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Memoria por correspondencia

Author: Diego Fernando Marín
jueves, enero 31



Autora: Emma reyes
Editorial: Laguna Libros
Recomendado para: jóvenes lectores
Biografía epistolar

Memoria por correspondencia ha sido uno de los libros más sonados  del 2012, y comentado por diversas personalidades, tanto del sector financiero como de nuestra farándula criolla. Es así, de boca en boca, cómo se ha ido consolidando una reputación, ha ido ganando lectores y adeptos, tanto a través de las revistas especializadas (Arcadia lo incluyó en sus recomendados del 2012) así como en las redes sociales. Sin embargo debo decir que el bichito de la curiosidad no me había tocado hasta que mi esposa se lo leyó en tres noches mientras alegaba con las monjas, hablaba de la miseria humana y se carcajeaba con algunos fragmentos que me ocultaba diciéndome entre tanto que me lo tenía que leer.
Teniendo entre mis manos Las intermitencias de la muerte   -que me dejó, dicho sea de paso, la impresión de que le sobraban más de sus dos terceras partes- lo dejé estar hasta que mi esposa lo soltó y Saramago me dejó con media sonrisa en los labios.
Mi prejuicio ante esta obra se hallaba fundamentado en que no conocía quien era la autora. Los rumores, puesto que de eso se trataba, decían que era una artista colombiana de mayor renombre en el extranjero que en nuestro país. Con esa información la atracción era poca. Poco sé de movimientos artísticos y mucho menos de sensibilidad pictórica. Lo mío, lo tengo claro, son las letras. Sin embargo, la recomendación de Danny, quien no se lo ha leído pero que lo ha prestado a su madre, a su novia, a mi esposa y, por último a mí, es que no hay que conocer la obra de Emma Reyes para disfrutar, para adentrarse en el libro. Vencido este primer obstáculo, intrigado por el diálogo constante de Elizabeth con la obra, y por tanto correveidile alrededor de ella, decidí saber de una vez por todas a que se debía tanto alboroto.
Lo primero que llama la atención es la sencillez del lenguaje empleado. Memorias por correspondencia, toma su nombre de aquello que justamente es, una serie de cartas dirigidas a su amigo Germán Arciniegas, en un lapso que va desde 1969 hasta 1997, en donde le relata, con la confianza ciega de aquel que sabe que tiene un auditorio fijo, sus primeros años de vida, al menos desde su primer recuerdo, hasta el momento en que esta existencia toma un giro inesperado.
Los hechos relatados por Reyes no tienen nada de realismo mágico ni de fantasía, son los hechos acaecidos a una niña, alrededor de los años treinta en el altiplano cundiboyacense, que lejos de tener una vida afortunada, se enfrenta a su suerte en el día a día, con benefactores cada vez más dudosos y, la mayor parte de ellos, apáticos. Sin embargo, aunque Reyes, humana, muy humana, confiesa sus amores, sus afectos y sus desconsuelos, se mantiene lejos del juicio a aquellos que le rodearon. Quizás, con la sensibilidad propia del pintor, sólo retrata los sucesos y deja que sea el lector quien juzgue las acciones y el panorama general.
El conjunto de la obra es de una humanidad transparente, de la que el lector sale queriendo saber más; queriendo que Reyes diga al fin que pasó con esos perros que se estaban oliendo el culo uno al otro, y luego, que había al final de esa calle y detrás de esa colina.