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LA MADRE Y LA MUERTE/ LA PARTIDA

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 18



Autores: Alberto Laiseca y Alberto Chimal
Ilustrador: Nicolás Arispe
Editado por: Fondo de Cultura Económica
Recomendado a: Lectores en marcha
Libro ilustrado

    
Un libro, dos historias, un ilustrador, un anverso y un reverso. Un lazo que aúna todo: La muerte. Las historias sobre la muerte son tan viejas como el tiempo. Recuerdo una en particular que vi hace mucho tiempo en una serie de televisión. En ella, la muerte era atrapada en un árbol y mientras ella estaba ahí, nada en el mundo podía morir, todo se detuvo, el mundo se fue convirtiendo en un lugar oscuro. La muerte no era un esqueleto descarnado, era una mujer, creo que una mujer negra. Creo que se trataba de un cuerpo africano. Al final, el hombre que había atrapado a la muerte volvió donde ella y la dejó ir, y el mundo recuperó la paz. Otra versión, creo que la conocí o la recordé después, dice que la muerte al ser atrapada rogo y se quejó durante mucho tiempo hasta que al fin el hombre se compadeció de ella, y la conminó a seguir su camino sin llevárselo. Se lo hizo prometer. Mucho tiempo después el hombre, que no podía morir pero sí envejecer, llamó a la muerte y pidió el favor de ir con ella.

     Ha dicho Campbell, o al menos así creo, que el hombre comienza a ser hombre al conocer la muerte. Ahí comienza el mito.

Las historias de la muerte son universales porque son inexorables, y nos muestra, mal que bien, que somos criaturas mortales y que la muerte puede ser un descanso, una salida, un olvido. Sin embargo en occidente nos olvidamos de contar historias sobre la muerte. Sin embargo hay una que recuerdo ahora, retoma el personaje de Lázaro, y dice que días después de haber sido devuelto por Jesús a la vida, se perdió de nuevo entre las fosas lamentándose por haber sido llamado despertado de nuevo. Shakespeare hermanaba sueño y muerto. Calderón de la Barca hizo lo propio.

Alberto Laiseca, a quien hemos elegido de manera arbitraria como el anverso, relata la historia de una madre que da todo lo que puede por recuperar a su hijo muerto y eso es todo lo que obtiene. El relato es desgarrador, paso a paso la mujer va perdiéndose entre el río, el espino y la montaña para ingresar viva al reino de la muerte. Por supuesto obtiene exactamente lo que quiere. Su hijo. Muerto.

La muerte no se tiene porque mostrar piadosa. La muerte es.

Alberto Chimal, escribe el reverso de la historia. En ella una madre pierde a su hijo y ruega a los dioses que se lo devolvieran. Los dioses no permiten que su alma se vaya, pero su cuerpo no vuelve a la vida. Imaginen el tormento. Imaginen el dolor, los ruegos, la desesperanza. Todo eso está allí. Hay un final por supuesto, y solo nos enseña que la tristeza está viva y es inmortal.

La muerte es uno de los nexos de los dos relatos. Nicolás Arispe es el segundo. Quienes lo conocen de El camino más largo  reconocerán su estilo abigarrado aún más exacerbado. No hay vacío aquí, y cada vacío es casi un grito, un suspiro, un desgarro. En cada una de las estampas que dibuja encontramos una melancolía infinita, un patetismo que duele, una conmoción que no deja a nadie incólume.


Este volumen, de tapas plata y negro, ingresa con honores al Pequeño teatro de la crueldad. 

MATADOR

Author: Diego Fernando Marín
jueves, octubre 13

Autor: Wander Piroli
Ilustrador por: Odilon Moraes
Traducido por: Beatriz Peña Trujillo
Editado por: Babel Libros
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum

     Matador no es un libro visualmente atractivo. El 95% de su paleta de color es verde clínica, color verde escuela oficial. Entre otros libros se pierde, de hecho sería de esos libros que podrían perderse por meses detrás de un anaquel que nadie lo echaría en falta. No es ese libro azul que van a preguntar a las librerías. Nadie preguntaría por un libro color verde sábana de hospital.

     La elección del color es un tema importante en un libro dirigido a niños. Principalmente, porque los libros dirigidos al público infantil están repletos de colores (Editorial Panamericana abusa de este recurso de manera tal que satura, marea, al lector), colores plenos, vibrantes, que obligan al ojo a fijar su mirada sobre la página, sobre las ilustraciones. El 90% de las ilustraciones de Matador son un telón de fondo para la narración alfabética.

     Sin embargo, sin embargo ese 10% que no es un telón de fondo obliga al lector a fijarse en el color, a reinterpretar las ilustraciones, a devolver las páginas recorridas y volver a comenzar. Ese 5% de la paleta de color que no es verde clínica se clava en la mente del lector y lo deja con un tenaz nudo en el estómago.

     Algo similar ocurre con la prosa de Piroli. Es sencilla, sin adornos; incluso podría denominarse escueta. Sin embargo, la forma de rematar la narración en la última página, recuerda las lecciones de Cortázar acerca del cuento. El final es pleno, vibrante, obligan al ojo a fijar su mirada sobre la página, sobre el texto alfabético.

     Matador narra la historia de un chico que no tiene suerte para atinar al blanco. Su sino es poseer una puntería terrible sin importar que tanto practique. Eso lo hace centro de las burlas de sus compañeros,

Yo iba guardando todo eso, una rabia muda, para desquitarme más tarde en el fútbol, distribuyendo pisotones y puntapiés a granel.
Un alivio temporal. Lo que yo quería, por encima de todo, era también matar un maldito gorrión. (p. 14)

     Y, por supuesto, donde hay burla hay desquite.


     Matador ingresa por derecho propio al Pequeño teatro de la crueldad, un teatro que hacía algún tiempo no tenía nuevos integrantes. Así, con un bajo perfil, recordando que una buena narración requiere de un buen contraste, Matador dejará inquietos a muchos lectores. Las preguntas vendrán después... 

LUNÁTICA

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, octubre 12

Autora: Martha Riva Palacio
Ilustrado por: Mercè López
Editado por: Fondo de Cultura Económica
Recomendado para: Los pequeños
Poesía

Premio hispanoamericano de poesía para niños 2014.


     Me gusta Lunática porque es salvaje, porque no le teme a las palabras, porque es femenina y porque está escrita por mujeres. Me gusta Lunática, sobre todo, porque celebra la infancia, la infancia sin límites, que no se conforma, que se muestra hambrienta de emociones y de afecto. Me gusta Lunática, porque es de esos maravillosos libros con los que suele sorprenderme mi esposa.

     La portada de Lunática me recuerda La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki, el rostro de una niña cubierta con la piel de un lobo, la cabeza con los colmillos sobresaliendo. El contenido de Lunática me atrapa porque es raudo, firme y juguetón; le gusta detenerse en las palabras y no les teme,

(…) ilógica lunática
Cambian los sueños
en una marisma de lechugas.
Aerofanía lunar.
En la panza de los peces
siempre es de noche. (p. 14)

Me gustan las ilustraciones de Mercè López, porque son dinámicas, fuertes y atractivas; porque juegan con lo onírico, porque se atreve con los contrastes de colores, porque en ningún momento renuncia a lo femenino al hacer a la Lunática aventurera, conquistadora, pionera.

Me gusta el diseño de Angélica Antonio Monroy, quien destaca el texto jugando con las ilustraciones, haciéndola dinámica, modificando las formas, ondulando, espiralando.

La protagonista de Lunática celebra su infancia,

Escalar
sin que te importe
que se rasgue tu vestido.
Porque es sólo tela
y lo que importa
es alcanzar la cima. (p. 28)

     La protagonista de Lunática está explorando siempre, indagando inquieta,
     Probar
     a escondidas
     el pasto
     para comprender
     el lenguaje
     silente
     de las plantas.
     Banquete feérico,
     purga colosal. (p.32)

     Ni la escuela se salva de la Lunática,
    
     Auuuu lleno de malos augurios.
     Aún falta una hora para el recreo.
     Auuuu los niños
que han muerto
de aburrimiento. (p.22)

Pero, sobre todo, Lunática es un feliz encuentro con la poesía en la infancia.

EL LECTOR

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 11


Autor: Bernhard Schlink
Traducido por Joan Parra Contreras
Editorial: Anagrama.
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     En algunas ocasiones llegamos tarde a los libros. Algunas veces son las películas las que nos recomiendan las letras. Eso me sucedió con El lector.

     Cuando en el 2008 vi la película, protagonizada por Ralph Fiennes y Kate Winslet, algo se me quedó en el corazón, una tristeza extraña se me quedó en el alma. Luego sabría que la película había sido basada, como tantas otras, en un libro. Tuvieron que pasar ocho años para encontrarme con el libro.

     Para quienes promovemos la lectura no hay herramienta más valiosa que la lectura en voz alta y permitirle a un lector encontrarse a solas con el libro. Lo demás… Bueno, lo demás es parafernalia. En el núcleo de este libro se encuentra la lectura en voz alta. El contexto en que esta lectura se nos presenta es lo que revaloriza un evento histórico y lo que nos permite el asombro.

     El lector se ubica en dos momentos relevantes a nivel histórico, el surgimiento del Tercer Reich y los juicios posteriores a la caída del nazismo, después de terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando toda una generación se debatía entre la culpa y la necesidad de seguir adelante; cuando toda una generación culpó a la anterior por haber permitido el holocausto. El tema se ha repetido hasta el cansancio, dirá tal vez el lector. Empero, la forma de abordarlo de Schlink; la dicotomía en la que sumerge a su personaje principal, Michael Berg; la paradoja que representa Hanna Schmitz; todo ello contribuye a construir una atmósfera en la que interroga al lector, quizá al mismo pueblo alemán, acerca de las responsabilidades que se atribuyeron a los diversos protagonistas en el holocausto judío.

     Así, en la primera parte asistimos a una historia de amor, a un romance entre una mujer de 36 años y un adolescente de 15, que se profundizó y se entramó a partir de la lectura en voz alta que el segundo realizaba a la primera. En su papel de lector Michael Berg no supo, ni antes ni después, que mundos, que posibilidades abría ante Hanna.

     La segunda parte ocurre años después. Asistimos al reencuentro de Michael y Hanna. Él, un estudiante de Derecho; ella, acusada de hacer parte del mecanismo Nazi, de haber dejado morir a unas prisioneras durante un incendio. Hanna no se defiende, asume su parte de responsabilidad en medio de un juicio del que no alcanza a entender sus consecuencias, ni las implicaciones que tendrá para sí misma. Es orgullosa y testaruda, inaccesible.

     En la tercera parte Schlink nos muestra a un Berg que no ha podido dimensionar el amor, que se siente culpable y que ha compartido al menos diez años de lecturas con Hanna. Lecturas que hace llegar a la cárcel por correo. Michel Berg es un hombre cansado, solitario; traidor y traicionado.

     Más allá de los hechos, empero, nos quedan las palabras; la melancolía de la narración de Schlink, quien no oculta nada al lector y lo revela todo.


     El lector es una obra magnífica que cuestiona la naturaleza de la responsabilidad y la moral; la misma naturaleza de la culpa y el amor. Ojalá el recuerdo de Hanna y sus acciones se queden en el lector tanto tiempo como se quedaron en Michael Berg.        

UNA BIBLIA

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 9

Autor: Philippe Lechermeier
Ilustradora: Rébecca Dautremer
Traducido por: Elena Gallo Krahe
Diseño gráfico y maquetación: Taï-Marc Le Thanh
Editorial: Edelvives
Recomendado para: Lectores en marcha
Libro ilustrado

     Según Campbell, cuatro son las funciones del mito. A saber, la mística, la sociológica, la pedagógica y la cosmológica. No necesariamente en ese orden; incluso tal vez no siempre se sientan todas, pero una mitología cumple en mayor o menor medida con ellas. Nos conecta con el asombro del universo al que asistimos, nos sitúa frente a los demás, nos enseña acerca del bien y el mal y nos dice cuál es nuestro lugar en el universo.

     Por supuesto eso solo funciona cuando nos conectamos de manera directa con el relato que escuchamos. Es diferente si escuchamos los relatos de Visnú, Izanagi o Ixbalanqué que si escuchamos los relatos de Ícaro, Osiris o el Cristo Blanco. Por razones culturales, que no deja de ser curioso, escuchar de Osiris nos es más cercano que escuchar hablar de Ixbalanqué. Así, para muchos jóvenes es más fácil leer El señor de los anillos que La saga de los confines, pues los referentes de ancianos de la obra de Tolkien los han rodeado desde su mismo nacimiento, en cambio, desconocen mucho de los referentes indígenas. Más aún cuando ser blanco, alto y ojiazul siguen siendo referentes actuales de belleza. Incluso hoy, sigue siendo un insulto decirle a alguien indio.

     Así, seamos creyentes o no creyentes, nos hallamos insertos en un mundo donde el imaginario católico-cristiano es imperante para bien o para mal. Sin embargo, en palabras de Lechermeier,

         ¿Por qué escribir Una biblia?
Porque contar la Biblia es contar nuestra historia, una historia construida con miles de mitos, cuentos y leyendas. ¿Cómo entender el mundo sin todos esos relatos? (…)
La Biblia no pertenece en exclusiva a la religión.
La Biblia es un bien común.
(…)
Una biblia no es La biblia.
Una biblia está compuesta de historias que se repiten y se reinventan. Historias que se relatan. Y que nos relatan. (p. 7)

     En este sentido, Una biblia es mucho más de lo que promete.

     Al principio me acerqué a ella porque mi esposa había asistido a una charla de Dautremer acerca de sus labores de ilustración, y en dicha charla la ilustradora había mostrado algunos bocetos de la obra. O esperaba sin embargo mucho del texto alfabético. ¿Qué podía esperar de un texto titulado Una biblia?

     Sin embargo, al tener el libro en mis manos, al beber de cada uno de los trazos, colores y enfoques de Dautremer; al permitirme comenzar a leer la adaptación de Lechermeier me encontré con un texto poderoso que se permitía recrear los relatos que alguna vez leí, a su propio ritmo y técnica. Así, en Un antiguo testamento el lector sigue capítulos que son poesía, otros que siguen la lógica de las obras de teatro y otros que enuncian relatos pequeños como el de Jefté. Asiste, por ejemplo, al relato de Job, como el relato de un viajero que vio como Jonás era devorado por la ballena, y luego como había escuchado de sus hazañas, para terminar con un Jonás que de nuevo sumergido en el interior de la bestia,

Seguro que pensáis que estoy un poco loco, que con la edad he perdido la cabeza, que he pasado demasiados años en el mar. El caso es –y puedo jurarlo- que en la garganta del monstruo creí ver la luz.
Una luz, como la de una vela.
Y una sombra que bailaba.
La sombra de un hombre cuya barba parecía flotar en el aire. (p. 231)   

     Con todo, la factura de Un antiguo testamento es desigual. Algunos capítulos parecen haber sido escritos porque tenían que ser incluidos. Pero al llegar a Un nuevo testamento, Lechemeier hace su magia.  El lector asiste al vuelo de un hombre pájaro que hace cabriolas en el aire antes de hacer el anuncio a María sobre la concepción de su hijo. Asistimos a cada uno de los pasos de Cristo antes de llegar al suplicio de la Cruz y luego a su resurrección, en tanto Juan intenta de mil y un formas poner los hechos sobre la piedra, la arena, y cuero hasta al final conseguirlo y conservarlo todo. Cada palabra, cada hecho es iluminado con maestría.

     Por otro lado, para llevar más lejos aún la atemporalidad de los hechos narrados, Dautremer no se limita a ilustrar los personajes de acuerdo a su época. Comienza con un desafío a la tradicional forma de representar a Adán y Eva, los muestra negros, sin cabello, altivos y tristes. Los egipcios visten ropas de nuestro tiempo; David parece un luchador gigantesco ataviado con una máscara; mientras el rostro de Jonás muestra su angustia y un hombre pájaro de alas como de cometa se recorta sobre el azul del cielo.   


      Al final la magia está hecha, nos vamos con el conocimiento de los relatos, unos relatos que trascienden la fe católica y se instala en nuestros corazones, en nuestro tiempo. Parafraseando a Campbell, vemos a María Magdalena en una esquina, mientras nos cruzamos a Job que arrastra su costal lleno de material de reciclaje y luego sientes a Esther que clava fijamente tu mirada en ti. Así que tragas grueso y esperas que ella no esté viendo como un Holofernes…

COMPOTA DE MANZANA

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 4

Autor e ilustrador: Klaas Verplancke
Traducido por: D.R. y D.B. (espero que haya sido una decisión de los traductores)
Editorial: Ediciones Ekaré
Recomendado para los pequeños
Libro álbum


     La imagen de la paternidad ha cambiado a lo largo del tiempo, pasando de la extrañeza a la complicidad, de la lejanía a la dulzura, del autoritarismo a la alcahuetería; todo ello sin saber cómo encontrar puntos medios. Tal vez por eso, libros como Mi papá y Mi mamá  de Anthony Browne, en donde se celebra la belleza de la relación padre e hijo son tan bien recibidos. Esta es, en contraste, la razón por la cual Compota de manzana de Klaas Verplancke es tan especial.

     En esta obra presentada por Ediciones Ekaré, encontramos una variedad de formas de relacionarse entre un padre y su hijo: la alegría, la protección, el cansancio, el encuentro y, por supuesto, también los desencuentros. Este último aspecto es relevante porque se hace hincapié en que no todas las relaciones son perfectas, en que la frustración también es una posibilidad, porque se muestra que las relaciones son fluctuantes, sin llegar a ser nunca un paraíso de mermelada, si no que se estructuran a través de diversas posibilidades, y entre ellas está el miedo, la desconfianza y el rencor. Sí, todas ellas son emociones y/o sentimientos válidos, puesto que todos las experimentamos y tenemos que aprender a lidiar con ellos.

     Más allá de la diferencia, sin embargo, está la posibilidad del encuentro. La posibilidad de aceptar que el otro que regula, que limita, que castiga, es el mismo que tiene manos llenas de olor a compota de manzana, a complicidad, a encuentro, a amor.

     Porque después de la tormenta siempre hay lugar para la calma…

¡FIERAS FEROCES!

Author: Diego Fernando Marín
lunes, octubre 3

Autor e ilustrador: Chris Wormell
Traducido por: Raquel Solà
Editorial: Editorial Juventud
Recomendado para los pequeños
Libro álbum

     He de comenzar diciendo que ¡Fieras feroces!, no es de esos libros que comenzaría leyendo por su carátula, donde se haya un león, un elefante y un oso sonrientes sentados sobre sus cuartos traseros, detrás de ellos se siluetean los troncos de unos árboles. A pesar de ello, que mi esposa lo hubiese traído con una gran sonrisa en sus labios, fue un argumento suficiente para adentrarme en él. Además, siempre me han gustado las fieras feroces.

     Este libro de Chris Wormell, narra la historia de un niño aterrado que se ha adentrado en el bosque desoyendo la recomendación de su madre, quien siempre le ha dicho que en el bosque hay fieras feroces. Con esta idea va aterrorizando al oso, el elefante, el león, y cuanto animal encuentra, mientras repite las ideas de su madre acerca de animales que comen osos, aplastan elefantes y se comen a los leones. Es entonces cuando una figura siniestra entra portando una luz y bramando algo que los animales no logran entender, razón por la cual salen despavoridos. El final, por supuesto, sólo lo leerán en ¡Ferias feroces!
    
     Más allá de la anécdota, y de los animales sentados sonrientes sobre sus cuartos traseros, ¡Fieras feroces! reflexiona acerca de la concepción que tenemos acerca de los otros, y como esa concepción puede ser muy diferente de la realidad, sobre todo cuando se trata de encontrarnos con los otros. Más aún cuando ese encuentro se realiza a través de prejuicios, o mejor, mediado a través de los prejuicios de otros. Por otro lado, Wormell, con la aparición de la figura que brama y porta una luz, pone de relieve otro elemento importante, la naturaleza bestial del ser humano, su verdadera calidad de amenaza.


     ¡Fieras feroces!, es una buena razón por la cual ir por un libro a pesar de su caratula, de sumergirse en las páginas y encontrar también que se puede pasar de los prejuicios.   

EL MARAVILLOSO SOMBRERO DE MARÍA

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 2

Autor e ilustrador: Satoshi Kitamura
Traducido por: Rodrigo Morlesin
Editorial: Océano Travesía
Recomendado para los pequeños.
Libro-álbum


     La imaginación es una de las cosas más maravillosas del ser humano, es aquello que nos permite, en verdad, diferenciarnos de los otros seres que nos acompañan. Con la imaginación exploramos lo que puede suceder o lo que pudo haber sucedido; el sí, el no, el quizá; lo imposible, lo improbable, lo posible, e incluso lo inasible. Sin embargo, es curioso, que a medida que crecemos la imaginación se la otorgamos a un pequeño reducto de personas: a los niños, a los poetas, a los artistas. El maravilloso sombrero de María es un himno a la imaginación.

     Una de las cosas que más me gusta de la obra de Satoshi Kitamura es que no es una obra de blancos y negros, de bien y de mal; por el contrario, hay un amplio territorio de sombras, de grises, como lo atestiguan títulos como ¿Yo y mi gato? Y Fernando furioso; en este último como ilustrador.

     El maravilloso sombrero de María apuesta, por supuesto, por la imaginación, pero no se trata de la imaginación desbordada de un niño autista que ni siquiera se relaciona con su entorno. La primera sorpresa que nos da el libro es que se trata de una imaginación compartida en la que el adulto es cómplice del niño; en la que el adulto brinda oportunidades para que la imaginación florezca y se imponga sobre la realidad; y donde al mismo tiempo la realidad juegue con la imaginación, la influya y elabore esa construcción. La segunda sorpresa es que esa complicidad no es una excepción, si no que el guiño cómplice pervive y se reproduce. Así, la imaginación es alimentada y preservada. Ha de aclararse que se trata de imaginación y no de fantaseo. La imaginación construye, el fantaseo es onanista, al menos si aún le creemos a Freud.

     Sin embargo no todos son rosas en este volumen. A pesar de la cuidada edición de Océano Travesía, la paleta de colores deja mucho que desear. En realidad, se me hace sospechoso que en libros como los ya mencionados en el segundo párrafo, la paleta de colores de Kitamura es fuerte, plena de colores vibrante. En contraste, en El maravilloso sombrero de María se impone una paleta de colores pastel, desvaídos, casi de un libro viejo que ha perdido el color, hecho que en verdad se lamenta. ¿Será esto debido a que su protagonista es femenina?


     Con todo, se trata de una obra que impacta tanto por el mensaje implícito para los adultos, como por el reconocimiento que hace a la imaginación como una forma de construir la realidad.