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ANTOLOGÍA

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, noviembre 30

Autor e ilustrador: Katsuhiro Otomo
Traducido por: Olinda Cortukes
Editorial: Norma Editorial
Recomendado para Lectores en marcha
Manga

     No recuerdo cuando comencé a leer ciencia ficción. Mucho menos recuerdo el momento en que conocí que las historietas iban mucho más allá de Batman y Superman, de alguna manera había llegado a mis manos una revista llamada Heavy Metal. En aquella época, en algún momento entre los finales de los 80´s y mediados de los 90´s supe lo que era la trasgresión y lo que significaba seguir una estética.

     En algún momento también, tal vez cuando existía un canal llamado Locomotion, llegué a una obra cinematográfica inmensa, Akira. Solo tiempo después vendría a saber que se basaba en un manga (Cuánto tiempo recuerdo haber pasado intercambiando los sustantivos manga y anime para referirme a las historietas japonesas y a los dibujos animados del mismo origen) homónimo.

     El nombre del autor de Akira es Katsuhiro Otomo, su obra crece a partir de la admiración por el cine occidental y es magnífica.

     Mi primer contacto con Antología fue gracioso. Comencé a ojearla de izquierda a derecha y no le encontraba ningún sentido a esa primera página. Solo entonces recordé que se trataba de un manga y que se comenzaba en sentido contrario que nuestros libros. Entonces comenzó el asombro, entonces retorné a la niñez.

     Retorné a esas viejas historias que me impedían despegar mis ojos del papel; historias trágicas que ironizaban sobre el sentido de la existencia; historias profundamente melancólicas que extendían sus brazos hacía el futuro; historias que extrapolaban las consecuencias de nuestras guerras y capacidades destructoras; historias que desnudaban el sistema. Eso reencontré en Antología de Katsuhiro Otomo.

     La obra es un conjunto de trece relatos gráficos de calidad irregular, y sin mayores datos acerca de otros artistas que hayan acompañado a Otomo, como suele ser común en el cómic estadounidense, incluso en la versión norteamericana de Akira. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en autores como Otomo, la calidad irregular está siempre por encima de la media y no deja indiferente – ora a través de la risa, ora a través de la violencia, ora través de la ironía- al lector.


     En resumen, no hay que ser un fan del manga para disfrutar esta obra. Lo único que se requiere es acostumbrarse a leer de derecha a izquierda y, en ocasiones, un corazón fuerte. 

PAGINA DE DIARIO. Tercera entrada. 29/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
martes, noviembre 29
Todo el proceso comenzó por un baúl siendo llevado solo un día a la semana con libros para ser prestados. No podían ser más porque no tenía lugar en el aula, es decir que no tenía donde colocarlos ni idea de cómo prestarlos de manera eficiente. Es importante decir que la biblioteca del colegio tiene un buen número de libros de muy buena calidad. El problema con ellos es que los estudiantes ya los conocen. No me importaba la novedad en el tiempo, si no en conocimiento.

Una cosa que no me gusta de los diarios es su desorganización. Es decir, es difícil seguir en ellos una ilación lógica, al menos tan lógica como quisiera. Así, el único orden que puedo intentar llevar es el de las ideas que van surgiendo. Empero, no todo es malo con el diario como forma de recoger ideas, puesto que permite al investigador recoger esas primeras ideas –así, en bruto- para luego poder trabajarlas, refinarlas y confrontarlas a medida que pasa el tiempo.  De hecho, siendo completamente fiel al proceso, no debería siquiera devolverme a corregir los múltiples errores de ortografía y/o digitación que voy cometiendo a medida que avanzo. Pero en un primer momento, el diario o bitácora de campo es personal; este no lo es.

     Creo que en la primera entrada de este diario referí que en algún momento la lectura en voz alta me hastió. Lo hizo porque me cansé de leer una y otra vez las mismas cosas, no importaba que los chicos fueran cambiando una a uno; no importa que yo también fuera cambiando y que, por supuesto, los libros van mudando de piel a medida que van siendo leídos. En algún momento me sentí ejerciendo una acción mecánica, mis labios se abrían y cerraban, mi voz desgranaba frases, pero yo ya no estaba ahí, mi espíritu hacía listas de mercado o pensaba que hacer justo a continuación o me irritaba con ese único alumno que estaba desinteresado. Así que poco a poco fui espaciando la actividad. La clase estaba primero, dejé de cargar libros y, como no podía de ser de otra forma, algunos chicos hicieron la pregunta que de alguna manera también esperaba, ¿Por qué no nos has vuelto a leer?    

     No tenía ninguna manera de responder de una manera que pareciera siquiera lógica. ¿Qué podía decirles?, que mientras leía por vigesimosexta vez las mismas líneas en el mismo salón, mi espíritu estaba disfrutando otras lecturas que eran más extensas, y que la regularidad de mis clases no me permitía compartirles las lecturas que me gustaría; que me gustaría que pudiéramos ir más allá y que se entusiasmarán por La biblioteca de noche o por Danza de dragones o por Leyendas del abismo (¿alguien sabe cómo leer novela gráfica en voz alta ante un grupo de más de tres personas?)o por Neuromante o por As you like it.

     Mi respuesta en ese momento fue comenzar a traerles libros de mi biblioteca. Así que me conseguí un baúl que alguna vez contuvo todas las historietas de Tintín, y arramblé con Cartas al Rey de la Cabina, Visiones peligrosas I, Jurassic Park, Dos años, ocho meses y veintiocho noches – que acababa de leer en ese momento-, y Tú, el inmortal, entre otros títulos que fui añadiendo. Además les compartí Instrumental y Voces de Chernóbil, aunque no pude prestárselos porque no eran míos.


     Ese sería el comienzo de un proceso que hoy está en movimiento y al cual me referiré in extenso la próxima entrada.   

SALTARÉ SOBRE EL FUEGO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 28

Autora: Wislawa Szymborska
Ilustrado por: Kike de la rubia
Traducido por: Abel Murcia y Gerardo Beltrán 
Editado por: Nørdica Libros
Recomendado para: jóvenes lectores
Poesía


                ¿Es justo decir que un libro se termina mucho antes de que quisieras? Mejor, ¿es posible que un libro se termine mucho antes de que se desee?, ¿más aún si ese libro es de poesía? Porque eso es justo lo que me acaba de suceder con Saltaré sobre el fuego

     Entendámoslo. No es que me queje. La edición de Nørdica Libros es quizá la mejor que he leído de un libro de Szymborska. Sus páginas son de un grueso papel fino; el encuadernado parece estar hecho para resistir el paso del tiempo; las ilustraciones, que figuran entre lo figurativo y lo abstracto, brindan solidez –no se me ocurre una palabra mejor- al volumen; por último, la selección de poemas es exquisita. Parcial, pero exquisita.   

     Por otro lado, la mayor parte de los libros de Szymborska son insatisfactorios. Me refiero a que la mayor parte de los libros que de ella he leído son antologías, como este, no obras completas. Las antologías son buenas para iniciar con un escritor, te permite conocerlo un poco, tantearlo, indagar si te gustaría profundizar en él. Una antología, entonces, es como una primera cita. Pero, hay que decirlo, no es fácil, tener una relación profunda con Szymborska; es un poco como esa película mala de Adam Sandler, 50 First Dates, donde un hombre intenta tener una relación con una mujer que no tiene la posibilidad de generar nuevos recuerdos. Szymborska es maravillosa, aunque la edición de sus libros es frustrante. 

     Con todo, Saltaré sobre el fuego, me permite que mis estudiantes indaguen un poco en ese verso libre, irónico, mordaz, sensible, cotidiano, que la hacen tan ella, tan única. 

     Los puristas agradecerán que se trata de una edición bilingüe; quienes apenas la conozcan tendrán una magnífica primera cita. Más allá de ello, quien quiera tener una relación más profunda, deberá tener paciencia y constancia, los secretos de cualquier relación verdadera. 

     Por último, y para no perder la costumbre, transcribo uno de esos poemas que Martha podría admirar, 

     UN GATO EN UN PISO VACÍO

     Morir, eso no se le hace a un gato. 
     Porque qué puede hacer un gato 
en un piso vacío.
Trepar por las paredes. 
Restregarse entre los muebles. 
Parece que nada ha cambiado 
y, sin embargo, ha cambiado.  
Que nada se ha movido, 
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende. 

Se oyen pasos en la escalera, 
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato tampoco 
es aquella que lo ponía.   

Hay algo que no empieza 
a la hora de siempre. 
Hay algo que no ocurre 
como debería.
Aquí hay alguien que estaba y estaba, 
que de repente se fue 
e insistentemente no está. 

Se ha buscado en todos los armarios. 
Se ha recorrido la estantería. 
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. 
Incluso se ha roto la prohibición 
y se han desparramado los papeles. 
Qué más se puede hacer. 
Dormir y esperar. 

Ya verá cuando regrese, 
ya verá cuando aparezca. 
Se va a enterar 
de que eso no se le puede hacer a un gato. 
Irá hacia él 
como si no quisiera, 
despacito,
con las patas muy ofendidas. 

Y nada de saltos ni maullidos al principio.  
martes, noviembre 22

    Hace ya un tiempo dejé de emplear solo las carátulas de los libros en las reseñas. Se ha convertido en un reto “escenificar” cada uno de los libros, aunque en muchas ocasiones me he terminado repitiendo. Detrás del primer volumen de Wild Cards (ya reseñado) se encuentra el germen de lo que es hoy la biblioteca de aula, debido a una mezcla de cambios, persistencia y mucha suerte.



     Hace unas pocas horas terminé de leerme de nuevo Un monstruo viene a verme de Patrick Ness (ya reseñado con anterioridad).  La novela de Genji (por reseñar) me sigue acompañando en el maletín y la planeación para el segundo período de octavo va a girar alrededor de No comas renacuajos de Francisco Montaña (también reseñado ya). Los libros me han acompañado toda la jornada. Sin embargo hay una pregunta que me ha rondado en las últimas semanas, ¿para qué enseñamos literatura en el aula?

     La respuesta no es sencilla por supuesto. De hecho, creo que se trata de una respuesta en proceso, de un trayecto inacabado, de un edificio a construir –una suerte de Sagrada Familia-, sobre el que no hemos terminado de ponernos de acuerdo. ¿Trabajamos para que nuestros alumnos se conviertan en nuevos lectores?, ¿empelamos la literatura para que lean todo con lupa, como quien lee los contratos de préstamos de los bancos?, ¿empleamos la literatura para formar mejores personas? Y si es así, ¿qué mecanismos de censura ponemos en marcha?, ¿sirven para algo?, ¿el Coronel Aureliano Buendía conoció en verdad el hielo alguna vez o se trataba de una metáfora acerca del desamparo?, ¿terminó el periplo del pistolero en la puerta de la Torre Oscura?, ¿se encontrará el principito de nuevo en su asteroide? No lo sé. Paso con rapidez de preguntas estructurales a preguntas relacionadas con el deseo.

     Construyo mi planeación alrededor del rastreo de las formas de violencia presentes en No comas renacuajos. Quiero que los chicos de octavo aprendan a rastrear una idea en un texto, que aprendan a seguir un hilo de Ariadna en medio del laberinto de las palabras. Elizabeth, mi esposa, se ha burlado un poco. Te vas a tirar el libro, me dice con sorna. Las funciones de una bibliotecaria y de un docente son diferentes, le respondo con rapidez a la defensiva. Además, primero lo vamos a leer de un tirón, añado con rapidez. ¿En realidad me tiraré el libro? He vuelto a derramar unas pocas lágrimas al acercarme a las últimas páginas del libro (¿novela?, ¿cuento?, ¿por qué novela?, ¿por qué cuento?) de Montaña. ¿Sucederá lo mismo con los chicos? Solo tengo una forma de saberlo, implementar la idea, los elementos conceptuales, leer el libro con ellos, discutirlo, cuestionarlos, conducirlos a que se enfrenten a la realidad a través de una historia que ellos rastreen y que puedan convertir en una crónica, y luego evaluar qué ha sucedido con todo el proceso.

     El día de hoy no les he leído a los chicos. No he encontrado el libro adecuado. Sin embargo, este fin de semana compré libros para la biblioteca de aula. Pero como dijo Ende, esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

     Gracias por la compañía, querido lector insomne.

       

PÁGINA DE DIARIO. Primera entrada. 21/XI/2016

Author: Diego Fernando Marín
lunes, noviembre 21

Mi nombre es Diego Fernando Marín (A.K.A. Andor Graut). Soy docente de Lenguaje en Octavo, y de Metodología de la investigación en décimo y once. Desde que tengo memoria he tenido una fuerte inclinación por la palabra escrita, y ello me ha llevado a la senda de la escritura y la promoción de lectura.

Siendo promotor/mediador de lectura he dedicado durante los últimos cinco años a realizar lectura gratuita en voz alta a mis alumnos. En todas las clases he intentado leerles un poema, un cuento, y, cuando la regularidad horaria me lo ha permitido, les he compartido una novela corta. Hasta hace cerca de un año el resultado era plenamente satisfactorio.

     Realizar promoción de lectura es un acto, necesaria, obligatoriamente, de afecto. Hace un año, con preocupaciones personales en la cabeza, comencé a hastiarme de las mismas lecturas, los mismos títulos, que sí bien podían tener influencia en mi auditorio, me estaba cansando de leerlo, como esos discos que escuchamos una y otra vez hasta que pierden por completo el sentido.

     Es esa sensación de hastío la que llevó a que abandonara SEMILIJ (Seminario de investigación de literatura infantil y juvenil de Cali) y dejara de asistir a algunas actividades de promoción de lectura. Es esa sensación la que hoy me lleva a escribir estas líneas.

     Como investigador, como docente, me encantan los protocolos. Como promotor, como docente, me encanta el trabajo con adolescentes. Como lector, he seguido los títulos de calidad irregular destinados a los adolescentes, y en realidad me siento defraudado. Así que este diario, es la manera que tengo de comunicar las dudas que han surgido en mi labor; también, la mejor manera que tengo de sistematizar y dialogar con otros acerca de los intentos de encontrar respuestas a las preguntas que me agobian acerca de la mediación/promoción de lectura.

     El objetivo final, a despecho de Petit y de otros autores, es encontrar una suerte de protocolo que haga efectiva la labor de promoción de lectura en el aula con adolescentes. No como una suerte de fórmula mágica, sino como una manera de indagar en la relación que los adolescentes tienen con la lectura.

     Por supuesto, la idea de hacer un diario público es también tener alguien con quien dialogar acerca de esta temática. Así que si están en la misma posición, no tengan ninguna duda en compartir sus dudas y también sus experiencias. Por último, a quienes están acostumbrados a las reseñas, no deben preocuparse, en cuanto retome mi nivel normal de lectura y termine La novela de Genji, volveré a publicar.  

     Gracias por estar al otro lado de la pantalla.



Este soy yo. Aunque se trata de una vieja foto es de mis preferidas porque, aunque parece, no es posada. La foto la tomó mi viejo dealer bibliotecológico, Danny Loaiza, en un momento en que estaba concentrado en hacer lo que los profesores más hacemos: retroalimentar trabajos de nuestros alumnos.