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miércoles, junio 2
Esta serie de artículos pretende brindar a los adultos una serie de herramientas para elegir libros para aquellos lectores que apenas se están formando.



1. NÍVELES DE LECTURA



Es común encontrar hoy en día que muchas editoriales manejan una clasificación en sus libros basada en edades. Los libros entonces son anunciados como: a partir de cinco años, a partir de doce años, a partir de 99 años, etc. En algunos casos la clasificación también está acompañada por distintos colores según las edades. Aunque útil para los colegios este sistema maneja varios inconvenientes, a saber:

1. Las competencias lectoras en las personas (no sólo en los niños) no son estandarizables. Un niño de ocho años de una zona rural no tiene las mismas competencias lectoras que un niño de una zona urbana. Esto no tiene nada que ver con la inteligencia sino con la exposición a la lectura que se haya tenido. Muchos de los habitantes de las zonas rurales en nuestro país ven la lectura como una labor que no aporta nada en realidad. Como nada, debe traducirse como nada que aporta algo útil a los estudiantes, ya que no es algo que se traduzca en acciones palpables o que tenga alguna satisfacción pecuniaria. Esto a su vez tiene una repercusión atroz en el sector educativo ya que tanto editoriales como docentes pretenden vender la lectura como una necesidad imprescindible para la supervivencia diaria. Se debe aprender a leer para comprender los contratos, para llenar formularios, para tener buenos temas de conversación, para comprender los mapas y entender el periódico, las vallas y los artículos de internet. No se lee entonces por placer o como forma de ocio o para ser ciudadano crítico, se lee apenas para mantener el status quo, para que se compren más libros de actualidad o de moda. Se debe leer, en otras palabras, para consumir.

El ambiente lector que rodea a los niños y jóvenes es muy importante. Un niño que crece en medio de personas que lee es más susceptible de ser un lector autónomo con mayor rapidez que un niño que está rodeado de personas que no leen. No importa en este caso la mayor o menor exposición a la televisión y los videojuegos sino a gente que lee alrededor de ellos y a la calidad de material lector que hay alrededor.

Una diferencia palpable se puede observar con los libros de Harry Potter. En países con mayor tradición y hábitos lectores que los colombianos un niño de 6 (en algunos casos cinco años) ya están leyendo las aventuras del niño-mago, en nuestro país tal exposición suelen tenerla alrededor de los 9 a 10 años y eso sin contar los centenares de niños a quienes el dichoso libro les está negado por las férreas creencias religiosas de sus familiares.

2. Se realiza una nivelación por lo bajo.

Cuando se piensa en colecciones por edades se debe buscar que la mayor cantidad de niños y/o jóvenes puedan comprender el material que se va a leer, por lo tanto los niveles de complejidad que se proponen suelen acogerse dentro de los estándares de la mayoría y pocas veces se arriesgan a retar la inteligencia de los lectores en formación.

3. Los padres y maestros no leen.

Al no tener tiempo para leer (seamos honestos: tiempo hay, lo que no hay es hábito lector) tanto padres como maestros se acogen de manera tacita a lo que dicta la editorial en su portada y vienen a descubrir el libro cuando lo están leyendo con los niños y jóvenes. En este momento pueden suceder dos cosas. En la primera de ellas se puede exhalar un suspiro de alivio cuando resulta que el libro es atractivo para el lector en formación y se compenetra con el texto. En segundo lugar el caso puede ser más dramático, lectores aburridos, molestos, cerrados ante textos que en algunos casos son inadecuados por razones tan variadas como estado anímico, manejo del tema, desarrollo de personajes, etc.

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