquellos textos en donde se tratan esos aspectos de la niñez como la sexualidad, la violencia, la tristeza y el abandono entre otros. Libros necesarios y bellos pero que conllevaban un cúmulo de situaciones difíciles en la que había que explayarse en los vericuetos de los contenidos y responder preguntas cómo las que ponían nervioso al padre de Mafalda. Libros incómodos, inquietantes, molestos incluso. Así, títulos como El pato y la muerte, Juul, El corazón y la botella, Sapo y la canción del mirlo y El libro triste, entre muchos otros, son considerados textos con muchas aristas, puntiagudos, que perturban. En lo personal nunca me gustó el término de Hanán Díaz, me parece incorrecto. Perturbar es sinónimo de molestar. No considero que ningún libro moleste. Con mucha arrogancia de mi parte, he adoptado el término problematizador, refiriéndome a la capacidad que tienen estos libros de traer a colación temas que a los adultos en la mayor parte de las ocasiones no les gusta comentar con los niños porque se trata de Tabúes.

La noción de infancia ha atravesado por múltiples acepciones. Se les ha considerado adultos en miniatura, sinónimos de inocencia y criaturas de Dios. Freud levantó un gran escándalo cuando habló de la amoralidad en la infancia y de su temprano despertar sexual. Quizás desde entonces existen esos temas de los que no se puede hablar con los niños. Temas sobre los que se construyen tempranos mitos, castillos de arena que se van derrumbando hasta llegar a la solida columna de la verdad. Una de las mejores muestras de lo que sucede con los temas tabú, lo ha dejado Borges en su relato La secta del fénix.

Los niños y adolescentes necesitan respuestas claras acerca del misterio de su lugar en el universo. Somos los adultos los que las negamos. Luego llegan las recriminaciones por supuesto, nos preguntamos porque las adolescentes de hoy en día siguen creyendo en estupideces como que lavarse sus órganos genitales con soda después de tener relaciones sexuales impide el embarazo, o se ponen a saltar cual maníacas sobre una cama esperando tener el mismo resultado, todo porque hemos satanizado el sexo, porque no hablamos abiertamente sobre el sexo cuando nos preguntan sobre él.

Recientemente conversaba con una docente de preescolar, atenta a nuevas publicaciones de literatura infantil, con criterio amplio en materia de lectura y poco amiga de la censura de libros, acerca de El corazón y la botella de Oliver Jeffers. Para quienes no conozcan el texto, este trata del dolor ante la pérdida y cómo una niña al perder a su padre decide encerrar su corazón en una botella. El libro es una muestra de poesía y belleza como pocas. La profesora se preguntaba qué tan viable era tratar este libro con sus niños de preescolar. El tema en cuestión era, y cómo les explico… El trasfondo es, y cómo les hablo sobre la muerte, sobre la pérdida, sobre el dolor… Tal vez la respuesta más simple es, con sencillez y sinceridad. Sin embargo a veces esto tampoco es necesario. Lo afirmo porque curiosamente había leído hacía poco ese mismo libro con Alejandro.

Alejandro tiene cuatro años y su actividad favorita consiste en ir a la biblioteca. No le gusta el cine por el alto nivel del volumen pero si sigue la televisión. Conoce la obra de Anthony Browne e Isol y uno de los pocos libros que se le censuran son los resúmenes de clásicos como Tom Sawyer o Veinte mil leguas de viaje submarino que a veces caen en sus manos cuando va de pesquisa a los estantes. Lo confieso, es física pereza. Por supuesto, hay otro tipo de consideraciones a tener en cuenta, pero nos desviaríamos del asunto.

Cuando nos enfrentamos a El Corazón y la botella, las preguntas de Alejandro fueron, ¿Qué lleva esa niña colgando? y ¿qué es eso?, refiriéndose al dibujo del corazón que hay en las páginas de guarda. Respondí a sus preguntas con tranquilidad y no intenté aleccionarlo sobre nada. También sé que es muy probable que Alejandro no haya llegado al fondo de la historia, quizás no haya captado la metáfora sutil de Jeffers sobre la pérdida. No me interesa. No es la última vez que él estará frente al libro. Alguna vez Elizabeth señaló que Alejandro se hacía repetir una y otra vez aquellos libros que no entendía muy bien, y que cada vez aumentaba la profundidad cognitiva de sus preguntas sobre diversos aspectos del libro. La próxima vez que ambos estemos frente al libro de Jeffers hará otro tipo de preguntas y está bien. Si los libros no nos ofrecen interrogantes, la verdad no valdrán mucho la pena entonces.

La cuestión acerca de los libros problematizadores es simple y pura, les complican la vida a los adultos, les recuerdan que los niños se interrogan constantemente acerca del mundo y su funcionamiento, que no siempre tragan entero. En la mayoría de las ocasiones no son los libros los que perturban, son los adultos los que se perturban, los que prefieren ignorar las preguntas incomodas. Los libros no hacen nada, de hecho, se ofrecen como un nodo que problematiza una sitaución al evidenciarla, al sacarla a la luz.

Recuerdo que un promotor de lectura de una biblioteca pública trabajó los Diarios de Anais Nïn con adolescentes de 15 a 18 años, fue confrontado con la asesora pedagógica de la institución porque existían libros adecuados para los jóvenes y otros que no lo eran. El asunto no era de una dificultad cognitiva ni emocional, el asunto era que los Diarios de Anais Nïn, hablaban –hablan aún- sin tapujos sobre el sexo.

Una última pregunta abierta: ¿Por qué será que se le ponen tantas pegas a los niños frente a ciertos libros pero no frente a la televisión?
P.D. Las ilustraciones pertenecen al libro de Oliver Jeffers, El corazón y la botella, publicado por Fondo de Cultura Económica.
  1. Hola Diego, interesante entrada. Es un tema sobre el que hay que hablar, observo en la edición que cada vez aparecen menos este tipo de libros. ¡Nadie quiere complicaciones! Empezando por los autores y terminando por los mediadores... Sin embargo el término "perturbador" me gusta mucho, para mí es sinónimo de inquietante, agitador, rebelde, alborotador... palabras estas que van muy bien con esos libros. Por cierto, Jeffers me parece más cercano a la autoayuda que a libros difíciles. Un saludo desde
    http://anatarambana.blogspot.com

  1. Bienvenida de nuevo Ana. Es claro que cada vez más, padres, docentes y mediadores, no saben que hacer con las preguntas. Eso dificulta el fluir de una lectura, de una clase, de cualquier propuesta. Responder preguntas, significa construir conocimiento y eso es preocupante.
    El tema del adjetivo "perturbador", es que deja la responsabilidad sobre el libro, sobre el autor y el ilustrador, y no deja ninguna responsabilidad sobre el mediador. Cuando uso el adjetivo problematizador, me refiero a que el libro interviene y pone un tema sobre el tapete, un tema respecto al que se debe intervenir.
    Con Jeffers, sólo sería "El corazón y la botella", el que podríamos denominar problematizador.
    Gracias por visitarnos y espero continues por aquí.

  1. Un aspecto adicional que se me quedó en el tintero. Las editoriales no quieren problemas (Excepción hecha quizás de Loguéz y Media Vaca, quizás), quieren vender, y cuando se pide pensar mucho, no se vende. Sobre todo en el campo de los libros infantiles. desde otro punto de vista, es difícil ganarle a las propuestas de Disney y Norma que se encuentran en supermercados y librerías a precio de "huevo", en contraposición a textos como Juul o Julia, la niña que tenía sombra de niño. Además los padres no quieres saber nada de la complejidad de sus hijos, para ellos los niños pertenecen a los paraísos de mermelada....

  1. ¡Claro que sí, Diego! Sigo tu blog y me parece importante tocar todos estos temas en una época en la que es todo tan, pero tan bonito... Un saludo cariñoso, Ana

  1. Excelente entrada.

  1. Diste en el punto. ¿No? Lo hemos discutido cientos de veces. ¿Qué quieren los profesores? ¿qué quieren los padres? VALORES. Pero los valores no vienen en libros, ni embotellados, ni en grageas. Hay que trabajarlos, crearlos, preguntarlos, resolverlos, etc.
    Los que dicen:"todo tiempo pasado fue mejor" los que juran y perjuran que antes era mejor la educación, "los valores", los sentimientos, etc, etc. Olvidan las horrorosas historias que les contaron. Sí, los abuelos eran más sensatos: antes de arrojarte al mundo, ya conocias, por medio de historias terribles lo que era el miedo, el sufrimiento, el salvajismo, el horror.

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