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El castillo ambulante

Author: Diego Fernando Marín
domingo, agosto 21
Autor: Diana Wynne Jones

Editorial: Berenice

Recomendado para: Jóvenes lectores

Novela

El nacimiento de El castillo ambulante es un ejemplo de lo que pueden lograr los autores cuando escuchan a los otros, en este caso a los niños. La sugerencia del título proviene de un niño en edad escolar, a quien la autora se afana en agradecer en la dedicatoria del libro. El resultado es inmejorable.

Por supuesto había visto antes la película de Miyazaky, y no soñaba ni por asomo que estuviese basada en un libro. De hecho pensaba que se trataba de la exacerbada imaginación del director oriental. Pero no, se trata de una obra inglesa, que desafía como pocas los conceptos de magia, crecimiento e identidad.

El castillo ambulante tiene varias peculiaridades. En primer lugar su protagonista principal es una mujer, que durante la mayor parte de la narración es una anciana que se dedica antes que nada a limpiar. Limpia, alega, fisgonea, mete la pata y se yergue con orgullo y coraje. En segundo lugar cuestiona la lógica de los cuentos de hadas y de fantasía –Lo que nunca pudo hacer J. K. Rowling- desde el principio. Su protagonista está condenada al fracaso, no se ve bella y su contraparte masculina es un misterio completo, que ama a las arañas, es voluble, cobarde y caprichoso, que hace berrinches antes que emplear su fuerza. En absoluto se trata de un mago ejemplificante. No se trata de Dumbledore ni de Gandalf, sólo es Howl. En tercer lugar reivindica el valor de la brujería simple, aquella que es hecha con palabras, aquella que empleamos todos los días y que se halla al alcance de todos los mortales. Por último, es una historia de amor y crecimiento, donde el amor y el crecimiento son metaforizados antes que figurativizados. Durante toda la narración nos vemos inmersos en la historia de una busca personal y familiar, la búsqueda de un lugar por alguien que se siente destinado a la más gris de las vidas.

Con todos estos elementos, sin embargo, debe resaltarse la agilidad de la narración de esta autora que no le permite al autor un solo respiro. Los personajes están completamente vivos y su interacción es tan natural y dentro de marcos tan cotidianos que a veces olvidamos que se trata de una obra de fantasía y pensamos que se trata de una escena que podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Para quienes piensan que una vez vista la película, para qué leerse el libro, puedo decirles que se trata de textos diferentes. La obra de Miyazaki difiere en muchos aspectos del libro de Wynne Jones, de hecho a partir de la mitad del libro se trata de historias con énfasis y perspectivas diferentes.

En suma, una obra que se puede disfrutar en una o varias sentadas, que de seguro no desilusionará al lector.

Tsumani

Author: Diego Fernando Marín

Autor: Joydeb Chitrakar

Ilustrador: Moyna Chitrakar

Editorial: Petra ediciones

Recomendado para: Jóvenes lectores

Libro-álbum. Libro-pergamino.

Tsunami no es un libro convencional. No lo es por sus orígenes ni por el formato en que es publicado. No lo es tampoco por su clasificación. No es un libro álbum según su definición precisa de la misma manera en que un manuscrito iluminado de la edad media o un códice Maya no lo son. Es complicado.

Tsunami se origina en los tristes hechos acaecidos hace unos cuantos años que barrieron a varias ciudades y pueblos de Asia. De hecho su comienzo es muy evidente:

Presten atención ahora

Escuchen ahora mis palabras

La trágica historia que yo canto

Sobre la ola que arrasó con todo

¡Tsunami!

Devorador de seres vivos.

La forma pertenece a la tradición juglaresca india. Es una canción proteica con una melodía a la que no podemos acceder. Para algunos, incluso, el texto es demasiado sencillo, más pertinente que estético. Empero debe recordarse en primer lugar que se trata de una traducción y en segundo lugar, que el texto pertenece a una tradición milenaria que tiene sus propias formas y reglas, a las que no sabemos –occidentales somos- acceder.

Amen al texto alfabético, viene un hermoso texto gráfico continuo a través de las diversas páginas, acompañando las estrofas que componen la canción, que nos recuerda los códices y los antiguos papiros. Aquí el tsunami es metaforizado por un monstruo de grandes colmillos que vomita un río de agua que arrasa todo y cuyas riberas son serpientes. A su costado izquierdo vemos como surgen campesinos, medios de comunicación, socorristas, las honras fúnebres de aquellos cuerpos que son rescatados y finalmente a los que quedan.

Tsunami no es una obra fácil, dada la cantidad de capas que posee. Por un lado es un ejemplo de poesía primigenia alfabética y gráfica, de otro, un desgarrador canto a uno de los fenómenos más desgarradores de la naturaleza, junto a esto tenemos una hermosa presentación que no transige con la idea del libro occidental y nos obliga a desdoblar el texto hasta tener una tira vertical en donde todo confluye. Incluso lo que nosotros llamaríamos portada, trae un pequeño orificio que sin decirnos nada nos sugiere preparar una pared para colgar esta obra de arte.

Otra historia de esperanza antes de partir:

Un viejo templo, testigo de tantos ires y venires,

Se yergue en la costa

¿Caerá ante la lengua del agua?

¿No volverá a cantarse su canción?

¡Pero no!

Resiste el choque de los vendavales

Y el agua revela un templo oculto

Descubierto por las olas que se acabaron la arena

Aun en la destrucción, mostraste algo grandioso.


Fanuel Hanán Díaz llama libros perturbadores, a aquellos textos en donde se tratan esos aspectos de la niñez como la sexualidad, la violencia, la tristeza y el abandono entre otros. Libros necesarios y bellos pero que conllevaban un cúmulo de situaciones difíciles en la que había que explayarse en los vericuetos de los contenidos y responder preguntas cómo las que ponían nervioso al padre de Mafalda. Libros incómodos, inquietantes, molestos incluso. Así, títulos como El pato y la muerte, Juul, El corazón y la botella, Sapo y la canción del mirlo y El libro triste, entre muchos otros, son considerados textos con muchas aristas, puntiagudos, que perturban. En lo personal nunca me gustó el término de Hanán Díaz, me parece incorrecto. Perturbar es sinónimo de molestar. No considero que ningún libro moleste. Con mucha arrogancia de mi parte, he adoptado el término problematizador, refiriéndome a la capacidad que tienen estos libros de traer a colación temas que a los adultos en la mayor parte de las ocasiones no les gusta comentar con los niños porque se trata de Tabúes.

La noción de infancia ha atravesado por múltiples acepciones. Se les ha considerado adultos en miniatura, sinónimos de inocencia y criaturas de Dios. Freud levantó un gran escándalo cuando habló de la amoralidad en la infancia y de su temprano despertar sexual. Quizás desde entonces existen esos temas de los que no se puede hablar con los niños. Temas sobre los que se construyen tempranos mitos, castillos de arena que se van derrumbando hasta llegar a la solida columna de la verdad. Una de las mejores muestras de lo que sucede con los temas tabú, lo ha dejado Borges en su relato La secta del fénix.

Los niños y adolescentes necesitan respuestas claras acerca del misterio de su lugar en el universo. Somos los adultos los que las negamos. Luego llegan las recriminaciones por supuesto, nos preguntamos porque las adolescentes de hoy en día siguen creyendo en estupideces como que lavarse sus órganos genitales con soda después de tener relaciones sexuales impide el embarazo, o se ponen a saltar cual maníacas sobre una cama esperando tener el mismo resultado, todo porque hemos satanizado el sexo, porque no hablamos abiertamente sobre el sexo cuando nos preguntan sobre él.

Recientemente conversaba con una docente de preescolar, atenta a nuevas publicaciones de literatura infantil, con criterio amplio en materia de lectura y poco amiga de la censura de libros, acerca de El corazón y la botella de Oliver Jeffers. Para quienes no conozcan el texto, este trata del dolor ante la pérdida y cómo una niña al perder a su padre decide encerrar su corazón en una botella. El libro es una muestra de poesía y belleza como pocas. La profesora se preguntaba qué tan viable era tratar este libro con sus niños de preescolar. El tema en cuestión era, y cómo les explico… El trasfondo es, y cómo les hablo sobre la muerte, sobre la pérdida, sobre el dolor… Tal vez la respuesta más simple es, con sencillez y sinceridad. Sin embargo a veces esto tampoco es necesario. Lo afirmo porque curiosamente había leído hacía poco ese mismo libro con Alejandro.

Alejandro tiene cuatro años y su actividad favorita consiste en ir a la biblioteca. No le gusta el cine por el alto nivel del volumen pero si sigue la televisión. Conoce la obra de Anthony Browne e Isol y uno de los pocos libros que se le censuran son los resúmenes de clásicos como Tom Sawyer o Veinte mil leguas de viaje submarino que a veces caen en sus manos cuando va de pesquisa a los estantes. Lo confieso, es física pereza. Por supuesto, hay otro tipo de consideraciones a tener en cuenta, pero nos desviaríamos del asunto.

Cuando nos enfrentamos a El Corazón y la botella, las preguntas de Alejandro fueron, ¿Qué lleva esa niña colgando? y ¿qué es eso?, refiriéndose al dibujo del corazón que hay en las páginas de guarda. Respondí a sus preguntas con tranquilidad y no intenté aleccionarlo sobre nada. También sé que es muy probable que Alejandro no haya llegado al fondo de la historia, quizás no haya captado la metáfora sutil de Jeffers sobre la pérdida. No me interesa. No es la última vez que él estará frente al libro. Alguna vez Elizabeth señaló que Alejandro se hacía repetir una y otra vez aquellos libros que no entendía muy bien, y que cada vez aumentaba la profundidad cognitiva de sus preguntas sobre diversos aspectos del libro. La próxima vez que ambos estemos frente al libro de Jeffers hará otro tipo de preguntas y está bien. Si los libros no nos ofrecen interrogantes, la verdad no valdrán mucho la pena entonces.

La cuestión acerca de los libros problematizadores es simple y pura, les complican la vida a los adultos, les recuerdan que los niños se interrogan constantemente acerca del mundo y su funcionamiento, que no siempre tragan entero. En la mayoría de las ocasiones no son los libros los que perturban, son los adultos los que se perturban, los que prefieren ignorar las preguntas incomodas. Los libros no hacen nada, de hecho, se ofrecen como un nodo que problematiza una sitaución al evidenciarla, al sacarla a la luz.

Recuerdo que un promotor de lectura de una biblioteca pública trabajó los Diarios de Anais Nïn con adolescentes de 15 a 18 años, fue confrontado con la asesora pedagógica de la institución porque existían libros adecuados para los jóvenes y otros que no lo eran. El asunto no era de una dificultad cognitiva ni emocional, el asunto era que los Diarios de Anais Nïn, hablaban –hablan aún- sin tapujos sobre el sexo.

Una última pregunta abierta: ¿Por qué será que se le ponen tantas pegas a los niños frente a ciertos libros pero no frente a la televisión?
P.D. Las ilustraciones pertenecen al libro de Oliver Jeffers, El corazón y la botella, publicado por Fondo de Cultura Económica.

Es un libro

Author: Diego Fernando Marín
Gatosombra, Nathalie, una de las integrantes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil con quienes nos reunimos cada quince días los sábados, nos compartió un bello book-trailer que encontró en http://bibliocrachile.blogspot.com/ (super recomendado), que se llama simplemente Es un libro, y que pueden ver a continuación.


Curiosamente la conversación posterior giró, una vez más, alrededor de la diferencia entre libros electrónicos e impresos y por qué los primeros no pueden aún aspirar a llamarse libros como tal. Es curioso, pueden tener la misma información, la misma cantidad de letras, partes y páginas, pero aún no lo aceptamos como tal. Sigo firme en mi posición, aunque esté en un formato diferente, Es un libro.