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La lectura e internet

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 31
Sucedió hace poco pero siempre sucede. La conversación versaba acerca de cómo el lenguaje era afectado por las diversas tecnologías de la palabra. Por supuesto el tema de internet debía hacer su ingreso e ingresó. Internet, dijo uno de los participantes, tenía la culpa de que los muchachos no leyeran profusamente, mal comprendieran lo poco que leían y fueran pobres en sus argumentaciones. La conversación, que caía por instantes, se animó. Sí, dijo el jurado, internet era el cruel verdugo de las ideas de los muchachos que se aburrían horriblemente ahora ante libros de más de diez páginas.

No voy a hacer una apología de internet aunque terminé haciéndola. Pero recuerdo que en mi generación la televisión era la culpable, quizás unas generaciones anteriores el problema hubiera sido la radio y antes, bueno antes, quizás fuera simplemente que los muchachos preferían el río a la escuela. No sé.

Por supuesto que internet ha cambiado hábitos y formas lectoras. El desarrollo del hipertexto ha implicado que se hagan lecturas más entrecruzadas y desordenadas, pero no necesariamente menos profundas. Cuando el tema de internet sale a relucir siempre recuerdo la reacción de Platón ante la aparición de la escritura. Para el filósofo la escritura necesariamente afectaría la capacidad del ser humano para argumentar y memorizar. El tiempo ha demostrado que la escritura no sólo nos ha permitido argumentar de mejor manera al ayudarnos a organizar nuestro pensamiento sino que también ha permitido poder trabajar con una cantidad de conocimiento que de otra forma sería intolerable. Sin embargo no aprendemos del tiempo. Ante las nuevas tecnología reaccionamos de la misma manera que el griego y no vemos que la dificultad ante la lectura no se halla ni en los libros ni en los jóvenes sino en la manera como entregamos nuestras herencias culturales. Nos olvidamos que una vez pudimos disfrutar esas mismas palabras, que los textos alguna vez también nos apasionaron y nos engolosinaron y en cambio los entregamos como sapos muertos a punto de ser diseccionados.

Por supuesto hay diferencias a tener en cuenta, por azar antes que por economía muchos de mi generación han crecido con un computador a la mano, lo que nos he hecho más fácil la adaptación a las nuevas tecnologías y no tengamos mayor problema a la hora de leer un libro en internet o pasar mayor cantidad de tiempo frente a la pantalla sin cansarnos. Los de las nuevas generaciones no sólo tienen los computadores a la manos sino que los nuevos desarrollos se están centrado en software intuitivo –al que no hay que adaptarse, del que no se necesitan mayores instrucciones- tal como el usado por los iphone, el ipad u otros tablets.

Al contrario de lo que se cree, el debate no ha hecho más que iniciar y tal como la escritura cambió la forma de relacionarnos con el conocimiento y el ocio así mismo el auge de internet y las Tecnologías de Información y comunicación (TIC`s) está transformando nuestra forma de relacionarnos incluso entre nosotros mismos.

El texto como noción

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 24


Me atormentan ahora las definiciones. A medida que me adentro en la realización del libro me percato de la gran necesidad de tener conceptos claros, aún de aquellos que damos siempre por sentados. En el caso de la promoción de lectura siempre hemos dado por sentado que sabemos que es lectura y sabemos medianamente lo que queremos cuando hablamos de promoción. Sin embargo, a medida que nos adentramos en el tema, vemos que las cosas no suelen ser tan sencillas.

En lo personal nunca he estado de acuerdo en que cuando se habla de promoción de lectura parece que se hablase de promoción del libro literario en exclusiva. En particular cuando hay cosas como revistas, comics, periódicos, blogs, fotologs, etc, etc, etc. Si se quiere incluir estos tópicos entonces la noción de texto, tal y como la manejamos, no nos sirve. De hecho leemos mucho más que información alfabética. El libro-álbum, ese género encantador- es un diálogo entre la imagen y el alfabeto para producir algo que está más allá de los dos- trata precisamente de eso. Aceptamos este género pero vemos con desprecio, en grandes casos, la novela gráfica, que sólo en los últimos años ha venido a ocupar un lugar destacado (para muchos eso no tiene nada que ver con lectura y mucho menos con literatura).

La noción de texto desde la lingüística no nos sirve porque sólo considera texto a lo oral y lo escrito. Ya la noción semiótica nos sirve más a nuestra idea. Para la semiótica, cualquier signo, entraña ya la posibilidad de lectura y de textualidad. ¿Por qué preocuparnos por esto? Sencillo, las nuevas tecnologías de lectura y escritura nos hacen entrega de muchos tipos de mensaje a través de una multitextualidad. En la red, ya no sólo en lo impreso, conviven muchas formas de lenguaje para entregar sólo un mensaje. ¿Qué repercusión tiene esto en la promoción de lectura? Muchas, quizás la más importante es que no debemos dejar de preocuparnos tan sólo por la promoción de la lectura alfabética y comenzar a mediar entre los sujetos y la enorme cantidad que tenemos a nuestro alrededor para compartir información.

Club de lectura.

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 23
Hay una película que no he visto pero que me está persiguiendo de manera implacable. Su nombre, si no estoy mal, es “El club de lectura de Jane Austen”. Hasta donde he podido inteligir se trata de un grupo de mujeres, de edades y problemáticas variadas, que se reúnen alrededor de una autora que les transforma su visión de la vida. No he oído de esta película una sola vez. Durante el último año he oído nombrar la dichosa película casi una docena de meses de la boca de entusiastas mujeres que terminan declarando que les gustaría leer a Jane Austen (Mi pensamiento es invariable, ¿por qué no lo hacen?). También hay mujeres y mujeres. Una amiga decidió coger el sartén por el mango y me llama hace cerca de un mes con el argumento de la dichosa película en su voz y su corazón, y sin mediar mayor argumentación me lanza la propuesta de realizar un club de lectura. Me pide una propuesta y sin pensarlo mayor tiempo me olvido de Jane Austen (Agradezco la intervención de los lectores para que me iluminen sobre esta autora) y lanzo el nombre de “El conde de Montecristo”. La propuesta es aceptada y hace cerca de una semana nos sentamos, debatimos y nos reímos alrededor de la obra del imperturbable Dumas (padre).

Los lectores conforman comunidades de lectores, parafraseando a Scott Card, comunidades de recuerdos compartidos. En ese primer encuentro navegamos alrededor de la vida, desventura y hazañas de Edmond Dantes, rememoramos su tristeza, su arrepentimiento y desesperanza; así como también nos adentramos en algunos aspectos de la vida del autor. El que tuviera sangre negra es un hecho ya reconocido, el que además contara con la asistencia de escritores fantasmas o negros, lo supimos por Arturo Pérez-Reverte y la wikipedia.

La reunión se hizo alrededor de una pizza con gaseosa y los restos destrozados de un primer tomo del Conde (sí, literalmente alguien destrozó un libro en su afán por leerlo). La próxima cita se realizará alrededor de “La Piedra Lunar” de Connie Wilkins. Si alguien conoce la obra o quiere iluminarnos alguno de sus aspectos, cualquier comentario será bien recibido.

"Encender la noche" de Ray Bradbury

Author: Diego Fernando Marín
viernes, agosto 13

"En el Principio" de Carolina Farías

Author: Diego Fernando Marín
jueves, agosto 12

El promotor de lectura como lector.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, agosto 11
Hace algunos años en un taller con Luis Bernardo Yepes se realizó una selección de los libros imprescindibles en la promoción de lectura infantil y juvenil. Esta selección estaba integrada por libros como Trucas, Los misterios del señor Burdick, La peor señora del mundo, Historia de un gato asesino, Donde viven los monstruos, Cuentos en verso para niños perversos, Buenas noches gorilas, El camaleón camaleónico y quizás una docena de títulos más que no recuerdo en este momento. A su vez, con el tiempo, he ido añadiendo a la lista mi propio Pequeño Teatro de la Crueldad conforme mis propios intereses y obsesiones. Sin embargo he podido observar como muchas veces los mismos títulos en diversas presentaciones, con diversos objetivos, mediados por varias personas, comienzan a repetirse una y otra y otra vez.
Es cierto que existen algunos libros imprescindibles tanto por su calidad literaria como por la relevancia que tienen las temáticas manejadas. No es menos cierto sin embargo que el mundo de la literatura infantil y juvenil no se puede restringir a medio centenar de títulos y unas cuantas editoriales. Una de las obligaciones de todo promotor de lectura con sentido de responsabilidad y respeto hacia lo que hace y con quienes trabaja, es estar al día tanto de las novedades editoriales como esas singulares publicaciones que a veces se pueden hallar en las bibliotecas o en las librerías de viejo o en colecciones digitales como http://www.odisea2008.com/  
Ser promotor de lectura no se trata de la aplicación de un conjunto de técnicas o una disciplina dedicada a la divulgación de la lectura como un derecho, siguiendo la idea de Emilia Ferreiro; se trata de un estilo de vida que exige una dedicación de tiempo completo. Es difícil ser promotor de lectura en ciertos horarios o en determinadas jornadas. El promotor de lectura ha necesariamente de tener el germen de la lectura incubado, recorriendo su sangre, infestando su corazón y contaminando a otros a través de cada una de sus palabras. Por eso tampoco puede asumirse una posición pasiva en donde se replique lo que otros colegas han hecho o plantean teóricamente.
Leer no como disciplina, leer como necesidad, como estilo de vida, sin esos ingredientes no se es promotor de lectura.

El lector como promotor de lectura.

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 10



Cuando aún estaba en el colegio me gustaba organizar encuentros de lectura y grupos de escritores. Sólo iban dos o tres personas y jamás hubo una gran continuidad. Algunas veces mis compañeros asistían sólo para no dejarme solo y cualquier intento de hablar de libros y lectura alfabética en particular derivaba lo más rápidamente posible hacia las series del momento y lo que nos estaba sucediendo en el colegio. Sin embargo de cuando en vez, sin premeditación recibía un libro de alguno de mis compañeros (así conocí esa hermosa antología de ciencia ficción que es “Visiones peligrosas”) que me lo recomendaba y luego en algún espacio entre clases o descanso intercambiábamos opiniones. En otras ocasiones era alguien que me pedía recomendación sobre tal o cual libro. En aquel momento yo no sabía que existía algo llamado promoción de lectura, yo era tan sólo alguien feliz entre libros, periódicos y revistas.
Un poster de Quentin Blake, ilustrando los derechos del lector propugnados por Daniel Pennac, remata con la frase de un niño a un hombre de pelo hirsuto, con un buso cuello de tortuga, sosteniendo con una mano sus gafas y con la otra un libro cerrado: “Estos 10 derechos se resumen en un solo deber, No burlarse jamás de aquellos que no leen, si quieres que un día ellos lean”.
Los lectores somos tercos, solemos ser tercos y hemos elevado esa terquedad a la categoría de una elite. Cada uno de nosotros conforma una subcultura de lectura alrededor de algunas temáticas y escritores que consideramos son los que deben ser leídos y reconocidos. Esta actitud ha contribuido a que la lectura, en muchos casos,  sea vista como algo que pertenece a una comunidad exclusiva que detenta el saber. Comunidad que es asociada con características no siempre ciertas como aislamiento, ocio, pedantería y aburrimiento. El lector es considerado entonces como una figura que se halla fuera de lo cotidiano, una criatura de cierta manera extraordinaria.
En primer lugar hay que aclarar que todo tiempo de lectura es robado. Los lectores tienen familia, trabajan, van a cine, bailan, beben, ven televisión y hacen todo aquello que hace una persona común. De hecho en un mundo cada vez más ajetreado y veloz, los momentos de lectura suelen ser espacios preciosos que se pueden disfrutar en un bus, en el baño e incluso robándole tiempo al sueño.
Una de las primeras cosas que se debería reconocer además es que no hay una lectura mejor que otra y que el infinito mundo de la lectura no se limita a los libros. Hay excelentes lectores de periódicos y revistas, de comics y de páginas webs. No todo se circunscribe al libro. Leer, significa compartir y crear comunidades alrededor de lo que se lee o se deja de leer. Es un mundo apasionante al que cualquier persona puede ingresar con el sólo hecho de desearlo.
La primera forma en que un lector puede contribuir a que el germen de la lectura se disemine es precisamente haciendo lo que hace, leyendo pero sin ninguna pretensión de que esa actividad necesite de ciertas habilidades cognitivas especiales. Leer es algo en lo que se mejora mientras más se realiza, como montar en bicicleta o cocinar. La segunda forma en que se puede contribuir, sin necesidad de hacer talleres o actividades especiales, es hablando de lo que se ley un estado de excepción como quien habla de una serie de televisión, de una película o de un restaurante.
Antes que una actividad extraordinaria deberíamos recordar que la lectura nos es indispensable porque se nos convirtió en una forma de vida como al automovilista, al fanático del fútbol o al panadero. Con la salvedad de que estos últimos no consideran que todos deberían hacer lo mismo que ellos, sólo lo comparten con pasión y alegría.   

Redes de textos

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 9

Leer un libro no es un acto único irrepetible y singular. De hecho leer cualquier cosa es atravesar una red en la que, a la manera de Eco en el Péndulo de Foucault se pasa de Platon a Cerdo en cinco ideas sueltas, que los textos –todo tipo de ellos- se interrelacionan.
Tomemos por un momento al Quijote. Quien lee el Quijote de manera irremediable siente le nexo existente con libros como Amadís de Gaula, El Cantar de Roldan, Orlando Furioso y Tirante el Blanco, entre tantos otros libros de caballería, sin los cuales la obra de Cervantes perdería gran parte de su gracia. Al mismo tiempo, hacia adelante, también proyecta sus tentáculos. Para leer al Quijote, y entender sus efectos en nuestros tiempos, también hay que leer a Zuleta, a Sir Arthur Conan Doyle, el Gordo y el Flaco, etc, etc, etc. E incluso, si se quiere, también hay ecos suyos en una obra como Dragón de Ray Bradbury. Incluso quien no ha leído el Quijote puede sentir su sombra respirándole en la espalda (recuerdo una actualización de estado de Irene Vasco, en facebook, en la que se jactaba de no haber leído aún el Quijote y pretendía seguir así, ¿y qué?). Lo mismo sucede con otros textos. El lector actual de Drácula o El Vampiro de Polidori, no podrá dejar de sentir que ingenuos y tiernos e innobles son esas hordas de vampiros norteamericanos que nos están invadiendo.
Leer un libro es de alguna manera leer todos los libros potenciales que engendra, incluso su contrario (creo que la idea original es de Borges), atravesar ecos de historias que tal vez nos encontremos – o no- más adelante, es jugar con las potencialidades de la inter y la intratextualidad (como se nos dilucida la cita de Moby Dick cuando conocemos como era la pesca de ballenas en el siglo XIX; como comprendemos la ironía de Dumas cuando pone a Vampa a leer la vida de los cesares al leer nosotros mismos la vida de los cesares).
Creo en definitiva que decir signo es una de las maneras de nombrar el infinito…

Del Libro de los abrazos

Author: Diego Fernando Marín
viernes, agosto 6

La Joven del Agua de M. Night Shamalayan

Author: Diego Fernando Marín
jueves, agosto 5

Biblioteca afrocolombiana de literatura.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, agosto 4



Al día hay miles de lanzamientos diarios de libros y material relacionado con el mundo de la letra impresa. No creo que haya cifras sobre el número de blogs que todos los días se abren y mueren en la red. En el mundo de la producción intelectual eclosionan y mueren diariamente tanto autores como obras (a propósito ya hay pistas sobre el autor de “El Lazarillo de Tormes”). Por estas razones no nos fijamos mucho a veces en los lanzamientos literarios (como “Santa suerte” de Franco, en la Feria del libro de Bogotá) hasta que efectivamente podemos repasar nuestros ojos por esas líneas muchas veces candentes muchas veces muertas. Por supuesto esto es sólo una posición, no un dogma de fe.
Sin embargo no podemos dejar a un lado lo que representa el lanzamiento, el pasado 20 de Julio, en Colombia de la Biblioteca Afrocolombiana de literatura. Una colección de diecinueve libros de autores afroamericanos en Colombia. Suenan nombres tan fuertes, y desconocidos, como Rogerio Velásquez, Arnoldo Palacios,  Gregorio Sánchez Gómez, Hazel Robinson Abrahams, y Jorge Artel, entre otros. Realizo énfasis sobre lo de desconocidos porque la calidad literaria no está en duda. Sin embargo un autor como Arnoldo Palacios es más reconocido en el exterior y en los círculos académicos dedicados al mundo afrolatinoamericano que  para el lector común; a Manuel Zapata Olivella se le conoce por “Changó, el gran putas”, libro al que se suele llegar de manera accidental o relacionada con estudios superiores; la obra de Mery Grueso- Narradora oral y poeta – es más reconocida en Estados Unidos, donde constantemente es objeto de tesis y reseñas, que en nuestro país. En lo personal conocí la obra de Arnoldo Palacios porque tomé un curso relacionado con el tema afrolatinoamericano con el profesor Darío Henao.  Y sé que así pasa con muchos otros.
La biblioteca tiene el merito de poner de relieve un conjunto de obras y autores a quienes vale la pena seguirles la pista. Acompaña esta colección un “Manual introductorio y guía de animación a la lectura” que esperamos sea de utilidad en las bibliotecas públicas a donde llegará esta colección. La Biblioteca está destinada a llegar a cada una de las bibliotecas públicas distribuidas a  lo largo y ancho del país. Esperamos, sin embargo, que no corra el mismo destino como la “caja de cine” o “El Baúl de Jambalá”, que en muchos casos terminan arrumados en un rincón.
El público común (aquellos egoístas anti ecológicos, que todo lo quieren impreso y para ellos), esperamos con ansiedad poder adquirir o bien la colección entera o bien algunos volúmenes. Se cree que si hay una distribución, esta se hará por medio de librerías académicas y universitarias.   

Parque jurásico

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 3
Autor: Michael Crichton.

Editorial Printer Latinoamericana Ltda./ Círculo de lectores.

Novela

Recomendada para jóvenes lectores.

Quien considere que Parque Jurásico es una novela sobre dinosaurios resucitados por las técnicas de la clonación se halla equivocado. Sería lo mismo que si se afirmara que Moby Dick se trata de la cacería de una ballena blanca o que el Génesis trata de dos amantes en un jardín. Como en la mayor parte de las narraciones de este genial escritor norteamericano hay un alegato intenso acerca de la irresponsabilidad con la que estamos manejando la tecnología. El portavoz de este ejercicio es el matemático Ian Malcolm.

Leí por primera vez Parque Jurásico hará unos diez años y la impresión fue tan honda que me llevo no sólo a buscar más obras del mismo autor sino a acercarme a una rama de especializada de las matemáticas que todos hemos oído nombrar, que tiene una influencia constante en nuestra vida y que los legos desconocemos en su extensión. Hablo de la matemática del caos, una especialidad que más que interesante es apasionante y que es uno de los paradigmas actuales para entender desde el comportamiento de las bolsas de valores hasta los comportamientos sociales contemporáneos. Siendo atrevido,afirmaría que la matemática del caos cristaliza las ideas que Isaac Asimov tenía acerca de la psicohistoria.

Dueño de un pluma vibrante y de una sencillez genial Crichton sumerge al lector en el mundo de la paleontología, las matemáticas y la desmedida ambición humana de una manera diáfana que no distrae en ningún momento al amante de las aventuras y la ciencia ficción del argumento principal que nos presenta. Así, antes que a los dinosaurios el lector se enfrenta a la teoría del caos, que antes que los dinosaurios, va a constituir el eje central que atraviesa la historia.

Los personajes son admirables y por completo humanos. El matemático fanfarrón Ian Malcolm hace las veces de profeta del desastre y aún en medio del delirio es capaz de componer brillantes ataques contra la forma en que se aplican los más recientes descubrimientos, sin humildad y con la más desgarradora ambición. A través de este personaje Crichton reflexiona sobre la presunción y el orgullo inefable del mercenario de la ciencia a quien hoy llamamos científico y nos avisa que antes que a la bomba atómica quizás deberíamos temerle a pesadillas más devastadoras y selectivas como las guerras biológicas o la posibilidad de escoger todos los rasgos de nuestros descendientes.

A través de Malcolm, el autor se muestra cínico y despiadado -pero lucido, siempre lucido, aterradoramente lucido- sobre la condición humana que habla de poder amenazar la vida sobre el planeta tierra. Malcolm se ríe de esto y nos recuerda que a través de la historia la vida siempre ha demostrado que puede abrirse paso y que nuestros más grandes temores sólo afectarían nuestro lugar como especie en el planeta tierra.

Una obra vibrante y aterradora que puede capturar por igual al amante de la ciencia ficción como al estudiante de ciencias como al lector común y silvestre que busca una novela tan sólo para entretenerse.

Abuelita, ¿te acuerdas?

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 2
Autora: Laura Langston
Ilustrado por: Lindsey Gardiner
Editorial: Beascoa
Recomendado para: primeros lectores.
Libro ilustrado.

A diario tratamos con la memoria sin darnos cuenta de ellos. Constantemente recordamos cosas o perdemos en el último segundo aquello que teníamos en la punta de la lengua. La memoria nos salva o nos hunde constantemente, nos da una idea de identidad y de evolución a través del tiempo. ¿qué sucede con nosotros y las personas a nuestro alrededor cuando la memoria se comienza a desvanecer?
Este es precisamente el tema de Abuelita, ¿te acuerdas?, un maravilloso libro ilustrado que pone a prueba la relación entre una abuela con Alzheimer o demencia senil y su nieta, una preciosa niña que gusta de tocar piano y comer pizza con sus amigas.
De prisa, más de prisa, muy de prisa, esta es precisamente la velocidad de las emociones que el lector puede enfrentar al seguir el relato de Marga y su abuela. Acompañada por las preciosas ilustraciones de Lindsey Gardiner, Laura Langston hace un bello y conmovedor relato de las dificultades, presiones y alegrías que puede tener una familia organizada alrededor de una persona que padece una enfermedad mental, en este caso la pérdida de memoria y de identidad.
Al final se puede encontrar además la receta de uno de los platos típicos norteamericanos, el pie de Manzana. Así que el libro se convierte en una doble fuente de placer.