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CALI Y LA LECTURA

Author: Diego Fernando Marín
domingo, marzo 9



Es común en Colombia, que en el mes de abril, alrededor de la celebración del Día del idioma, se organicen en las diferentes instituciones educativas múltiples Ferias del libro, con el ánimo de que las comunidades educativa tengan acceso a una amplia diversidad de títulos. A medida que pasa el tiempo, sin embargo, se comienza a desistir de la idea; en primer lugar porque estas pequeñas Ferias de libro se suelen cruzar con la feria del libro de Bogotá, lo que hace que los principales sellos editoriales alisten con semanas de anticipación su personal y sus fondos para irse al consabido encuentro cultural. Por supuesto esto no hace que las Ferias del libro se cancelen sino que se trasladen para otras fechas, menos emblemáticas, quizás, pero igual de relevantes. En últimas, se trata de sólo una excusa para dedicarle tiempo a la lectura.
Con todo, durante el último año en Cali, la situación se está volviendo preocupante. Para quien no la conozca, esta ciudad se reconoce como la Capital Deportiva de Colombia, tiene una de las redes de bibliotecas más interesantes que existen y desde aquí se dirige, de alguna manera, la Red de Bibliotecas Departamental del Valle del Cauca. Sin embargo en materias de librerías tenemos poco menos de un puñado. En primer lugar se encuentra la librería Nacional, la principal cadena de librerías centrada principalmente en la distribución de libros comerciales. Si tienen el último libro de Campbell, por ejemplo, se encontrará anunciado en la página web, mientras en alguno de sus puestos de venta estará refundido en alguno de sus anaqueles donde no llamé mucho la atención. En tato, si se ha lanzado el último libro del exmandatario de turno, si se encontrará en las vitrinas, en tantos ejemplares como sea posible. Creo que así te darás una idea querido lector. En segundo lugar se puede encontrar la Librería Panamericana (prefiero llamarla así), que en Bogotá puede ser un edificio hasta de seis pisos lleno de libros y que en Cali se limita a ser una gran papelería con muchas góndolas de libros. En tercer lugar se encuentra la Librería Internacional, justo en la Biblioteca Departamental, donde si usted consigue alguien que lo atienda puede encontrare buenos títulos. En cuarto lugar, puede encontrar a expresión Viva, con su variante de la Cafebrería. Expresión Viva es principalmente un espacio de promoción de lectura desde donde se dirigen muchas actividades de este tipo por dentro y fuera de la ciudad. Usted puede llegar tomarse un café, conversas acerca de la literatura en general y llevarse uno o varios libros. Su satélite es la Cafebrería, un pequeño espacio para degustar café, hojear libros y llevarse el que le guste, justo en la Biblioteca Centenario. La única falla de expresión viva consiste en su desorganización a la hora de encargar o distribuir algunos libros. Esta falla no les es única a ellos, la comparte con librerías con mayor reconocimiento a nivel nacional como La madriguera del conejo, un desastre en su departamento de finanzas. En quinto lugar se puede encontrar La Casa de la Lectura, otro espacio de promoción de lectura, situado cerca del Zoológico de Cali, con unas instalaciones preciosas, donde usted puede sentarse a conversar con Olga o Alberto, quienes lo atenderán con una sonrisa en los labios, un café y de paso también podrá llevarse algún libro. Infortunadamente su oferta es pequeña y se centran primordialmente en la Promoción de lectura. En último lugar vamos a situar las librerías de viejo, lo que en otras ciudades pasan por librerías de viejo, y que en nuestra ciudad es en parte venta de libros de segunda, centros de piratería y, maldita sea, distribuidora de libros robados a bibliotecas como al Departamental y la del Valle. También hay que decir, que centros como La esquina del Libro y otros pequeños, devuelven oportunamente este tipo de libros a las Bibliotecas.  
Amen a esto se cuenta con dos –tres- Bibliotecas principales: La Departamental, sobre la Calle Quinta; la Biblioteca del Centro Cultural Comfandi, en el centro de la Ciudad; y la Biblioteca Centenario, que está renovándose, abriéndose al público de una manera amable. En último lugar debería mencionarse en Centro de documentación del Banco de la República, en donde se pueden hacer muy buenas investigaciones a nivel local, también ubicado en el centro de la ciudad.
Todo este prologo para decir que la ciudad no tiene las mejores condiciones culturales alrededor del libro. Una vez al año se celebraba una pequeña Feria del Libro del Pacífico que durante muchos años se realizó en las instalaciones de la Universidad del Valle, con un programa más universitario que de ciudad y que languideció y murió en la Biblioteca Departamental, ante un público que parecía desinteresado.
Y es que Cali parece no ser una ciudad lectora. Durante años se la ha convertido en punto neurálgico de encuentros deportivos y se la ha estigmatizado como la Ciudad de la Salsa, espacios en donde se han convergido los esfuerzos políticos. Sumado a esto, aunque existen diversos espacios dedicados a la Promoción de lectura, es muy difícil unirlos, teniendo como resultado en cada reunión una discusión acerca de egos institucionales y de fondos, que hacen difícil lograr resultados. De la misma manera, cuando son los promotores de lectura, quienes intentan organizarse, se encuentran con obstáculos institucionales muy complicados, como la prohibición de permanecer en otras organizaciones por motivo propio. De otra forma, el único lugar que pueden ocupar es el de sus instituciones con todas las consabidas limitaciones que eso tiene. En las ocasiones que se ha intentado, se ha concluido que a menos que se vaya con un pool de abogados, será difícil sacar algo productivo de estas reuniones.  
 Las consecuencias de esto son cada vez más complicadas y molestas. En una reunión con algunos amigos nos encontramos con las mismas molestias. En lo personal, por un viaje a Europa hace año y medio pude conseguir un libro de King que quería, El viento por la cerradura, y que hace dos semanas apenas llegó a la Librería Nacional. Uno de mis amigos ha tenido que esperar más de dos semanas por un libro de Jodorowsky y casi un mes por las Obras Completas de San Juan. Más allá de eso sin embargo hay signos de preocupación. Comencé hablando de las Ferias del libro escolares, porque son un síntoma importante de lo que está sucediendo, también de lo mala plaza referente al consumo de libros que puede ser la ciudad, porque en este momento los distribuidores principales se están retirando, es decir, si antes Plaza & Janés o Fondo de Cultura Económica, tenían representantes de sus empresas en Cali, esto ya no es así. Esta figura, o cargo, está desapareciendo y para poder acceder a los distribuidores hay que comunicarse directamente con Bogotá.
Como siempre la respuesta editorial es desalentadora. No hay planes de promoción de lectura ni descuentos en los libros ni planes agresivos de comercialización. Cali no es una buena plaza es la respuesta, pero no hay ninguna intención de cambiar esa situación. No hay ninguna búsqueda de educar al consumidor o de ofrecerle otras cosas, no hay alianzas ni búsqueda de esas alianzas. Con todo, Cali quedará al albedrío de las editoriales que venden libros de Plan Lector, más interesadas en lo didáctico y lo pedagógico, en lo políticamente correcto, que en la calidad y diversidad literaria.  
Claro que la respuesta política tampoco es muy buena. No hay presupuesto, el MIO no funciona, estamos llenos de huecos, las caleñas son como las flores, tenemos que invertir en tecnología y un largo etc., por delante. Mientras tanto nos seguiremos solazando, tenemos importantes escenarios deportivos, bailarines excepcionales, y las manos vacías, añorando nuevos y buenos libros.