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TRÍPTICO DE LA INFAMIA

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 29

Autor: Pablo Montoya
Editorial: Penguin Random House
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

Pocos sabemos de nuestra historia. Usamos las palabras negro e indio como formas de insultos, adoramos un dios impuesto y adjudicamos a Europa la posesión de la ilustración. Somos América, la de Machu Picchu, la de las pirámides al Sol y a la Luna, la de los Mapuche, la de los Cimarrones, la del Salvaje Oeste; somos una mixtura inmensa aunque muchas veces eso parece olvidársenos. Somos desmemoriados y, por eso, se hace necesario que se nos recuerde que venimos de la sangre, de los huesos rotos y la fractura de nuestra línea de tiempo.
Quizá, con esa idea en la cabeza, Pablo Montoya se sumerge en la Europa renacentista y nos recuerda como fuimos vistos en aquel entonces por una parte de Europa, de la fe, del arte. En efecto, Tríptico de la infamia, sumerge al lector en la visión que de la América recién encontrada a través de los ojos de Jacques Le Moyne, François Dubois y Théodore de Bry, todos ellos luteranos.
El relato comienza con la visión de Le Moyne, quien llega a Florida en una expedición con el propósito de mostrar a la población indígena y, de paso a los españoles, otra forma de relacionarse. Una vez allí, descubre en los indios algo que lo conmueve y lo llena de curiosidad,
El cuerpo para los indios, fue esta su primera conclusión, era como una gran tela que, a su vez, podía dividirse en diferentes espacios. No parecía ser lo mismo pintar sobre la espalda y el pecho que hacerlo sobre los lóbulos de las orejas y las yemas de los dedos. (…) Conque el cuerpo es para esto, pensaba el francés, mientras veía a un indio desnudo y tocado de líneas, círculos y rombos como un inmenso pavo real. Ya existe para mostrarlo al modo de una obra itinerante. (…) El cuerpo se manifestaba como el lugar de todas las representaciones. (p. 44)
Sin embargo, como era de preverse, y a pesar de sus intenciones, el hambre, las dificultades y la avaricia de unos cuantos atraen la mirada de los españoles y con ellos el desastre.
Montoya comienza así a mostrar la infamia de los conquistadores. Sin embargo, después de estas primeras páginas, las más extensas, el relato abandona las tierras americanas y pasa a mostrar la influencia que este descubrimiento tuvo en la Europa de la época, sobre todo en una Europa que se debatía entre la fe católica y la luterana. Dubois narra su propia y desgarradora historia, siendo traicionado y muerta su familia. Al final, desposeído de todo, lo único que le queda es pintar La masacra de San Bartolomé en donde da cuenta de la masacre de los hugonotes a manos de los católicos franceses. Esa es toda su herencia, todo lo que nos quedó de él.
La estación final es de Théodore de Bry, grabador, quien ilustrará las narraciones de los viajes a América y los testimonios que hablaban de las atrocidades cometidas por los españoles, incluyendo las narraciones de Fray Bartolomé de las casas.
En conjunto, la gran protagonista de la obra es la visión, la forma en que las palabras acarician las obras que no se encuentran reproducidas en las páginas, la forma en que las palabras están dibujando la luz, las texturas y la perspectiva; la forma en que las palabras se adentran dentro de las pinturas y los grabados enseñándole al ignaro en que debe fijarse cuando se enfrente a esas obras en particular.  
No debe dejarse de lado que la obra, dividida en tres partes, se halla narrada de tres maneras diversas. El relato de Le Moyne se encuentra narrado en tercera persona, en tanto que a Dubois se le permite hablar por sí mismo. Sin embargo, la tercera parte es quizás la más desigual, Montoya se aleja del renacimiento y ve a de Bry a través de nuestra propia época, incluso en su caminar un profesor le pregunta cuál es la razón de quedarse tanto tiempo en un país que le es ajeno, cuando las pruebas documentales que puede encontrar sobre de Bry son tan escasas y tan ínfimas, tan inútiles; incluso en una calle le ofrecen, entre risas, un bareto. Montoya no se arredra, camina las calles por las que caminó el grabador, describe sus grabados, le acompaña con su familia una vez que ha cumplido con su labor.     

   Si bien las palabras de Montoya son potentes, las vidas que ilumina son estremecedoras, hay elementos que intranquilizan al lector. Los luteranos son tan buenos (Montoya como personaje se declara ateo), los católicos son tan brutales, los indígenas solo existen a través de las miradas de los europeos, no tienen vos propia. Tal vez a eso nos hemos acostumbrado.  

LA ISLA DE LOS CIEN MIL MUERTOS

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 23

Autor: Fabien Vehlmann
Ilustrador: John Arne Sæterøy
Traducido por: Óscar Palmer
Editorial: Astiberri
Recomendado para: Lectores en marcha
Novela gráfica

     La isla de los cien mil muertos tiene el título perfecto para atraer la mente morbosa de más de un lector, amén, de recordarnos a los más veteranos, un tiempo en que títulos como Sandokan, el tigre de la Malasia estaban a la orden del día. Se trata, cómo no, de un relato que sigue algunos de los tipos más comunes de los relatos de piratas. Así, encontramos a un par de personajes –claro, uno con parche y chaleco- adentrándose en un cementerio improvisado en una costa, mientras al fondo, navegando en el océano, entrando a la página, se deja ver un antiguo bergantín.
     El protagonista del relato es Gweny, una chica que ha perdido a su padre, quien al encontrar un mapa en una botella se ha perdido en busca de la legendaria Isla de los cien mil muertos, un lugar repleto de tesoros. Y Aunque dicen que el rayo no golpea dos veces en el mismo lugar, Gweny encontrará un mapa que podría llevarla donde su padre.    
     Este, es solo el comienzo de una delirante aventura que incluirá piratas, verdugos, torturas inimaginables, un asesino renuente a matar a otros y un padre que carga sobre su conciencia un hecho atroz, haber abandonado a su hija en brazos de su madre. El resultado de la suma de todos estos elementos es una novela gráfica que no se puede dejar de leer hasta el final, repleta de humor y giros imprevistos, que dará al lector mucho que pensar acerca de lo que quiere para su futuro, las relaciones familiares y que se puede esperar de un sitio conocido como La isla de los cien mil muertos.
     Las ilustraciones de John Arne Sæterøy, más conocido como Jason, son sencillas, dedicándose a lo esencial, mostrar al lector las situaciones sin adornarlas de manera excesiva. Aunque debo anotar que los extraños ojos sin pupilas de los personajes, que los psicólogos relacionamos con la psicosis, son bastante perturbadores.
     En este momento, en que la dicotomía en el mundo del cómic, parece darse de manera exclusiva entre los amantes de Marvel y/o DC, es refrescante encontrar otros lenguajes, otros espacios en donde no son necesariamente los superhéroes los personajes más relevantes. No en vano, cuando Alan Moore quiso saber qué tipo de narraciones gráficas se leerían en un mundo plagado de superhéroes, solo encontró una respuesta, historias de piratas.     

EMMA Y JUAN

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 22

Autora e ilustradora: Amalia Satizábal
Editorial: Gato malo
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum

     Supe de Emma y Juan  cuando la revista Semana anunció que habían sido incluidos en la categoría de ilustración en la lista de honor de la IBBY este año. La noticia me causó curiosidad, en primer lugar porque Semana, al igual que muchos otros medios, no se ha caracterizado por visibilizar (no recuerdo una reseña en sus páginas sobre el tema) la literatura infantil y juvenil; y segundo, porque la obra pertenece a una editorial pequeña, Gato malo, de quienes conocía Estúpido y Circo de pulgas. Con todo, la obra no me sonaba para nada y no recordaba haberla visto en ninguna parte.
     Algunas semanas después, mirando en la librería de El globo, sin decidirme por ningún título (Cada vez me cuesta más elegir un libro de LIJ para comprar) me encontré la obra de Satizábal y me la leí de un tirón. Aclaro, no sólo me refiero a su extensión sino que algo en ella, su tema, su ilustración, me llevó a querer acabármela de prisa, a querer llegar con prontitud al final.     
     Emma y Juan es una de esos libros que demuestra que la LIJ no necesariamente debe ser protagonizada por niños o jóvenes. En este caso sus personajes principales son adultos, incluso, personajes que con mucha probabilidad han pasado la mediana edad, solitarios, autónomos y con una forma de ver la vida ya formada. Juan es un oso formal, lector, centrado. En cambio, Emma es una tigre de Bengala, curiosa, artista, hiperquinetica. Ambos entonces deben enfrentarse a la frustración de conocer a otro que es por completo ajeno a lo que ellos mismos son; a la frustración y al encanto, puesto que conocer a alguien más, significa dar espacio a la sorpresa, a lo que no se conoce, a lo imprevisible.
     Así, Emma y Juan se convierte en uno de esos libros imprescindibles alrededor de los cuales se puede encontrar muchos temas de conversación, porque capta un trozo vivo de la cotidianidad, un trozo que en este momento puede estar aconteciendo en Beirut, Granada o en la casa de al lado.
     Por supuesto, no se puede dejar de lado las ilustraciones empleadas por Satizábal. Aunque al ojo del lego se trataría de ilustraciones realizadas a color y a tinta, los ojos de Silvia, más conocedores, me revelaron que se trataba de una forma de grabado (me dijo el nombre en especial, pero mis porosas neuronas no me han permitido recordarlo), lo cual le permite enriquece aún más la ilustración,  permitiéndole crear unas texturas muy especiales, una profundidad muy propia.
     Para quienes gustan de los paratextos, al final, cuando la editorial señala el número de ejemplares, el lector podrá encontrar una sorpresa, lo que en términos cinematográficos y de videojuegos se conoce como un huevo de pascua, y que permite una interpretación un tanto diferente de la obra, que invita a ir más allá y más acá del vivieron felices para siempre de los cuentos de hadas.

     Así, te sugiero, Oh lector constante, que no dejes pasar mucho tiempo sin leer esta pequeña, en tamaño,  obra de arte. 

EL GATO QUE VENÍA DEL CIELO

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 21

Autor: Takashi Hiraide
Traducido por: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Editorial: Alfaguara
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     Nunca he terminado de entender esa fascinación que muchas personas tienen por los gatos. Martha Rengifo hablaba hasta la saciedad (de los otros) de Genio, el gato que hacía lo que le daba la gana, incluso acostarse sobre el teclado cuando ella estaba escribiendo. Martha Rada (Tengo demasiadas Marthas en mi vida) tiene su Facebook lleno de la misma foto de Obelisca, su gata, en el mismo sueño sempiterno. Mientras Nathalie Lunajaguar acaba de publicar una foto de su gata sobre este libro, mucho mejor que la que yo he publicado (ella tiene un gato real mientras yo no.) De hecho, el único gato que me gusta es Garfield, aunque nunca me gustaría encontrármelo en la misma habitación.
     Ha llegado el punto que muchos animales de los animales dividen a las personas entre amantes de los gatos y amantes de los perros. Como decía, nunca he entendido esta fascinación, aunque El gato que venía del cielo casi ha logrado hacerme entender esa idea, contemplar incluso la idea de adoptar un gato.
     La idea que atraviesa este libro es la del relámpago y la del centelleo como elementos subyacentes a toda la historia. Incluso en uno de sus capítulos, Hiraide discute la diferencia entre inazumatori e inazumadori, dos ideogramas, dos conceptos, escritos de igual manera pero que significan cosas diferentes. Así, de acuerdo a Hiraide, “la captura del destello es inazumatori. Atrapar cualquier cosa que tiene un movimiento como de destello es inazumadori.”(p. 87). En este sentido lograr escribir acerca de Chibi, el gato de la historia, sería inazumatori, en tanto que la novela misma, que atrapa un instante de la vida del autor, sería inazumadori. Por supuesto, se trata tan sólo de una interpretación.
     El gato que venía del cielo narra el encuentro que tienen una pareja de esposos con un gato, Chibi, pequeño, ingresa a sus vidas, adoptándolos de esa manera tan propia que tienen los gatos con los seres humanos y compartiendo un instante de sus vidas con ellos. Debe decirse que la acción es poca, que los hechos narrados están salpicados en medio de profundos instantes de contemplación acerca de las formas en las que están construidas las casa o la disposición de los jardines e incluso el juego con las libélulas. Y en medio de todo eso, el juego de Chibi,
Cuando vagábamos juntos por el jardín, su cuerpo se ondulaba como una ola. Era su forma de comulgar con el entorno antes de echar a correr como poseído, trepar hasta la copa de los árboles y, como si quisiera escapar hacia alguna parte, su cuerpo entero temblaba, se estremecía antes de prepararse a dar un salto. Muchas veces me permitió ser testigo de aquellos instantes de éxtasis (p. 69)
El gato que venía del cielo, se convierte de esta forma en un vistazo al mundo de los gatos, pero también en un vistazo al mundo japonés, y en cómo podemos ser transformados si tan solo dejamos que lo otro, sea humano o animal, nos toque.        
Foto robada a Nathalie Lunajaguar. 

DOS AÑOS, OCHO MESES Y VEINTIOCHO NOCHES

Author: Diego Fernando Marín
sábado, marzo 19

Autor: Salman Rushdie
Traducido por: Javier Calvo
Editorial: Seix Barral
Recomendado para: Grandes lectores
Novela
    
     La obra más recordada de Salman Rushdie es Los versos satánicos, la cual le costó que el mismo Ayatola Homeini le pusiera precio a su cabeza. Ignoro si en algún momento Homeini o alguno de los islámicos que no han permitido a Rushdie vivir sin estar atento a lo que pasa a su espalda, ha leído la novela como lo que es, una obra de ficción. Una compleja obra de ficción que habla sobre el bien y el mal y su relativización por parte del ser humano, en el que el capítulo del Arcángel San Gabriel, Mahoma y el copista que intercala versos a su arbitrio en el Corán, es más una alegoría a la capacidad de tergiversación del ser humano frente a lo que se encuentra, que una acusación frente a la fe musulmana. Pero, por supuesto, como todo en literatura, esta es solo la interpretación de un lector. Recuerdo, eso sí, a Los versos satánicos como una obra compleja, divertida y poderosa, más por la forma en que se personifica a Shaitan (estuve más de su parte, pobre tipo) y al Ángel Gabriel, que por el episodio de marras.
     Casi treinta años después, y con otras publicaciones realizadas, Rushdie presenta Dos años, ocho meses y veintiocho noches, título en apariencia muy valorado por la crítica, que alude de manera directa a uno de los mayores clásicos de la literatura universal, Las mil noches y una noche. Sin embargo, esta obra de Rushdie dista mucho de la tradición oral de Medio Oriente.
     Dos años, ocho meses y veintiocho noches es una obra desigual, aunque cuenta con bellos episodios y uno de los mejores arranques que he leído en mucho tiempo. La obra narrada, desde un futuro muy lejano, narra el acontecimiento conocido como La extrañeza, en donde los yinns, pertenecientes a Peristán, el mundo de las Hadas, Fantasía, se desatan en una lucha contra nuestro mundo, al que pretenden subordinar. Solo algo puede impedírselos, la descendencia de la Princesa Centella, quien mucho tiempo atrás estuvo en la tierra, se enamoró de un hombre y con él tuvo una larga y vasta descendencia conocida como la Duniazada. De fondo también se encuentra la lucha de la religión contra la filosofía, de la fantasía contra el mundo de la razón.

     La obra expone una gran galería de personajes, insinúa un enramad complejo de relaciones que no terminan de forjarse o aclararse. Hay instantes preciosos, hay instantes confusos y en muchos casos innecesarios, como las constantes reiteraciones a las relaciones sexuales de los yinns, quienes se interesaban mucho en tener relaciones sexuales porque les gustaba mucho tener relaciones sexuales, en cualquier forma que ellos desearan tener (Creo que ya se entiende la idea).  Con todo, la obra deja un sabor agridulce en la boca, como si una gran oportunidad hubiese sido desperdiciada. Así,  de alguna manera el lector comprende porque Borges no escribió nunca una novela, porque hay algunas ideas que son más poderosas condensadas, y que con muchas páginas una buena esencia se puede desvanecer.   

DIARIO DE UNA VOLÁTIL

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 16

Autor: Agustina Guerrero
Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial
Recomendado para: Jóvenes lectores
Cómic book

Conocí la obra de Agustina Guerrero a través de Internet, quizá de Facebook. Lo último no lo sabría decir a ciencia cierta. Sin embargo desde el principio me sentí muy afín a su humor, a las situaciones que comenta, ya por haber sido víctima o testigo de una u otra de las vivencias que retrata. Así que cuando al fin vi uno de sus libros en, sí, la góndola de un supermercado, tuve el impulso de llevármelo a casa. Con todo, terminó ganándole lugar la carne o la leche o algo así. Y, debo aceptarlo, se trataba de las anécdotas de una mujer,  bajita, con moña, muy lejana de las ideas que Marvel o DC intentan inculcarnos acerca de cómo debe ser una mujer; y mucho más lejano aún de mis amados personajes de narración gráfica: Sandman, Batman, Calvin & Hobbes o Mafalda.
Pasó mucho tiempo, mientras leía ocasionalmente las tiras que Guerrero publica en su Facebook o en su blog (http://guerreroagustina.blogspot.com.co), hasta que Elizabeth apareció con el libro bajo el brazo y una sonrisa en los labios. Así, Diario de una volátil había acercado de nuevo a mi biblioteca.
La obra de Guerrero sigue las diversas aventuras y desventuras cotidianas de una mujer como cualquier otra mujer, a quien le cuesta recordar los nombres, seguir los mapas, le escuece la ropa interior y adora llegar a casa para quitarse el sostén; que en ocasiones no alcanza un orgasmo o se siente nerviosa cuando alguien se apoya en ella mientras ríen. En resumen, una mujer la mar de divertida, a quién valdría la pena conocer para conversar, una mujer real, de esas que se tiran pedos.

Como dato curioso, Elizabeth me ha dicho que ha mostrado el libro a varios hombres sin atraer mucho su atención, mientras que con las mujeres es un éxito. Ignoro que dice eso de ellos o de mí. Por lo pronto, me parece que el mayor defecto de este libro es que se acaba demasiado pronto.   

LA MERIENDA EN EL BOSQUE

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 15

Autor: Akiko Miyakoshi
Traducido por Ritsuko Kobayashi
Editorial: Océano – Travesía
Recomendado para: Los pequeños
Libro – álbum

     ¿Dónde tiene lugar el hecho fantástico? Todorov ha afirmado que éste tiene lugar en ese instante, en ese intersticio, en el cual en el cual el lector no ha tomado la decisión acerca de si lo acaecido es de naturaleza realista o maravillosa, si pertenece al mundo del hollín o al de las hadas. De acuerdo con esto, la magia solo tiene lugar en la penumbra. Por esta razón, aquellos relatos que apelan al hecho fantástico suelen tener lugar en espacios como los bosques, los sótanos o las cuevas.  
     En ese sentido, La merienda en el bosque es un relato fantástico, en donde a partir de la arquetípica niña en el bosque se desata una nueva historia en una casa, que no es de dulce, que no es una ruina abandonada, sino una suerte de mansión escondida entre el follaje, donde los animales del bosque están teniendo una fiesta, y donde la niña, que en otros relatos es pérdida y devorada, aquí es hallada y confortada. Aunque hay instantes, esos que se captan por el rabillo del ojo, que se adivinan en la posición de una garra, en una sombra pronunciada sobre la pared, en que lo siniestro se insinúa.
     Amén a esto, las espectaculares ilustraciones en carboncillo, acompañadas por pequeñas notas sueltas de color, trazan atmósferas, ora ominosas, ora maravillosas, que acompañan al lector mucho después de cerrada la última página.

     Así, La merienda en el bosque se convierte en una referencia ante la calidad de las ilustraciones y lo sugerente de las historias; uno de esos libros en los que nos quisiéramos adentrar. 

UN MONSTRUO VIENE A VERME

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 8

Autor: Patrick Ness a partir de una idea de Siobhan Dowd
Traducido por: Carlos Jiménez Arribas
Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela

     Maldito y puto cáncer. Aún el día de hoy, con todos nuestros avances y descubrimientos, los males de antaño se siguen cerniendo sobre nosotros y permanecen inaccesibles. Acostumbran a saber los que saben, quienes conocen el ancho mundo, que allá, en oriente, los hombres aprenden a relacionarse con la muerte desde el principio y a aceptarla como una parte esencial de la vida. No soy un hombre sabio, por supuesto, nada más lejos de serlo; aun así puedo aceptar la idea de la mortalidad. Sin embargo, cuando hablamos de cáncer, hablamos también del sufrimiento que conlleva, tanto a quien lo padece como a quienes le rodean. No creo que sea en vano que en los tiempos de antaño siempre aparecía en los obituarios una frase que rezaba algo así como, “falleció después de padecer una penosa enfermedad”. No creo que se hiciera por vergüenza, sino por impotencia. Hoy en día se han cambiado un poco las tornas, pero aún sigue venciendo; la criatura inmunda aún sigue enseñando sus dientes.
     ¿Y si fuera tu madre quién tuviese cáncer?, ¿y si te llamaras Conor?, ¿y si tuvieras trece años?, ¿y si guardarás aún la esperanza de poder vencer?, ¿y si un monstruo viniera a verte?
     De acuerdo, creo, con Eco, en La historia de la fealdad, un monstruo es todo aquello desproporcionado, todo aquello que se sale de lo normal. Así, un hombre alado resulta tan terrible en su naturaleza como una criatura de un solo ojo o una mujer con serpientes por cabello. Quien visita a Conor no es menos desproporcionado,
¿Qué quién soy? – rugió de nuevo -. ¡Soy la espina dorsal que sostiene las montañas! ¡Soy las lágrimas que lloran los ríos! ¡Soy los pulmones que respiran el viento! ¡Soy el lobo que mata al gran ciervo, el gavilán que mata al ratón, la araña que mata a la mosca! ¡Soy el gran ciervo, el ratón, la mosca que son comidos! ¡Soy todo lo que no está domesticado y no se puede domesticar! – Acercó a Conor uno de sus ojos!-. Soy esta tierra salvaje, y he venido a por ti, Conor O’Malley. (p. 43)

     Así, Conor se enfrenta al segundo terror más grande que puede enfrentar en sus trece años de vida. Por supuesto, cuando te enfrentas a lo salvaje, una de las únicas formas de sobrevivir es dejar que tu propio salvajismo salga a flote y se prepare a luchar contra lo inevitable de la única forma que los seres humanos sabemos hacerlo: a golpes, dentelladas e historias.
-         - Todo eso suena a cuento de hadas –dijo Conor con                  desconfianza.
-                                 -  No dirías eso si oyeras los alaridos de un hombre atravesado      por una lanza –dijo el monstruo-. O sus gritos de terror            mientras lo despedazaban los lobos (p. 60)
               
El monstruo proviene de Fantasía, por supuesto; de esa Fantasía de la que hablaba Tolkien, de ese Peristán del que escribe Rushdie, y eso quiere decir que se atiene a sus propias reglas y su propio poder. En ese sentido, Un monstruo viene a verme es una historia poderosa, una de esas historias que vale la pena leerse. A pesar del dolor y de la impotencia. A pesar de las lágrimas.
Uno de esos relatos que, sin duda, hace parte del Pequeño teatro de la crueldad.   

UNA CASA EN BOGOTÁ

Author: Diego Fernando Marín
jueves, marzo 3

Autor: Santiago Gamboa
Editorial: Random House
Recomendado para: Grandes lectores
Novela

     Decía Cortázar, creo, que el cuento debía por knock out, en tanto la novela ganaba por decisión. El tiempo añade que el cuento se centra en la construcción de situaciones, las novelas se concentran en los personajes. Así, quien ingresa en Una casa en Bogotá, debe saber que se adentra en la vida de Rubén Bonifaz Nuño, un filólogo que se acaba de ganar un premio, gracias al cual puede comprar, por fin, su propia casa.
     Si bien para muchos la opción de tener una propiedad no es precisamente una fantasía, habrá quienes vean en ella un deseo, una posibilidad, una decisión; es la posición del hombre sedentario Vs. el nómada, del hombre civilizado Vs. el salvaje. Aunque debemos recordar que en el corazón de todo hombre se asoma una bestia.
     La casa que compra Bonifaz, a la que se muda con su tía, la única familia que tiene, la única persona que tiene en todo el mundo, es una casa de ensueño, y capítulo a capítulo el lector acompaña a Bonifaz por sus habitaciones y pasillos, y luego por el barrio y la ciudad. No sobra decir que Bonifaz es todo lo contrario a la casa. No porque se trate de un hombre malo, sino porque representa toda la burguesía izquierdista detestable del siglo pasado; un elitista intelectual presumido encerrado en su torre de marfil desde la cual pretende juzgar a todo el mundo mientras se encuentra calzando sus zapatos de superioridad moral, mientras en cada palabra presume de su hidalguía, de su pundonor, de su intelectualidad, de su saber.
Así, el recorrido por la casa es tan solo una excusa para que Bonifaz nos cuente su vida, sus intereses, sus desapegados encuentros sexuales, la increíble sabiduría y buen gusto de su tía; nos cuenta de su vida como quien asiste a su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra contemplar un día de lluvia (Baricco, 2012, p. 19).
En el fondo el lector comprende que algo no va del todo bien, que algo falla en el relato, que esa forma desafectada en la que narra puede esconder un desequilibrio, una puerta desajustada, una ventana mal entornada. Para conocerlo, para saber de qué se trata, solo debes traspasar el umbral de Una casa en Bogotá.

BATMAN: AÑO 100

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 2

Autor e ilustrador: Paul Pope
Traducido por: Federico Gatti
Editorial: DeBolsillo – ECC ediciones
Recomendado para: Lectores en marcha
Novela gráfica

     Me encantan las novelas gráficas porque son autoconclusivas, pero también debo reconocer que me son terriblemente frustrantes. La razón de la frustración es la relación costo beneficio (Me ha costado horribles decisiones como: Por lo que cuesta este ejemplar de Diosas de Joseph Campbell puedo llevarme tres libros de Jim Butcher y uno de Watterson. Sigo esperando que el dólar bajeL) y la rapidez con las que puedo leerme una narración gráfica. Con todo, hay títulos que te persiguen, que insisten en aparecerse en mitad de los estantes, justo cuando estás buscando un nuevo libro de Murakami o La broma infinita. Justo esa, ha sido mi relación con este volumen de Batman. Durante casi dos años había hecho a un lado su compra porque quería más otro libro, o eso otro libro me iba a “durar” más, o alguna razón por el estilo. Sin embargo Batman insistía.
     Batman me gusta por su obligatoria soledad (No me hago aún a la idea de la batifamilia más allá de Alfred y un Robin), por la propia aceptación de su oscuridad y sus tácticas de miedo. Así que cuando aparece algún producto notable de Batman (Película, cómic  novela gráfica) quiero, por lo menos, conocerlo. Y todo comenzó con El retorno del Señor de la noche de Frank Miller. Aclaro, eso sí, que sería incapaz de seguir esas narraciones infinitas que comienzan, finalizan, vuelven a comenzar y van y vienen entre mundos alternos. Disfrute, eso sí también hay que decirlo, de un especial, con guion de Neil Gaiman, y cuyo nombre se me escapa, donde Batman muere, solo para renacer de nuevo como Batman.  

     Una de las cosas especiales de Batman: año 100 es que rehúye la estética preciosista de los clásicos dibujantes de DC y/o Marvel, de hecho no es una estética atractiva en un inicio. Así, el título de la obra es una promesa y el estilo de dibujo expresa muy bien lo que narra la novela, un escape constante, una huida, una trampa que se cierra, un misterio que se deja abierto. Batman: año 100 nos muestra un Batman similar al de Miller, un perseguido del sistema, un hombre que es un peligro político más que un justiciero; en una ciudad gótica tan lejana y tan cercana como aquella que habitamos…