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Hadas

Author: Diego Fernando Marín
lunes, abril 2

Ilustración No. 1. Sir Joseph Noel Paton. La cabalgata de las hadas.

Desde el siglo XVIII los cuentos de hadas abandonaron la exclusividad que les otorgaba la tradición oral para pasar a ser propiedad, primero de la literatura europea y luego del mundo entero. Desde ese momento, las criaturas pertenecientes al mundo de Fantasía, han protagonizado miles de historias alrededor del mundo. Con el tiempo sin embargo, las hadas que infundían miedo, temor, curiosidad, e incluso se hallaban cargadas de cierta aureola sexual, se fueron convirtiendo en criaturas ñoñas, predecibles y moralmente correctas; comenzaron a ser enmarcadas en una suerte de paraíso de mermelada donde todos los sueños se hacían realidad. En su célebre ensayo Sobre los cuentos de hadas, J.R.R. Tolkien ya había abordado la cuestión, haciendo hincapié en la naturaleza  peligrosa que realmente envolvía a los habitantes de Fantasía. Tolkien advierte ya desde entonces, que se ha olvidado la naturaleza oscura, ambigua y peligrosa que conlleva los cuentos de hadas, en donde el hombre es tan solo un invitado a un país, a un espacio, en donde rigen  reglas diferentes a las que conocemos. Fantasía, para Tolkien y los lectores de los cuentos de hadas tradicionales, es un lugar que difiere mucho de lo que Disney hoy nos ofrece.  
Ilustración No.2. Sir Arthur Rackham. Gnomos.
 
Los relatos tradicionales sobre hadas y duendes no son precisamente tranquilizadores. Se les trata de ladrones de niños, de embaucadores y juguetones. Es así como  antiguas narraciones como la de Rip Van Winkle, hablan de un hombre que se pierde en el tiempo de las hadas.  Raymond E. Feist, en su Cuento de hadas habla de la naturaleza traicionera de los Daoine Sidhe quienes más allá de seducir jovencitas quieren también reclamar el mundo que se les ha arrebatado. Los seres humanos suelen olvidar que antes de imponerse un único paradigma, se creyó no sólo en dos, sino en múltiples dioses. Y no todos ellos eran masculinos, de hecho no todos ellos eran seres humanos. En el centro y norte de Europa principalmente, los dioses degeneraron poco a poco en criaturas que luego, cuando el paradigma judeocristiano se impuso, se olvidaron y replegaron en los bosques. Criaturas como los sátiros, las ondinas y los berserks, permanecieron en las regiones más oscuras de los campesinos y aldeanos. Estos mismos campesinos y aldeanos que llamaban a las viejas curanderas Bella Donna –bella dama, bella señora, el mismo nombre que se les otorgaba a las hadas- cuando lograban curar a sus hijos o esposos; pero también las llamaban brujas cuando habían muertes imprevistas o inexplicables. No hay contradicción en esta denominación, los campesinos recordaban muy bien que lo sobrenatural nunca tiene una sola cara.  Esta suerte de transmigración o de involución si se quiere, lo plantea Marguerite Yourcenar, en uno de sus Cuentos orientales, en donde las hadas, quienes no pueden vivir bajo la gracia de Cristo, son transformadas en golondrinas.  
A pesar de esto, sin embargo, las hadas han caído bajo una cruel tradición en el siglo XX y principios del XXI, su reino se ha reducido de lo complejo y peligroso a lo fútil y predecible en la literatura infantil. La máxima representante de esta versión actual de las hadas es Campanita, heredera bastarda de la obra de J.M. Barrie, reducida a ser una Marilyn Monroe que representa lo positivo de la tecnificación en la era industrial, heroína simplona que sólo puedo producir a partir de los desechos olvidados por los seres humanos. Precisamente Campanita quien jamás sirvió de buen modo a los seres humanos sino por puro amor a Peter Pan. Incluso criaturas más feroces como el hombre de las nieves  o los mismos vampiros, han sido degradados para hacerlos más atractivos al afán consumista del mundo contemporáneo. Las criaturas de fantasía, han debido sufrir todo un proceso de transformación que los haga atractivos para el público. 
 Ilustración. No. 3. Disney. Campanita. 

Por fortuna escritores como el mismo Tolkien, quien creó a los hobbits, como criaturas apacibles, hizo que de ellos mismos descendiera el mezquino Gollum. Así mismo Neil Gaiman, recordó a los lectores, que los dioses antiguos no sólo eran aventureros y divertidos, sino mezquinos, tramposos y jugadores en American Gods, en tanto tampoco permitió que se olvidara que a veces en lo terrible habita una gota de piedad, según lo relata en El puente del Trol. El mismo Barrie nos recordó que en Fantasía, en su Neverland  al lado de la aventura ingenua también habitaba el feroz Garfio y el voraz cocodrilo. Los escritores que han conocido a Fantasía saben que se trata de una tierra donde todo lo que yace en el corazón de los hombres es posible. Y en el corazón de los hombres no solo mora el bien. 

 Ilustración No. 4. Gustave Doré. Pulgarcito. 

El herbario de las hadas

Author: Diego Fernando Marín


Autores: Benjamin Lacombe y Sébastien Perez
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Editorial: Edelvives
Libro-álbum
Recomendado para: Lectores en marcha

Sobre las hadas se ha escrito mucho. Se les ha ubicado como protagonistas y como comparsas, se les ha ridiculizado y ensalzado, se les ha considerado fútiles y se les ha entronizado –como Tolkien en su célebre ensayo-; sin embargo pocas, o ninguna obra, ha abordado el estudio de las hadas desde el punto de vista del naturalista, mucho menos del botánico.  La metaficción propuesta por Lacombe y Perez gana en originalidad pues ataca un tema sobre el que se ha escrito toneladas de papel y lo aborda desde un punto de vista científico, conformando una suerte de bestiario que tiene como telón de fondo la Rusia de Rasputín, en especial el período comprendido entre 1914 y 1915.
El herbario de las hadas, comprende las entradas del diario de campo del investigador ruso, Aleksandr Bogdanovitch, quien se desplazó a los bosques de Francia con el fin de recabar información acerca de las cualidades terapéuticas de la flora de la región.   Sin embargo lo que comienza con una búsqueda botánica termina con uno de los descubrimientos más grandes de la época, la confirmación científica de la existencia de las hadas. Bogdanovitch no sólo se contenta con observar lo que considera en un principio animales, al contrario, los disecciona, los estudia, los clasifica taxonómicamente y al final, se comunica con ellos. Al encontrar que se halla ante criaturas  inteligentes, el investigador lamenta sus primeras experiencias y documentación. A medida que su investigación avanza, empero, su silencio se prolonga, hecho que no sólo es notado y reclamado por su esposa, sino por el mismísimo Rasputín, quien siente que se le está traicionando. Mientras el texto avanza vemos como el tenaz científico se va desdibujando, dejando en su lugar al poeta, al visionario y al soñador. La mirada entonces se desplaza de lo objetivo a lo subjetivo. Además de las entradas del diario de campo encontramos cartas de  Bogdanovitch a colegas, a su esposa y al mismísimo Rasputín, dibujos de sus descubrimientos y muestras prensadas entre el volumen.
El trabajo de Lacombe y Perez no sólo se halla sólidamente construido desde lo lingüístico, donde hallamos varias tipologías textuales, sino que el valor de su apoyo gráfico es incuestionable. Para quienes lo conocen de textos como Los amantes mariposa, se halla aquí una de sus mejores expresiones gráficas, en donde sobresale también su capacidad para asumir diferentes formas –tipologías, habría de decir-  gráficas que asumen desde lo naturalista hasta lo fantástico. 

La edición del libro pocas veces así mismo, podrá ser superada. No sólo se encuentra la combinación de los textos con los gráficos, sino que se emplea el troquelado y el uso del papel pergamino, con intenciones que abarcan el encubrimiento y el empleo científico. Atrás no se puede quedar la yuxtaposición de imágenes y “reproducciones”  epistolares, que causan asombro y maravilla en el lector.
Míresele por donde se le mire, El herbario de las hadas es un increíble encuentro en el arte editorial. Un volumen donde el diseño, la calidad del texto alfabético y gráfico, confluyen para hacer un libro excelso.