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Ferias escolares del libro

Author: Diego Fernando Marín
domingo, abril 29

Por supuesto, se está realizando en mi país la Feria Internacional del Libro de Bogotá –Filbo- que parece ser una de las más exitosas de los últimos años, no sólo por la cantidad de libros vendidos si no por la enorme cantidad de actividades y perspectivas sobre la literatura y la dinámica de los libros en general.
Sin embargo, y a la par, en la semana que acaba de terminar, se realizan decenas si no cientos, de otras ferias, más humildes, más limitadas, pero no por ello menos importantes, se trata de las ferias escolares del libro.
Una vez al año, alrededor del 23 de abril, todos los años, los docentes de lenguaje y los bibliotecarios se hallan apurados inventando, organizando, planeando y ejecutando proyectos alrededor del libro y la lectura preferiblemente. Suelen acompañarse de invitaciones a grupos de danzas, obras de teatro sobre el quijote o de Shakespeare, pequeños recitales de poesía, zanqueros, talleres de escritura, narración oral, plastilina, y cuanta actividad tenga cabida dentro de esta magna celebración. Por supuesto, todos coinciden en lo mismo, las ferias del libro son una oportunidad para que el público se acerque a los libros y el placer que brinda la lectura, intentando abarcar la mayor cantidad de intereses, desde el más humilde al más pretencioso.
Este tipo de ferias suelen mostrar los puntos débiles del campo editorial colombiano. En primer lugar, al ubicarse la mayor cantidad de actividades en el mismo mes, los vendedores – que no son ubicuos- sólo pueden estar en una de las instituciones educativas convocadas. Ahora, si la feria del libro en particular, se cruza con la Filbo es poco probable que las editoriales más interesantes asistan puesto que centralizan todo su material en Bogotá. En segundo lugar nos encontramos con que quienes asisten a las ferias del libro son precisamente vendedores, no promotores de lectura. Es decir, que la mayoría de las veces no conocen el material que están vendiendo y sólo pueden realizar indicaciones como: Ese libro se ha vendido muy bien, a los jóvenes (niños, adultos, mujeres, ancianos, mascotas), les ha gustado mucho. En tercer lugar, y creo que esto es nuevo, las editoriales están dejando de llevar material a las ferias del libro escolares para los jóvenes y se están centrando en el público infantil.
Aunque en apariencia este último punto es bueno –los datos acerca de la lectura de libros infantiles impresos son cada vez más saludables, reflejando una optima situación comercial-, también quiere decir –una vez más-, que la industria editorial está dejando de lado a los adolescentes. Y es curioso porque las cifras, tanto en ventas como en números publicados, muestran que los adolescentes reaccionan de manera favorable al enfrentarse a títulos interesantes, aunque algunos de ellos no gocen de nuestro favor. Un ejemplo de esto es el éxito de Los juegos del hambre o la serie Oscuros. Algunos incluso están pasando a lecturas más sofisticadas y exigentes como Juegos de tronos, Perder es cuestión de método o La senda del perdedor.
Por supuesto se trata de un público más duro y escéptico, con el que hay que ejercer tácticas indirectas y certeras. Empecemos con saber que la mayor parte de los adolescentes, al encontrarse con títulos infantiles, parecen buscar el rostro más próximo para burlarse de él. Sin embargo, al toparse con un librero atento y hábil, pueden entrar en confianza con cierta facilidad. Pero, aquí está el detalle, el adolescente no va convencido de lo que va a comprar, es indeciso, necesita ser seducido, convencido, que le muestren interés. La mayor parte de los vendedores, como ya mencioné, son sólo eso, vendedores. La mayor parte del público infantil ya se halla seducido, convencido, sólo buscan de que enamorarse.
El infantil es un público más sencillo al ser más cercano, sensible, a los relatos y la palabra escrita; el adolescente es un público más esquivo y desconfiado. Curiosamente, también más ingenuo. La mayor parte de los adolescentes no quitan las cubiertas plásticas de los libros porque no saben que se puede hacer, piensan que se enfrentan de antemano a la mirada reprobadora del adulto. Lo curioso es que la mayor parte de las veces no se equivocan. A los libreros, a los vendedores, no les interesa que su mercancía sea tocada pero no comprada. Sin embargo, desde el otro lado, desde el lado del promotor, del pedagogo, esa atención al libro es siempre bien recibida; significa que aunque no se ha vendido el libro físico, la idea del libro como un material de ocio, con el cual pasar el tiempo, si se ha vendido.
Nuestros libreros, vendedores, desafortunadamente no ven eso.        

La noche de la visita

Author: Diego Fernando Marín
sábado, abril 28

Autor e ilustrador: Benoît Jacques
Editorial: A buen paso
Recomendado para: Primeros lectores
Libro-álbum

Una de mis adaptaciones favoritas de Caperucita Roja es la de Roald Dahl en sus Cuentos en verso para niños perversos. Sin embargo está lejos de ser la única, e incluso la más original. Desde su aparición, a partir de los trabajos de Perrault y los hermanos Grimm, comenzaron a desfilar decenas de variaciones y estudios críticos interpretativos –el más famoso quizás el de Bettelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas-. La variedad de adaptaciones, versiones y reinvenciones es tal que incluso Luis Bernardo Yepes pasó de ser un coleccionista a realizar un montaje museográfico sobre esta niña que se topa con uno de los más grandes depredadores del siglo XVIII. Su influencia ha pensado tanto sobre nosotros y nuestra pobre psique, que aún hoy en día, resguardados por nuestros muros de concreto, justo en medio de la noche, le tememos al lobo. Aunque no siempre gane.
La noche de visita puede tomarse como una nueva versión de Caperucita Roja, sin embargo el famoso relato de cuento de hadas es sólo una excusa para robarse uno de sus más emblemáticos y pasivos personajes, el de la abuela. Mientras en el relato original la abuela es sólo una excusa para la visita de caperucita, en este relato caperucita es sólo una excusa para el relato de la abuela.
Es de noche, y probablemente hace frío. En medio de la oscuridad, la abuela, que es un poco sorda por supuesto, escucha a alguien tocar la puerta de su casa. Pregunta quién es, una voz comedida responde y pide que abra. La anciana no oye, vuelve a repetir su pregunta. Esto sucede una y otra y otra vez, con lo que el visitante va cambiando su respuesta, pasa de sereno a impaciente, de impaciente a molesto y de molesto a furioso. Cada respuesta va tiñéndose de una rabia que quiere destrozarlo todo y que se ve desbordada por respuestas dignas de Poe, como cuando a mitad del libro, el visitante, similar ya a un espectro, responde en la plenitud de su ira y la abuela inquiere una vez más -¿Es un ser imaginario o una persona real la que creo oír?. Acompañando este intercambio constante de preguntas y respuestas, las ilustraciones nos muestran a una ancana indefensa contra un mal poderoso y metamórfico que desborda con mucho los límites de la casa a la que intenta entrar. El conjunto de exigencias del visitante conforme aumentan de tono, van develando también un poder ominoso y terrible.
Sin embargo cada noche va un amanecer y cada semana la abuela recibe la visita de su nieta de la caperuza roja. Aunque el relato no termina ahí. Cuando todo parece haber terminado y nos encontramos con la mención legal de la impresión, el visitante aún sigue allí, esperando.     
lunes, abril 23


Autor: Marco Denevi
Ilustrador: Max
Editorial: Media Vaca
Recomendado para: Jóvenes lectores
Libro ilustrado
 En memoria de mi abuelo, Antonio Marín. Kirye eleisón.
 
Hace mucho tiempo  quería hablar de la Editorial Media Vaca y sus libros, de la extrañeza que producen y de su singular composición. Hace mucho tiempo que quería hacerlo pero siempre dejaba a un lado la posibilidad, bien porque no podía tener el libro el tiempo suficiente a mi lado, bien porque justamente ese ejemplar no me satisfacía – de cien, uno-. Empero hoy, justo hoy ha llegado esa oportunidad por medio de un obsequio de Danny (por supuesto ese obsequio trae una historia detrás pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión).
Los libros de Media Vaca me hacen pensar en una palabra, riesgo. Sus producciones no son convencionales, siempre abordan un ángulo diferente de las historias y suelen meterse con temas políticamente incorrectos o, al menos, problematizadores. Así que suelo sentirme cómodo cuando abro alguna de sus publicaciones. Eso fue lo mismo que pasó cuando Danny me entregó esta pequeña maravilla.
Un perro en el grabado de Durero titulado “El caballero, la muerte y el diablo”, en adelante El perro… no es el primer relato que nace de una pintura. Algunos libros como Greta la Loca ya lo ha hecho con anterioridad, e incluso existen variados volúmenes –como la serie de Carlota publicada por Serres- dedicada al tema. Sin embargo, pocos de ellos son completados por una narración/ descripción tan inquietante y de tan alta literatura como esta.
El perro… está integrado por un ilustrador y un escritor que a fe mía no se han conocido, de la misma manera que estoy seguro, el autor del relato jamás conoció a Durero. Aún así el producto resalta por su ingeniosa edición. A diferencia de muchos libros ilustrados, el texto y la imagen no conviven juntos en las mismas páginas. Podría pensarse entonces que primero se presentaría el texto alfabético y después su contraparte gráfica, pero tampoco sucede así. Lo primero que nos encontramos es una serie de ilustraciones que a modo de viñetas nos van relatando una historia, después encontramos la historia propiamente dicha, el texto de Denevi que comienza, 

 El caballero (todos lo sabemos) vuelve de una guerra, la de los Siete Años, la de los Treinta Años, la de las Dos Rosas, la de los Tres Enriques, una guerra dinástica o religiosa o quizá galana, en el Palatinado, en los Países Bajos, en Bohemia, no importa dónde, tampoco importa cuándo, todas las guerras son fragmentos de una única guerra, todas las guerras forman la guerra sin nombre, la guerra a secas, la Guerra (…)  
luego se enfoca en el caballero, en sus motivaciones, en sus deseos, reflexiones, cansancio y al final, cómo un perro lo recibe, y como ese perro adivina mejor que el caballero, lo que este trae con él. 



A pesar de su fragmentación aparente, Media Vaca presenta tres versiones de la misma historia –cuatro, si incluimos el grabado original que no aparece en el libro-,la gráfica, la alfabética y el afiche que representa la versión de Max del grabado de Durero.
El perro…es una profunda reflexión sobre la guerra y ese arduo ajedrez que Dios juega con nosotros o, quizás, el que nosotros pretendemos que Dios juega con nosotros.  

Búho en casa

Author: Diego Fernando Marín
domingo, abril 22


Autor e ilustrador: Arnold Lobel
Editorial: Ediciones Ekaré
Recomendado para: Para los pequeños
Libro ilustrado

Por lo general se considera la poesía como una forma literaria con unas normas previstas de antemano. Si ahondamos un poco más, aparecerá las palabras, rimas y versos, y si le preguntamos a un adolescente, mencionará palabras como aburrido e incomprensible.
Sin embargo los niños pequeños saben que la poesía es otra cosa, habitan con ella por medio de nanas, arrullos, trabalenguas, juegos de manos y adivinanzas. Visitan además la poesía misma que habita en las palabras, sin detenerse a ver si está escrito en verso o en prosa. La poesía es una forma de vida, para ellos –tal vez deberíamos aprender de ellos-, una forma de ver el mundo.
Uno de los escritores que hacen habitar mejor a los lectores el acto poético es, sin duda alguna, Arnold Lobel, y uno de los libros que mejor representa esto es Búho en casa. Este libro contiene cinco pequeños relatos protagonizados por Búho y su forma de habitar la poesía. Para el lector adulto, demasiado habituado al paradigma de causa-efecto, la mayor parte de las acciones de Búho podrían no ser verosímiles, es decir, sus actos no se corresponden con nuestro mundo de referencia. Búho habita un espacio que se corresponde, aunque no esté escrito en verso ni haya rima, con el acto poético. Sus acciones están plenas de sensibilidad e inocencia.
Abismarse en Búho en casa, es habitar la infancia, ese momento en que las palabras fascinan, encantan y encarnan por sí mismas todos los mundos posibles.    
El otro elemento a considerar son las ilustraciones que acompañan el texto. Búho aparece en diversas posiciones cotidianas y otras un poco extrañas e incluso graciosas. Una mis díadas favoritas es Té de lágrimas, un relato en donde Búho busca recordar las cosas más tristes que conoce –Canciones que no se pueden cantar, cucharas que han caído detrás de la estufa y que nunca serán encontradas, libros que jamás podrán ser leídos, porque algunas páginas les han sido arrancadas…- con tal de obtener las lágrimas necesarias para un té que produce felicidad en quien lo bebe.
Entrar a casa de Búho, es entrar al espacio en que hábita el acto poético.    

¡Es una traviesa esa raya!

Author: Diego Fernando Marín
martes, abril 17


Autora: Carmen Leñero
Ilustrador por: Luis Fernando Enríquez
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Recomendado para: Primeros lectores
Libro-álbum
Hay libros con los que uno guarda deudas, libros que permanecen en el estante a pesar de que los hemos disfrutado muchas ves, libros que cuando uno menos lo piensa saltan a tus manos. Uno de esos libros, por supuesto, es este de Carmen Leñero y Luis Fernando Enríquez.
¡Es una traviesa esa raya! traza una línea divisoria entre dos mundos, o una multiplicidad de ellos, es un golpe asestado a la unicidad de pensamiento, al paradigma que presenta el mundo como un elemento definido, predecible y cognoscible en su totalidad. Todo comienza en el momento en que un niño al hacer una línea para su trabajo de geografía se encuentra con que la raya que traza sobre su cuaderno escapa de él, del orden cerrado, de lo aprehensible y comienza a dividir en dos el mundo que lo rodea. De un lado se halla lo definible, del otro, aquello que a duras penas se puede percibir; de un lado está el tiempo línea y del otro la atemporalidad; de un lado se halla la cotidianidad, en el otro se encuentra el conejo de Alicia; de este lado, el cuerpo, del otro, la sombra. Así, por medio de una rima constante Leñero nos sumerge en la posibilidad de los mundos posibles, en tanto Enríquez por medio de unos dibujos fascinantes nos va enseñando algunas de las posibilidades que Leñero nos plantea.
Con sorpresa descubrimos, al cerrar el libro, que la raya no sólo ha escapado del cuaderno de geografía, sino que ahora nos circunda, nos define y nos muestra los mundos a los que podemos acceder.