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RETRATOS DE CAROLINA

Author: Diego Fernando Marín
martes, febrero 2

Autora: Lygia Bojunga
Traducido por: Santiago Ochoa
Editorial: Grupo Editorial Norma
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela

Ser lector es hacer parte de una comunidad que en un aspecto de su vida se identifica con la lectura. Así, los lectores hablan entre sí de sus vidas, odios, amores, películas y, por supuesto, de libros.  No solo de los clásicos o los best sellers, en ocasiones sale el tema de la calidad literaria, en otras del último libro publicado por tal o cual autor, del último libro adquirido o recordado o, como en este caso, del último leído que es digno de recomendación.
Retratos de Carolina fue descubierto por Danny entre las estanterías de la biblioteca escolar, mientras hacía una selección de libros escritos por mujeres para recomendarles a los chicos (Hoy la exhibición es de libros firmados por escritores a los que Danny se ha acercado a lo largo de los últimos cinco años para pedirles un autógrafo para la biblioteca del colegio). Por supuesto el nombre de Lygia Bojunga no le era desconocido, razón por la cual se sumergió entre sus letras para acto seguido hablar de él como quien no quiere la cosa.
Las recomendaciones entre los lectores suelen empezar algo así como: Mirá –hay que recordar que soy caleño- acabo de leerme un libro… y terminar con …a vos te gustaría oís. En este caso la verdad, el resumen de Danny si me atrajo, de manera tal que paso de inmediato a mi cola de libros para leer  (¿Vos no tenés el día señalado también? – me pregunta Danny mientras me hace el préstamo de Retratos de Carolina. Le digo que sí, pero que me llamó la atención el que me acaba de describir. ¿Y por qué no volvés por él cuando acabés el otro? Aclaro que Danny tiene que luchar contra la perenne costumbre de los docentes de tomar prestados libros para que acumulen polvo en sus mesas de trabajo. Así que solo lo mando al diablo, le recuerdo que soy su mejor usuario y me llevo Retratos de Carolina.)
Bojunga no es nueva en la literatura, y su oficio le ha valido los premios Astrid Lindgren y el Hans Christian Andersen. No es nueva en la literatura y eso se nota en cada palabra, en cada frase de esta novela. No borda frases con una retórica complicada. Nos cuenta la vida y desengaños de Carolina en varias instantáneas a lo largo de su vida, nos la dibuja curiosa, juguetona, inteligente, autónoma, adorando a su padre, enamorándose de los espacios; siendo terca, mandona, apasionada y, también, tonta. Así, el lector conoce a Carolina desde sus seis años y la sigue hasta que se rebela contra su autora, rompiéndose la cuarta pared como recurso narrativo, para exigirle un final más positivo (No feliz, solo positivo) de sus acciones y posibilidades. Bojunga accede ante Carolina, pero, como todo escritor, termina haciendo lo que se le da la gana.    
Por otro lado, se trata de un libro profundamente feménino, no porque su protagonista sea mujer, sino porque habla desde el lugar y sensibilidad de la mujer, sin pintar una criatura dócil sin voz. Por el contrario, Carolina tiene una forma propia de ver el mundo, de fijarse en los objetos que lo amueblan,
Quien diseñó el escritorio obviamente tenía problemas relacionados con lo convencional: No sólo este era diferente a la mayoría de los escritorios, sino que, en sí mismo, no se repetía. Así, las gavetas que se situaban a los dos lados, vecinas del espacio vacío donde el papá extendía las piernas, no solo tenían alturas diferentes, sino que el interior también variaba: las más altas no tenían compartimientos adecuados para documentos y ficheros; las del medio tenían compartimientos que también variaban; dos de ellas tenían llave(los asuntos íntimos), las otras, sólo manijas; además del espacio para las piernas, una de altura pequeñísima, donde el papá dejaba bolígrafos, lápices, borradores, resaltadores, cortapapeles, tijeras, ganchos y un montón de artículos imprescindibles que encontraban allí su morada ideal. (p. 79)
Yo que no hablo de libros sino por el medio del blog, y en algunas ocasiones puedo balbucear una que otra idea, te pregunto Danny, ¿Cuándo dejó aquí de hablarse de un escritorio y se pasó a describir un alma?, ¿cómo se llama esa figura literaria? Así que a riesgo de seguir de manera indefinida, a la manera de Neruda con su Libro de las preguntas, y sabiendo que seguiremos nuestra conversación en los pasillos del colegio –al menos mientras se pueda- solo puedo terminar agradeciéndote esta recomendación que hoy hago a los lectores.