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lunes, febrero 16



Antaño, las bibliotecas constituían unos órdenes cerrados a los que no se tenía acceso fácilmente. Ese universo estaba guardado además por un Cerbero rígido que tenía poderes monásticos sobre los libros y que decidía demás si quien consultaba podía, debía, o estaba en edad de leer lo que su curiosidad le indicaba. Por ejemplo, pedir a la edad de doce años un libro como “Pantaleón y las visitadoras” podía terminar en un fuerte interrogatorio sobre la moral del lector.
La clasificación de los libros por edades cumple una función similar a la de esos Cerberos de antaño, procura organizar los libros de tal manera que no haya posibilidad de contaminación moral alguna a la hora de elegir un libro para un niño. Y sí, el problema es de moral.
Para muchos padres y docentes, principalmente (las editoriales se mueven conforme unas demandas, eso lo veremos en una próxima ocasión), la lectura es una ventana a mundos peligrosos que debe tener control alguno. Se cuidan mucho que esos terribles sucesos del “sezo” (imagínese la frase pronunciada por una voz chillona y con las vocales arrastradas) puedan aparecer en un libro para niños y jóvenes; dios no lo quiera, o, ¡por dios!, como le pueden hablar a los niños de cosas que no sean los paraísos de mermeladas. La lectura es permitida para los niños en muchas ocasiones porque instruyen, porque son didácticos y moralizantes (sobre este punto trataremos en una próxima ocasión), por lo tanto se pretende que sus contenidos traten de fabulas y ejemplos alegóricos acerca del buen comportamiento y a medida que crecen se les permite la inclusión de temas que traten sus conflictos actuales pero siempre que ello pase por un tamiz moral (son incontables las hordas de docentes y padres felices porque los jóvenes leen “Juventud en Éxtasis”, libro conservador y moralizante donde los haya).
La clasificación de libros por edades mantiene además una ilusión de progresión que no existe. Es decir, como si los libros fueran obstáculos a saltar, como si al tener determinado número de años sólo se pudiera tener acceso a un determinado número de libros, estando los demás o muy avanzados o muy atrasados para acceder a ellos.
La clasificación por niveles de lectura que hemos trabajado en este blog corresponde a la realizada por Jim Trelease, uno de los más grandes difusores de lo que podríamos denominar “cultura de la lectura” en Estados Unidos. Sin embargo no es la única. Editoriales como Fondo de Cultura Económica y Alfaguara, en su colección Nidos para la lectura, tienen su propia clasificación por niveles de lectura. La intención en este caso es la de guiar a padres y docentes en la elección de los libros para niños teniendo en cuenta los avances personales de cada niño respecto a su proceso lector. Eso quiere decir que hay diferencias en los procesos conforme las edades.
La clasificación de libros por edades estandariza, la clasificación por niveles de lectura, individualiza al niño teniendo en cuenta sus avances y sus deseos.
  1. ¡ESTOY DE ACUERDO CONTIGO!
    Muchas "bibliotecas" todavía tienen ese Cerbero, pero ahora es peor, porque se cree
    promotor de lectura

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