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LA NECESIDAD DEL EDITOR

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, junio 26



Leo Egon de Edgard Westendorp, publicado por Villegas Editores. De esta editorial siempre me han llamado la atención sus libros de grandes formatos, conocidos, principalmente a través de su librería, que estuvo activa en Cali, hasta finales de febrero de este año. A ver los nombres de autores como Angela Becerra o Patricia Castañeda y títulos como Cenicienta y la galleta de la fortuna o El alma de Bogotá, siempre me pregunté la relación de Egon con el corpus de la editorial. Un artículo reciente de la revista Arcadia me lo ha aclarado. 

En la edición número 93 de la revista Arcadia, Lorenzo Morales publica el artículo “El rediseño de Benjamín Villegas” en donde realiza un análisis de cómo Villegas Editores se ha enfrentado a un campo que en la actualidad está enfrentando una profunda crisis. Villegas en particular, ha tenido que cambiar su visión de negocios y cerrado algunas de sus librerías en el país. En este artículo Morales señala la desigual colección literaria de Villegas, donde el único éxito en ventas fue Ángela Becerra, una best-seller sentimental que vendió más de cien mil ejemplares. (Morales; 2013). Es este mismo artículo Morales señalará que Villegas es ante todo la empresa de un solo hombre, que se encarga de cada detalle de sus libros. Un elemento muy diciente en una empresa que ha descollado de manera relevante en los libros de gran formato, en especial en los de turismo y arte.

El caso de Villegas Editores es representativo, como se decía con anterioridad, de un modelo que está mutando de una manera frenética, en donde los protagonistas tradicionales –libreros, editores y escritores- no han terminado aún de asimilar. Otro elemento representativo de este cisma es la proliferación de la autopublicación. Si bien la autopublicación  no es propia de nuestros tiempos, puesto que siempre que el autor pueda invertir en sus propias impresiones, podrá autopublicarse, bien es cierto que si ha sido impulsada por la posibilidad de hacerlo sin pagar un solo peso a través de la creación de blogs o en la sencilla maquetación de a través de una procesador de texto y su consecuente transformación en documentos pdf.  Eso para los ingenuos, o quienes sólo quieren ser leídos, quienes quieren ir un poco más allá realizan su proceso a través de las facilidades que brinda Amazon, quien de paso parece garantizar que los libros no se reproduzcan con facilidad sin pagarle a quien labora. 

En El péndulo de Foucault, Umberto Eco se burla de la industria del libro, al situar un Jano bifronte editorial, que por un lado es una respetable agencia de publicaciones técnicas, Garamond, y por el otro es una empresa que facilita e incentiva la autopublicación, Manuzio. Así, todo autor, que no se considera lo suficientemente bueno para Garamond es enviado ipso facto  a Manuzio. Para la editorial, por supuesto, se trata de un negocio redondo. Mientras Garamond garantiza ediciones cuidadas, corregidas y evaluadas, Manuzio sólo se encarga de producir dinero a costa de la ingenuidad de sus clientes, a quienes se les asegura, una vez la venta de sus libros, que nunca han sido impresos en su totalidad, fracasa, que se trata de autores demasiado adelantados a sus tiempos, razón por la cual la mayor parte del lote de libros costeados serán destruidos. Sobra mencionar los ingentes esfuerzos pecuniarios que el autor de marras hace para evitar que esto suceda. 

Egon no parece haber sido autofinanciada, sin embargo si parece haber sido hecha a la medida de su autor. El libro se presenta en un estuche para sus dos volúmenes, acompañado de un hermoso árbol genealógico del protagonista y un mapa de las tierras de Norte, en donde está ubicado el relato. La presentación del libro es impecable, atractiva y bien diagramada. Los problemas surgen cuando comenzamos a adentrarnos en el relato. 

Cabe decir con anterioridad, que Egon, parece ser la única obra literaria de Edgard Westendorp, a la que le dedicó 29 años de su vida, y que vio publicada a sus 93 años de edad. El esfuerzo es más que considerable y deja a Colombia una de las pocas obras épico-fantásticas que ha tenido en su historia. Empero, el resultado deja aún que desear. El libro relata la historia de Egon Ingling, príncipe de Norland, uno de los grandes reinos de Mittgard, quien ascenderá al trono en medio de intrigas, amores y el apoyo del pueblo. Poco más sé en verdad, puesto que estoy apenas en la página 485 de 766 del primer tomo. 

 Westendorp comenzó su obra en 1974, y mucho de ella conserva la influencia de la literatura épica de aquel entonces. En algunos momentos uno cree estar leyendo un relato de Solomon Kane de Robert E. Howard, dada la plana construcción del personaje principal, a quienes se le atribuyen, casi en cada párrafo, epítetos como: heroico, entereza, lucidez, incógnita, inventiva, visión clara, etc., etc., etc.   Amén de la plana caracterización de Egon se encuentran justificadas sus acciones, tanto las benéficas como las adversas, cuando no son acompañados sus éxitos por sorprendentes Deus ex machina. Sin embargo esto no es todo, acompañando la adjetivación excesiva se encuentra el abuso de los adverbios terminados en mente, que tanto académicos como literatos buscan eliminar con presteza. Así, podemos leer: 

Su familia, bien lo sabe, ha venido enajenándose lentamente del cariño del pueblo. Si durante el reinado de su abuelo, que él ha estudiado atentamente, los intendentes reales planearon astutamente la política de interponerse entre el trono y los humildes, en el gobierno de su padre parecieran haber alcanzado plenamente su meta. (Westendorp; pg. 30)  

Se debe reconocer empero que la situación de la obra de Westendorp es atípica. Por un lado emprende su obra en solitario durante 29 años, después del cual abandona su trabajo en un baúl, de donde solo es rescatado para entregárselo a su sobrino-nieto, Jorge Pradilla, la única persona, quien de acuerdo con el periódico El Tiempo, preguntaba por la obra en cuestión. Será Pradilla quien contaría, 

(…) con la complicidad del editor Benjamín Villegas, quien luego de leer el libro se montó en esta aventura editorial. A ellos se unieron Beatriz Caballero, hija del escritor Eduardo Caballero Calderón, quien se le midió a levantar en computador toda la saga, y Leandro Carvajal, quien se dedicó durante más de un año, a la edición y revisión de datos. (El Tiempo; Parr. 7)

Es de resaltar que en ninguna parte se menciona una edición de estilo y no deja de ser curioso que su única mención sobre el libro en el informe de El Tiempo sea de una línea en la que se refiere a la concepción original del libro. 

En Egon es visible el trabajo de presentación física del libro, empero adolece de trabajo en la revisión estilística y argumentativa. Hay tres capítulos completos, por ejemplo, que se retrotraen a la adquisición de una sierva querida de Egon, Lidda, quien lo inicia en la sexualidad y le evita las intrigas de la corte; sin embargo, el episodio que relata es superfluo, no teniendo ninguna consecuencia en los actos narrados. En otra parte, Egon es atacado en medio de un bosque, y salvado gracias a un eclipse de luna que sólo es descrito después de los hechos narrados. 

Estos elementos, en su ausencia, ratifican la necesidad de un editor –que no necesariamente de una editorial-, es decir de un lector crítico y atento que trabaje con el autor en el mejoramiento de su obra, en su pulimiento. Son variados los casos de los autores (Paul Auster y Setphen King, son nombres que se me ocurren ahora)  que dan gracias oportunas a sus editores por su ingente trabajo. 

Con todo, Egon es un trabajo literario que marca un hito en la literatura colombiana, dada su capacidad de inventiva y la complejidad del mundo narrado, un trabajo que pudo haber corrido aún mejor suerte de ser acompañado por un proceso de edición más estructurado, centrado en aportarle más al autor y menos empeñado en hacer un favor.

Fuentes de consulta:
-       Morales Lorenzo. (2013) El rediseño de Benjamín Villegas. En Revista Arcadia. Edición 93. Junio 14 de 2013.  
-       Restrepo Carlos. (2010) a los 93 años publica su primer libro. Recuperado el 26 de junio de 2013, de: http://bogota.vive.in/libros/articulos/agosto2010/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_VIVEIN-7846613.html
-       Westendorp, Edgard. (2010) Egon. Bogotá: Villegas Editores.  
  


34 cuentos cortos y un gatopájaro

Author: Diego Fernando Marín
martes, junio 25



Autor: Evelio Rosero
Editorial: Destiempo (http://www.grupodestiempos.com/)
Recomendado para: Jóvenes lectores
Colección de cuentos

El siglo XX fue testigo del auge y empoderamiento de la novela sobre otros géneros literarios, aun en medio sobre las declaraciones apocalípticas acerca de la salud de la literatura en general. En este orden de ideas, no tenemos ninguna duda de que al hacer un listado sobre los mejores libros de la historias, solemos obtener, casi siempre, una lista de novelas, en detrimento de géneros como el cuento y la poesía. Aun con todo, el cuento como género literario se resiste a morir, incluso autores como Stephen King, reconocidos por el gran volumen de cada uno de sus trabajos, se toman su tiempo y le hacen un reconocimiento cada tanto a este género, publicando antologías.
No deja de ser curioso, sin embargo, que nuestra vida apretujada y el auge de artefactos como las tabletas y los kindle, este contribuyendo al renacimiento de este género. En efecto, cada vez es más común, que quienes leen en los medios de transporte o en los pocos espacios que deja la agenda diaria dediquen unos pocos minutos a la lectura de textos cortos con un sentido completo, es decir a los cuentos o a la poesía. Asimismo, en el campo de la docencia, los relatos tienen una mayor oportunidad en el momento de hacer espacios de lectura en voz alta gratuita con los estudiantes.
Este conjunto de elementos han hecho, en mi opinión, posible la publicación de estos 34 cuentos cortos y un gatopájaro de Evelio Rosero, el mismo autor de Los ejércitos y La carroza de Bolívar. Esta recopilación constituye una pequeña joya de pequeños relatos caracterizados por su sencillez y extrañeza; Rosero parece seguir la mayor de las veces la doctrina cortazariana, en donde el final debe brindar un knock-out fulminante al lector, quien pide más y más, sin darse cuenta que se trata de un volumen pequeño, quizás en demasía.
La editorial Destiempo, parte de la autodenominada Ruta de la independencia, lanzó este libro en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), anotándose con ello un pequeño hit.
Recomendado especial para aquellos que gustan de compartir lecturas en voz alta.
De otro lado, quienes quieren conseguir este libro, lo pueden hacer a través de La madriguera del conejo(http://www.lamadrigueradelconejo.com).   

Maus

Author: Diego Fernando Marín
domingo, junio 9



Autor: Art Spiegelman
Editorial: Reservoir Books
Recomendado para: Jóvenes lectores
Novela gráfica

A menudo se confunden la tira cómica con la historieta y la novela gráfica. Para el común de las personas, el concepto de historieta envuelve las tres ideas y meten en un mismo saco a Garfield, Calvin y Hobbes, Superman y  The Sandman. Esto sucede porque en los tres casos se emplean elementos comunicativos similares: globos de diálogo, viñetas e ilustraciones. Sin embargo nadie diría que una crónica, un cuento, un poema y una novela son lo mismo. Pero no se trata de lo mismo, dirá un lector avisado, y con razón. Una cosa es la literatura – añadirá (no le recordaremos que la crónica no es literatura siendo estrictos en el empleo de la palabra- y otra cosa los dibujitos.
Durante años los elementos adscritos a la narración gráfica, aunque hayan sido denominados octavo arte, se han subscrito al orden de un arte menor, un hijo proscrito, la cenicienta que se manda a la carbonera si hay invitados. Narrar de manera gráfica, de alguna manera, se ha asociado a algo que está más relacionado con niños y adolescentes que con adultos[1].
Maus, de Art spiegelman ha roto por mucho esa tradición. Incluso en 1992 se convirtió en la primera –y única- novela gráfica en hacerse acreedora del prestigioso Premio Pulitzer.
Maus, mantiene dos hilos narrativos en su estructura. El primero, y más visible, es el relato de su padre, Vladek Spiegelman, de cómo vivió la ocupación Nazi y, después de muchas adversidades, a la estadía en un campo de concentración. El segundo hilo narrativo, quizás, para mí, el más complejo, se ocupa de la tensa relación existente entre padre e hijo. Y es que Vladek no es un hombre fácil, en una ocasión Art dice de Vladek que parece personificar la caricatura, el estereotipo, de un judío. Vladek Spiegelman no es presentado como un dulce anciano obediente y cariñoso, no. Es un hombre terco, en ocasiones cruel, sumamente avaro y egoísta. Sin embargo esto ayuda a que el relato no se constituya en un simple encuentro de blancos y negros (como las viñetas), si no que realza la complejidad de los sucedido en Europa central durante la Segunda Guerra Mundial.  
Dividido en dos partes principales, Maus, se convierte en un relato de obligatoria visita, no sólo por su carácter testimonial, sino también por la frescura de su narración, que arroja una poderosa luz fría sobre la naturaleza humana.



[1] Aquí recordará el lector la manera en la que van disminuyendo las ilustraciones a medida que la edad del lector crece, en la niñez cada página está llena de ilustraciones coloridas, en la adolescencia casi no se presentan, y los adultos pareciese que no tuviéramos derecho a gozar de libros ilustrados más que en museos o libros de arte especializados.   

A mi lado

Author: Diego Fernando Marín
sábado, junio 8



Autora: Anne Mulpas
Ilustradora: Marjorie Pourchet
Editorial: Adriana Hidalgo editora (www.adrianahidlago.com)
Recomendado para: lectores en marcha
Libro-álbum

En mi adolescencia existió una serie de películas, cuyo título ejemplifica muy bien lo que se nos intentaba inculcar: Retroceder nunca, rendirse jamás. La historia de todas era más o menos la misma, un héroe se abría paso (a sangre y patadas) a través de una serie de obstáculos hasta convertirse en campeón de algo, si mal no recuerdo. Bajo esa óptica nos educaron y bajo esa misma óptica enseñamos a los que vienen detrás. Curiosamente esta última línea que escribo ejemplifica muy bien esa forma de educación, de ver el mundo, hay unos que estamos adelante y otros que están atrás.
Nuestro mundo sigue sólo un vector posible, hay que ir hacia adelante, lo que implica una forma de ver el mundo única, que no admite discusiones, y que se ve reflejado en toda una forma de vida. Si consigues algo, lo próximo que habrás de conseguir ha de ser mejor. Si no es así, se estará fracasando. Si tienes un carro, el próximo que se ha de tener (siempre se piensa en el próximo) debe ser mejor, más caro, más bonito, más azul.
En la educación infantil eso se traduce con un, mira hacia adelante, o, en momentos cotidianos, mira por donde caminas.  
Precisamente ese es el tema de este relato, A mi lado, en donde Léa, quien sigue con obediencia los preceptos de padres y docentes, descubre que la vida no pasa por delante de nosotros, si no que transcurre exactamente a nuestro lado.
No se trata de un libro-álbum muy elaborado, al contrario las ilustraciones poseen una paleta reducida de colores que sólo puedo denominar vintage. Así mismo, la estructura narrativa presenta repeticiones poéticas que harán que el libro sea asimilado, y repetido, con facilidad por los pequeños. Empero, a través de esta sencilla presentación hay un pedido para el adulto, y un susurro para que los niños se pongan en guardia: hay otra forma de ver las cosas.


 Es curioso que a pesar de haber encontrado este libro en la pasada Filbo, en el stand del Fondo de Cultura Económica, este  no se encuentra entre los libros para la venta en su sitio web, como tampoco se encuentra en la Librería Nacional o Normas (cosa que en verdad no me sorprende), al indagar un poco más lo encuentro listado en http://www.boutiquedellibro.com.ar. La duda que me asalta es si será que las librerías nacionales no lo han traído o si hay un problema con los motores de búsqueda. Seguiremos indagando.