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Paranormal Colombia. Al filo de la realidad.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, enero 7

Autor: Mario Mendoza
Editorial: Planeta
Recomendado para: Jóvenes lectores
Testimonio

Conocí a Mario Mendoza unos seis meses antes del lanzamiento de su novela Buda Blues. En aquel entonces pertenecía a un grupo literario, Camelot, que se hallaba trabajando con La casa de la lectura, en el ciclo de talleres de formación de escritores Relata. 

Nuestro mentor de aquel entonces, y aún el de muchas personas con aspiraciones literarias, fue Alberto Rodríguez, hombre entrañable, honesto y abierto que intentaba guiar nuestras plumas sin violentar mucho nuestros espíritus. En aquel entonces el Ministerio de cultura acompañaba ese proceso, ignoro si aún lo hace, con dos escritores colombianos con trayectoria. En suerte nos tocaron dos: Nahun Montt y Mario Mendoza. He de aclarar que en ese momento Camelot tenía un sesgo particular, único en Colombia, al menos eso creemos, en medio de las novelas de sicarios, prostitutas y Walter Riso, nosotros nos dedicamos a la fantasía y la ciencia ficción. Nuestro primer lector fue Montt, quien acababa de terminar su novela Lara, y le pasó algo que tardé mucho en entender antes incluso que perdonar, algo muy humano, no entró en nuestras historias. Montt se quedó en decir que lo nuestro eran cosas muy raras. Incluso creo que a pesar de toda su buena voluntad, con algunas de nuestras historias no llegó ni a la mitad. No se trataba de lo bueno o malos escritores que fuéramos en aquella época, simplemente el elemento fantástico lo sacó.

Por el otro lado estuvo la mirada de Mendoza, una mirada de sorpresa cierta, de ojos abiertos a cabalidad, es decir de esas miradas de quien no acaba de creerse la cosa y que busca devorar lo que el ponen al frente. Para nuestro infortunio, el apoyo de Mendoza era solo hablar con nosotros y brindar una charla, no tenía la misma relevancia de Montt, no iba a revisar nuestros cuentos ni ayudarnos con la estructura ni a ver el antes ni el después. Eso era con Montt, el descreído, el escéptico, el realista.  De esa charla nos quedaron su absoluto entusiasmo y dos frases que son su credo: “Salta, ya aparecerá el piso” y “Escribir es resisitir”.   

Ahora, mientras leía Paranormal Colombia, pude entender porque a pesar de su militancia en lo que él denomina un realismo sucio, de su afirmación de que el realismo sucio podía ser la ciencia ficción colombiana, Mendoza nos llegó de manera tan fácil, nos aceptó, con sorpresa sí, de tan buena manera dentro de lo que podía sucederle a las letras colombianas. Y es que Mendoza ya estaba buscando por esos lares.

Paranormal Colombia parte de la idea personal de que se hace necesario buscar otras formas de operar en la realidad, habla de la literatura fantástica, del misticismo, e incluso del psicoanálisis, todo en busca de encontrar una alternativa a la realidad que estamos viviendo. No escapando de ella, sino en busca de una mirada más amplia, más completa. Así, el discurso que maneja en esta obra es mucho más cercano a su hipnotizante capacidad oral, se le siente más cerca, menos esquemático, más vital, porque al fin y al cabo, Mendoza está buscando responder a través de esta obra, lo que le ha sucedido a él como escritor, como persona.

El libro se compone de diez relatos en los cuales Mendoza se ha puesto en contacto con médiums, outsiders, adivinos, viajeros astrales, y diversas personas que han aceptado que estamos a punto de un cambio brutal en nuestra forma de percibir el mundo. Mendoza reflexiona acerca de estas y otras experiencias con el ánimo del creyente, no del escéptico, no del investigador, así las palabras de quienes entrevista, de las personas con las que dialoga, le sirven de punto de partida para reflexionar sobre lo que le sucede, lo que le ha sucedido, a él como persona, como escritor, antes que como forma de contrastar esas palabras con hechos verificables. Mendoza no es periodista. No tiene por qué serlo.  De esta manera asistimos a la búsqueda de un hombre que busca entender lo que sucede en el mundo, tanto interior como exterior.

Estos elementos, que para algunos puede ser un pro, para otros contra, permite cumplir a cabalidad el propósito que Mendoza se trata desde la presentación del libro: explorar en otras formas de percibir, de concebir, la realidad, en nuestro país, más allá de la guerra y las bombas y los acuerdos de paz y el mendigo dormido en nuestro camino.

Debe decirse, sin embargo, que aquellas experiencias donde se pierde el formato de la entrevista, donde Mendoza funge más como narrador, logran en el lector, en mí por lo menos, una mayor convicción y/o aceptación. Por eso quizás, el relato más conmovedor, que incluso lo conmueve a él más, y el que menos tiene de paranormal, es el de Klauss, Las extrañas e insólitas aventuras del jardinero extraterrestre, la historia del único recluso abiertamente homosexual y travestido en la cárcel  La Picota de Bogotá. El más entrañable tal vez, porque Mendoza no se enfoca en los viajes astrales, sino que se permite indagar en la profunda pluralidad del ser humano.


Así, aún para los escépticos, Mendoza logra un libro honesto y convencido de lo que está narrando, la obra de un escritor que busca con la convicción de encontrar.