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De editoriales y escritores colombianos

Author: Diego Fernando Marín
sábado, mayo 12

En el marco de la celebración de la Filbo, y a propósito de la conmemoración del aniversario de la muerte de Rafael Pombo, la escritora y crítica Yolanda Reyes y la directora de Fundalectura, Carmen Barvo, tuvieron un educado intercambio de ideas alrededor del papel de las editoriales y el apoyo estatal a los escritores de Literatura Infantil y Juvenil Colombiana. Reyes (http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/yolandareyes/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11576825.html)  exigía apoyo, Barvo (http://m.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/proceso-de-seleccin/11619965) defendía la poca participación de la LIJ Colombiana en la selección realizada por Fundalectura para el Plan Nacional de Lectura y Escritura, en virtud de la ausencia de calidad y/o pertinencia para la edad de lo enviado por las editoriales. Más allá de las razones esgrimidas por amabas, se deja ver un curioso vacío que está afectando la producción de la LIJ colombiana y es la responsabilidad editorial.
Las editoriales colombianas, o dirigidas al sector colombiano, se caracterizan principalmente por apostar sobre seguro. Como se ha dicho en oportunidades anteriores, reconocemos de antemano que una editorial es un negocio y, como cualquier negocio, busca manejar ganancias y disminuir, al máximo, las perdidas. Sin embargo, al dejar poco margen para las publicaciones arriesgadas y diferentes, la variedad disminuye y suelen tener una gran cantidad de libros clones. Tan parecidos, tan uniformes que rayan en la carencia de sentido, que niegan la diversidad y la cultura.
Además de Reyes, Vasco, Buitrago y otra media decena de nombres, son pocos los escritores colombianos que publican con regularidad y, sin demeritar la calidad de sus trabajos, muchas menos las editoriales que se arriesgan con nuevos nombres a menos que hayan ganado de antemano un premio literario.
Un ejemplo de esta particular forma de ceguera la podemos ver con la editorial Alfaguara. Hace unos pocos años, creo que en el 2004, Alfaguara publicó en su Serie Roja este libro que es el primero, o uno de los primeros, de la fabulosa serie detectivesca protagonizada por Flanagan, un detective adolescente. Sin embargo la descripción del libro es una fría descripción que en nada arroja interés para el lector (En lo personal, fue después de haber leído los libros de Anaya que me enteré que No pidas sardina fuera de temporada hacía parte de la misma saga y, por supuesto, lo devoré), En un suburbio barcelonés, un adolescente aficionado a la investigación privada logrará descubrir los tejemanejes de otro joven que, sin estudiar, aprueba con "demasiada" brillantez sus exámenes. (http://www.alfaguarainfantilyjuvenil.com/index.php?id=197&s=libro)Nada más. Ni una sola letra más que describa quien es el personaje principal, ni su relevancia, ni los elementos que puedan hacerlo interesante. De hecho Alfaguara no ingresa un solo libro adicional de la saga. No porque no de ganancias si no porque no han ganado premios. Si esto sucede con un libro, con una serie de libros, que ha probado tener éxito en la población juvenil, ¿qué podemos esperar de un libro propuesto por un escritor colombiano que apenas esté comenzando o que no haya ganado premio alguno?
Al respecto conversábamos con Silvia Valencia que la misma Yolanda Reyes vio publicado su libro El terror de sexto B porque había ganado un premio, de lo contrario no habría visto, quizás, la luz pública en nuestro país.
Las editoriales que apuestan por los autores colombianos, aún cuando lo hagan de una forma segura y controlada, son pocas. Entre ellas tenemos a Libros y Libros, quienes dentro del lanzamiento de su plan lector, decidieron realizar una convocatoria nacional para incluir nuevos autores colombianos en sus publicaciones. Es cierto que Libros y Libros tiene como público objetivo el Plan Lector de los colegios, es cierto que no toma grandes riesgos en sus propuestas –característica que como ya se ha mencionado, es común a la editoriales colombianas- pero también es cierto que se está tomando el tiempo para impulsar nuevos autores, que lo hace a nombre propio y, que de hecho, recibe asiduamente originales que deben cumplir sólo con ciertos criterios de calidad –si, también de corrección política- para ser publicados. No veo haciendo lo mismo a Editorial Alfaguara, Norma ni Babel. De Hecho desconozco –y sé que no sólo soy yo- los mecanismos para que cualquiera pueda enviarles originales o que estos sean tomados en cuenta –la editora de Editorial Norma, en su momento, ni siquiera era colombiana, mucho menos se hallaba radicada en el país.
Reyes y Barvo apuntan al mismo problema, al mismo hoyo negro que es responsable del exceso de libros sobre secuestrados, autosuperación, violencia y narcotraficantes. El mismo hoyo negro que estimula y recomienda sólo libros que mantienen el statu quo, por temor a no vender.
No será la última palabra que mencionemos sobre este tema. 

¿Sabrá volar el mar?

Author: Diego Fernando Marín


Autor: José Corredor-Matheos
Ilustradora: Noemí Villamuza
Editorial: El Jinete Azul
Libro ilustrado
Recomendado para: Lectores en marcha

Lo primero que me llamó la atención de este pequeño volumen rojo, fue las ilustraciones de la inconfundible Noemí Villamuza, la misma de Encender la noche y De verdad que no podía, entre otras innumerables horas. Lo segundo es la sobria edición que El jinete azul realiza con este libro. Lo tercero, pero no menos importante, es que se trata de un libro de poesía.
Hace pocos días Nathaly, nos dejó pasar a Elizabeth y a mí un breve momento a su morada en donde nos dejó dar un pequeño repaso a su biblioteca de LIJ. Había libros de todos los tamaños, colores y sabores, y entre los que me llamó la atención se encontraba este. Es difícil encontrar libros de poesía, dirigidos al público infantil y juvenil, que sean interesantes hoy en día. Me viene a la mente La alegría del querer  de Jairo Aníbal Niño,Búho en casa de Arnold Lobel, algunos libros de nanas y muy poco más.  
 ¿Sabrá volar el mar?  Se constituye en una rara edición debido a dos factores, no se halla lleno de colorines ni de ilustraciones gigantescas, que pretenden llenar el vacío de la brevedad de las palabras, ni constituye un vano elogio a los tiempos idos ni cae en los lugares comunes de las calesitas o el algodón de azúcar o el oso de peluche o el juguete de palo. No, se detiene en lo que es relevante para la poesía, para el acto poético, el juego con la palabra, con la musicalidad, los sentimientos y las sensaciones. Los poemas son breves pero se asoman a la poesía de lo cotidiano, sin pretender una trascendencia necia, sólo son y eso lo agradece el lector. No hay empalagamiento si no contemplación.
Al final, se agradece al autor haber dejado a un lado la falsa virtud y la vanidad, el cuidado que se tuvo con cada verso, donde no sobra nada, puesto que los poemas propuestos parecen haber sido podados con dedicación, y esa terrible adicción que produce la belleza.
A Carmen Borja
¿Llegaré yo a escribir
alguna vez
el poema que me abra
ese paisaje
donde pueda perderme
entre los árboles
y aspirar los perdidos
aromas de la infancia?
¿Cuándo podré crear
un mundo tan real
como irreal es este
en el que vivo?
Todo lo que he logrado
es escribir poemas.
No dan sombra sus árboles,
ni frutos.
En ellos no hay aromas,
ni el silencio que anuncia
que el poema se ha escrito.