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BANDADA

Author: Diego Fernando Marín
martes, febrero 18

Autores e ilustradores: María Julia Díaz Garrido y David Daniel Álvarez Hernández
Editorial: Kalandraka
Recomendado para: los pequeños
Libro álbum

¿De dónde sale nuestra rabia?, ¿de dónde salen nuestra infinita capacidad de autodestrucción? Son algunas de las preguntas que nos hecho de manera constante a través de la historia y, cómo siempre, no hemos quedado conformes con las respuestas que nos damos. Algo de eso, de ese intento de dar respuesta a estas preguntas las hallamos en Bandada.
Este libro álbum es una alegoría acerca del significado del ser humano, acerca de la forma en que el algún punto perdimos el rumbo y nos convertimos en otra cosa. A través de un dibujo a lápiz, preciosista y detallado, Díaz Garrido y Álvarez Hernández, construyen el recorrido de los pájaros desde que vieron su futuro más allá de las ramas y los nidos hasta que comenzaron a luchar contra sí mismos, después de intentar controlarlo todo no pudieron controlarse a sí mismos. Al final, sin embargo, como un diminuto atisbo de esperanza, se menciona a aquellos que aún desean extender sus alas y aprender a volar.  

Bandada fue ganador del V Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados.  

AMPHIGOREY ADEMÁS

Author: Diego Fernando Marín
domingo, febrero 16



Autor e ilustrador: Edward Gorey
Editorial: Valdemar
Recomendado para: Jóvenes lectores
Antología – Libro álbum

Hace algún tiempo me deleité, y reseñé, el estuche de  La fábrica de vinagre  de este mismo autor. Después leí El ala oeste y La bicicleta epiléptica y pensé que Gorey tendía a repetirse, a volver a los mismos elementos, a quedarse en una suerte de formula. Sin embargo, queriendo enseñar algunos libros problematizadores a una nueva amiga, me di en la tarea de pedir una amplia selección de libros de Gorey, con el ánimo de mostrárselos y, por qué no, escandalizarla un poco. El chasco terminó siendo para mí, pues no es posible, de ninguna manera es posible, hacerse la idea completa de un autor tan sólo a partir de la lectura de dos o tres de sus libros.
Amphigorey además recoge en un solo volumen 17 obras ilustradas de Gorey, 17 obras a cada cual más bizarra que la anterior, más compleja, única. Por supuesto que las obras de Gorey tienen claros hilos identificatorios, sería casi imposible dejar de reconocer su particular forma de ilustrar, plena de detalles, conformando cada una como si fuera una suerte de grabado, plena de detalles y características minúsculas, como si Gorey odiara el vacío. El otro hilo conductor, es sin ninguna duda la extrañeza. Cada página de las obras de Gorey parece esconder algo más, insinuar algo inquietante.
De otro lado, la obra de Gorey pasa de lo lúdico a lo siniestro a lo inquietante a lo francamente incomprensible, algunas veces todo ello en u solo volumen. Quizá son estas características las que hacen necesario que cada quien se sumerja en él y extraiga sus propias conclusiones.  
Como elemento particular añadiré que se trata de una edición bilingüe, por infortunio en formato vertical, cuando la obra de Gorey se ha editado por lo general en formato apaisado que permite mejor su lectura. Sin embargo, la selección de los textos es tan variada que ese elemento termina pasándose por alto.

EL GRAN CALVIN & HOBBES PARA PRINCIPIANTES

Author: Diego Fernando Marín



Autor e ilustrador: Bill Watterson
Editorial: Ediciones B
Recomendado para: Lectores en marcha
Tiras cómicas

Recuerdo que de niño uno de mis mayores placeres era esperar a que llegara el domingo para deleitarme con la edición dominical. En El Espectador eran Los Monos, en El Tiempo eran las Tiras Cómicas, así como en El País, si la memoria no me falla. Mi madre, desde lo que recuerdo, era una gran lectora de periódicos. En cuanto le dejaban algún tiempo los oficios leía el periódico con detalle, en especial la página judicial. Entre tanto, yo no perdía tiempo alguno para dedicarme a las tiras cómicas. Ahí seguía con fruición las aventuras de Spiderman, así como las de Mandrake, Roldan el Temerario, Tarzán, Lorenzo y Pepita, Educando a papá, Olafo el amargado y, recuerdo, mis primeros momentos de erotismo en papel, fueron con Modesty Blaise, quien se desnudaba impúdicamente dando la espalda al lector.
A medida que crecía me encontré con los denominados comic books, en este caso de Mafalda y Garfield. Durante muchos años las tiras del gato gordinflón alegraron muchas de mis tardes (en los últimos días di de nuevo con unas cuantas y confieso que no he dejado mi adicción). Sin embargo mi corazón se lo llevó sin ninguna duda el gran Calvin & Hobbes.
Esta tira cómica de Bill Watterson sigue hoy haciendo las delicias tanto de niños como adultos, debido a su balance entre fantasía, filosofía, humor y ternura. Si Mafalda había marcado toda una época en Latinoamérica mezclando vida cotidiana y pensamiento político, la obra de Watterson crea infinitos mundos posibles al enfocarse no sólo en la vida de un niño de 6 años, sino en sus infinitos alter egos, y su relación con Hobbes, el tigre de peluche.
  Aunque suele considerarse que las tiras cómicas –que la narración gráfica en general- es solo cuestión de dibujar y ser ingenioso, en realidad la realización de estas obedecen a reglas muy rígidas, debido principalmente a que en un principio fueron diseñadas para ser publicadas en los periódicos. Una tira dominical debe tener determinado número de viñetas, determinado número de palabras por viñeta (alrededor de 30, si mal no estoy), un lenguaje propio y, sobre todo en Estados Unidos, obedecer de manera fiel a la mirada alerta de los diversos Syndicates y asociaciones de padres. Muchas de estas determinaciones fueron violadas por Calvin & Hobbes, en algunos momentos de manera tan sencilla como en aquella celebre secuencia en que Calvin & Hobbes bailan la música clásica que han puesto a 78 rpm.
Uno de los elementos más relevantes para mí en este volumen en particular (se trata de diez volúmenes en total, de los cuales parecen haber llegado a Colombia solo los números 5, 6 y 7) es que comienza con Una noche nauseabunda, un poema gráfico, además de ser prologado por Charkes M. Schulz, el creador de Snoopy. Para los interesados, el número 5 (El gran Calvin & Hobbes ilustrado) comienza también con 7 de estos poemas, aunque son menos elaborados a nivel gráfico.  
En todo caso, para niños, para adultos, Calvin & Hobbes no tiene desperdicio alguno.

LA NIÑA DE ROJO

Author: Diego Fernando Marín
martes, febrero 11

Autor: Aaron Frisch
Ilustrador: Roberto Innocenti
Editorial: Kalandraka
Recomendado para: Lectores en marcha
Libro álbum

La historia es conocida incluso aunque jamás la hayas leído: una niña vestida de rojo es enviada a casa de la abuela. En el camino se encuentra con un lobo, quien, como ya se sabe, conoce un atajo para llegar a la casa de la abuela.
Lo que difiere en este caso no es el relato, es la puesta en escena. En un primer momento nos encontramos en un salón lleno de juguetes. Un grupo de niños rodea una mesa sobre la cual se halla una abuela en su mecedora que les dice, Acercaos, niños, que os voy a tejer un cuento. Así comienza la magia. El bosque del siglo XVIII no es el bosque de ahora, la niña avanza envuelta en un abrigo rojo con capucha, es menos niña y más adolescente. Calza unos tenis rosados. La niña avanza topándose a cada paso con una maravilla mayor. No sabe, o está acostumbrada a ello, que hay más de un lobo acechando por ahí. Finalmente la encuentran. El resto de la historia hay que recorrerlo con pies duros, atento a las trampas.
El relato se divide a nivel gráfico por la diferencia de color en los cuadros de texto. Antes de encontrarse con el lobo, los cuadros de texto son rojos; después, cuando todo se tuerce, los cuadros de texto son verdes.
Una de las versiones de los estudiosos alude a las sutiles alegorías eróticas del texto del siglo XVIII, sin embargo no desprecia una tradición anterior que rezaba que el relato de la niña de rojo aludía también a una realidad más prosaica, aquella innegable en donde los lobos acechan en los bosques.
Frisch e Innocentti no son ajenos a los tiempos, adecuan, quizá previendo las quejas de los padres, un final más acorde a los deseos de quienes exigen un final feliz. Curiosamente, ese final alterno solo reafirma la brutalidad de la primera versión.  

Innoccenti, quien en la portada aparece como responsable de la historia tanto como de las ilustraciones, muestra, una vez más, las infinitas posibilidades que conservan los cuentos tradicionales cuando son tratados con respeto. 

LA LUNA EN LOS ALMENDROS

Author: Diego Fernando Marín

Autor: Gerardo Meneses Claros
Editorial: S.M. 
Recomendado para: Lectores en marcha
Novela juvenil

Al igual que No comas renacuajos  esta es una historia de horror. Durante todo el relato el lector está atento a lo ominoso que sabe se esconde detrás de cada palabra, de cada conversación, de cada acción.
La luna en los almendros comienza relatando un juego simple en el momento en que se va la luz en un pueblo colombiano. Es en ese momento, mientras juega en la oscuridad con su hermano, que Enrique recuerda el pequeño pueblo de donde proviene, lleno de naturaleza y alejado de elementos comunes a nosotros como la electricidad y, por ende, la televisión. No es lo único por supuesto, el ausentismo escolar es protagonista, puesto que la cultura campesina impone la necesidad del trabajo en los chicos y uniones de pareja tempranos para las niñas. Es en este ambiente en que sucede la primera parte del relato, antes de las primeras visitas de “los muchachos” al pueblo. Es a partir de esto que el relato comienza a torcerse, que comenzamos a adivinar que la placida vida de la familia está próxima a complicarse, aún más cuando el ejército también irrumpe en la historia.
La luna en los almendros no presenta un solo hecho violento, sin embargo lo que cuenta alude a los elementos caóticos que ha atravesado nuestro país, a la constante guerra que hace presencia en el campo, donde además el estado a duras penas puede hacer presencia con una inspección de policía o un puesto de avanzada del ejército.
El final, abierto, solo puede aludir al encuentro con lo ominoso, de lo que, de cualquier manera, no se puede escapar; De la misma manera en que, a pesar del dolor que engendra La luna en los almendros, no se puede dejar de leer.  
Obra ganadora del IV Premio de literatura infantil El barco de vapor -Biblioteca Luis Ángel Arango 2011


domingo, febrero 9




En su edición No. 100, publicada el 27 de enero de 2014, la revista Arcadia publica una selección de obras artísticas que “(…) quiere preguntarse, cómo las artes han leído a Colombia” (Una explicación, párr.1). El resultado de tan loable búsqueda ha sido la selección final de 119 obras que van desde el cine hasta la literatura, comprendiendo esta última tanto “(...) novela, teatro, poesía, cuento, memoria y ensayo literario” (Una explicación, párr. 4).  La selección realizada, que se haya limitada en virtud de la extensión de la edición impresa, acoge obras desde 1913 hasta el 2012. Un siglo de historia, un siglo de obras. (Quienes quieran consulta la edición, pueden hacerlo en: http://www.revistaarcadia.com/edicion-especial/multimedia/100-anos-de-realidad/35350)
Sin embargo al ir atravesando una a una las páginas (tanto físicas como virtuales de este especial) el lector, el especialista, el interesado, el docente, el escritor de Literatura Infantil y Juvenil, encontrará  que no se menciona una sola de las obras de LIJ que se han producido en el país.
El hecho, por infortunio, no sorprende. Al contrario, confirma una visión popular en el país y la academia, un paradigma –que es a su vez un hecho violento- que dicta que los niños viven en el país de Jauja, que sólo habitan entre dibujos animados y que las historias que leen -y que se les deben dar a leer-  son por lo general de duendes o magos o travesías, ninguna de las cuales atraviesa el país en el que vivimos, ninguna de las cuales refleja su violencia y su atrocidad.
Lo que sí sorprende, es que dentro del jurado “(…) compuesto por 76 intelectuales, críticos y académicos escogió para esta edición las obras de su campo que, según si criterio, iluminaban con mayor acierto y talento la historia de país.” (Una explicación, párr. 2), se hallaban al menos dos personalidades que se espera tengan una visión más cercana a la LIJ, Pilar Reyes –Directora editorial de Alfaguara global- y Claudia Rodríguez –Subdirectora de programas de formación y divulgación de Fundalectura-.  Y digo que sorprende, porque aunque el lector puede  imaginar –sólo por poner unos ejemplos- que Adelfa Martínez, Juan Luis Mejía o Antonio Caballero no leen Literatura Infantil y Juvenil, si puede, o exige, que Reyes y Rodríguez si lo hagan, sino por placer sí por oficio.
El olvido –prefiero pensarlo así- de la LIJ colombiana en esta edición ha de deberse a desconocimiento de obras como Pelea en el parque, La luna en los almendros, El árbol triste, Los agujeros negros, cuentos tricolores o No comas renacuajos, sólo por mencionar algunos títulos, que reflejan en diversos niveles la idiosincrasia de nuestra nación, nuestra cultura violenta y la forma que esta afecta a un amplio sector de la población, que sin voz ni voto, la sufre y la replica. Refleja también ese limbo editorial en el que la mayoría de las obras –no todas por supuesto- son marcadas por las exigencias pedagógicas de las Instituciones Educativas, antes que por su calidad.
Por fortuna –al menos así lo esperamos- este no será el último aniversario de Arcadia, y en su próxima edición, o conmemoración, esperamos que recuerden que el país también está conformado por niños y jóvenes, por autores y editores, que leen Literatura Infantil y Juvenil, que hace bastante tiempo se ha hecho un lugar propio en la historia literaria, sino de este país, al menos sí del mundo.