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Juul

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 15

El fundamento del lenguaje humano (podcast)

Author: Diego Fernando Marín

El pato y la muerte

Author: Diego Fernando Marín

Texto e ilustración de Wolf Erlbruch

Editorial: Barbara Fiore Editora

Recomendado para: Lectores en marcha.

La pregunta es inevitable y siempre llega. Siempre la evadimos, por supuesto. En nuestra cultura se trata de un tema tabú, casi como el sexo. Es algo que sólo se menciona con voz grave y entrecortada, a menudo en susurros y de lo cual no tenemos dato alguno, algo de lo cual no sabemos nada después.

Sobre el misterio de la muerte se han erigido las creencias a lo largo de la historia. Sin embargo cuando un niño nos pregunta no confesamos nuestra ignorancia, hablamos de horror y de tragedia y denegamos con la cabeza. Uno de los mayores problemas de occidente es que no sabe lidiar con la muerte, que no sabe aceptar que hace parte del mismo proceso vital del que nos enorgullecemos.

Wolf Erlbruch (Alemán, no podía ser de otra forma), soluciona el problema con gran sencillez, pone a un pato a hablar con la figurativización más conocida de la muerte, el esqueleto. Un esqueleto, podríamos decir de niño o de anciano, con la mirada afable y la sonrisa perenne en los labios, un esqueleto que acompaña al pato en su vida cotidiana y responde con confianza cada una de sus preguntas. El pato y la muerte conviven y se hacen amigos entrañables. De esta manera Erlbruch nos está diciendo que de alguna manera aquello que más tememos está más cerca nuestro que cualquier otra cosa.

Aunque ingresa al Pequeño teatro de la Crueldad, este libro lo hace por su carácter escatológico antes que cruel. Se atreve a hablar en voz alta de lo que en otras partes sólo se musita. No es la muerte del abuelo, la del tío, la del hermano o la del compañero del colegio la que aparece aquí, es la nuestra, la particular muerte que nos cuida la espalda todo el día, todos los días.

Una visita.

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 31
Leí Vampyr hace casi un año. Me deje llenar la cabeza de imágenes que evocaban una europa decimonónica y aunque lo consideré como otro libro sobre vampiros (uno más que en ese momento decoraban-miento como un bellaco al hablar en pasado- las estanterías de las librerías del país) admiré su estilo y su valentía de retornar a la imagen del vampiro clásico, tan malo como Caín, surcando una Europa supersticiosa y elegante.

Mi sorpresa estaba aumentada al darme cuenta que la escritora era una joven colombiana –caleña para más señas- que se había sumergido en la factura de su primera novela durante cuatro meses, durante los cuales durmió entre cuatro y cinco horas diarias. Claro, labores de parto, labor de escritor.

Por cosas de la vida, Carolina Andujar visitó en Halloween – al menos para el calendario escolar- las instalaciones de la biblioteca escolar donde laboro. Llegó vestida de negro de pies a cabeza, estuvo simpática, fue amable –no le gustó mi propuesta de fotografía mordiéndonos los cuellos-, leyó un poema incluido en el libro, respondió a los niños –uno de los cuales apareció, de 9 años, emocionadísimo cuando ya ella había terminado su presentación lo cual no impidió que le dedicará unas palabras. En fin, se dedicó a realizar esas actividades que las editoriales de ahora le cargan a todo autor nuevo. Debo señalar que lo hizo con gusto.

Si me he demorado tanto en describir la vista de una escritora a una biblioteca escolar es porque se trata de una de las acciones de promoción de lectura más eficaces que se puedan realizar. Es una suerte de posibilidad de tener un universo perfectamente planeado y luego decirle a los lectores, este fue el dios que lo hizo posible todo. Sin embargo hay escritores y escritores. Un mes antes de la visita de Andujar nos visitó la autora de un reconocidísimo libro infantil que debe mucho al Lazarillo de Tormes y creo que al periquillo, que se mostró parca y displicente y con menos carisma que un limón seco, llegando incluso a no comentar libros infantiles que no pertenecieran a su editorial (Lo gracioso es que tampoco fue capaz de señalar libros infantiles que pertenecieran a su casa editorial). Por supuesto no se le pueden pedir peras al olmo. Así que una de las recomendaciones que me atrevería a hacer este tipo de visitas, es asegurarse en lo posible del carisma del escritor a invitar, ante todo si se trata de libros infantiles. Una persona cálida –Andujar lo fue- puede abrir toda una bitácora de viajes maravillosos para quienes interactúan con ella.

P.D. Espero sepan disculpar la calidad del video. aquí tenemos a Carolina andujar leyendo el poema que les comenté. Un poema burlesco precioso.

Días de letras.

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 24
Empieza desde la noche anterior. Hago un rastreo entre mis libros para saber que les leo a mis estudiantes (Me refiero a las lecturas regalo por supuesto, las obligatorias ya están en el orden del día). A veces elijo “Una caperucita roja” (Océano-Travesía) o “El enemigo” (SM). Pero los Libros-álbum no siempre son efectivos. De hecho he tenido que dedicarle una hora a la semana para poder compartir con ellos textos más extensos. Hemos leído “La sirena del faro” de Ray Bradbury (SM) y “La peor señora del Mundo” de Hinojosa (FCE). Las primeras veces que lo hice ellos estaban con su eterna posición de estudiantes, cabeza hacia el frente, manos sobre la mesa -evitando manosear el blackberry-, los ojos atentos, la cabeza… no podría apostar sobre el lugar en el que se hallaba su cabeza. Me harte de verlos así cuando empecé a leerles el cuento de Bradbury. Recordé que una de las cosas que nunca le pude perdonar a mi colegio y a las bibliotecas fue obligarme a leer de determinadas maneras. Yo mismo he preferido las posiciones más insólitas para sumergirme en el mundo de mis autores favoritos. Así que me dije al diablo, si aparece mi jefe les diré que están buscando un lente de contacto. Cuando les dí la libertad de asumir las posiciones que quisieran casi todos se lanzaron al piso. Unos sentados, otros acostados. Un nudo gordiano de brazos y piernas, una orgía de cabezas y zapatos, una comunión estrecha contra un piso lleno de bacterias. A medida que pasaba el tiempo algunos cerraron los ojos, otros se miraban cada tanto y se sonreían e incluso estaba la que no me despegaba los ojos de encima, atenta a cada palabra, cada frase, cada repetición rítmica. Nos sumergimos en el texto (uno de los primeros con los que Elizabeth llegó a disfrutar de la ciencia ficción) y recordé muchas cosas también. De hecho que siempre me gustó más la versión del cuento cuando la baje por internet que la del libro que tengo ahora entre mis manos. La diferencia es una sola. En la versión de internet el texto se titula simple y llanamente, “La sirena”; en la versión del libro –no entiendo porque- aparece el apellido “del faro”, como si el contexto no permitiera inferirlo.

Termino el texto. Alguien encontró el lente de contacto perdido. Las miradas se encuentran satisfechas, los brazos se estiran perezosos, de un bostezo escapa un chicle. Mi duendecillo (puedo jurar que se pone la capucha del saco y se parece a un duendecillo) me dice que no le gustan esos textos tan fantasiosos (no entiendo como a un duendecillo no le gustan los cuentos fantásticos). Me prometo a mí mismo que en una próxima oportunidad elegiré un texto más cercano al realismo. Estoy pensando en “Diles que no me maten” de Rulfo, estoy pensando en algo de Arguedas…pero acabo de leer la “Trilogía de Nueva York” de Auster, pero acabo de disfrutar “Seda” de Baricco. ¿Será muy temprano sumergirlos en ese torrente de fragilidad y erotismo de Baricco? ¿Deberé esperar más? No lo sé. Esta noche cuando vuelva a desordenar mi biblioteca para ponerla a su servicio (ellos aún no lo saben pero lo intuyen) decidiré si se antepone el erotismo o la prudencia.

Me pregunto, ¿estarán listos para su primera novela corta por entregas?

Tres perlas de Barbara Fiore Editora.

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 5
Aparte de realizar una lectura sistemática de Delirio, con mis alumnos de noveno, y de romances con los de décimo, es poco lo que he podido enfrentarme a mis amadas letras. Mentiras, me he escabullido a los oscuros cuartos de baño, aprovechado mis largos viajes en transporte público masivo (que es de todos menos MIO) y robándole, como siempre, tiempo a mi matrimonio, a la televisión, y –sí, cómo no- al trabajo. Nunca como antes he tenido que aplicar la máxima que reza: Todo tiempo de lectura es robado (y sigo releyendo Los hombres que no amaban a las mujeres, sencillamente espectacular).

Teniendo como cómplices a Elizabeth, mi esposa, y a Danny, mi bibliotecario alcahueta he realizado una revisita a una editorial que no aparecía en mis listados, Barbara Fiore Editora. De esta editorial quiero comentar hoy tres libros.

El primero de ellos se llama La fuga de Pascal Blanchet, un bello relato gráfico acerca de la vida cotidiana y ordinaria de un músico, que intuimos clásico. La historia es contada a partir de unos pocos trazos que se diversifican y se materializan en una verdadera sinfonía de colores y figuras. Una obra recomendada para todos aquellos, que sin importar la edad, disfruten de las buenas historias.


El segundo es un relato sobrecogedor que destaca tanto por su buena factura editorial como por la profundidad de su mensaje como la singularidad de su estructura narrativa, El tirano, el luthier y el tiempo. El texto es de Crhistian Grenier y las ilustraciones de François Schmidt. Narra la historia de un tirano que quería saberlo todo, observarlo todo, dominarlo todo y de cómo un luthier le ayudó en ello. Su estructura literaria nos deja un sabor a romance medieval que el lector agradece. Ante todo deja un sabor a tristeza e incertidumbre que nos recuerdan las viejas biblioteca y los atardeceres.



Por último quiero hablar de un autor que es nuevo para mí pero que me ha conmovido profundamente, Jimmy Liao. La obra de Liao es un entramado de dibujo y poesía que conforman un todo, llamado en este caso, Hermosa soledad. Utilizando como excusa un percance de salud sobre el que nunca es explicito, el autor se adentra en la soledad y la melancolía que contrasta con la vitalidad de sus versos (libres) y la expresividad e sus ilustraciones.

Los tres textos me fueron presentados sin ningún preámbulo y de sopetón. En todos ellos primaba una visión editorial diferente y exigente tanto en su parte gráfica como en la elección del papel y los formatos elegidos. No creo que sean libros económicos pero sin duda son libros que vale la pena tener en cualquier biblioteca.

¿Libros perturbadores?

Author: Diego Fernando Marín
lunes, septiembre 27

Encuentro una lista de libros perturbadores elaborada por Fanuel Hanán Díaz, Irene Vasco y el grupo de promotores de lectura de COMFENALCO Antioquía, todos ellos excelentes profesionales y con una gran experiencia en el campo de la literatura infantil y juvenil (LIJ). Entre los libros señalados están: Juul –por supuesto-, La isla –no podía ser de otra forma-, Rey y rey –libro al que muchos docentes dotan de la capacidad inusual de transmitir la homosexualidad como si un virus se tratara-, El libro triste, Ahora no, Bernardo –me pregunto a quién perturbará-, Coraline –Es una historia de terror, no puede ser de otra forma- y El pato y la muerte, entre otras. Lo insólito para mí comienza al encontrar títulos como: Caperucita Roja, Mi amigo el pintor, Cuento negro para una negra noche y La vendedora de cerillas, entre otras. No me sorprendería si en una nueva entrega de la lista encuentro Punto a punto.

Al leer esta lista lo primero que se me vino a la mente fueron las palabras de Javier Marías, ya reseñadas en otra ocasión:

“No sé yo ahora, hay esa tendencia a encerrar a los niños en una burbuja de felicidad entontencedora y sosiego falso, a no ponerlos en contacto ni siquiera con lo inquietante, y a evitar que conozcan el miedo y hasta que sepan de su existencia creo que circulan por ahí, que hay quienes les dan a leer versiones censuradas, amañadas o edulcoradas de los cuentos clásicos de Grimm y de Perrault y Andersen, desprovistas de lo tenebroso y cruel, de lo amenazador y siniestro , a lo mejor hasta de los disgustos y de los engaños. Una estupidez descomunal desde mi punto de vista. Padres ñoños. Educadores irresponsables. Yo eso lo consideraría un delito, por desamparo y por omisión de ayuda. Porque a los niños los protege mucho percibir el miedo ajeno, y así concebirlo con serenidad, desde su seguridad de fondo; experimentarlo vicariamente, a través de otros, sobre todo por personajes de ficción interpuestos, como un contagio de corta duración. Y además sólo de prestado, y no tanto como fingido. Imaginarse algo es empezar a resistirlo y eso es también aplicable a lo ya sucedido: uno resiste mejor las desgracias si después logra imaginarlas, después de haberlas sufrido. Y claro, el recurso más común de la genta es relatarlas.”

Lo segundo en lo que pensé fue en la concepción de niñez y adolescencia que tenemos hoy en día. El psicoanálisis nos ha dicho que los niños son de naturaleza amoral y que son los padres-en primer lugar- y luego la escuela y la sociedad quienes se encargan de formar su moralidad, de ayudarle en la introyección de su entidad superyoica. Dicho en cristiano, de los adultos aprenden lo que es el bien y el mal, el respeto a las normas y el ajuste social. Si los niños no son confrontados con lo que es la realidad, con sus sufrimientos y sus sinsabores, no aprenderán como afrontar esas realidades.

En algún momento propuse mi Pequeño Teatro de la Crueldad, no como una categoría problematizadora, sino como una forma de asomarme a ciertos libros que hablaban desde ángulos inusuales sobre la niñez y la juventud. Sin embrago el término perturbador parece más propio de una visión psicológista sobre la LIJ que desde la formación de lectura.

Al parecer se quiere que la LIJ soporte con muchas cosas. Ya bastante tiene con tener que sobrellevar una intención pedagógica y/o didáctica (que padres y docentes insisten en que se les dé) como para que se le sume una visión de confrontación y perturbación, que puede terminar en una innecesaria estigmatización y/o censura de algunos libros.

El corazón y la botella

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, septiembre 22
Autor e ilustrador: Oliver Jeffers.

Editorial: Fondo de Cultura Económica.

Recomendado para: Los pequeños.

Libro-álbum.

Como antesala a la presentación de este libro, Danny –mi nuevo bibliotecario de cabecera- me habló de los libros perturbadores (esa suerte de género en construcción que abarca algunos de los libros que he incluido en mi Pequeño Teatro de la Crueldad). Tomé el volumen y lo leí con premura. De hecho lo devoré. Por supuesto Jeffers no me decepcionó. Sus sencillas ilustraciones, cargadas de ternura y cierta melancolía, eran lo que debían ser. Su texto, mezcla gráfica y alfabética, llegaba a donde tenía que llegar. Era Jeffers de la cabeza a los pies, es decir un libro cargado de una intensa emoción. Sin embargo me quedó faltando algo. No por el autor, sino por el epíteto con el que yo me abalancé sobre el libro. No sé exactamente que esperaba cuando me hablaron de libros perturbadores (mentiras, sí lo sé. Esperaba algo como Juul, como El libro triste, como Cuentos en verso para niños perversos, como…) pero no lo encontré en El corazón y la botella.

Me he quedado pensando desde entonces. El epíteto de perturbador me molesta. La mayor parte de los libros infantiles y juveniles que me atrapan podrían caer dentro de ese término. Conversando un poco con Elizabeth (con quien habló de mis dudas referentes a la LIJ)caemos en cuenta que tal vez se clasifiqué en esa suerte de género porque habla de un tema que poco se trata con los niños, la pérdida.

La idea me molesta. Me molesta mucho. El corazón y la botella habla de ser niño y de crecer y del transcurso del tiempo y de perder muchas veces lo que amamos. Eso no es perturbador (perturbador la perturbada Emily the strange), es humano. Y todos los libros que terminamos amando hablan precisamente de las dificultades que conlleva el ser humano.

Por lo pronto buscaré la forma en que este libro de Jeffers llegué a mi biblioteca personal. No como un libro perturbador sino como uno que conmueve, como El libro de la selva o El camaleón camaleónico o El señor de los anillos. Por lo pronto también seguiré en la búsqueda de alimentar mis estantes con esos otros libros que hablando de las sombras del alma humana, esa parte de nosotros mismos que tememos.

Emily the strange. Los días perdidos

Author: Diego Fernando Marín
jueves, septiembre 16

Autores: Bob Reger y Jessica Gruner

Ilustrado por: Bob Reger y Buzz Parker.

Editorial: S.M.

Recomendado para: lectores en marcha.

Novela- álbum

Conocí a Emily hace algunos años en unos álbumes macabros plenos de humor negro. En su momento disfrute como todo niño perverso ante aquel desfile de oscuridad, claroscuro y bravuconadas, por supuesto; y ante más de una mirada furibunda defendí el papel de Emily y su valor icónico ante esta nueva generación. Luego me enteré que Emily había sido en primer lugar producto de mercadeo antes que literario. La verdad, ni aún así me importó. He sido subyugado por la mirada con intención intimidatoria de Emily (como se parece a algunas de mis estudiantes de noveno y décimo, je je je ).

Ayer cogí Emily the strange, los días perdidos y vaya como me ha molado (a pesar de su traducción mejicana). Me la he devorado en unas pocas horas que casi no he sentido. Por supuesto tiene sus pros y sus contras. En los álbumes Emily es más contundente y su ácido es un veneno destilado que llega a lo más profundo. En su novela el ácido está más diluido y no corroe con tanta fuerza, más aún porque Emily ni siquiera se llama Emily, ha perdido su memoria y se deja llamar de cualquier manera. Sin embargo no deja de ser esa niña gótica (sí, gótica. De emo no tiene ni el flequillo) enojada contra el mundo que busca ser lo más honesta posible sin importar hasta donde vuele el lodo.

El resultado es una novela-álbum (Lo siento Silvia, Emily fue publicada primero), escrita en formato de diario, al cual incluso le faltan unas pocas páginas, que se deja leer con una facilidad pasmosa. En sus líneas nos adentramos en un mundo en el que se pueden hallar multitud de listas, golems, personajes con habilidades extrasensoriales y situaciones estrambóticas.

Un punto aparte merecen las ilustraciones que mantienen sus mismas características tanto en el formato álbum como en las novelas. Está esa forma de mirar, la manera de cruzar los brazos, lo que podríamos llamar ciertas posturas muy Emily. Se acompaña a esto el juego de brillo, opacidad y textura que maneja una intratextualidad muy, si se permite el neologismo, palimpsestica.

Motivos todos estos que hacen de esta novela-álbum un muy buen motivo para acercarnos a las pesadillas, los gatos negros y el número trece.

Lectura en el aula

Author: Diego Fernando Marín
jueves, septiembre 9
En el campo de la promoción de lectura como en cualquier otra disciplina es sencillo caer en la rutina y en lo fácil. En el aula de clase esto puede ser un factor determinante. No es suficiente la lectura en voz alta y la lectura silenciosa sostenida. Ni tan siquiera cuando los grupos son buenos y ya hay propensión la lectura. Al igual que nosotros, los lectores en formación, no siempre están dispuestos a leer lo mismo ni con la misma seriedad. Se hace entonces necesario tener un arsenal de intervenciones posibles que dinamicen y que hagan más pertinente el objetivo de la lectura, sobre todo cuando es en el aula de clase.

Por supuesto se necesitan diversos materiales a nuestra disposición. Ante todo la mayor variedad de material textual cerca de nosotros. Esto hace casi imprescindible una biblioteca de aula con textos que vayan desde las revistas hasta libros técnicos e investigativos, pasando por obras literarias, historietas y novelas gráficas entre otro tipo de material. Un buen diccionario, aún en esta época de internet, no es despreciable.

El conocimiento de nuestro grupo es crucial para lograr nuestros objetivos. Es necesario saber de sus virtudes, inclinaciones, aversiones y defectos. El conocimiento de la dinámica grupal hará más efectivo y asertivo cualquier tipo de intervención que decidamos hacer.

Flexibilidad. Este es quizás uno de los temas más difíciles de manejar. Por un lado, el establecimiento de rutinas es necesario en la formación de la personalidad de alumnos de escuela primaria y secundaria, en tanto que otro tipo de lector en formación la necesita para poder compartimentar su tiempo de una manera más efectiva. Empero, quienes tenemos un hábito lector entendemos que todo tiempo de lectura es robado. ¿Cómo hacer coincidir entonces las prácticas letradas vernáculas y dominantes?, ¿cómo enseñar pasión en un ambiente que ha de ser cuidadosamente controlado para lograr los mejores resultados?, ¿hasta qué punto la improvisación es un recurso enteramente valido? La respuesta se halla en la organización y la sobreplaneación. Estos recursos los entrega un ejercicio constante de la labor docente y/o de promoción de lectura en el aula, al tiempo que navegar de manera constante en estado de alerta a lo largo de los años. Ningún grupo es igual a otro, de la misma manera en que ningún libro es igual a otro.

No hay respuestas totales por supuesto. Este es un tiempo de aprendizaje. Lo gracioso es que mis alumnos sospechan que los únicos que tienen que aprender son ellos.

Aprendiendo.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, septiembre 8
Lo màs dificil que se presenta en ocasiones es aprender. Es precisamente ese en el proceso en que me he embarcado. Eso significa desorden por supuesto y poco tiempo de dormir y mucho tiempo, demasiado tiempo de tener que adaptarme a nuevas situaciones.
El proceso de promoción de lectura no es fácil ni tiene una sóla forma de verse. Pero eso lo contaré más adelante. Solucionados ya los problemas tècnicos, nos quedan los de tiempo. En cuanto nos organicemos volveremos a radiar.
Un abrazo a ti, querido lector, por tu sempiterna lealtad.

Lo que hay antes de que haya algo

Author: Diego Fernando Marín
martes, septiembre 7
Texto e ilustración de Liniers.

Editorial: pequeño editor.

Recomendado para: Primeros lectores.

Libro-álbum

Lo encontré hace poco de la mano de un bibliotecario y promotor de lectura. Un volumen pequeño que se guarda en un estuche, una cosa minúscula con el dibujo de un niño parado sobre su cama mirando con intriga a la nada. Las ramas de los árboles que flanquean el lecho forman el título. En fin, una cosa insignificante, chiquita, escondida en un estuche. Por fuera.

La portada interior ya nos avisa de otra cosa, la cama se halla vista desde otro ángulo pero se halla vacía, ya no hay niño, ya no hay nada, sólo el título ominoso flotando en la parte superior. Lo que sigue es un libro que se halla a medias entre la soberbia de la obra de arte y la sencillez del dibujo infantil, un retrato de terrores nocturnos envueltos en el claroscuro, vislumbrados apenas por un niño que sabe la exacta concatenación de los terrores que lo visitan; un niño cínicamente lucido. Luego sobrevendrá eso que hay antes que haya algo.

Liniers, con sencillez, nos hace visitar el centro mismo de los terrores infantiles y nos cuestiona sobre si aquello que consideramos de sobra conocido no encierra algo más.

Agradezco a Danny, por haberme hecho conocer este libro y la página web del autor: http://www.porliniers.com/ así como un completo blog con muchas de las tiras de este ilustrador: http://macanudoliniers.blogspot.com/ 

Espero que lo disfruten tanto como yo lo he hecho.

P.D. Pronto volverán los videos y los podcast. Fallos técnicos (y nuevo trabajo) nos han impedido continuar pero la solución está en camino. Gracias por vuestra constancia, querido lector.

La lectura e internet

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 31
Sucedió hace poco pero siempre sucede. La conversación versaba acerca de cómo el lenguaje era afectado por las diversas tecnologías de la palabra. Por supuesto el tema de internet debía hacer su ingreso e ingresó. Internet, dijo uno de los participantes, tenía la culpa de que los muchachos no leyeran profusamente, mal comprendieran lo poco que leían y fueran pobres en sus argumentaciones. La conversación, que caía por instantes, se animó. Sí, dijo el jurado, internet era el cruel verdugo de las ideas de los muchachos que se aburrían horriblemente ahora ante libros de más de diez páginas.

No voy a hacer una apología de internet aunque terminé haciéndola. Pero recuerdo que en mi generación la televisión era la culpable, quizás unas generaciones anteriores el problema hubiera sido la radio y antes, bueno antes, quizás fuera simplemente que los muchachos preferían el río a la escuela. No sé.

Por supuesto que internet ha cambiado hábitos y formas lectoras. El desarrollo del hipertexto ha implicado que se hagan lecturas más entrecruzadas y desordenadas, pero no necesariamente menos profundas. Cuando el tema de internet sale a relucir siempre recuerdo la reacción de Platón ante la aparición de la escritura. Para el filósofo la escritura necesariamente afectaría la capacidad del ser humano para argumentar y memorizar. El tiempo ha demostrado que la escritura no sólo nos ha permitido argumentar de mejor manera al ayudarnos a organizar nuestro pensamiento sino que también ha permitido poder trabajar con una cantidad de conocimiento que de otra forma sería intolerable. Sin embargo no aprendemos del tiempo. Ante las nuevas tecnología reaccionamos de la misma manera que el griego y no vemos que la dificultad ante la lectura no se halla ni en los libros ni en los jóvenes sino en la manera como entregamos nuestras herencias culturales. Nos olvidamos que una vez pudimos disfrutar esas mismas palabras, que los textos alguna vez también nos apasionaron y nos engolosinaron y en cambio los entregamos como sapos muertos a punto de ser diseccionados.

Por supuesto hay diferencias a tener en cuenta, por azar antes que por economía muchos de mi generación han crecido con un computador a la mano, lo que nos he hecho más fácil la adaptación a las nuevas tecnologías y no tengamos mayor problema a la hora de leer un libro en internet o pasar mayor cantidad de tiempo frente a la pantalla sin cansarnos. Los de las nuevas generaciones no sólo tienen los computadores a la manos sino que los nuevos desarrollos se están centrado en software intuitivo –al que no hay que adaptarse, del que no se necesitan mayores instrucciones- tal como el usado por los iphone, el ipad u otros tablets.

Al contrario de lo que se cree, el debate no ha hecho más que iniciar y tal como la escritura cambió la forma de relacionarnos con el conocimiento y el ocio así mismo el auge de internet y las Tecnologías de Información y comunicación (TIC`s) está transformando nuestra forma de relacionarnos incluso entre nosotros mismos.

El texto como noción

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 24


Me atormentan ahora las definiciones. A medida que me adentro en la realización del libro me percato de la gran necesidad de tener conceptos claros, aún de aquellos que damos siempre por sentados. En el caso de la promoción de lectura siempre hemos dado por sentado que sabemos que es lectura y sabemos medianamente lo que queremos cuando hablamos de promoción. Sin embargo, a medida que nos adentramos en el tema, vemos que las cosas no suelen ser tan sencillas.

En lo personal nunca he estado de acuerdo en que cuando se habla de promoción de lectura parece que se hablase de promoción del libro literario en exclusiva. En particular cuando hay cosas como revistas, comics, periódicos, blogs, fotologs, etc, etc, etc. Si se quiere incluir estos tópicos entonces la noción de texto, tal y como la manejamos, no nos sirve. De hecho leemos mucho más que información alfabética. El libro-álbum, ese género encantador- es un diálogo entre la imagen y el alfabeto para producir algo que está más allá de los dos- trata precisamente de eso. Aceptamos este género pero vemos con desprecio, en grandes casos, la novela gráfica, que sólo en los últimos años ha venido a ocupar un lugar destacado (para muchos eso no tiene nada que ver con lectura y mucho menos con literatura).

La noción de texto desde la lingüística no nos sirve porque sólo considera texto a lo oral y lo escrito. Ya la noción semiótica nos sirve más a nuestra idea. Para la semiótica, cualquier signo, entraña ya la posibilidad de lectura y de textualidad. ¿Por qué preocuparnos por esto? Sencillo, las nuevas tecnologías de lectura y escritura nos hacen entrega de muchos tipos de mensaje a través de una multitextualidad. En la red, ya no sólo en lo impreso, conviven muchas formas de lenguaje para entregar sólo un mensaje. ¿Qué repercusión tiene esto en la promoción de lectura? Muchas, quizás la más importante es que no debemos dejar de preocuparnos tan sólo por la promoción de la lectura alfabética y comenzar a mediar entre los sujetos y la enorme cantidad que tenemos a nuestro alrededor para compartir información.

Club de lectura.

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 23
Hay una película que no he visto pero que me está persiguiendo de manera implacable. Su nombre, si no estoy mal, es “El club de lectura de Jane Austen”. Hasta donde he podido inteligir se trata de un grupo de mujeres, de edades y problemáticas variadas, que se reúnen alrededor de una autora que les transforma su visión de la vida. No he oído de esta película una sola vez. Durante el último año he oído nombrar la dichosa película casi una docena de meses de la boca de entusiastas mujeres que terminan declarando que les gustaría leer a Jane Austen (Mi pensamiento es invariable, ¿por qué no lo hacen?). También hay mujeres y mujeres. Una amiga decidió coger el sartén por el mango y me llama hace cerca de un mes con el argumento de la dichosa película en su voz y su corazón, y sin mediar mayor argumentación me lanza la propuesta de realizar un club de lectura. Me pide una propuesta y sin pensarlo mayor tiempo me olvido de Jane Austen (Agradezco la intervención de los lectores para que me iluminen sobre esta autora) y lanzo el nombre de “El conde de Montecristo”. La propuesta es aceptada y hace cerca de una semana nos sentamos, debatimos y nos reímos alrededor de la obra del imperturbable Dumas (padre).

Los lectores conforman comunidades de lectores, parafraseando a Scott Card, comunidades de recuerdos compartidos. En ese primer encuentro navegamos alrededor de la vida, desventura y hazañas de Edmond Dantes, rememoramos su tristeza, su arrepentimiento y desesperanza; así como también nos adentramos en algunos aspectos de la vida del autor. El que tuviera sangre negra es un hecho ya reconocido, el que además contara con la asistencia de escritores fantasmas o negros, lo supimos por Arturo Pérez-Reverte y la wikipedia.

La reunión se hizo alrededor de una pizza con gaseosa y los restos destrozados de un primer tomo del Conde (sí, literalmente alguien destrozó un libro en su afán por leerlo). La próxima cita se realizará alrededor de “La Piedra Lunar” de Connie Wilkins. Si alguien conoce la obra o quiere iluminarnos alguno de sus aspectos, cualquier comentario será bien recibido.

"Encender la noche" de Ray Bradbury

Author: Diego Fernando Marín
viernes, agosto 13

"En el Principio" de Carolina Farías

Author: Diego Fernando Marín
jueves, agosto 12

El promotor de lectura como lector.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, agosto 11
Hace algunos años en un taller con Luis Bernardo Yepes se realizó una selección de los libros imprescindibles en la promoción de lectura infantil y juvenil. Esta selección estaba integrada por libros como Trucas, Los misterios del señor Burdick, La peor señora del mundo, Historia de un gato asesino, Donde viven los monstruos, Cuentos en verso para niños perversos, Buenas noches gorilas, El camaleón camaleónico y quizás una docena de títulos más que no recuerdo en este momento. A su vez, con el tiempo, he ido añadiendo a la lista mi propio Pequeño Teatro de la Crueldad conforme mis propios intereses y obsesiones. Sin embargo he podido observar como muchas veces los mismos títulos en diversas presentaciones, con diversos objetivos, mediados por varias personas, comienzan a repetirse una y otra y otra vez.
Es cierto que existen algunos libros imprescindibles tanto por su calidad literaria como por la relevancia que tienen las temáticas manejadas. No es menos cierto sin embargo que el mundo de la literatura infantil y juvenil no se puede restringir a medio centenar de títulos y unas cuantas editoriales. Una de las obligaciones de todo promotor de lectura con sentido de responsabilidad y respeto hacia lo que hace y con quienes trabaja, es estar al día tanto de las novedades editoriales como esas singulares publicaciones que a veces se pueden hallar en las bibliotecas o en las librerías de viejo o en colecciones digitales como http://www.odisea2008.com/  
Ser promotor de lectura no se trata de la aplicación de un conjunto de técnicas o una disciplina dedicada a la divulgación de la lectura como un derecho, siguiendo la idea de Emilia Ferreiro; se trata de un estilo de vida que exige una dedicación de tiempo completo. Es difícil ser promotor de lectura en ciertos horarios o en determinadas jornadas. El promotor de lectura ha necesariamente de tener el germen de la lectura incubado, recorriendo su sangre, infestando su corazón y contaminando a otros a través de cada una de sus palabras. Por eso tampoco puede asumirse una posición pasiva en donde se replique lo que otros colegas han hecho o plantean teóricamente.
Leer no como disciplina, leer como necesidad, como estilo de vida, sin esos ingredientes no se es promotor de lectura.

El lector como promotor de lectura.

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 10



Cuando aún estaba en el colegio me gustaba organizar encuentros de lectura y grupos de escritores. Sólo iban dos o tres personas y jamás hubo una gran continuidad. Algunas veces mis compañeros asistían sólo para no dejarme solo y cualquier intento de hablar de libros y lectura alfabética en particular derivaba lo más rápidamente posible hacia las series del momento y lo que nos estaba sucediendo en el colegio. Sin embargo de cuando en vez, sin premeditación recibía un libro de alguno de mis compañeros (así conocí esa hermosa antología de ciencia ficción que es “Visiones peligrosas”) que me lo recomendaba y luego en algún espacio entre clases o descanso intercambiábamos opiniones. En otras ocasiones era alguien que me pedía recomendación sobre tal o cual libro. En aquel momento yo no sabía que existía algo llamado promoción de lectura, yo era tan sólo alguien feliz entre libros, periódicos y revistas.
Un poster de Quentin Blake, ilustrando los derechos del lector propugnados por Daniel Pennac, remata con la frase de un niño a un hombre de pelo hirsuto, con un buso cuello de tortuga, sosteniendo con una mano sus gafas y con la otra un libro cerrado: “Estos 10 derechos se resumen en un solo deber, No burlarse jamás de aquellos que no leen, si quieres que un día ellos lean”.
Los lectores somos tercos, solemos ser tercos y hemos elevado esa terquedad a la categoría de una elite. Cada uno de nosotros conforma una subcultura de lectura alrededor de algunas temáticas y escritores que consideramos son los que deben ser leídos y reconocidos. Esta actitud ha contribuido a que la lectura, en muchos casos,  sea vista como algo que pertenece a una comunidad exclusiva que detenta el saber. Comunidad que es asociada con características no siempre ciertas como aislamiento, ocio, pedantería y aburrimiento. El lector es considerado entonces como una figura que se halla fuera de lo cotidiano, una criatura de cierta manera extraordinaria.
En primer lugar hay que aclarar que todo tiempo de lectura es robado. Los lectores tienen familia, trabajan, van a cine, bailan, beben, ven televisión y hacen todo aquello que hace una persona común. De hecho en un mundo cada vez más ajetreado y veloz, los momentos de lectura suelen ser espacios preciosos que se pueden disfrutar en un bus, en el baño e incluso robándole tiempo al sueño.
Una de las primeras cosas que se debería reconocer además es que no hay una lectura mejor que otra y que el infinito mundo de la lectura no se limita a los libros. Hay excelentes lectores de periódicos y revistas, de comics y de páginas webs. No todo se circunscribe al libro. Leer, significa compartir y crear comunidades alrededor de lo que se lee o se deja de leer. Es un mundo apasionante al que cualquier persona puede ingresar con el sólo hecho de desearlo.
La primera forma en que un lector puede contribuir a que el germen de la lectura se disemine es precisamente haciendo lo que hace, leyendo pero sin ninguna pretensión de que esa actividad necesite de ciertas habilidades cognitivas especiales. Leer es algo en lo que se mejora mientras más se realiza, como montar en bicicleta o cocinar. La segunda forma en que se puede contribuir, sin necesidad de hacer talleres o actividades especiales, es hablando de lo que se ley un estado de excepción como quien habla de una serie de televisión, de una película o de un restaurante.
Antes que una actividad extraordinaria deberíamos recordar que la lectura nos es indispensable porque se nos convirtió en una forma de vida como al automovilista, al fanático del fútbol o al panadero. Con la salvedad de que estos últimos no consideran que todos deberían hacer lo mismo que ellos, sólo lo comparten con pasión y alegría.   

Redes de textos

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 9

Leer un libro no es un acto único irrepetible y singular. De hecho leer cualquier cosa es atravesar una red en la que, a la manera de Eco en el Péndulo de Foucault se pasa de Platon a Cerdo en cinco ideas sueltas, que los textos –todo tipo de ellos- se interrelacionan.
Tomemos por un momento al Quijote. Quien lee el Quijote de manera irremediable siente le nexo existente con libros como Amadís de Gaula, El Cantar de Roldan, Orlando Furioso y Tirante el Blanco, entre tantos otros libros de caballería, sin los cuales la obra de Cervantes perdería gran parte de su gracia. Al mismo tiempo, hacia adelante, también proyecta sus tentáculos. Para leer al Quijote, y entender sus efectos en nuestros tiempos, también hay que leer a Zuleta, a Sir Arthur Conan Doyle, el Gordo y el Flaco, etc, etc, etc. E incluso, si se quiere, también hay ecos suyos en una obra como Dragón de Ray Bradbury. Incluso quien no ha leído el Quijote puede sentir su sombra respirándole en la espalda (recuerdo una actualización de estado de Irene Vasco, en facebook, en la que se jactaba de no haber leído aún el Quijote y pretendía seguir así, ¿y qué?). Lo mismo sucede con otros textos. El lector actual de Drácula o El Vampiro de Polidori, no podrá dejar de sentir que ingenuos y tiernos e innobles son esas hordas de vampiros norteamericanos que nos están invadiendo.
Leer un libro es de alguna manera leer todos los libros potenciales que engendra, incluso su contrario (creo que la idea original es de Borges), atravesar ecos de historias que tal vez nos encontremos – o no- más adelante, es jugar con las potencialidades de la inter y la intratextualidad (como se nos dilucida la cita de Moby Dick cuando conocemos como era la pesca de ballenas en el siglo XIX; como comprendemos la ironía de Dumas cuando pone a Vampa a leer la vida de los cesares al leer nosotros mismos la vida de los cesares).
Creo en definitiva que decir signo es una de las maneras de nombrar el infinito…

Del Libro de los abrazos

Author: Diego Fernando Marín
viernes, agosto 6

La Joven del Agua de M. Night Shamalayan

Author: Diego Fernando Marín
jueves, agosto 5

Biblioteca afrocolombiana de literatura.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, agosto 4



Al día hay miles de lanzamientos diarios de libros y material relacionado con el mundo de la letra impresa. No creo que haya cifras sobre el número de blogs que todos los días se abren y mueren en la red. En el mundo de la producción intelectual eclosionan y mueren diariamente tanto autores como obras (a propósito ya hay pistas sobre el autor de “El Lazarillo de Tormes”). Por estas razones no nos fijamos mucho a veces en los lanzamientos literarios (como “Santa suerte” de Franco, en la Feria del libro de Bogotá) hasta que efectivamente podemos repasar nuestros ojos por esas líneas muchas veces candentes muchas veces muertas. Por supuesto esto es sólo una posición, no un dogma de fe.
Sin embargo no podemos dejar a un lado lo que representa el lanzamiento, el pasado 20 de Julio, en Colombia de la Biblioteca Afrocolombiana de literatura. Una colección de diecinueve libros de autores afroamericanos en Colombia. Suenan nombres tan fuertes, y desconocidos, como Rogerio Velásquez, Arnoldo Palacios,  Gregorio Sánchez Gómez, Hazel Robinson Abrahams, y Jorge Artel, entre otros. Realizo énfasis sobre lo de desconocidos porque la calidad literaria no está en duda. Sin embargo un autor como Arnoldo Palacios es más reconocido en el exterior y en los círculos académicos dedicados al mundo afrolatinoamericano que  para el lector común; a Manuel Zapata Olivella se le conoce por “Changó, el gran putas”, libro al que se suele llegar de manera accidental o relacionada con estudios superiores; la obra de Mery Grueso- Narradora oral y poeta – es más reconocida en Estados Unidos, donde constantemente es objeto de tesis y reseñas, que en nuestro país. En lo personal conocí la obra de Arnoldo Palacios porque tomé un curso relacionado con el tema afrolatinoamericano con el profesor Darío Henao.  Y sé que así pasa con muchos otros.
La biblioteca tiene el merito de poner de relieve un conjunto de obras y autores a quienes vale la pena seguirles la pista. Acompaña esta colección un “Manual introductorio y guía de animación a la lectura” que esperamos sea de utilidad en las bibliotecas públicas a donde llegará esta colección. La Biblioteca está destinada a llegar a cada una de las bibliotecas públicas distribuidas a  lo largo y ancho del país. Esperamos, sin embargo, que no corra el mismo destino como la “caja de cine” o “El Baúl de Jambalá”, que en muchos casos terminan arrumados en un rincón.
El público común (aquellos egoístas anti ecológicos, que todo lo quieren impreso y para ellos), esperamos con ansiedad poder adquirir o bien la colección entera o bien algunos volúmenes. Se cree que si hay una distribución, esta se hará por medio de librerías académicas y universitarias.   

Parque jurásico

Author: Diego Fernando Marín
martes, agosto 3
Autor: Michael Crichton.

Editorial Printer Latinoamericana Ltda./ Círculo de lectores.

Novela

Recomendada para jóvenes lectores.

Quien considere que Parque Jurásico es una novela sobre dinosaurios resucitados por las técnicas de la clonación se halla equivocado. Sería lo mismo que si se afirmara que Moby Dick se trata de la cacería de una ballena blanca o que el Génesis trata de dos amantes en un jardín. Como en la mayor parte de las narraciones de este genial escritor norteamericano hay un alegato intenso acerca de la irresponsabilidad con la que estamos manejando la tecnología. El portavoz de este ejercicio es el matemático Ian Malcolm.

Leí por primera vez Parque Jurásico hará unos diez años y la impresión fue tan honda que me llevo no sólo a buscar más obras del mismo autor sino a acercarme a una rama de especializada de las matemáticas que todos hemos oído nombrar, que tiene una influencia constante en nuestra vida y que los legos desconocemos en su extensión. Hablo de la matemática del caos, una especialidad que más que interesante es apasionante y que es uno de los paradigmas actuales para entender desde el comportamiento de las bolsas de valores hasta los comportamientos sociales contemporáneos. Siendo atrevido,afirmaría que la matemática del caos cristaliza las ideas que Isaac Asimov tenía acerca de la psicohistoria.

Dueño de un pluma vibrante y de una sencillez genial Crichton sumerge al lector en el mundo de la paleontología, las matemáticas y la desmedida ambición humana de una manera diáfana que no distrae en ningún momento al amante de las aventuras y la ciencia ficción del argumento principal que nos presenta. Así, antes que a los dinosaurios el lector se enfrenta a la teoría del caos, que antes que los dinosaurios, va a constituir el eje central que atraviesa la historia.

Los personajes son admirables y por completo humanos. El matemático fanfarrón Ian Malcolm hace las veces de profeta del desastre y aún en medio del delirio es capaz de componer brillantes ataques contra la forma en que se aplican los más recientes descubrimientos, sin humildad y con la más desgarradora ambición. A través de este personaje Crichton reflexiona sobre la presunción y el orgullo inefable del mercenario de la ciencia a quien hoy llamamos científico y nos avisa que antes que a la bomba atómica quizás deberíamos temerle a pesadillas más devastadoras y selectivas como las guerras biológicas o la posibilidad de escoger todos los rasgos de nuestros descendientes.

A través de Malcolm, el autor se muestra cínico y despiadado -pero lucido, siempre lucido, aterradoramente lucido- sobre la condición humana que habla de poder amenazar la vida sobre el planeta tierra. Malcolm se ríe de esto y nos recuerda que a través de la historia la vida siempre ha demostrado que puede abrirse paso y que nuestros más grandes temores sólo afectarían nuestro lugar como especie en el planeta tierra.

Una obra vibrante y aterradora que puede capturar por igual al amante de la ciencia ficción como al estudiante de ciencias como al lector común y silvestre que busca una novela tan sólo para entretenerse.

Abuelita, ¿te acuerdas?

Author: Diego Fernando Marín
lunes, agosto 2
Autora: Laura Langston
Ilustrado por: Lindsey Gardiner
Editorial: Beascoa
Recomendado para: primeros lectores.
Libro ilustrado.

A diario tratamos con la memoria sin darnos cuenta de ellos. Constantemente recordamos cosas o perdemos en el último segundo aquello que teníamos en la punta de la lengua. La memoria nos salva o nos hunde constantemente, nos da una idea de identidad y de evolución a través del tiempo. ¿qué sucede con nosotros y las personas a nuestro alrededor cuando la memoria se comienza a desvanecer?
Este es precisamente el tema de Abuelita, ¿te acuerdas?, un maravilloso libro ilustrado que pone a prueba la relación entre una abuela con Alzheimer o demencia senil y su nieta, una preciosa niña que gusta de tocar piano y comer pizza con sus amigas.
De prisa, más de prisa, muy de prisa, esta es precisamente la velocidad de las emociones que el lector puede enfrentar al seguir el relato de Marga y su abuela. Acompañada por las preciosas ilustraciones de Lindsey Gardiner, Laura Langston hace un bello y conmovedor relato de las dificultades, presiones y alegrías que puede tener una familia organizada alrededor de una persona que padece una enfermedad mental, en este caso la pérdida de memoria y de identidad.
Al final se puede encontrar además la receta de uno de los platos típicos norteamericanos, el pie de Manzana. Así que el libro se convierte en una doble fuente de placer.

Un cuento de Roald Dahl

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 30

Oscuro, muy oscuro de Ruth Brown

Author: Diego Fernando Marín
jueves, julio 29

Un alto (breve) en el camino

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, julio 28
Este blog nació el 29 de enero de 2009. En el día de mañana estaremos cumpliendo exactamente un año y siete meses. Contamos hasta el momento con cerca de quince mil doscientas visitas y esperamos que sigan aumentando. Este es el momento de hacer un alto y dar agradecimientos a todos los que ahora nos han seguido:

A Martha Rengifo, Rosa Merino, Elizabeth Ruales, Juan Carlos Ballesteros, David Vásquez, Pollo Hipnótico, los muchachos de Pide Tu Libro, el grupo de Richard de Bury, a la Fundación Casa de la lectura y a muchos otros más que nos han seguido a lo largo de este tiempo. A todos ellos muchas gracias.

Es también época de iniciar una nueva fase en este proyecto que hasta ahora ha sido de realización solitaria. Por un lado tenemos la publicación semanal de los videos (amparados en el artículo 32 de la ley 23 de 1982 en la republica de Colombia, que permite la realización de este tipo de productos siempre y cuando su difusión sea gratuita y sus objetivos pedagógicos. Al menso eso es lo que mi leal saber entiende) y ahora se le sumaran los podcast –que pronto contaran con un canal propio en ivoox. Por supuesto nuestra lista de recomendados y nuestras largas parrafadas de reflexiones se seguirán sucediendo.

A esto se suma un nuevo proyecto. La realización del que esperamos sea el primer libro que sale de estas reflexiones constantes alrededor de la lectura. Para ello, lector constante (espero que King no haya patentado la formula, je je je), solicito también algo de tu colaboración. Aunque la temática central y la probable tabla de contenido del libro (que llevaría el mismo nombre del blog) ya están proyectadas, me encantaría saber cuáles serían los temas que te gustaría se vieran reflejados y ampliados, qué dudas se te presentan y quisieras ver cubiertas.

Gracias amable lector, por estar con nosotros este día y espero podamos seguir compartiendo largos días y placenteras noches…
martes, julio 27

Somos animales de relatos. Una vez en posesión del tiempo comenzamos a relatarnos el mundo, sus orígenes, su futuro, nuestro lugar en él. Los primeros relatos nos ayudaron a localizar el alimento, a delimitar nuestro mundo y a saber quiénes éramos y lo que nos hacía diferente. Los relatos pasarían de generación en generación, se modificarían; algunos se agrandarían y en otros casos desaparecerían. Los relatos nos explican a nosotros mismos y el entorno en el que nos movemos. Sí, los relatos nos hacen humanos. La literatura habla de relatos.
En nuestra vida el gran almacén de relatos de la humanidad pasa a través de la literatura, la cual explora no sólo nuestras posibilidades reales de acción, las que tenemos a mano, las que nos ocupan día a día, sino que nos permite explorar las otras, las remotas, aquellas que nos son ajenas e incluso imposibles. Es a través del relato que aprehendemos nuestras primeras emociones, lo que debemos sentir ante los monstruos y la oscuridad, ante los labios de la amada, ante el rostro desfigurado por la ira, ante la soledad del bosque De manera implícita, los relatos nos entregan el mundo y la cultura que habitamos.
La literatura se moviliza a través del lenguaje y desde el momento en que nacemos nos vemos involucrados con canciones, palabras, frases, cuentos, rimas y ritmos. Cada palabra narra una historia. Los bebés lo saben desde sus primeras palabras. Al principio -ya lo asegura Vigotsky en Lenguaje y Pensamiento-, es en realidad toda una secuencia de acciones cuya interpretación dependerá del lugar y el momento en que son pronunciadas. Una palabra como tete puede ser traducida como dame tete, quiero tete, no quiero tete o que terrible tetero con sabor a cal me han dado el día de hoy, ¡puaj¡ En esa secuencia de ideas ya se halla el germen del relato y de la literatura.
A través de los relatos exploramos la multiplicidad de posibilidades que nos brindan las relaciones de una manera implícita y por lo general amoral -la carga moral se la puede adjudicar el lector (a menos claro que se trate de literatura infantil donde se supone que los niños no pueden leer entre líneas) que por lo general simplemente la olvida. A través de las historias aprendemos sobre el poder, sobre la sexualidad, sobre los árboles, sobre el bosque, el cielo, el amor y el odio. Todo está ya allí. El Quijote no nos habla de la valentía, nos habla de las relaciones de un hombre con la lectura, con sus iguales y con su propio tiempo. Los Miserables nos habla de las múltiples formas del amor y de la misericordia. King nos habla desde el otro lado, nos pide que seamos valientes, que nos esforcemos, que nos aguantemos y que el resto es oscuridad. A través de estas y otras obras exploramos formas de relacionarnos diferentes aunque no vivamos en la España del renacimiento ni nos toque la Francia del Siglo XIX. Descubrimos que esas formas de relacionarnos siguen siendo validas.
La construcción del sentido de lo humano está permeada de manera constante por el uso del lenguaje que se perfecciona a través de la literatura, aún cuando no se sepa leer. Muchas de estas figuras literarias terminan haciendo parte del inconsciente colectivo y se convierten en referentes simbólicos constantes.
Claro, se puede alegar que existe el cine y la televisión y el teatro y la música y la danza. Por supuesto, pero vienen después. En el principio fue la palabra…

Una noche nauseabunda de Bill Watterson

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 23
jueves, julio 22


Martha y David –dos buenos amigos, dos asiduos lectores-, se han mostrado de acuerdo en hablar de su gusto por las letras como un acto por medio del cual se visitan otros mundos y, visitándolos, se logra aprender no sólo sobre los demás sino sobre sí mismo. Tal vez sea esta la función principal de la literatura universal, no sólo de la infantil. Veamos.

Aunque la literatura puede usarse con fines pedagógicos las intenciones de los autores por lo general trascienden esto. De hecho la literatura infantil y juvenil propiamente (es decir, aquella dirigida a un público infantil y/o juvenil con preferencia y arreglo al gusto de los adultos) nace en el siglo XIX. Los denominados cuentos de hadas recopilados por Perrault y los hermanos Grimm eran cuentos de la tradición oral francesa y alemana. Historias que habían transitado por décadas en los pueblos europeos y que beben de la mismas aguas que los mitos y la leyenda; relatos que se contaban entre los campesinos de la época sin importar si habían, o no, niños por allí. El pueblo poco sabe de censura. Muchas veces la moral no tiene mayor utilidad cundo al principal preocupación es la supervivencia. El mismo Perrault sería perseguido por publicar libros que escandalizaron a la cultura burguesa y aristócrata de esa época.

Lo que explora finalmente la literatura no es lo bueno y lo malo (aunque esté incluido) sino la naturaleza de las relaciones humanas. Más allá de cualquier otro arte, la literatura (comprendiendo en ella la manifestación de lo oral) ayuda en la construcción del sentido de lo humano a través de la exploración de las infinitas posibilidades de las relaciones. Bien sean las del hombre con su iguales, con su subordinados y/o con sus superiores; bien sea con las diferentes representaciones de la naturaleza e incluso de lo sobrenatural. La literatura brinda la oportunidad de realizar una exploración virtual a través de la palabra y de los hechos (verosímiles o inverosímiles) que relata.

miércoles, julio 21




Estaremos de acuerdo que reducir la literatura a un uso estrictamente pedagógico es reducir el ser humano a su esqueleto o a su bazo. ¿Qué nos enseña Bukowskii? ¿qué no hay que beber?, o al contrario, ¿qué si se quiere escribir poesía dolorosamente humana hay que beber hasta las heces? Pero planteada en forma de preguntas la cuestión no deja de ser un recurso retórico baladí. Así que entremos en materia.

La reducción del uso de la literatura en la escuela a la búsqueda exclusiva de valores es una cuestión de tipo moral. No podría ser de otra forma cuando, al menos en occidente, ha sido la iglesia católica a la que durante siglos le ha sido encomendada la educación. No ha mucho –de hecho aún hay padres que piden ese tipo de instituciones educativas- la corrección de los menores se hacía bajo el régimen de la biblia y la tabla. Se premiaba a quien se supiera –de memoria- mas salmos y más pasajes de la biblia (no el cantar de los cantares, ese no) y se despreciaba a quien pensara de otra forma. A estos últimos se les intentaba curar de su herejía bajo tiernos cuidados como el ayuno o haciéndolos arrodillar sobre granos de maíz sosteniendo con los brazos extendidos sendos libros de teología.

Pero la culpa no es de la iglesia. La iglesia hacia lo único que se podía hacer en tales casos, buscaba institucionalizar bajo un credo y un paradigma dominante que se consideraba correcto. El libro sagrado de la iglesia católica es la biblia. Es decir la verdad revelada. Es decir una palabra que no se puede discutir y cuya interpretación es de veras complicada. Cuando no se puede discutir sólo queda la opción de memorizar. ¿se nos hace conocido esto? Además de verdad revelada, la biblia cumple la función que toda mitología tiene, entrega un tratado moral a sus seguidores, les dice que está bien y que está mal, dice lo que se puede y no se puede hacer, lo que es propio de los hombres y lo que es propio de los dioses. Bajo de cientos de creencias, paganas o monoteístas, creer implica entregarse a una moral y a la práctica de unos valores. Valores positivos por supuesto; cristianaos, indiscutiblemente.

Estas valoraciones afectan así mismo la relación del lector con el libro. Cuando un libro no es interpretable sino memorizable, no se puede glosar, no se puede subrayar para recordar después (si se puede usar un separador, una biblia de antaño tenía una gran cantidad de cintas de tela que servían de separadores), es un objeto bello que no se puede profanar, que no se puede lanzar contra una pared en caso que nos aburra. Si se le pregunta a un niño que se es un libro nos lo reducirá a una biblia. Todo libro, para un niño pequeño, es una biblia. Sólo los lectores que han logrado introyectar su creencia de manera personal son capaces de subrayar una biblia. Sólo quienes introyectan la práctica de la lectura, superando la idea escolástica de la evaluación, se atreven a tener una relación íntima y personal con la lectura.

Heredamos de la iglesia (la culpa no es de la iglesia – este no es un alegato contra la iglesia-, ella es sólo un accidente) la forma de ver el mundo y por ende asumimos que, al igual que la biblia, toda literatura, todo relato, debe reflejar el mismo orden moral (¿Acaso lo alto no ha de ser reflejo de lo bajo?).
lunes, julio 19


Leemos a Shakespeare, a Borges, a Bolaño (y también a Bolaños), a Stevenson, a Lao- Tse, a King –por supuesto-, a Mendoza, a Benedetti, a García Márquez ;leemos interminablemente autores, relatos, crónicas, cuentos, novelas; leemos porque nos divierte, para estar al tanto de lo último que ha salido, porque algo tenemos que hacer en el baño entre tanto, porque la televisión está llena de programas tan malos que no hay más remedio, porque las filas son aburridorsísimas, para hacernos los interesantes, porque nos obsesiona, para no pensar; leemos porque somos animales de relatos, leemos porque podemos, porque somos humanos.

A menudo en nuestros años de formación nos hicieron leer fárragos enteros de cosas que nunca nos gustaron ni parecían tener nada que ver con nosotros (verbigracia, La Celestina. Como he odiado la condenada historia de Calisto y Melibea, tunantes indecisos). A menudo nos encontramos con tareas que tenían que ver con la disección de la obra (personajes principales, secundarios; ubicación de la trama; resumen, etc.) más que con su comprensión real y, por supuesto, no podía ser de otra forma, con la ubicación de los valores principales de la obra. En lo personal todavía estoy buscando los valores principales (la enseñanza si se quiere, al final todo tiene que apuntar a una enseñanza) de Cien años de soledad. He encontrado dos: No hay que tener sexo con los primos porque los hijos pueden nacer con cola de puerco (en mi caso porque mis primas son feísimas y la única bonita la vine a conocer a los diecisiete años cuando ella ya estaba esperando su primer hijo) y que las cucarachas se matan con el deslumbramiento solar (lo he comprobado con una lupa bajo el sol de verano, como se retuercen las condenadas). El libro tiene como quinientas hojas y de esas historias llenas de sexo y violencia no he podido sacar más enseñanzas. Curiosamente eso no parece quitarle nada de su valor literario.

Cada vez que me enfrento al comentario realizado por un docente – o futuro docente- sobre una obra cualquiera no puedo evitar sorprenderme frente a la infaltable aparición del valor de la obra: el cuento nos enseña…Hay casos peores sin embargo, relatos preciosos que terminan siendo condenados por la ausencia de una enseñanza palpable. Entonces los comentarios que surgen son por completo descalificatorios: no perdería el tiempo leyéndole este cuento a mi hijo (hija, alumno, hermana, cónyuge, etc.). En definitiva el libro – la historia, el relato literario- sólo puede subsistir cuando su enseñanza es palpable, mensurable, usable; el libro es sólo una excusa para hacer pedagogía (No hay que olvidar el revuelo causado por Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, en el momento de ser publicado, ante todo porque su personaje principal –Max- no era castigado por sus acciones).

Y si la literatura, estimado lector, tiene beneficios que van más allá de su simple valor pedagógico, ¿cuáles serían estos? Intentaremos responder esta cuestión en las siguientes jornadas.

Donde viven los monstruos (Video)

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 16

La ciudad como texto: skateboard

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 13


“Con una tabla de patinar no se puede tener cuidado, hombre.”

Un Chico. It. Stephen King.

Tarde o temprano todos tuvimos la experiencia. Jugueteamos un poco con esa tabla de cuatro ruedas. La impulsamos, la giramos, nos dejamos caer por un declive hasta que al fin nos decidimos y comenzamos a intentar nuestras propias piruetas. Nada arriesgado por supuesto, quizás un derrape, saltar con ella. Entonces, por nada, la bendita tabla nos muerde las pantorrillas o nos hace probar el polvo. Nada que hacer, se acabaron los escarceos amorosos; los patines, las bicicletas son artefactos más seguros, veloces, autónomos y divertidos. Los más, desde la increíble cima de sabiduría que ostentamos a los doce años, abandonamos la tabla de patinaje y nos vamos a otra cosa. Pero hay otros, unos cuantos, los menos, que parecen haberse negado a envejecer, los que no se resignan, los que nunca aprenden a tener cuidado y terminan conquistando unas cumbres inmensas y aparecen sonrientes en ESPN antes de otorgar al mundo algo de gracia y belleza.

En Cali son pocos. En Nueva York, Estocolmo, París o Londres, pueden ser más. En cualquier parte parecen ser mirados como rebeldes sin causa con complejo de Peter Pan. Hay mucho de eso, por supuesto, ver a un hombre de 45 años, con pantalones cortos, rodilleras, coderas y casco mientras va impulsando una tabla de patinaje al borde de unas gradas no causa una buena impresión. Eso, en definitiva no puede ser serio. Excepto que es mortalmente serio, un deporte de competición en donde para poder triunfar se exige un desempeño y una sangre fría que rayan en el absurdo. Y si vamos a ridículos, qué puede ser más ridículo que un grupo de hombres panzones que se reúnen los fines de semana a correr detrás de un balón y celebrar cada gol con unas cervezas y el final del partido con una buena fritanga. Pero nos extraviamos.

Para el skateboard, aquel que se ha formado en la calle, aquel para quien su tabla de patinaje es una suerte de libertad, la ciudad entera es una pista de de entrenamiento diario. Sin embargo mientras el ciclista, el caminante o quien patina, buscan una vía suave y despejada de obstáculos sobre la cual desplazarse, el skateboard buscará unas gradas, unos pasamanos, una hondonada.

Esto por supuesto ha tenido sus inconvenientes. Los practicantes de skate son gregarios por naturaleza. Andan en grupos de 4 ó 5 personas, que se reúnen frente a un edificio o un centro comercial, practicando una y otra vez los mismos movimientos, hasta la perfección o el hartazgo. Siempre se ven los mismos tipos de pantalones, las mismas camisetas, los mismos rostros concentrados y hay quienes juran que tienen los mismos tatuajes. Eso por supuesto puede llegar a ser intimidante, sobre todo cuando toda la indumentaria está acompañada de un rostro feroz de determinación.

Si para un traceur la ciudad entera es un campo de entrenamiento, la ciudad de los skates es más parecida a minúsculas islas perdidas en océanos de nada. Las islas están constituidas por pequeños parques o estacionamientos donde los obstáculos puedan ser divertidos. Es curioso, porque los parques que se han diseñado para ellos se pierden devorados por la maleza. Eso sucede en Cali y en París. Los skates consideran esos espacios de la misma manera en que un conquistador pionero recorrería un parque botánico, espacios demasiados domesticados para que puedan ser divertidos y desafiantes. Hay parques, construido para el solaz de ancianos que van a alimentar palomas, que tienen bancas y bardas y escalones que pueden constituir un verdadero reto para los practicantes del skate. De alguna manera parece ser que en esos espacios los tubos están en el ángulo correcto o las escaleras tienen el número de escalones adecuados. Encontrar un lugar así puede llegar a ser una fuente de alegría, como si Moisés hubiese podido entrar a Nuevo Canaán.

Esto por supuesto ha llevado a que muchas ciudades emprendan una guerra silenciosa pero definitiva contra este deporte. La ciudad quiere deportistas domesticados (no se puede hacer nada contra un traceur cuando cada nuevo obstáculo pasaría a ser un nuevo reto), confinados en sus escenarios deportivos, verlos por ESPN no en los parques o en las calles. Así que si una barda, un arcén proporcionan un buen ángulo o una superficie de deslizamiento adecuada para congregar a un grupo de aficionados se le ponen de inmediato trabas, bandas de metal o interrupciones bruscas.

La ciudad parece estar ganando esta guerra. Quienes lo habitan parecen ser más felices de esta forma. Mientras tanto los skates siguen insistiendo en encontrar sus oasis, sus vías, sus pistas de entrenamiento conquistadas con esfuerzo arte y tesón, en medio del océano de concreto.

La ciudad como texto: Parkour

Author: Diego Fernando Marín
lunes, julio 12



El parkour nace en Francia a inicios de los años 90 y en conocido también como el arte del desplazamiento. Existen dos modalidades la rural y la urbana. La diferencia se encuentra en la naturaleza de los obstáculos que se puedan presentar (para saber más sobre el parkour y su historia puedes remitirte, amable lector, al artículo que wikipedia tiene sobre el tema).

Según la geometría euclidiana, la forma más rápida de llegar de un punto a otro es la línea recta, para la geometría no euclidiana es la curva y para la astrofísica está el hiperespacio. En el parkour no sólo importa la manera más rápida de llegar de un punto a otro sino que el desplazamiento ha de ser fluido y dotado de belleza. Así, lo que un observador externo puede ser significado como fanfarronería o gran habilidad es en realidad la búsqueda de una expresión estética a través del cuerpo como objeto de desplazamiento. Si se quiere se puede comparar al performance. Para el traceur (nombre que se le da al practicante de parkour) la ciudad es su hoja en blanco y su pluma es cuerpo que se desplaza.

El lector común de la ciudad la ve como un entramado de obstáculos a superar por medio de unas vías que tienen ciertas direcciones y señalizaciones. Para un traceur estos mismos elementos son vividos como una serie de oportunidades. En primer lugar porque las señalizaciones están hechas para que los grupos de personas que van a lugares similares puedan desplazarse sin fracasar en el intento, un simple ejercicio de convivencia ciudadana. Esto se traduce como una manera común de significar el espacio. El traceur tiene una visión diferente de ese mismo espacio, una visión más artística. En ella un auto que se atraviesa no debe ser necesariamente rodeado, puede ser saltado e incluso pasado por debajo. Es el mundo de quienes aplican una geometría no euclidiana en un espacio sumamente euclidiano.

Si el ciudadano común ve un edificio como un lugar de habitación donde se pasa de un piso a otro a través de las escaleras, el traceur bien puede hacer el mismo ejercicio subiendo por la fachada.

Hay una gran diferencia entre lo que vemos que se hace y lo que puede significar. Cuando un traceur escala la fachada de un edificio no está poniendo en peligro su vida. Él (o ella, dado el caso) se ha asegurado de tener el entrenamiento suficiente para abordar ciertos desafíos sin mayor peligro, o quizás con el mismo que asumimos los ciudadanos comunes al salir diariamente.

Si usted va a practicar parkour si le podemos asegurar que su vida como novato será difícil e incluso dolorosa ya que estamos acostumbrados a movernos de manera torpe y pesada en el mundo (A menos que usted emule a Billy Elliot). Pero el esfuerzo valdrá la pena ya que el parkour puede revelarle una manera nueva de ver esta ciudad que habitamos.