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EL NUEVO PARAÍSO DE LOS TONTOS

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 31

Escrito por Hernán Casciari
Editado por Plaza Janés
Recomendado para Jóvenes lectores
No ficción


Si el nombre de Hernán Casciari aún no le dice nada, quizá debe probar con Orsai, que es el nombre con el que ha hecho carrera, con el que ha firmado en internet y el que le ha dado a la revista que ha dado a luz con la editorial homónima. Orsai es una marca en sí misma, y ha sido reconocida tanto en Europa como en Latinoamérica. Por supuesto, no estamos hablando de los grandes tirajes de, irónicamente Plaza Janés y/o Random House Mondadori –que es decir lo mismo con diferente nombre-, pero se trata de un esfuerzo valiente, honesto y enorme.

En el nuevo paraíso de los tontos, Casciari reflexiona sobre lo que ha implicado ser reconocido en su oficio a través de un blog – verbigracia, Orsai-, pero también como las redes sociales ha influido en nuestra cotidianidad, como en la forma de hacer negocios; las formas de entablar relaciones, entre hombres y mujeres, entre patologías, entre formas diversas de andar por el mundo; la influencia que tiene en la literatura e, incluso, como se ha convertido en un nicho para los tontos. Curiosamente el texto final nada tiene que ver en la relación del hombre con la infotécnica, sino que se centra en como un medio analógico sirve para comunicar a un padre muerto en la guerra con su hijo trece años después. El resultado es la maravillosa, encantadora, nostálgica y hermosa, Instrucciones para la masturbación del hijo.

El conjunto de textos además, es hipnótico. Una vez lo tuve en mis manos no pude parar hasta acabarlo. Y si bien, muchos de los elementos que menciona Casciari ya han dejado de ser fenómenos –los blogs, Facebook-, las reflexiones que hace acerca de la forma en que nos relacionamos con las redes sociales y, a través de esta, con el mundo, no dejan de ser exactas. El algunas ocasiones tristemente exactas y actuales.

En mi caso, compartí con algunos de mis estudiantes La Luna, a retazos y en liquidación, donde Casciari cuenta como es dueño de un acre de la luna por solo 20 dólares. La historia, en apariencia inverosímil, da cuenta de un negocio que existe y que funciona en la actualidad, pero que permite a Casciari reflexionar acerca de lo que es en verdad valioso, y cómo existen nuevas formas de reinventar el mundo, a partir de lo verdaderamente significativo.

A mí no me importa la Luna. Pensándolo bien, la Luna está entre las cosas que menos me importan de la vida. Pro por suerte, veinte dólares también. Y entre poder decir en una sobre mesa “tengo un pedacito de la Luna” y decir “tengo veinte dólares” yo sé muy bien lo que hay que hacer. Hay que comprar un libro, hay que comprar un disco, hay que comprar la Luna. Cosas pequeñas e inútiles que tengan la capacidad de convertirnos en chicos. No en chicos a los que les han robado el chocolate en el recreo, sino en chicos con el sabor del dulce en la boca. (p. 56)
    
Es un libro para leer, para conservar y, también, para compartir línea a línea, risa a risa.       

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