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Tokio blues. Norwegian Wood

Author: Diego Fernando Marín
martes, enero 20

Autor: Haruki Murakami
Traducido por: Lourdes Porta
Editorial: Tusquets editores
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela

 A menudo el eterno aspirante a Nobel Haruki Murakami ha sido acusado de construir novelas esquemáticas, que siguen más o menos las mismas líneas y presenta, con pocas variaciones, las mismas situaciones. A eso ya había respondido King en Ventana secreta, jardín secreto, aduciendo que en verdad solo existen cinco argumentos a los que los escritores vuelven una y otra vez con diversos personajes: éxito, fracaso, amor y pérdida, venganza, identidad confundida, la búsqueda de un poder más alto, ya sea Dios o el demonio.
Los más acérrimos seguidores de Murakami se encontrarán con que este relato se aleja del tópico de los fantasmas y los mundos múltiples y se sumerge en el del amor de juventud, la lealtad, la muerte y la demencia.
Tokio Blues narra la historia de un hombre, Terō Watanabe, que al oír una canción recuerda con desasosiego a una chica que no lo amó nuca y que él esperó por siempre, convirtiéndose en la criatura más sola sobre la faz de la tierra, pegado solo a unos libros, la disciplina y la terquedad; uno de esos personajes que asiste a su vida como quien ve llover, a la manera de Hervé Joncour.
Las memorias de Watanabe nos lo muestran entre los 18 y los 20 años, cuando está estudiando en la universidad, y reencuentra de un día a otro a un amor de adolescencia, Naoko, quien reingresa en su vida dejando un recuerdo imborrable, procurando unas ligaduras que traspasan el tiempo, el espacio y el mismo deseo.
En Tokio Blues asistimos a una historia de amor como pocas, intensa, atravesada por la locura, en donde el amante busca redención y comprender aquellas ataduras que él mismo se ha procurado, en virtud de una mujer que en realidad nunca lo amó.  

  
P.D. Quienes hayan leído el conjunto de relatos Sauce ciego, mujer dormida y apenas se vayan a enfrentar a Tokio blues, tendrán una fuerte sensación de cosa ya vívida, pues casi todo un capítulo fue publicado como el cuento independiente, La luciernaga. 

En el país de la memoria blanca

Author: Diego Fernando Marín

Autor: Carl Norac
Ilustradora: Stéphane Poulin
Traducción de: Goedelle De Sterck
Editorial: Barbara Fiore Editora
Recomendado para: jóvenes lectores
Libro – albúm / Novela gráfica

Quien ha visitado el catálogo de Barbara Fiore Editora sabe que éste se haya constituido por un sinnúmero de bellezas extrañas que no le temen ni a lo extravagante ni a lo perturbador; por tal motivo se puede encontrar un título como El tirano, el luthier y el tiempo, al lado de El pato y la muerte o Ratas. Sin embargo, y a pesar de ello, pocas cosas han preparado al lector para un título como En el país de la memoria blanca. Y es que desde el comienzo el libro es un enigma a la altura de su protagonista, un animal antropomórfico vendado, al que alguna vez oímos llamar por el nombre de Renoir, al que no responde ni reconoce, pues se ha despertado en la cama de un hospital tan solo con el recuerdo de una explosión en un autobús.

Así, el inicio cargado con un fuerte tinte político nos pone del lado de Renoir, el perro, que vive en un país en donde los gatos son oprimidos y masacrados, tan solo por el hecho de ser gatos. La búsqueda de Renoir por sí mismo, agazapado en sus contradicciones, Sin saber muy bien por qué, tengo la convicción de que no sería capaz de matar ni una mosca. Y de que podría freír a tiros a quien sostuviese lo contrario. De esta manera discurre la historia, con un fuerte sabor a novela negra que se refleja en las imágenes de Poulin, que nos entrega sabuesos fieros y gatos miserables, que nos va entregando elementos que nos permiten dudar de la verdadera identidad de Renoir, que una vez en un apartamento que desconoce como suyo, se sirve en el plato el pájaro que ha muerto en la jaula.

Mientras tanto Renoir observa con atención a su alrededor, los burdeles, los vecinos,
Acostumbra a lavar los dientes de sus ratas. Cuando sale hace como que se arranca el corazón y lo esconde bajo el felpudo. Después se mete la llave en la boca y trata de encenderla como un puro.
Hoy juega a volar. ¡Hala, se tira! Es hermoso, lo admito. Del cuarto piso, con los brazos estirados. Su caída no se asemeja a la de una piedra. Por un momento -¿es el efecto del viento?- parece flotar en el aire como un copo de nieve. Luego se estrella.  

Poco a poco Renoir siente nacer en él la necesidad de cambiar el mundo en el que se halla inmerso, Mañana sanaré este mundo o saltaré con él – les prometo.

Y a eso se dedicará con ferocidad, aunque para ello desaté un infierno a su paso.

En el país de la memoria blanca es un libro que desafía al lector a cada vuelta de página, en cada ilustración, en cada símbolo entregado –el unicornio, el esqueleto del funambulista colgado boca abajo-, en cada cambio de tamaño de letra, exigiendo que se vuelva a él cada tanto para comprenderlo de manera distinta en cada visita.

Paranormal Colombia. Al filo de la realidad.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, enero 7

Autor: Mario Mendoza
Editorial: Planeta
Recomendado para: Jóvenes lectores
Testimonio

Conocí a Mario Mendoza unos seis meses antes del lanzamiento de su novela Buda Blues. En aquel entonces pertenecía a un grupo literario, Camelot, que se hallaba trabajando con La casa de la lectura, en el ciclo de talleres de formación de escritores Relata. 

Nuestro mentor de aquel entonces, y aún el de muchas personas con aspiraciones literarias, fue Alberto Rodríguez, hombre entrañable, honesto y abierto que intentaba guiar nuestras plumas sin violentar mucho nuestros espíritus. En aquel entonces el Ministerio de cultura acompañaba ese proceso, ignoro si aún lo hace, con dos escritores colombianos con trayectoria. En suerte nos tocaron dos: Nahun Montt y Mario Mendoza. He de aclarar que en ese momento Camelot tenía un sesgo particular, único en Colombia, al menos eso creemos, en medio de las novelas de sicarios, prostitutas y Walter Riso, nosotros nos dedicamos a la fantasía y la ciencia ficción. Nuestro primer lector fue Montt, quien acababa de terminar su novela Lara, y le pasó algo que tardé mucho en entender antes incluso que perdonar, algo muy humano, no entró en nuestras historias. Montt se quedó en decir que lo nuestro eran cosas muy raras. Incluso creo que a pesar de toda su buena voluntad, con algunas de nuestras historias no llegó ni a la mitad. No se trataba de lo bueno o malos escritores que fuéramos en aquella época, simplemente el elemento fantástico lo sacó.

Por el otro lado estuvo la mirada de Mendoza, una mirada de sorpresa cierta, de ojos abiertos a cabalidad, es decir de esas miradas de quien no acaba de creerse la cosa y que busca devorar lo que el ponen al frente. Para nuestro infortunio, el apoyo de Mendoza era solo hablar con nosotros y brindar una charla, no tenía la misma relevancia de Montt, no iba a revisar nuestros cuentos ni ayudarnos con la estructura ni a ver el antes ni el después. Eso era con Montt, el descreído, el escéptico, el realista.  De esa charla nos quedaron su absoluto entusiasmo y dos frases que son su credo: “Salta, ya aparecerá el piso” y “Escribir es resisitir”.   

Ahora, mientras leía Paranormal Colombia, pude entender porque a pesar de su militancia en lo que él denomina un realismo sucio, de su afirmación de que el realismo sucio podía ser la ciencia ficción colombiana, Mendoza nos llegó de manera tan fácil, nos aceptó, con sorpresa sí, de tan buena manera dentro de lo que podía sucederle a las letras colombianas. Y es que Mendoza ya estaba buscando por esos lares.

Paranormal Colombia parte de la idea personal de que se hace necesario buscar otras formas de operar en la realidad, habla de la literatura fantástica, del misticismo, e incluso del psicoanálisis, todo en busca de encontrar una alternativa a la realidad que estamos viviendo. No escapando de ella, sino en busca de una mirada más amplia, más completa. Así, el discurso que maneja en esta obra es mucho más cercano a su hipnotizante capacidad oral, se le siente más cerca, menos esquemático, más vital, porque al fin y al cabo, Mendoza está buscando responder a través de esta obra, lo que le ha sucedido a él como escritor, como persona.

El libro se compone de diez relatos en los cuales Mendoza se ha puesto en contacto con médiums, outsiders, adivinos, viajeros astrales, y diversas personas que han aceptado que estamos a punto de un cambio brutal en nuestra forma de percibir el mundo. Mendoza reflexiona acerca de estas y otras experiencias con el ánimo del creyente, no del escéptico, no del investigador, así las palabras de quienes entrevista, de las personas con las que dialoga, le sirven de punto de partida para reflexionar sobre lo que le sucede, lo que le ha sucedido, a él como persona, como escritor, antes que como forma de contrastar esas palabras con hechos verificables. Mendoza no es periodista. No tiene por qué serlo.  De esta manera asistimos a la búsqueda de un hombre que busca entender lo que sucede en el mundo, tanto interior como exterior.

Estos elementos, que para algunos puede ser un pro, para otros contra, permite cumplir a cabalidad el propósito que Mendoza se trata desde la presentación del libro: explorar en otras formas de percibir, de concebir, la realidad, en nuestro país, más allá de la guerra y las bombas y los acuerdos de paz y el mendigo dormido en nuestro camino.

Debe decirse, sin embargo, que aquellas experiencias donde se pierde el formato de la entrevista, donde Mendoza funge más como narrador, logran en el lector, en mí por lo menos, una mayor convicción y/o aceptación. Por eso quizás, el relato más conmovedor, que incluso lo conmueve a él más, y el que menos tiene de paranormal, es el de Klauss, Las extrañas e insólitas aventuras del jardinero extraterrestre, la historia del único recluso abiertamente homosexual y travestido en la cárcel  La Picota de Bogotá. El más entrañable tal vez, porque Mendoza no se enfoca en los viajes astrales, sino que se permite indagar en la profunda pluralidad del ser humano.


Así, aún para los escépticos, Mendoza logra un libro honesto y convencido de lo que está narrando, la obra de un escritor que busca con la convicción de encontrar.