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La biblioteca como banco

Author: Diego Fernando Marín
domingo, septiembre 16



Cuando era estudiante de colegio, iba a la biblioteca Departamental, que estaba ubicada en aquel entonces en una casona de dos plantas en el barrio Granada, si la memoria no me traiciona. Lo primero que hacía era buscar el autor o teme en un fichero catalográfico, tomar nota del número topográfico  y hacer mi pedido. Nunca podía ver los libros antes de eso. Nunca los tocaba ni podía ver su contenido. Si tenía suerte en hallar los libros que necesitaba era gracias a una suerte de providencia, de mano del destino. Por supuesto en aquel momento sólo buscaba resolver algunas cosas del colegio, y creo que no había préstamo externo. Digo creo, porque en aquel tiempo nunca se me ocurrió siquiera averiguarlo.
Cunado tuve mi manía de King llegué a la Biblioteca Centenario en busca de los libros que aún no había leído de La torre oscura. Al llegar, le pedí al bibliotecario si tenía algo de King y lo único que hizo fue pasarme una enciclopedia para que buscara su bibliografía. Desde entonces jamás he vuelto a esa biblioteca.

Cuando entré a la Universidad del Valle conocí la gloria bibliográfica. Podía buscar los títulos por medio del computador y las referencias cruzadas y sugeridas por el sistema operativo –OPAC- eran mucho más ricas. Así que me sumergí en los libros de mitología y ciencia ficción, amen de conocer a Joseph Campbell. Con curiosidad observaba que habían muchos títulos que después de un tiempo desaparecían, bien fuese porque los estudiantes que lo tenían se salían de la universidad, bien fuera porque se los robaban en las narices de los bibliotecarios y todos los usuarios. Supe entonces que la mejor manera de hacerlo era tirarlo por algunas de las ventanas del segundo o cuarto piso para que alguien lo recogiera en el primero. Aunque nunca me robé un libro de la biblioteca de la universidad, si quedó en mis manos la copia de un texto teórico de ciencia ficción – de Darko Suvin- si mal no estoy, que jamás devolví.
Años después conocería el sueño cuando encontré que la Biblioteca Departamental abría la colección al publico Esto resultó un paso fundamental para que me convirtiese en usuario permanente. Curioseaba mucho tiempo entre títulos y páginas y conocí más autores. Sin embargo, cuando trabajé en el PNLB, muchos años después, me encontré con grandes paradojas. En los municipios y/o pueblos, los alcaldes y los bibliotecarios no querían tener una colección abierta. La razón era muy simple, temían que los libros se perdieran, que se los robaran y que jamás volvieran a sus manos. La presión del ministerio de Cultura en aquel entonces era grande para que los bibliotecarios cambiaran las normas. Sin embargo era una cuestión difícil. El motivo era simple, los secretarios de cultura y/o educación de muchos municipios habían informado a los bibliotecarios que si perdían un libro ellos lo tenían que pagar.
Me causó curiosidad cuando pasados los años me enteré que  un municipio dotado con la biblioteca del PNLB, siendo el orgullo de su alcalde y esposa, mostraban la colección a  los visitantes y, de souvenir, le regalaban un libro de la nueva colección.
Escribo esto y me acuerdo de muchas cosas que sucedían en aquel entonces, pero creo que se trata de una idea que subyace en el fondo de muchas bibliotecas, y es su concepción como banco, en el sentido de institución que guarda unos recursos que no deben ser fácilmente accesados. Pienso en mi biblioteca personal, donde hay volúmenes que digo que no serán prestados; pienso en la situación de un bibliotecario escolar que maneja miles de volúmenes y a quien le cobran los libros perdidos al final del año; pienso en Danny, a quien se le robaron Nada, y tuvo que mover cielo y tierra para conseguirse el libro donado en lugar de pagarlo; pienso en las colecciones de referencia, que se formaron aduciendo que son libros de alta rotación, cuando en verdad subyace una verdad más fuerte y es que si se pierde el tomo de una enciclopedia se pierde un montón de plata.  Pienso en los ladrones de libros de la Universidad del Valle, que luego me enteré podrían trabajar para libreros que te lo conseguían todo por encargo (de la misma manera me enteré que habían libreros a quienes le llegaban libros con el sello de la Universidad del Valle o de las bibliotecas de Aguablanca y los devolvían). Pienso que hoy afortunadamente hay colecciones abiertas aunque algunas sean tan feas como las de la zona infantil de la biblioteca Luis Ángel Arango, donde todo libro nuevo o viejo ya está encuadernado con pasta verde o roja para evitar su deterioro –la de la Luis Ángel es la sección infantil más fea que he visto-.  
Pienso que en algún momento superaremos todas esas dificultades y podamos llevarnos para nuestra casa todos los libros que queramos y/o necesitemos. Eso sí, amables bibliotecarios de la Departamental, sigan llamándome antes que se venzan mis prestamos para no tener que pagar más multas. 

Imágen de la Biblioteca Departamental tomada de: http://www.valledelcauca.gov.co/publicaciones.php?id=20888 16/09/2012) Si alguien tiene una foto de la Biblioteca cuando estuvo en el Barrio Granada, agradecería su difusión. 
Imágen de la Biblioteca Mario Carvajal de la Universidad del Valle tomada de: http://bibliotecaunivalle.blogspot.com 16/09/2012)