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Gallego, a la orilla del mar

Author: Diego Fernando Marín
jueves, agosto 11
Autor: Juan Farias
Ilustrador: Xosé Cobas
Editorial: Fondo de Cultura Económica
Recomendado para: Grandes lectores
Libro-álbum

Gallego, a la orilla del mar, reposa en mis anaqueles desde hace casi tres años, y ahí, casi sin uso, se ha descosido. Intenté usarlo sin éxito un par de veces para realizar lectura en voz alta y luego lo olvide en cambio de libros más fáciles y exitosos para compartir con los niños. Es más fácil leer Donde viven los monstruos, Los secretos del abuelo sapo y  22 huérfanos, es más agradecido el auditorio. Incluso libros como Juul y La isla, han sido mejor recibidos. Esto no quiere decir que Gallego sea un mal libro. Todo lo contrario. Es una de las obras más extraordinarias que conozco.
En primer lugar nos encontramos ante un retrato nostálgico y evocador, de un anciano, sin más nombre que O Rapaciño, que vive en un pequeño pueblo costero sin más emoción que la rutina. La historia que narra Gallego, es la de un amor encontrado y perdido por la edad. Una historia de sobra conocida. Sin embargo la forma de contarla es diferente. En primer lugar por su gramática. Aunque mi volumen descuadernado afirma que es la primera edición es en español y no da pistas sobre versiones en otro idioma, todo en él tiene el rastro del portugués o del catalán. Ignoro que lengua hablas los gallegos. Sé que sería fácil googlear y encontrar la respuesta a mi pregunta. Sería fácil, sí, pero no sería sincero, así que lo evito. La construcción de las frases de Gallego, con sabor a buena traducción, no se hispaniza ni se latinoamericaniza, es ella y con eso basta. No es la lengua burda de los traductores españoles,  llena de coñazos. El libro es aparentemente en español, pero quien lee siente el regusto a otro espacio y otra lengua, quizás a otra manera de sentir. Él lo sabía, O Rapaciño, cumplidos los noventa años, sabía que le quedaba poco por hacer. O Rapaciño no tenía empeño sino en molestar poco. En el fondo sólo quería irse sin hacer ruido. Hablaba poco y nunca para molestar. El narrador nos cuenta la historia de O Rapaciño, su costumbre de hablar con la presencia de su amada, Ella, ida hacía algún tiempo y con la que nunca dejó de conversar, a pesar de convertirse en un viejo solo, a solas con sus recuerdos. No hay un elemento problematizador aquí, no hay vampiros tampoco, ni una crítica mordaz a la sociedad; no hay un panfleto político ni una prosa sencilla. Al contrario, está lleno de términos como: cuxa marela, feixe, podón o pulpeiro, que a menudo hace necesario consultar el pequeño glosario al final de este volumen. No sentimos que el corazón lata más rápido mientras nos encontramos con la poesía de la narración. Sin embargo, al terminar nuestra lectura, sentimos que algo nos embarga el pecho y que necesitamos una barca de pescador, embarcarnos en ella y buscar un pueblo pequeño para que nuestros días lleguen a su final. Quizás visitar uno de esos cementerios pequeños y caminar por algunas calles que son muy poco holladas por los automóviles, lejos de los celulares, las prisas e internet, y quizás, pensar en Ella.

Hojeó de nuevo Gallego, a la orilla de mar, mientras escribo estas líneas y descubro que no he hablado del magnífico trabajo de Xosé Cobas, de la simpleza y profundidad de cada una de sus líneas, que ayudan a que las palabras de Juan Farias, calen más hondo en mi. 
Tal vez sea obra de estos dos artistas, o tal vez sea que me vuelvo viejo.  
  1. Gallego, ese es el idioma que hablan los gallegos (valga la redundancia).

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