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jueves, abril 29
Me he encontrado esto por internet y no he podido dejar de compartirlo.
Si alguien tiene restricciones acerca del uso de este material, por favor compartirlas.

Talleres de escritura: Experiencia personal.

Author: Diego Fernando Marín
martes, abril 27


Mirando en retrospectiva he participado de al menos cuatro talleres literarios en mi vida. De mi vida escolar recuerdo la creación del periódico y un taller literario que junto a una profesora intentamos formar extracurricularmente sin gran éxito. Ya fuera del colegio, y durante más de diez años, con un grupo de amigos (Silvia Andrea Valencia, David Vásquez, Carlos Andrés Sánchez, Ana María Díaz, Martha Rengifo, Margarita Villegas y Andor Graut) forjamos Camelot, un grupo literario aglutinados alrededor de la literatura fantástica y la ciencia ficción.
La mecánica de funcionamiento de Camelot era muy sencilla. Las sesiones se dividían en dos o tres partes principales. En un primer momento leíamos lo que habíamos escrito y realizábamos observaciones que fueron pasando de “me gusta” y “no me gusta” a análisis cada vez más exhaustivos acerca de estructura, construcción de personajes y teorías literarias. En la segunda instancia hablábamos de lo que estuviésemos estado leyendo en el momento, compartiendo fragmentos de texto y apreciaciones sobre él. Ocasionalmente también llevábamos experiencias que iban desde el correcto empleo de la coma hasta ejercicios de ficción política o creación de mitologías. Ocasionalmente hicimos  lecturas públicas, conferencias, recitales y asistimos a eventos literarios en bibliotecas públicas y universidades.
Ya en nuestro último año (el grupo terminaría dividiéndose a causa de residencias en el extranjero, maestrías y matrimonios) fuimos invitados a hacer parte de un taller literario más estructurado, “Écheme el cuento”, de la Fundación Casa de la Lectura y RENATA (red nacional de talleres literarios), dirigido por Alberto Rodríguez.
Quizás por coincidencia o porque los años de dedicación proveyeron a sus integrantes de cierta disciplina y talento, una parte de los asistentes ha ido publicando sus obras. David Vásquez sacó a la luz “La biblioteca del rey Ciego”, “La saga de Urkah y Gudrum” y en prensa se halla otra de sus obras. Ana María Díaz publicó “La historia del caballero sin sombra” y este años conoceremos otras dos de sus obras; Silvia Valencia ha publicado “El Hecatonquiro y otros cuentos”, “La Maleta” y “Si fuera un alma la preferiría de Violín” aparte de ser incluida en una selección de narradores jóvenes colombianos en una publicación especial de la revista cambio el año anterior; Carlos Andrés Sánchez publicó algunos de sus cuentos en la antología “El S2gundo disparo” (publicación realizada por Renata y “Écheme el cuento”); Andor Graut por su parte ha publicado en la revista cuentolandia de España dos de sus relatos, y recientemente publicó “Kaír Andros narrador de historias”. 
Las publicaciones se convirtieron en el colofón de la experiencia en común. Nada mal para un grupo que se reunió regularmente durante todos los sábados durante al menos 10 años de su vida.

P.D. El grupo literario Camelot ha abierto su existencia virtual y próximamente iniciará una nueva fase de su dinámica. Pueden encontrarlo en facebook.
P.D. 2. Nos encantaría conocer sus experiencias con grupos literarios. 

Talleres de Escritura IV

Author: Diego Fernando Marín
lunes, abril 26

Una vez determinados los objetivos del taller y el producto final deseado lo que queda es la diversión. Es decir, el conjunto de estrategias a utilizar para motivar a los participantes a una escritura constante y disciplinada.  Hay que recordar en este instante que la mayor parte de los asistentes a un taller de escritura son, o bien personas que apenas están empezando a desentrañar los efectos comunicativos del lenguaje o bien personas que quieren compartir con otras lo que ellas consideran un producto terminado.
Para ambos tipos de asistentes es importante poder ofrecer algo nuevo de manera constante, ejercicios, lecturas e incluso alternativas. Este tipo de estrategias deben amoldarse  a la diversidad de participantes que pueden existir dentro de un mismo taller de escritura.
Los talleres de escritura son importantes ya que ayudan a muchas personas a poner a prueba su vocación tanto de periodistas como de divulgadores e incluso e poetas, novelistas o narradores.
Representantes de la academia y escritores establecidos suelen demeritar el trabajo de los talleres argumentando que la principal formación del escritor debe ser técnica y rigurosa. Sin embargo parecen olvidar que la escritura es ante todo placer comunicativo, goce estático y un compartir constante con otros. La labor del creador ante la página en blanco puede ser solitaria pero no quiere decir que el escritor sea un sujeto huraño ensimismado en sí mismo y en su propio quehacer. A menudo cuando las coas se comparten existe la oportunidad de generar dinámicas interesantes y giros novedosos que afectan y contribuyen a ese instante de soledad. 

Talleres de escritura III

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, abril 21

Como ya mencionamos anteriormente la primera característica de un taller literario es tener un objetivo concreto: la publicación de un periódico escolar, un boletín de la biblioteca, una antología mensual (informativa, literaria, técnica, etc.)  el encuentro con un autor, una antología mensual, darse  a conocer con las editoriales entre tantas otras.
Es importante establecer el carácter pragmático de la escritura. Esto afianza en los asistentes al taller su práctica constante y recurrente.
Definir el objetivo es también seleccionar un público objetivo. No se puede pretender que todos los usuarios de la biblioteca (escolar o pública) o los estudiantes conformen el universo del taller. De hecho un taller ideal aspirará a no tener más de veinte integrantes para así poder seguir con dedicación cada uno de sus avances y retrocesos. En caso de que se hallen más interesados pueden abrirse varios horarios con diferentes moderadores. Es importante así mismo saber de antemano que no todos los inscritos continuarán a lo largo del tiempo con el espacio.
La vida de un taller literario se encuentra en su regularidad. Se recomienda al menos un encuentro semanal en el que cada uno de los asistentes lleve un adelanto de su trabajo y lo comparta con los demás en forma de copias. Así todos podrán seguir la lectura de su compañero y sugerir las modificaciones que consideren pertinentes. No debe olvidarse que la arquitectura de un texto es principalmente gráfica, signos ubicados con sentido (eso se espera) sobre un papel,
Para obras largas se recomienda que cada uno de los integrantes pueda llevarse el texto a casa para revisarlo con detalle. Un buen escritor, es antes que nada un buen lector, por lo tanto uno de los elementos principales del taller es también la revisión de los autores que se consideren pertinentes. Las obras de Capote o Gay Talese son indispensables para un escritor literario. Para quienes estén interesados en la divulgación científica el acceso a las obras de Carl Sagan, Isaac Asimov o Stephen Hawking, son indispensables. Los interesados en darle una revisión a los antecedentes de una obra fantástica latinoamericana podrán acceder a obras que abarcan desde el Popol Vuh (por aquello de la mitología como base del pensamiento fantástico) hasta las obras de Liliana Bodoc o Celso Román.  Cada interés conlleva de antemano un rico material para ser revisado. 

Talleres de Escritura II

Author: Diego Fernando Marín
martes, abril 20

El sentido común indica que los talleres de escritura son para formación de futuros escritores. Lugares donde se pelea arduamente con las leyes de la gramática, la sintaxis, la cohesión y los infinitos recursos que un narrador debe tener en sus manos para lograr una obra de arte.
La realidad es más prosaica. Un taller de escritura es el lugar de paso entre un lector semántico y uno crítico, entre un lector que se halla fascinado por los trucos del mago y aquel que es capaz de descifrar su funcionamiento. Sin embargo no se dedica en exclusiva  a la escritura literaria. Las leyes son las mismas para generar cualquier tipo de texto, lo que varía es el estilo de acuerdo al objetivo esperado.
Tomemos el ejemplo del comité de redacción de un periódico escolar. En “Mientras escribo”, Stephen King afirma que uno de sus mayores y más útiles aprendizajes lo obtuvo de un cronista deportivo y no de su profesor de lengua. Los comités de redacción se dedican a pulir una y otra vez el oficio de la reescritura. Excepto Arnoldo Palacios y unos pocos privilegiados, los escritores deben enfrentarse al hecho de reescribir una y mil veces la misma frase, párrafo, artículo, hasta que al final sale perfecto.
El comité de redacción desmiente de manera dramática una de las mayores falacias de las clases de lenguaje, aquella que afirma que el producto sale bien en la primera escritura. La escuela valora sobremanera el producto final y suele despreciar los borradores, como si se debiese llegar a un estadio en el cual no existieran los borradores.
El comité de redacción nos permite mirar una de las cualidades que debe tener un taller de escritura, más aún cuando es dirigido a niños y a jóvenes, y es la del aprendizaje significativo. Se aprende a escribir para un hacer práctico y no etéreo. El asistente a los talleres debe entender lo más temprano posible que la escritura es ante todo una herramienta comunicativa, que tiene como blanco un lector.
Tememos entonces la primera característica que debe tener el taller literario, un objetivo establecido.  
(Continuara…)

Talleres de Escritura I

Author: Diego Fernando Marín
lunes, abril 19


Cuatros son las competencias comunicativas: hablar, escuchar, leer y escribir. Las dos primeras nos resultan más sencillas porque son completamente naturales para el ser humano. La lectura y la escritura son desarrollos tecnológicos posteriores a los que todavía nos hace falta acostumbrarnos de alguna manera.
Si la lectura se ha convertido en una preocupación de los últimos años, parece haber un olvido sobre el tema de la escritura como competencia comunicativa. La lectura es ahora cuestión de los académicos y de los escritores. Que escriban Fernando Vallejo, Daniel Samper Ospina, Antonio Caballero, William Ospina. El común de los mortales sólo debe saber acerca de unos cuatro palos y ya.
El tema de la escritura es más que preocupante. Existen docentes en formación que no saben dónde va una tilde (ni siquiera saber emplear el corrector de ortografía del Word) y mucho menos usan esos extraños dibujitos conocidos como signos de puntuación, en lugar de ellos utilizan mucho los conectores. Escriben como hablan, tal cual. Desconocen hasta que punto existe una gramática de la oralidad y otra de la escritura. Desconocen que existe una cosa llamada cohesión.
Luego nos preocupamos porque nuestros niños y jóvenes se pasan olímpicamente por la galleta las reglas mínimas de la gramática y la sintaxis. O que los universitarios tengan que volver a aprender la diferencia entre ensayo y artículo de opinión.
Por supuesto la culpa siempre es de otro. De los docentes (primaria, bachillerato, universidad), de los padres, de la excesiva televisión, de las porquerías esas con que pierden el tiempo todo el día (celulares, chats, blogs, pendejadas así), la sociedad que no abre suficientes espacios para desarrollar este tipo de competencias.
Escribir, ¿para qué? Se considera que al aprender a leer inmediatamente se está en posesión de la receta mágica para saber escribir. Leer y escribir no es lo mismo que hablar y escuchar, son tecnologías que debemos aprender a manejar y construir de una manera más consciente.
Uno de los elementos que nos ayudan en este proceso son los talleres de escritura.
(Continuará)

Alicia en el País de las Maravillas

Author: Diego Fernando Marín
viernes, abril 16

Autor: Lewis Carroll
Ilustraciones: Helen Oxenbury
Editorial: Lumen
Recomendado para: Lectores en marcha.

Un libro es siempre algo más que la sucesión de unos signos alfabéticos puestos sobre el papel, es un conjunto de elementos sensoriales que abarca texturas, olores, formatos y diagramaciones. Estos elementos median en la relación que el lector tiene con el texto.
Ediciones de Alicia en el País de las Maravillas hay decenas y en algún momento habrá cientos. El clásico de la literatura infantil ha vestido las formas más humildes y también las más pomposas. Esperamos que a través de los años siga siendo presentada de muchas y aún más variadas formas.
Conocí Alicia en el País de las Maravillas ya tarde, cuando era un adolescente y debo decir que aunque me agradó no fue de aquellos libros que me cambiaran la vida. La edición que leí era alfabéticamente correcta y sin ilustración alguna. A los adolescentes se les enseña que los libros serios no tienen ilustraciones. Sin embrago la magia de Alicia seguía ahí y con el correr de los años y algunas referencias intertextuales (como olvidar ese libro maravilloso, “Gödel, Escher Bach”, donde presentaban paradojas matemáticas a partir de Alicia y el Sombrerero Loco y la Falsa Tortuga) mantuvieron cierta fascinación.
Con la adaptación al cine realizada por Tim Burton el deseo de revisitar el País de las maravillas renació. De mi biblioteca tomé el viejo volumen alfabéticamente correcto y lo deje a un lado después de dos o tres páginas. Visité la biblioteca pública más cercana y ahí encontré esta maravillosa edición con las ilustraciones de Helen Oxenbury, en donde el texto comienza a tener otros matices y significados.
Algunos lectores consideraran que las ilustraciones de Oxenbury son quizás demasiado infantiles. Tendrán razón, quizás. El texto do de Carroll es complicado de seguir para niños muy pequeños debido a su discurrir onírico, a su falta de coherencia lógica. Sin embargo las primorosas imágenes de la ilustradora nos redimensionan a Alicia y el País de las Maravillas, les da un aire de inocencia que va más allá de la ternura y el anecdotario del té con el Sombrerero  Loco, el Lirón y la Liebre.
Para todos aquellos que aún no hayan visitado a Alicia en su descenso a Inframundo (siguiendo en este caso la idea de Burton, no la de Carroll) esta edición de Lumen es una estupenda primera forma de hacerlo.
  

Como una novela

Author: Diego Fernando Marín
jueves, abril 15

Autor: Daniel Pennac
Editorial: Norma / Círculo de lectores.
Recomendado para: promotores de lectura.

I
“Como una novela” fue publicada por vez primera en 1992 y desde ese momento se convirtió en un libro de consulta “obligatoria” en lo referente al tema de la lectura.
El libra analiza con detenimiento la relación de los padres con la lectura, con la escuela y con los hijos. A continuación se detiene en el papel del pedagogo (no del maestro ni del docente) en su relación con el libro (ese OVNI, esa mezcla de gato y lavadora) y con los lectores en formación para finalizar con, maravilla de maravillas, un decálogo del lector. Diez mandamientos precisos e impecables que establecen formas diferentes de relacionarse con la lectura.
El ensayo se deja leer así, como una novela, sin jerga alguna, con la fluidez de un diálogo en el pasillo de un colegio o en las sillas de un café. Pennac establece un contacto afable con el lector, donde no hay juicio alguno, sólo un intercambio de reflexiones y anécdotas.
II
La última parte de “Como una novela” está dedicada a los derechos del lector:
1.       El derecho a no leer.
2.       El derecho a saltarse páginas.
3.       El derecho a no terminar un libro.
4.       El derecho a releer.
5.       El derecho a leer cualquier cosa.
6.       El derecho al bovarismo.
7.       El derecho a leer en cualquier parte.
8.       El derecho a picotear.
9.       El derecho a leer en voz alta.
10.   El derecho a callarnos.
Es curioso que aunque la mayor parte de los docentes se encuentran de acuerdo con este decálogo también se ponen de acuerdo para “olvidar” el primero y el último de estos derechos en la relación con sus alumnos.
La aplicación de este decálogo en un aula de clases (digo en un aula porque la disposición de los usuarios de una biblioteca es diferente) es un interesante ejercicio de eso que se llamaría democracia, al plantear esa posibilidad de no leer o si se lee de no declarar nada sobre lo leído, de quedarse callado, en un muro de silencio y compartir con nadie eso que se ha disfrutado en soledad.


miércoles, abril 14



Autor: Teresa Colomer
Editorial: Síntesis
Recomendado para: Promotores de lectura.

La literatura infantil y juvenil es un mar vasto y complejo que va mucho más allá de cuentos de hadas y dibujos bien elaborados, es un reflejo de las concepciones políticas que los adultos tienen sobre lo que consideran lo que es la infancia y la adolescencia.  O mejor, sobre lo que consideran que debe ser la infancia y la adolescencia. Como todo discurso político está mediado por el control y la censura.
En esta obra, original de 1999, Colomer atraviesa como pocos autores la historia de los textos dirigidos hacia niños y jóvenes mostrando sus cambios, adaptaciones y evoluciones en un lenguaje claro, conciso y directo que busca guiar no sólo al promotor de lectura sino también a padres y educadores.
Amén de contextualizar la historia del género Colomer se ubica en la literatura actual sobre el tema y la analiza en función de sus posibilidades literarias antes que didácticas o moralizantes. En este punto es tajante, el principal valor que han de tener las obras dirigidas a niños y jóvenes es el literario, cualquier función moral o didáctica es secundaria.
En último lugar la autora analiza en detalle las diversas formas de acceso al libro infantil y juvenil que existen en la actualidad.
Esta obra es básica para quienes se están acercando al mundo de la literatura infantil y juvenil, tanto por la claridad de los conceptos expuestos por Colomer, como por la dimensión política, social y económica en la que ella ubica esta temática. Es maravillosa la forma en que se va desglosando con un análisis delicado cada uno de los aspectos que sobre el libro infantil damos por sentado.
A pesar de la claridad de su exposición y la brillantez de los conceptos que expone la obra se halla muy limitada en cuanto a sus referencias al mundo latinoamericano. De hecho, la mayor parte de los autores sobre los que se detiene Colomer son españoles, catalanes y/o norteamericanos. El lector de Centro y Sur América encontrará una pobre referencia a autores de cabecera como Yolanda reyes, Ana María Machado, Juan Gedovius, Comotto, Ivar da Coll e Irene Vasco, entre otros.  
Una obra imprescindible para padres, docentes, promotores de lectura y todo aquel interesado en la literatura infantil y juvenil. 
martes, abril 13

Autor: Walter Ong
Editorial: Fondo de cultura económica
Recomendado para: promotores de lectura.
 A menudo consideramos que la relación entre la palabra oral y la escrita es que la última es sólo la trascripción de la primera. Nada más.
Sin embargo las diferencias entre palabra hablada y escrita tienen mucho que ver con el orden. La escritura impone una organización especial al pensamiento, lo encausa, lo regula y lo domina. Lo que en la oralidad se presenta como un fluir constante lleno de frases subordinadas y digresiones, es transmitido a través del lenguaje escrito como un solo cauce sin desviaciones, una estrucutura artificial.
La oralidad es natural al ser humano, la escritura es un desarrollo tecnológico que cada niño inscrito en nuestra cultura tiene que aprender desde el principio.
La tesis que presenta Walter Ong es como el desarrollo de esta tecnología  afecta profundamente el desarrollo del ser humano, tanto su parte física como el desarrollo de su conciencia. Para ello realiza un paralelo entre la manera de pensar y las costumbres de culturas ágrafas, analfabetas y alfabetizadas. Como el uso de las diversas tecnologías de la palabra implica diferencias importantes en la manera de ver el mundo y su relación tanto con la naturaleza como con sus semejantes.
Aunque publicada originalmente en 1982 muchos de los planteamientos del autor cobran plena vigencia en nuestra relación con un nuevo tipo de tecnología de la palabra, la que es implementada a partir de los computadores y de internet.
Hoy en día la obra de Ong es un clásico imprescindible que da cuenta de las dificultades que tiene un lector en formación en su acercamiento al lenguaje escrito. 

Clubes de lectura: consolidación

Author: Diego Fernando Marín
viernes, abril 9

La parte más difícil, como en todo proceso, no es comenzar sino consolidar. Mantener un club de lectura es un trabajo de persistencia, de tenacidad y de resistencia. El mediador debe saber mantenerse en un punto medio entre lo que es novedoso, lo que es interesante y lo que tiene calidad. Debe saber escuchar a quienes conforman el club pero también guiar y orientar hacia otro tipo de lecturas. Por ejemplo si a los lectores en formación les interesa el tema de los vampiros hay que saber contextualizarlos y no dejarlos pensando que el género empieza y acaba con “Crespúsculo” y “True Blood”. Hay muchas obras a las que no se les mira por desconocimiento.  Muchos de quienes comenzaron con la obra de Meyer descubrieron “Cumbres Borrascosas” y luego “El Vampiro” de Polidori.
La consolidación de todo el proceso tiene que ver con lograr mantener el interés. Y esto se hace no sólo a través de la selección de buenos libros sino manteniendo un buen ritmo y una buena ambientación, así como actividades que refuercen los lazos de amistad y camaradería entre los participantes. Un club de lectura no tiene nada que ver con una labor curricular, debe ser un espacio para compartir gustos (y disgustos) a partir del encuentro con la literatura.
Es bueno así mismo utilizar otro tipo de elementos que refuercen el sentido de pertenencia, como separadores, botones incluso camisetas que hablen de los  libros, personajes, frases y autores  que han sido abordados desde el club de lectura. Esto refuerza el sentido de pertenencia y hace más especial las reuniones.
El límite, como siempre, es la imaginación.
P.D. Si usted pertenece o asiste a un club de lectura nos encantaría conocer su experiencia. 
jueves, abril 8



Es necesario que de antemano el mediador conozca el libro que se ha de leer. Pero esto por sí sólo no es suficiente, el mediador ha de ser una persona carismática, que pueda comunicarse de manera efectiva, que sepa trabajar en equipo (es un club, no una dictadura)  y que transmita el amor y la pasión que siente por la lectura.
Al proponer una lectura el mediador también está proponiendo una manera de ver el libro, por este motivo se hace necesario desde el principio que se le brinde a los participantes cuales son los motivos o razones por las que se está trabajando ese texto en particular.  Se inscribe en una temática particular: sicariato, fantasía, pornomiseria, ciencia ficción,  testimonio, política, Aventuras; en una región, latinoamerica, inglesa, europea, africana; en una diacronía particular, novela del siglo XVIII, proto ciencia ficción, mitología griega temprana; en un autor determinado, Manuel Zapata Olivella, Jim Butcher, Mario Vargas Llosa, Anne Cameron, Anthony Browne, Anne Fine, etc.
Hay tantas líneas de trabajo como literatura. Lo importante es que elegir una temática está insinuando de antemano una forma de abordar el libro. Es muy difícil que un grupo cualquiera comience a hablar acercad de un libro sin saber por dónde abordarlo. Así mismo el mediador ha de haber preparado algunas preguntas acerca del texto elegido. Se sugiere comenzar desde el gusto (qué gustó, que disgustó) y se pase luego a lo argumental (qué se cambiaría, cómo se haría). Los niveles de complejidad de las intervenciones se irán aumentando a medida que el club vaya consolidándose.
De la misma manera hay que saber escuchar cuidadosamente las diferentes intervenciones. El hecho de que se trate de un club que comienza o de lectores en formación muchas veces lleva al mediador a considerar que se debe comenzar con intervenciones muy elementales. Sin embargo está noción puede ser equivocada, a menudo los textos elegidos suelen ser tan enriquecedores y las discusiones sobre los puntos de vista tan diversas, que el papel del mediador pasa a ser el de delegar la palabra. 

Clubes de lectura: estrategias de formación

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, abril 7



Iniciar un proceso es siempre un reto. No podemos anticipar todo lo que nos encontraremos en el camino, lo que sí podemos hacer es prepararnos de la mejor manera posible. En el caso del club de lectura la ambientación es particularmente importante. Se requiere de un lugar tranquilo donde no se vaya a molestar a nadie pero tampoco a ser molestado. Recordemos que la literatura  (es difícil hacer un club para leer diccionarios o manuales o instructivos, aunque podría haberlos) es foco de pasiones y algunas personas defenderán sus puntos de vista a capa y espada, que es justo lo que esperamos en algunos momentos.
Uno de los mejores ambientes para realizar este tipo de actividades es una biblioteca pública o escolar, aunque también sirven garajes, salas –con minicomponentes y televisores fuera de circulación-  y hasta parques. Lo importante es que haya libros y las personas puedan recogerse en círculo con comodidad. Si se puede ambientar el ambiente con afiches alusivos a la lectura sería excelente pero no son imprescindibles. En cambio tener a disposición café, en el caso de los adultos, o refrescos para los menores, resulta atractivo. Si se puede tener a mano algunos bocadillos mucho mejor. La mezcla entre bebida –no alcohólica-, buena compañía y pasabocas es excelente.   
Existen libros que son ganchos excelentes para comenzar a trabajar un club de lectura. En el caso de los jóvenes se puede iniciar con “Crepúsculo”, “Harry Potter”, “Vampyr”, “El Señor de los anillos” o la saga de Mundo Disco de Terry Pratchett. Con adultos, autores como Stephen King,  Julio Cortázar, Javier Marías o Arturo Pérez- Reverte o ganadores recientes del premio nobel son siempre un buen gancho. 
Debemos recordar que vivimos en un mundo apresurado en el que lo urgente no deja tiempo para lo importante, si hacemos caso de Mafalda. Por este motivo, el trabajo de seducción a la lectura debe ser mediado por la estrategia. No comience directamente con novelas, propóngale al lector en formación leer directamente ahí, en el club de lectura y establezca en esas primeras sesiones la dinámica que usted sugiere trabajar pero sepa escuchar las sugerencias que se le pueden realizar. Para estas primeras sesiones me atrevería a sugerir lecturas de mitos de creación de culturas diversas. Libros como las Eddas o el Voluspa, el Corán, la Biblia, recopilaciones de mitos africanos, hindúes y japoneses siempre son bienvenidos. Si lo prefiere sugeriría cuentos, lecturas cortas que el mediador pueda realizar en una sola jornada y que los asistentes al club puedan ir comentando o sobre los que puedan ir haciendo preguntas.

Clubes de lectura

Author: Diego Fernando Marín
martes, abril 6



Muy a menudo parece olvidarse que la práctica de la lectura privada es una actividad reciente en la historia. Antes de su surgimiento (si la memoria no me traiciona fue con Tomas de Aquino) se solía leer en grupo, con explicaciones que buscaban ampliar el sentido de lo  que decían las palabras. Leer era un acto ejercido socialmente, no una actividad solitaria. Me corrijo, leer es un acto social y la mejor manera de promover ese acto es sumergir al lector en formación en un ambiente proclive para ello. Una –nunca la única-  de las mejores formas de hacerlo son los clubes de lectura.
Un club de lectura es un espacio de reunión alrededor de las lecturas y de los libros. Donde las personas que lo conforman han elegido un libro de antemano bien por su temática, bien por su actualidad, su autor o su propuesta estética. A partir de la elección realizada, que puede ser mediada pero nunca impuesta,  quienes lo conforman definen unos puntos alrededor de los cuales comienza a realizarse el diálogo, e incluso la discusión. Ante ésta última opción el mediador ha de poder encauzar la situación sin coartar la libertad de expresión.
A pesar de las apariencias, comenzar un club de lectura no es una tarea fácil. No se trata de un club de automovilismo ni de cocina o alpinismo. Las personas no se reúnen a hablar con otras a menos que haya algo que las apasione y en el caso de lectores en formación, la timidez suele ser una característica principal. ¿Qué se puede decir de un libro? ¿Se puede decir en algún momento –horror de horrores- que el libro elegido no me gustó? O al contrario, existe la posibilidad de hablar sobre ese personaje que me acojonó tanto que he alargado el libro lo más posible para no dejar abandonado a Rolando de Galaad, Bastián Baltazar Bux, Gregorio Samza, Jean Valjean, Ulrica, Penelope? Y si lo hago, ¿Qué dirán los otros – esos desconocidos- de mí?
Por supuesto estos son sólo algunos elementos a tener en cuenta dentro de los tantos que existen para la conformación del club de lectura. Durante los próximos días, nos asomaremos con detalle a cada uno de ellos.

P.D.: Hace algunos días, a raíz del tema de oralidad un usuario ha sugerido el libro “Oralidad y escritura” de Walter Ong. No voy a hablar en este momento sobre el libro en particular porque a partir de esta semana, y las posteriores, estaremos recomendando esos libros imprescindibles para los promotores de lectura.
Además pronto estaremos contando con nuevas opciones que harán de este espacio una experiencia aún más agradable.