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Peleando a la contra

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 27


Autor: Charles Bukowski
Editorial: Anagrama
Recomendado para: Jóvenes lectores  
Antología

Siempre hay un libro. Y cuando me refiero a esto quiero decir que siempre está el libro que se salva en el diluvio o que se lleva a la tenebrosa cita del trabajo o cuando nos vamos a hacer ese examen que tanto nos disgusta y/o tememos. En mi caso hay varios, por supuesto. Uno de ellos es la saga completa de La torre oscura de Stephen King; otro, sería sin lugar a dudas, Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand; y qué decir del nunca bien ponderado Los miserables de Victor Hugo; y junto a ellos, sin desmerecerlos ni un poquito, se halla este volumen antológico, que reúne, a mi juicio, lo más selecto de ese gran perdedor que fue Charles Bukowski.
A Bukowski hay que comenzar a leerlo en la juventud, cuando nada de lo que se haga puede dejar de asemejarse a la torturada vida de este escritor. Hay que leerlo viendo Barfly y tomándose una cerveza, o cuando se prueba por vez primera el sexo de una mujer. Es un libro que siempre tiene un valor, una línea que merece ese momento que estamos viviendo. Y es que la importancia de la obra de Bukowski consiste no sólo en la grandeza de su poesía, sino en cómo esa poesía nos recuerda constantemente lo que somos y lo que hacemos; se trata de una obra que en su conjunto está a la altura de los mitos, puesto que nos permite identificarnos. Bukowski no es alto, y esa bajeza nos permite encontrarnos a nosotros mismos y recordar que también podemos contemplar y hacer la poesía.
Mi historia con este volumen en particular comienza con el ejemplar de la universidad y luego el encuentro de muchos de sus poemas en una horrible traducción argentina (que me disculpen los argentinos, me encanta su traducción de Los tres cerditos  de Rald Dahl, pero los detesto cuando traducen a Bukowski) que decía vos y sos en cada línea, lo que me hacía sentir que estaba leyendo uno de los malos poemas de Benedetti.
Durante mucho tiempo busque Peleando a la contra y aunque hallé en la red un ejemplar escaneado no fue suficiente. Sin embargo hace poco tuve la posibilidad de encontrar en una única librería esta maravillosa antología que recoge tanto sus mejores poemas y fragmentos autobiográficos, lo que permite leer el libro como si se tratara de una novela posmodernista o, simplemente –cómo me gusta a mi- ir pasando sus páginas encontrando maravillas como aquella vez que acudió al doctor para que le ayudara con su horrible problema de acné o aquel hermoso poema El cordón del zapato, que recientemente le leí a mis estudiantes de último grado y que transcribo a continuación: 

una mujer, una rueda
pinchada, una
enfermedad, un
deseo; temores ante ti,
temores que
puedes estudiar
como las piezas de ajedrez…
no son las cosas importantes las que
llevan a un hombre al
manicomio. está preparado para la muerte o para
el asesinato, el incesto, el robo, el incendio,
la inundación.
no, es la serie continua de pequeñas tragedias
lo que lleva a un hombre al
manicomio…
no es la muerte de su amor
sino el cordón del zapato que se rompe
cuando tiene prisa.
el horror de la vida.
es ese enjambre de trivialidades
lo que puede matar más deprisa que el cáncer
y siempre están ahí:
la matrícula del coche o los impuestos
o el permiso de conducir caducado
o los contratos o los despidos
hacerlo tú o que te lo hagan o
el estreñimiento
o las multas por exceso de velocidad,
polillas, grillos o ratitas o termitas o
cucarachas o mocas y
la tela metálica que se
ha roto,
o pasarse
o no llegar,
la pila atascada o la casera borracha
al presidente no le importa y el gobernador está
loco.
el interruptor de la luz roto, el colchón como
un puerco espín,
105 dolares por la puesta a punto, el carburador y la bomba de
gasolina en Sears Roebuck,
y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa
que baja
y la cadena del retrete que se ha
roto
y la instalación de la luz que se ha quemado,
la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás,
la luz del interior; está más
oscuro que el infierno y
es el doble de caro.
y, además, siempre hay ladillas y uñas que se encarnan
y gente que insiste en que son
amigos tuyos;
siempre hay eso y cosas peores:
grifos que gotean, Cristo y la Navidad,
el salami azul, 9 días de lluvia,
50 centavos de aguacates
Y embutido de hígado morado.

o montárselo
de camarera en Norm´s con turno partido,
o de vaciador de}orinales,
o de lavacoches o de pinche de cocina
o de ladrón de bolsos de ancianas
que las deja gritando en la acera
con un brazo roto a la edad de
80 años.

de pronto
2  luces rojas en tu espejo retrovisor
y sangre en
la ropa interior;
dolor de muelas y 979 dólares por un puente
o 300 dólares por una muela
de oro,
y China y Rusia y Estados Unidos y
pelo largo y pelo corto y
pelo y barba y sin rostro
y muchos papeles de liar pero ninguna
hierba excepto tal vez la del jardín.

con cada cordón del zapato que se rompe
de entre cien cordones de zapato que se rompen,
un hombre o una mujer o una
cosa
va a parar al
manicomio.

así que ten cuidado
al agacharte.


  

Las sombras de la escalera

Author: Diego Fernando Marín


Autora: Irene Vasco
Ilustrador: Patricio Betteo
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Recomendado para: Lectores en Marcha
Libro ilustrado

No son muchos los libros que aborden el tema de las supersticiones desde un punto de vista respetuoso con las diversas creencias y culturas. Por lo general se construye una historia de terror, una adaptación de un cuento del folclore o una historia donde las supersticiones son tratadas como nada más que eso y son  ridiculizadas o “desenmascaradas” a la luz de los hechos científicos. Nada de eso sucede con Las sombras de la escalera.  Todo lo contrario, el lector se encontrará cara a cara con algunas de las creencias más relevantes de la costa atlántica del país, y al mismo tiempo esa inveterada creencia que aún subsiste en el corazón de la civilización, los fantasmas. El protagonista del relato no será otro que un niño con nombre de viejo, Roberto Alcántara, quien tiene que viajar al interior llevando de la mano, en su mente y en su corazón, todo un conjunto de creencias acerca de la vida y de la muerte y de lo que condiciona cada uno de los pasos que da. En especial el significado que tienen las mariposas negras. En el mundo al que ingresa, el de la ciudad –y no cualquier ciudad, se trata de la capital- sólo encuentra  eco de sus temores en un par de lavanderas con quien intercambia otra suerte de creencias.
En esto radica el valor más importante de Las sombras de la escalera, en su capacidad de no ridiculizar, sino de poner en funcionamiento todo un mundo a partir de las creencias de un niño costeño; en darle vida a esa manera especial de ver su entorno y el universo entero.  
  Sin ser un libro problematizador, Vasco se encarga de poner de relieve que aunque hayan culturas muy diferentes todas ellas se pueden encontrar en el mismo punto, la muerte. Amen a esto, las ilustraciones de Patricio Betteo, a pesar de la sencillez de sus rasgos, logra caracterizar bien los personajes lo ominoso que puede resultar un ambiente nuevo y una mariposa negra.