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Bibliotecas II (Bibliotecas Públicas III)

Author: Diego Fernando Marín
viernes, mayo 29
Idealmente las bibliotecas públicas deben estar al servicio y disposición de cualquier tipo de usuarios. Sin embargo con la Biblioteca Departamental y otras bibliotecas públicas tiene lugar una sencilla paradoja. En su búsqueda de diferenciarse de las bibliotecas escolares y atraer otro tipo de usuarios buscan (casi con desesperación me atrevería a decir) desestimular la afluencia de los estudiantes de primaria y bachillerato a sus instalaciones. No afirmo con esto que no se ofrezca un buen servicio ni una buena atención a estos usuarios (¿cómo podría haberlo si más del 70% de sus visitantes son escolares?) sino que su material no es apto para las “investigaciones” que las entidades educativas envían a realizar a sus estudiantes. Aquí nos encontramos con una doble falencia, la biblioteca pública no está interesada en cubrir una demanda que cada día es más acusada dentro de un sector de la población y, por otro lado, lo que la educación colombiana denomina “investigación” se asemeja más a una caza del tesoro de definiciones y conceptos enciclopédicos que no los preparan para la educación superior ni para las exigencias de un mundo mediático superficial, tendencioso y en apariencia más interesado en confundir que en profundizar.
Un ejemplo de esta falencia investigativa y académica se puede encontrar en la definición que de los mitos se da en las instituciones educativas (verbigracias, una narración fantástica que da cuenta de los orígenes del mundo) y que se circunscribe principalmente al estudio de los mitos griegos y, sí acaso, las mismas historias de los Chibchas (Bachúe) y los Ticunas (el origen de los hombres) que se contaban hace cincuenta años. Como si las investigaciones sobre folklore colombiano y latinoamericano se hubiesen detenido en el tiempo.
A nivel mundial también encontramos un atraso considerable en los servicios virtuales ofrecidos por las bibliotecas. Las páginas web suelen destacarse por su pobreza tanto en servicios como en contenidos interactivos que en muchos casos se hallan fuera de foco (un ejemplo de estos e puede observar en los contenidos “infantiles” de la Biblioteca Luis Ángel Arango que aunque pretender ser innovadores alejan al usuario potencia con un tipo de letra ridículo e incomodo). La biblioteca del centro Cultural Comfandi no existe y bajo la referencia de Biblioteca en la página del Centro Cultural, lo único que se halla son los precios y contactos para el alquilar de las diferentes salas para eventos.
Colombia, sin embargo, no es la única que tiene fallas en este aspecto. El espacio virtual de la Biblioteca de Alejandría (al menos en lo que para niños se refiere) es tan sólo una colección de vínculos a páginas que en muchos casos son comerciales (Marvel Comics, por ejemplo) sin tener un contenido del que se pueda disfrutar. Lo curioso de esto es que otro tipo de páginas relacionadas con la lectura (la revista virtual imaginaria, blogs -este entre otros tantos-, grupos de intercambio de libros) marcan desde hace unos años una tendencia de la que al parecer las bibliotecas públicas (Sí, la del Congreso de Estados Unidos también) parecen ignorar por completo.

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