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ADIÓS A LAS ARMAS

Author: Diego Fernando Marín
martes, enero 19

Autor: Ernest Hemingway
Traducido por: Joana M. Vda Horta y Joaquim Horta
Editorial: Ediciones Orbis, S.A.
Recomendado para: Grandes lectores
Novela
    
     Algunos de mis primeros contactos con los escritores provienen de mis tiempos escolares. Allí logré mis primeros encuentros con autores como Ende, Poe, Bach, Dostoievski, Shakespeare, Berlitz, King (Todos juntos sin ningún tipo de rubor. Nadie tiraba de la estantería a nadie) y, claro está, Hemingway.  Ahora bien, es preciso aclarar que con contacto me refiero a que en algunos casos leí un cuento, un fragmento, un poema: a veces a través de la biblioteca escolar, a veces porque un amigo me recomendaba determinado libro, a veces a través del libro de texto correspondiente a cada año que me devoraba la misma noche en que me lo compraban (preciso aclarar que ahora como docente denigro de los libros de texto, ero esa suerte de colcha de retazos que eran los libros de texto de español los disfrutaba mucho), a veces sencillamente porque era el elegido para determinado período.
     En aquella época, y más con los libros clásicos, no recuerdo que  ningún profesor le pusiera pegas a la piratería. De hecho al ganarme algún concurso de cuento o poesía, mi regalo fue una versión económica y resumida a más no poder (creo que procedía de la Librería Atenas) de Los tres mosqueteros, que hasta hace poco tuve en mis estantes. Así, esos primeros libros fueron de versiones muy baratas, francamente piratas, y entre ellas estuvo El viejo y el mar. A diferencia de muchos de mis compañeros, quienes la calificaron de aburrida, a mí el relato de Hemingway me gustó, en especial su estilo seco, directo, sin muchos adornos. Sin embargo no volví a Hemingway, no me gustaban los temas que decían que abordaba –casi autobiográficos-, su gusto por la cacería, la extensión de sus textos.
     Fue Danny, Mi bibliotecario de confianza, quien me recomendó este libro como una lectura de vacaciones. Y, como casi siempre, su recomendación fue certera.
     Uno de los inconvenientes de los relatos de guerra es por lo general su nivel de patetismo, el dolor, el eterno dolor que subyace en medio de cualquier confrontación. Son relatos patéticos, en la amplia extensión de la palabra, que hablan de la locura de los hombres y su infinita estupidez. En Adiós a las armas, Hemingway no defiende la guerra, pero tampoco compone una oda en favor de la paz; su personaje principal, Frederic Henry, un conductor de ambulancias norteamericano enlistado en el ejército italiano pasa por la guerra como si se tratase de un día de campo, con mucha bebida a bordo y un fondo bucólico. Sin embargo, a medida que la situación del ejército italiano se va  viendo acorralado y es obligado a la retirada, y aun a pesar de los buenos ánimos de Frederic, el fracaso y la derrota van sacando lo peor de las personas, más aún de aquellas que tienen armas y poder.
     Pero es por fuera de la guerra, fuera del campo de batalla, desprovisto de su rango, que Frederic comenzará a reflexionar con amargura acerca de lo que significa la vida y la muerta, la existencia, y cómo está va destrozando a todos los que la habitan.
   Los lectores de género, habrán de recordar que se trata de otros tiempos y que la figurita obediente y sumisa de la mujer que muestra Hemingway corresponde a esos tiempos que dibuja.
     Por último, no puedo dejar de agradecer a Ediciones Orbis, S.A. por haber existido, dejando sus hermosas colecciones a quienes llegamos después.

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