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EL GATO QUE VENÍA DEL CIELO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 21

Autor: Takashi Hiraide
Traducido por: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial: Alfaguara
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     Nunca he terminado de entender esa fascinación que muchas personas tienen por los gatos. Martha Rengifo hablaba hasta la saciedad (de los otros) de Genio, el gato que hacía lo que le daba la gana, incluso acostarse sobre el teclado cuando ella estaba escribiendo. Martha Rada (Tengo demasiadas Marthas en mi vida) tiene su Facebook lleno de la misma foto de Obelisca, su gata, en el mismo sueño sempiterno. Mientras Nathalie Lunajaguar acaba de publicar una foto de su gata sobre este libro, mucho mejor que la que yo he publicado (ella tiene un gato real mientras yo no.) De hecho, el único gato que me gusta es Garfield, aunque nunca me gustaría encontrármelo en la misma habitación.
     Ha llegado el punto que muchos animales de los animales dividen a las personas entre amantes de los gatos y amantes de los perros. Como decía, nunca he entendido esta fascinación, aunque El gato que venía del cielo casi ha logrado hacerme entender esa idea, contemplar incluso la idea de adoptar un gato.
     La idea que atraviesa este libro es la del relámpago y la del centelleo como elementos subyacentes a toda la historia. Incluso en uno de sus capítulos, Hiraide discute la diferencia entre inazumatori e inazumadori, dos ideogramas, dos conceptos, escritos de igual manera pero que significan cosas diferentes. Así, de acuerdo a Hiraide, “la captura del destello es inazumatori. Atrapar cualquier cosa que tiene un movimiento como de destello es inazumadori.”(p. 87). En este sentido lograr escribir acerca de Chibi, el gato de la historia, sería inazumatori, en tanto que la novela misma, que atrapa un instante de la vida del autor, sería inazumadori. Por supuesto, se trata tan sólo de una interpretación.
     El gato que venía del cielo narra el encuentro que tienen una pareja de esposos con un gato, Chibi, pequeño, ingresa a sus vidas, adoptándolos de esa manera tan propia que tienen los gatos con los seres humanos y compartiendo un instante de sus vidas con ellos. Debe decirse que la acción es poca, que los hechos narrados están salpicados en medio de profundos instantes de contemplación acerca de las formas en las que están construidas las casa o la disposición de los jardines e incluso el juego con las libélulas. Y en medio de todo eso, el juego de Chibi,
Cuando vagábamos juntos por el jardín, su cuerpo se ondulaba como una ola. Era su forma de comulgar con el entorno antes de echar a correr como poseído, trepar hasta la copa de los árboles y, como si quisiera escapar hacia alguna parte, su cuerpo entero temblaba, se estremecía antes de prepararse a dar un salto. Muchas veces me permitió ser testigo de aquellos instantes de éxtasis (p. 69)
El gato que venía del cielo, se convierte de esta forma en un vistazo al mundo de los gatos, pero también en un vistazo al mundo japonés, y en cómo podemos ser transformados si tan solo dejamos que lo otro, sea humano o animal, nos toque.        
Foto robada a Nathalie Lunajaguar.