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TÚ, EL INMORTAL

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 26

Autor: Roger Zelazny
Traducido por: J. López
Editado por: Ediciones Orbis S.A.
Recomendado para: jóvenes lectores
Novela – Ciencia ficción

     Uno de mis recuerdos más cálidos de la Biblioteca de Ciencia Ficción de Ediciones Orbis es la cantidad de horas que me divirtieron y fueron trazando mi camino alrededor de la ciencia ficción, tenían un material impresionante, de gran calidad y con una amplia variedad de autores, que incluyeron nombres tanto de la edad de oro como de la nueva ola del género. Aún hoy, aunque solo se consiguen en librerías de segunda mano, el encontrar uno de esos tomos azules y plateados despierta en mí una gran oleada de nostalgia. Es como toparme de frente con mi adolescencia, cuando un compañero del colegio puso en mis manos el primer volumen de Visiones peligrosas de Harlan Ellison (Ed.), recomendándome en especial El canto del crepúsculo (que de paso me lanzó de cabeza a la mitología nórdica) de Lester del Rey. Por eso, cuando recientemente me encontré con un par de estos volúmenes, solo recordé cuanto había disfrutado con ellos y los llevé conmigo.
     Tú, el inmortal (This inmortal, es su título original) es una de esas novelas descubiertas en la adolescencia que resisten de manera muy leal y firme una relectura (Mi esposa no entiende el placer de las relecturas, de sumergirse de nuevo en páginas ya leídas, ya repasadas en algún momento. ¿Ya te los leíste?, ¿por qué los quieres comprar?, ¿no prefieres llevar este –indicando otro volumen- que no has leído?, son algunas de sus frases) del otro lado de la treintañez. A pesar de hacer parte de la ciencia ficción blanda, Zelazny retoma una idea fundamental de finales del siglo anterior y de nuestra actualidad, ¿qué sucederá con el ser humano, con la tierra, cuando hayamos terminado con ella, cuando la hayamos envenenado hasta hacerla inservible?, ¿hasta dónde podremos llegar en el universo?   
     Para responder algunas de estas cuestiones Zelazny a través del enigmático kallikanzaros, un personaje situado a caballo entre la mitología griega y la realidad; una criatura incansable que insiste en que el ser humano recupere su lugar sobre el planeta que le engendró. En contraste, le acompaña un vegano, un representante de una raza más allá de la comprensión humana, sabia, poderosa, y que ha tolerado la presencia de los seres humanos más allá del sistema solar. Dicho de otra forma, un representante de los opresores.

     Con el paisaje egipcio y griego de fondo, con el folklore de la mitología clásica de telón, Tú, el inmortal atrapa al lector y lo sumerge en una historia trepidante que obliga al lector a seguirla hasta el último signo de puntuación. 

FLORES PARA ALGERNON

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 19

Autor: Daniel Keyes
Traducido por: Domingo Santos
Editorial: Ediciones Orbis S.A.
Recomendado para: jóvenes lectores
Novela


     En Parque Jurásico, Ian Malcolm, el matemático del caos, hace una interesante analogía entre la forma en que la ciencia avanza y la manera en que un artista marcial logra aprehender los movimientos y la filosofía de aquello que práctica. Así, para Malcolm, el artista marcial aprende poco a poco, lo que significa la responsabilidad, las consecuencias de sus acciones; en contraste, el científico se monta a hombros del gigante anterior y teoriza y fabula sin tener en ningún momento ninguna responsabilidad acerca de lo que sus actos pueden lograr.  
     En este sentido, Flores para Algernon pone en tela de juicio todo aquello que implica la noción de inteligencia, cuando Charlie Gordon, un retrasado mental (hay que recordar que la obra fue escrita en 1966) de 33 años es elegido como sujeto de prueba para un experimento que aumentará de forma radical su CI, cambiando de forma brutal su vida. Así, el lector sigue los miedos, aprendizajes y contradicciones de Charlie a partir de los informes de progreso que va redactando, desde antes de iniciar el experimento hasta su amargo desenlace.   
     Flores para Algernon devela la forma brutal en que las personas con Síndrome de Down u otro tipo de caracterizaciones genéticas eran apartadas de la sociedad, confinadas en instituciones especiales con sobrepoblación ya que se consideraba que el mundo no estaba hecho para ellos. En la misma manera pone en entredicho la noción de inteligencia que se manejaba (aún se maneja en muchas instituciones académicas). Al respecto, el mismo Gordon afirma amargamente:
(…) he aprendido que la inteligencia por sí sola no significa gran cosa. Aquí, en su Universidad, la inteligencia, la educación, el saber, se han convertido en grandes ídolos. Pero ahora sé que hay un detalle que han olvidado: la inteligencia y la educación que no han sido templadas en el afecto humano no valen gran cosa.

Y luego,
Entiéndanme bien – dije-. La inteligencia es uno de los mayores dones del hombre. Pero demasiado a menudo la búsqueda del saber oculta la búsqueda del amor. (…) la inteligencia sin la capacidad de dar y recibir un afecto conduce al derrumbe mental y moral, a la neurosis e incluso a la psicosis. Y digo que la mente absorbida en un interés egoísta tomado como un fin en sí mismo, con exclusión de toda relación humana, no puede conducir más que a la violencia y al dolor.  (Keyes, 1966, p. 8)
   
     Se trata en suma, de un libro cálido, capaz de conquistar al lector, de absorberlo en sus líneas, en sus páginas (Su elaboración lingüística es preciosa, pues a través de la ortografía y la semántica va construyendo a un Charlie Gordon que va venciendo sus dificultades cognitivas), al punto que el lector va siendo incapaz de distinguir la diferencia entre el día y la noche, apunto que solo el sueño es capaz de avisar que el libro se termina o se abandona. Flores para Algernon, se convierte así en un libro entrañable al que siempre se puede volver.      
jueves, julio 7

Autor: James Rhodes
Traducido por: Ismael Attrache
Editorial: Blackie Books – Rey Naranjo Editores
Recomendado para: Grandes lectores
Testimonio – No ficción
    
     Conocí las variaciones Goldberg hace mucho tiempo en un libro en que las ponían como ejemplo de como la teoría del caos se expresaba en el arte, más concretamente la idea de fractales. El libro en cuestión era Gödel, Escher, Bach: Un eterno y grácil bucle de Douglas Hofstadter. El abordaje sobre la obra de Bach, por supuesto, era de un corte más académico que estético, y aun así dejaba traslucir una inmensa admiración por la obra del compositor barroco.  Ese primer acercamiento fue motivo suficiente para que empezara a ver la música clásica como un conjunto de notas que por lo general no me dicen nada, y empezar a entenderla como una inmensa arquitectura de tonos, volúmenes y armonías. Hago esta aclaración porque soy sordo de capirote, una de esas personas que puede ajustarse tranquilamente un reproductor al oído y escuchar una cantidad enorme y ecléctica de temas musicales, sin poder decir porque le gustan y convirtiéndola al poco tiempo en un simple ruido de fondo. Para mí, a diferencia de muchas personas, la música es solo un estímulo que puedo abandonar sin afligirme en demasía.
     Para James Rhodes, por supuesto, la música es mucho más que un mero estímulo, convirtiéndola en el eje alrededor del cual pudo reconstruir su vida. Y ha de entenderse, en este caso, que Rhodes no es un escritor, es principalmente un concertista de piano con cinco discos a su haber y un aura de polémica en el Reino Unido y en el mundo de la música clásica. Un concertista que se devuelve a su infancia para reconstruir, para sí mismo, para el lector, como la música clásica se ha convertido para él en un elemento sagrado, redentor.
     Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, es un libro alrededor del cual se ha levantado un aura de morbo, puesto que aunque su principal interés, de acuerdo a su autor, es hablar de la importancia de la música clásica y su significado en el mundo actual, una enorme cantidad de páginas son dedicadas al trauma que generó en Rhodes la violación constante y sistemática que sufrió por parte de un docente de gimnasia durante al menos cinco años. Nadie, reitero, nadie puede salir de esa situación brutal y despiadada indemne. Nadie puede quedar entero, ni a nivel psicológico ni a nivel físico, después de haber pasado por esa situación. Nadie, hombre, mujer, niño o anciano, independiente de su orientación o identidad sexual, debería ser violado, ni su violación ser considerada justa o estar dentro de lo normal o justificada de cualquier forma. Rhodes, sobrevivió, aún busca como sobrevivir, y agradece principalmente a la música, a Bach, el hecho de aún permanecer con vida.  
     Por supuesto, gran parte del hilo conductor de este libro sigue a Rhodes y la forma en que fue afectado por la violación sufrida y cómo esto lo sumergió en una espiral de autodestrucción de la cual solo pudo redimirse a través de la música clásica, primero escuchándola y luego interpretándola,  a una edad muy tardía para lo que se considera normal en este pequeño sector del mundo.
     Cada capítulo, denominado tema, comienza con una anécdota alrededor de una pieza o un compositor de música clásica, en donde el lector descubre que esas obras que han impactado la cultura occidental, fue producida por un montón de gente herida, rota, jodida de una o varias formas. Más allá del morbo, empero, aunque las palabras de Rhodes dan pie para volver una y otra vez a este sentimiento, el autor también va constituyendo una suerte de manifiesto acerca del estado de la música clásica en la actualidad, en donde son premiados grupos como Il Divo por encima de los grandes intérpretes instrumentales; la producción por encima del talento. Así mismo, no se puede dejar de decir que el libro está acompañado por una banda sonora –así la denomina Rhodes- de libre acceso (http://bit.do/instrumental.) que puede acompañar la lectura de cada uno de los 20 capítulos en los que está dividido el libro.
     Pero más allá de todo, y como está esbozado en las palabras de la contraportada, este es un libro sobre el amor a la vida, y sobre cómo la música puede redimir, puede reconstruirte a pesar de lo roto que puedas estar.  

Me violaron a los seis años.     Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida.  (Rhodes, 2015, contraportada)

LA NIÑA CALVA

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 5

Autor: Jorge Franco
Ilustraciones de: Daniel Gómez Henao
Editado por: Tragaluz Editores
Recomendado para: Lectores en marcha
Relato ilustrado

     En alguna parte leí, ya no recuerdo dónde, que La mansión de Araucaima nació de una apuesta con Luis Buñuel. En ella se le proponía a Álvaro Mutis realizar un relato gótico en medio de un ambiente tropical. De hecho, el subtítulo de La mansión de Araucaima es: Relato gótico de tierra caliente, todo en contraposición a la idea de que el género gótico solo podía tener lugar en un ambiente victoriano europeo, de grandes espacios cubiertos de una niebla semiperenne. Por supuesto Mutis gana la apuesta, pero no es Buñuel quien la lleva a la gran pantalla sino Carlos Mayolo. Fue la primera y última vez que escuché, que leí, acerca de un relato de ese tipo. Eso, por supuesto, hasta leer La niña calva de Jorge Franco.
     La niña calva narra la historia de un niño, Benjamín, que se topa con que la vieja casona abandonada frente a su casa, ha sido habitada, de la noche a la mañana, por una mujer que compra pelo y una niña que entabla una amistada con él aunque nunca se deja ver. Poco a poco el misterio va aumentando, ¿por qué la mujer nunca permite que nadie entre a la casa?, ¿por qué la niña nunca se deja ver y solo se comunica a través de su voz y algunos enigmáticos dibujos? El lector adivina poco a poco una realidad dura, tenaz; el narrador va dirigiendo al lector a través del laberinto del relato, engañándole, mintiéndole, sugiriéndole, hasta llegar a un final sorprendente, ambiguo, que puede ser de una tristeza inenarrable o de una posibilidad atroz, que supera los límites de la realidad.

        Acompañando las palabras de Franco, se encuentran las magníficas ilustraciones de Gómez Henao, que a la manera de los álbumes viejos, de colores desvaídos, van organizando la secuencia de los acontecimientos, eludiendo, sugiriendo. Así, La niña calva es un relato que invita a ser leído una y otra vez, a ser interpretado de múltiples formas.