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Equilibrio

Author: Diego Fernando Marín
domingo, julio 31
Autor: Menena Cottin

Ilustrador: Menena Cottin

Editorial: Ediciones tecolote

Recomendado para: Jóvenes lectores

Libro-álbum

En la sencillez se encuentra la belleza y la profundidad. Así parece confirmarlo este libro de Menena Cottin, en donde se mezcla un concepto simple con un tratamiento nuevo. Es así mismo un ejemplo de cómo no todo libro-álbum pertenece al campo infantil. Pues a pesar de que se trata de una obra ágil, sin palabras altisonantes y que habla de cosas que en apariencia todos conocemos y sobre las cuales estamos de acuerdo, es dirigida principalmente a un público juvenil.

Equilibrio, al igual que Dos personas y El aprendizaje amoroso, explora las vicisitudes de las relaciones, especialmente el amor de pareja. A partir de una recta y tres puntos de color, nos vemos abocados a la reflexión sobre la necesidad de un equilibrio en las relaciones. Es fácil decirlo, por supuesto, pero mucho más difícil ponerlo en práctica. Así, esta obra se convierte en un elemento ideal para hablar de un tema que en la mayor parte de las ocasiones es más complicado que el sexo, el amor.

Quienes quieran concoer el libro, pueden hacerlo en el siguiente video tomado del canal, La huerta de Mizar, de youtube:





jueves, julio 28
Una bibliotecaria me contó alguna vez de las crecientes diferencias existentes dentro de su institución educativa entre la biblioteca de primaria y la de bachillerato. En tanto en la primera buscaban una persona joven, dinámica e independiente; en la segunda tenían a dos oficinistas encargados de pasar libros por solicitud y poco más. En algún colegio también me tocó vivir algo similar. Mientras presentaba la entrevista de trabajo y me esforzaba en hablar de promoción de lectura, de actividades, de trabajos que incitaran a los jóvenes a leer, la psicóloga encargada me ponía los pies en la tierra: “¿pero usted si sabe catalogar?”, “Hay que llenar fichas de lectura”, “Es que lo que necesitamos es quien ordene los libros y pueda entregarles a los estudiantes lo que necesiten”. Sobra decir que no conseguí el cargo.

Año tras año, los encuentros de promoción de lectura, los congresos en las ferias del libro, los seminarios de las diversas editoriales, se centran en el mismo tema: la promoción de la lectura infantil. Pueden llamarlo como quieran, atención a la primera infancia, talleres sobre libro-álbum o simplemente ponerle un nombre general pero con los mismos invitados hablando sobre los mismos temas. Por supuesto, no hay ningún problema con que se busque que los niños lean, faltaba más. Sin embargo a la par que esto sucede es cada vez más notorio que la misma atención no se les da a los adolescentes. En palabras de una promotora de lectura y del director de un colegio, “Es que el que no lee en la adolescencia ya es un caso perdido”. Las cifras de uno de los últimos estudios de lectura en Colombia, apoya esa tesis. El mayor número de lectores se encuentra en la franja de cuatro a doce años. Entre los trece y los diecisiete años de edad la cifra de lectura baja de manera dramática y luego vuelve a subir, de manera discreta a partir de los diecinueve o veinte años de edad. Esa es una realidad frente a la cual no se está haciendo mucho en la actualidad. Por supuesto que se entiende que los programas de promoción de lectura en la actualidad se centren en los niños, un buen lector en la infancia, probablemente sea un buen lector en la adolescencia. No hay nada más falso. Veamos.

Durante la niñez el ser humano está ávido de nuevas experiencias y aprendizajes para así construir sus guiones de desempeño en el mundo que le rodea. Ese aprendizaje se hace por vía directa o por vía mediada. En esta etapa los libros cumplen la función de mediar con experiencias que no pueden ser directas, es por esta razón que la lectura (poemas, historias, dramas, informativos, etc.) amplía la noción que los niños tienen sobre el mundo. Amplía sus horizontes y le da dominio del mundo por medio del lenguaje.

Sabemos que la adolescencia, ese producto del siglo XX, engendra en los muchachos una serie de cambios a los que se van adaptando con el tiempo. Hablamos de cambios físicos, emocionales y cognitivos. Dependiendo de la manera en que se han preparado para ellos durante la niñez, esta etapa puede ser más o menos fácil. Niños amados por sus padres, tendrán mayores probabilidades de asumir los cambios con menores traumatismos. De la misma manera otros elementos como la capacidad de adquisición, el nivel de autonomía e incluso la belleza física son factores determinantes, dependiendo de lo que se quiera hacer o lo que se enfrente. Así, niños con mundos más amplios podrán enfrentarse con mayor éxito al mundo de hoy, ya que este exige no sólo conocimiento del mundo que nos rodea, sino flexibilidad de pensamiento. Le lectura es uno de los elementos que ayuda a que el pensamiento sea flexible. Y hay que ser claro con este punto: es uno de los elementos, no es el único. No se puede olvidar bajo ningún punto de vista que la lectura no es una panacea,  es una opción.

Los adolescentes ponen a prueba el mundo a partir de los guiones creados durante su niñez. Entre mayor variedad de guiones creados, mayos será su capacidad de adaptación a un entorno cambiante. Sin embargo estos guiones no son flexibles al inicio. Al ser humano le molestan los cambios constantes, necesito algo a que aferrarse. Esto sucede con los adolescentes. Necesitan normas claras acerca del mundo que les rodea. Esto también tiene como fin poder tomar decisiones acerca de lo que quieren en el futuro. Es por esta razón que no hay nada más conservador, pacato y manipulador como un adolescente. El hecho que experimente y ponga a prueba de manera constante los guiones que ha aprendido, no quiere decir que no pueda aprehender cosas nuevas, aún a pesar de que en el pasado hayan sido experiencias frustrantes. Pensando en nuestro tema, eso se traduce en que no están echados a perder. Aún pueden descubrir el placer de la lectura.

Lo primero que se necesita para esto es una selección de buenos relatos. Poemas, cuentos cortos y novelas. Lo fantástico pierde protagonismo temporalmente. Series como Harry Potter o Crepúsculo, les llega antes por la descarga publicitaria, que por su contenido. Recordemos que Harry Potter sólo se posicionó gracias a una agresiva propuesta publicitaria. En la saga de Crepúsculo no impera la propuesta sobrenatural sino la historia de amor. Todo adolescente se siente un poco raro, un poco fuera de foco, un poco especial, un poco vampiro, un poco hombre-lobo. Los adolescentes suelen apostar por relatos que hablen de las situaciones que ellos están atravesando y es aquí donde gana el realismo. Mario Mendoza suele ser uno de los autores más leídos por los adolescentes porque les habla de lo que hay detrás del sistema, de la confusión que sienten en ellos mismos y les brinda unas posibilidades de comportamiento. Es la misma razón por la que para ellos los libros de autosuperación pueden llegar a ser tan valorados. Aunque sean pestes conservadoras y fascistas como los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Son guías de vida, de comportamientos. Tener en cuenta esto es muy importante cuando hablamos de una promoción de lectura en adolescentes. Es curioso, sin embargo, que esto lo tengan más en claro los publicistas que los docentes, padres de familia y mediadores de lectura. En el campo editorial, la novela con elementos sobrenaturales ha ganado protagonismo por aprovechar precisamente esa característica adolescentes que es la de no distanciarse mucho de lo ya conocido. Por eso ellos suelen consumir tanto de lo mismo, el mismo esquema de Crepúsculo, reproducido en Grachi, en True Blood, en Medianoche, en cuanta serie de porquería está saliendo hoy en día.

Si Crepúsculo logró hacer que millones de adolescentes retornaran sus ojos al texto alfabético, también tiene que ver el hecho de la sencillez de su lenguaje. Elemento que algunas veces la escuela y los mediadores olvidan. El mismo rechazo ante lo extraño, está en el lenguaje. Ellos no quieren ampliar su vacabulario. Por eso son tan amigos de los madrazos, por qué son versátiles. Poca cosa más expresiva que un buen putazo. Esto no quiere decir que no se les pueda ni se les deba mostrar textos más exigentes, quiere decir, que no olvidemos desde donde debemos empezar. Es muy común olvidar esto. Pensar que ya se ha iniciado un proceso con unos niños y creer que se sigue el mismo proceso con los adolescentes. No, se arranca otro proceso y al igual que con los niños es muy importante relacionar la lectura con lo que se vive. Aquí es donde debemos alejarnos de las propuestas, en apariencia novedosas, que las editoriales lanzan a diario y volver los ojos a clásicos como El señor de las moscas o Hamlet. Estos libros hablan de ellos y aquí la clave es ayudarles a relacionar estos textos con sus propias vidas. En el fondo se trata de lo mismo, ayudarles a ampliar sus mundos, a conquistar nuevas fronteras, a retarlos emocional e intelectualmente. Hay que ayudarles a recordar que no se lee por dar cuenta de, si no para construir sociedad, para aunar comunidades. Una de las mejores formar de hacer esto es a través del ejemplo. No podemos pedir aquello que no hacemos.
La promoción de lectura en los jóvenes no es tirar la semilla en el campo baldío, es tener paciencia en el momento de cultivar.

Una breve sobre libros de narradores orales

Author: Diego Fernando Marín
lunes, julio 25
A proposito de nuestro comentario acerca de la obra de Nicolas Buenaventura Vidal, Cuando el hombre es su palabra, nos ha escrito el editor de la editorial Palabras de candil, Pep Bruno, para comentarnos que este título se puede encontrar en España bajo su sello editorial y además nos ha comentado que este mismo autor ha publicado con ellos Palabra de cuentero, que esperamos sea tan maravilloso como el resto de su obra.
En horabuena a Nicolás y a Palabras de candil (http://www.palabrasdelcandil.com/)

Días de hijo

Author: Diego Fernando Marín

Autor: Philip Waechter

Ilustrador: Philip Waechter

Editorial: Lóguez

Recomendado para: Grandes lectores

Libro-álbum



La semana anterior Elizabeth y yo le dedicamos todo un día a Alejandro. Lo recogimos, caminamos con él, fuimos a la Biblioteca departamental a leer unos cuantos libros, le cocinamos y finalmente su madre vino por él. Las actividades favoritas de Alejandro son leer y correr. Con el paso del tiempo, quizás, realizará una actividad por encima de la otra, por el momento ambas le deleitan y eso es suficiente.

A Alejandro no le gusta ir al cine. Dice que el ruido lo molesta, y a pesar de su corta edad prefiere ver las películas en la sala de su casa y no comiendo crispetas en la sala de cine. Lamentamos que sea así, pero él ya ha establecido sus razones las veces suficientes como para respetar su decisión. Elizabeth le dijo con claridad que cuando quisiera ir, ahí estábamos nosotros. Y hasta ahí llegó nuestra labor de pedagogos.

Cuando tenemos un día así. Alejandro se va y nos deja un vacío profundo y comenzamos a hablar sobre la posibilidad de tener un hijo. La conversación nunca llega a una conclusión pero el tema queda ahí. En puntos suspensivos, sobre el tapete, una carta sin destapar.

Quizás por eso Días de hijo sea tan importante dentro de nuestra biblioteca. Se trata de un libro-álbum que recoge las vicisitudes de la paternidad. Y es encantador que sea así. Podemos encontrar libros, revistas, informes legales, científicos y hasta económicos que nos hablen de las venturas y desventuras de la MATERNIDAD, pero pocos que hablan de la paternidad, así que cuando un libro como este llega a nuestras manos, lo atesoramos infinitamente.

En las páginas de este pequeño álbum se explora la relación padre-hijo desde el nacimiento hasta sus primeras palabras. Con humor, con ternura, con sapiencia, Waechter nos muestra viñeta a viñeta como un hijo brinda sus primeras alegrías a una pareja, pero también como surgen los temores, la ansiedad, el cansancio y todos aquellos elementos que acompañan la vida de un padre, sobre todo si es primerizo. Al final descubrimos con deleite, que se puede sobrevivir.

Debo señalar, de paso, que aunque Waechter, explora esta relación con ternura y sensibilidad, recientemente ha salido otro libro que le apunta al buen humor. El libro, Go the fuck to sleep y escrito por Adam Mansbach (Fuente: http://bogota.vive.in/libros/articulos/julio2011/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_VIVEIN-9907784.html [25/07/11]), está causando tanto sensación como confusión. En primer lugar porque añade el elemento del sarcasmo a la relación padre-hijo, y en segundo lugar porque al estar editado como libro-álbum muchos despistados lectores lo relacionan como un libro para niños, a pesar del mensaje explícito en su portada. Por supuesto, la pacata sociedad norteamericana ha puesto el grito en el cielo mientras el libro se vende por montones.

Punto a Punto (Video)

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, julio 20

Ciencia Ficción y Fantasía en Colombia

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 19
Tomado de http://www.tierrademuertos.blogspot.com/

Según el artículo de El Espectador, ¿A dónde te fuiste fantasía? (http://www.elespectador.com/impreso/cultura/articulo-284469-donde-te-fuiste-fantasia [19/07/11]), las librerías Francesa y Nobel han convocado para esta semana unas tertulias sobre literatura fantástica con el fin de que se reencuentren los viejos y nuevos lectores de este género literario. El tono del artículo sin embargo es precario y generalizador. Por un lado se apega a la definición de Todorov de lo que es Fantasía, desvinculando así a autores como J. R. R. Tolkien o C.S. Lewis, quienes se hallan fuera de estas definiciones. En segundo lugar desconoce la existencia de una tradición fantástica latinoamericana anterior a Borges y a Cortázar; y en tercer lugar sitúa el origen de la literatura fantástica en Estados Unidos con las obras de Poe y Lovecraft, cuando la literatura fantástica nace en Europa, a finales del siglo XVIII.

La información de El Espectador es superficial y desconoce además una responsabilidad esencial en la existencia de escritores de literatura fantástica en Colombia, la editorial. Dice este mismo informe que Colombia posee una tradición más realista. Esto es inexacto y desconoce las tradiciones por las cuales se ha dado esto. Colombia es uno de los países más conservadores de latinoamerica, en donde hasta los gobiernos liberales llegaron a considerar a los indígenas como símbolos de atraso y propusieron la solución de exterminar la mayor cantidad de negros e indígenas, como sucedió con el gobierno de Rafael Uribe Uribe. Uno de los efectos de este tipo de políticas se refleja en el campo educativo, donde las editoriales y docentes aún se inclinan hacia los textos moralizantes y aleccionadores como los más indicados para el público infantil y juvenil. En donde los padres se escandalizan ante una escena de corte sexual por considerar que los “niños” no deben saber de esas cosas. Nuestras editoriales son así, pacatas y conservadoras, al menos hasta donde las cifras lo den. Porque de la misma manera salen a la luz porquerías como “El cartel de los sapos” o libelos de mierda que hablan sobre las prepago colombianas.
Son pocos los intentos de publicación de literatura fantástica en nuestro país. Uno de ellos es Vampyr de Carolina Andujar. Que se dio a conocer primero de manera independiente, y luego si publicado por Editorial Norma. Otro de los ejemplos es Egon de Edgard Westendorp, colombiano a pesar del apellido. Qué decir de la obra de Antonio Mora Vélez o de René Rebetez, que parece ser más conocida por fuera que dentro de Colombia.
La literatura fantástica en Colombia no ha tenido mucha oportunidad, la verdad sea dicha, porque se hallan más interesadas en las historias de sangre y cocaína, que puedan ser llevadas más rápidamente al cine o a la televisión. Incluso los editores se ufanan de publicar este tipo de obras, como quien crea una nueva franja editorial.
La literatura fantástica Colombiana, señores de El Espectador, se halla viva, en la medida en que a las editoriales les interese publicarlas y se den a la tarea de descubrirla.
jueves, julio 14
Cali tiene sólo una librería, la Librería Nacional. Por supuesto hay librerías de viejo y supermercados en donde se pueden conseguir libros. No quiero hablar de la pretendida librería de Villegas Editores, en tanto la Librería Atenas, para bien o para mal es hoy historia. Así que en nuestro pequeño burgo tenemos sólo una librería. En ella se hallan posibilidades que oscilan entre las novedades editoriales con mayores posibilidades de seducir lectores, es decir de vender, así como bestsellers y literatura universal que siempre se busca (sin embargo es difícil conseguir un libro como La montaña mágica de Thomas Mann), hablo de libros como el Quijote o Hamlet o El vendedor más grande del mundo. Por supuesto hay algunos libros pertenecientes a disciplinas como el Derecho o el Esoterismo y, muy recientemente, un espacio para la Ciencia Ficción. Sin embargo es lo que hay y es a partir de donde podemos alimentar principalmente nuestras bibliotecas personales. Lo que no encontramos ahí lo buscamos a rajatabla en la librería de La Casa de la Lectura o en Expresión viva, que parecen tener las mejores intenciones pero están muy mal ubicadas y para el lector promedio no existen.

Pensé que ya me había indignado todo lo posible el sólo hecho de tener una sola librería en Cali, hasta que el día de hoy me encuentro esta perla en la sucursal de Unicentro: una advertencia de cobro adicional por servicio al cliente. Es decir, además de tener pocas opciones, de ser la única instancia que no da jamás un descuento a una promoción, La Librería Nacional pretende ahora cobrar el servicio del vendedor o la persona encargada. Por supuesto puedo leer mal, espero que así sea y que mañana mismo reciba una carta de indignación y molestia por mis palabras. Plugo a Dios porque así sea. En este momento sin embargo la realidad es otras, como en cualquier restaurante o bar, nuestra única librería no decide pagar mejor a sus empleados si no que pretende que los usuarios sufraguemos esos costos.

No todo es malo por supuesto, pero lo que sigue no es merito de La Librería Nacional. Ediciones B ha lanzado un nuevo formato de libros de bolsillo que puede romper ciertos paradigmas. Se trata de su colección de Librinos (http://www.librinos.com/), verdaderos libros que pueden ser llevados a cualquier parte. Es de conocimiento público que las ediciones electrónicas están obligando a replantearse formatos y presentaciones a las versiones impresas. El diario colombiano El Tiempo, fue uno de los más evidentes en este tipo de presentaciones. Ahora Ediciones B muestra también como lo virtual puede cambiar elementos de lo real. La idea parece nacer en Holanda en el 2009 y ha mostrado cierto éxito. Ignoro si en otras partes de Europa se conoce ente formato y como ha sido recibido por el público, pero puede ser prometedor. Los librinos son una publicación a una sola columna, en papel de biblia, con margen muy pequeño que son la mitad de un libro de bolsillo tradicional. El cambio consiste además en que no se leen dos páginas sino una sola. El formato del libro no es vertical sino horizontal y presenta mejoras interesantes a la hora de leer. La editorial ha sido conservadora por el momento y lanza un total de seis libros en Colombia, todos ellos Bestsellers, por aquello de no poner todos los huevos en la misma cesta.

A despecho de la Librería Nacional, los librinos también pueden ser conseguidos en supermercados.

Libros-álbum para adultos

Author: Diego Fernando Marín
Uno de los errores más comunes que se suelen cometer es la consideración que el formato de libro-álbum pertenece al campo infantil y juvenil. De hecho se suele considerar que al lector adulto promedio no le interesan los libros con ilustraciones, a menos que se trate de artistas plásticos famosos como Dalí, Picasso o Botero (recuerdo ahora la versión del Quijote ilustrada por Dalí, el lanzamiento de La balada de María Abdala de Juan Gossain, ilustrada por Botero en la Revista Diners. Y aún así este tipo de versiones suelen aparecer de manera reducida en las librerías. Por supuesto, es diferente cuando se trata de un libro de arte, pero cuando se trata de libros ilustrados, estamos hablando de un campo reducido, y dedicado en el imaginario al mundo infantil. No siempre es así.

En el artículo sobre Atlas, de Jorge Luis Borges vimos como uno de los más reconocidos escritores de la literatura universal tomó el formato del libro-álbum para uno de sus últimos libros. El caso de Borges es conocido y se halla bien delimitado, empero también es común encontrar en las estanterías dedicadas a la literatura infantil obras para un público más maduro. Un ejemplo de ello es Días de hijo (Philip Waetcher; Editorial Lóguez), que aún siendo comprensible por lectores en marcha, se halla claramente destinados a los grandes lectores, por el cúmulo de experiencias que estos pueden tener. Aquí es muy útil recordar también porque es mejor la clasificación por niveles de lectura que por edades: mientras estas últimas son claramente restrictivas y censuradoras, la clasificación por niveles tiene en cuenta la experiencia del lector. Días de hijo narra la aventura del nacimiento, desde el punto de vista del padre, como este significa las primeras acciones del niño desde que nace hasta que dice sus primeras palabras.


Pero el caso de este libro no es único. Algunas de las más hermosas obras de este tipo son las que exploran el campo de las relaciones amorosas como: Dos personas (Iwona Chmielewska; Editorial Océano), Equilibrio (Menena Cottin; Ediciones Tecolote) y Gallego, a la orilla del mar (Juan Farías & Xosé Cobas; Editorial Fondo de Cultura Económica), entre las que se me escapan y las que no conozco. Estos libros (excepción hecha de Gallego), son tomados por infantiles, no sólo por el formato que emplean sino también por la sencillez de su lenguaje, que apuntan a los detalles que muchas veces se nos escapan a los adultos. Un caso aparte lo merece Punto a Punto (Ana María Machado; Editorial Babel), ya reseñado en el blog con anterioridad, que explora las dinámicas de lo femenino dentro de la sociedad.

Además de estos títulos se pueden encontrar muchos más, que el inexperto puede juzgar apresuradamente como perteneciente a la Literatura Infantil y Juvenil, cuando su destinatario puede ser otro. Algunos ejemplos pueden ser los títulos publicados por editoriales como Zorro Rojo y Media Vaca, que tienen dentro de sus títulos obras de Cortázar, Hoffman y Poe entre otras.

En los próximos días estaremos reseñando con más profundidad algunas de estas obras. Tú, fiel lector, podrás así decidir cuales compartes con tus hijos y, cuales, definitivamente, preferirías compartir con tu esposa, tu hijo adolescente o tus padres.

Atlas

Author: Diego Fernando Marín
lunes, julio 11
Autor: Jorge Luis Borges
Fotografías: ¿Jorge Luis Borges y María Kodama?
Editorial: Lumen
Colección: Pocas palabras:
Recomendado para jóvenes lectores.
Libro- álbum.

El libro no es uno de los más conocidos de Borges. Acaso algunos lo catalogarán como una de sus obras menores. De hecho en esta suerte de antología se mezclan poesías, en prosa y en verso, de otros libros como Los conjurados  y Para las seis cuerdas. La mayoría de los textos vienen acompañados de fotografías, que en apariencia tomó junto con su última esposa, María Kodama, en sus innumerables viajes. Borges, que de alguna manera fue viejo, quien dio a luz algunas de las obras más laberínticas y complejas de la literatura latinoamericana, se presiente dichoso en estas páginas. Tal vez por esa razón, este libro se afinque en lo que hoy se reconoce como un formato dirigido casi siempre al público infantil, el libro-álbum.
En el prólogo, Borges se refiere a Atlas, No consta de una serie de textos ilustrados por fotografías o de una serie de fotografías explicadas por un epígrafe. Cada título abarca una unidad, hecha de imágenes y de palabra. (Borges, 1984; Pg. 5) Dudo que Borges se adentrara dentro de la literatura infantil, él que leyó a Wilde y a Cervantes en su temprana infancia, empero en esas dos líneas  resumen a la perfección el espíritu del libro-álbum. Aún más adelante, como una concesión a la dicha y felicidad que le embargaban, Borges se reconoce como un descubridor, Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico el  Rojo o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empieza descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre total de su propia ignorancia. (Borges, 1984; Pg. 5)
Aún más, en uno de los poemas de este libro, Borges hace una concesión a una forma infantil, la retahíla:
El laberinto
Éste es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre  y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre  y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre  y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto.
 Encontramos en este texto que la denominada Literatura universal, no está necesariamente alejada de la Literatura infantil y juvenil, que la distinción que se ha intentado hacer de manera tajante, como si la LIJ fuera un género menor y mal hecho, no es más que un producto de las editoriales y de la escuela.

Más de Kindle & ipad

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 8
Elizabeth es una lectora feroz. Una vez encuentra un libro que le gusta se abalanza sobre él y lo rinde en profundos y furiosos asaltos. No importa si se trata de una novela o de una gran saga. Si la obra la engancha se la devora. Ahora está encantada con el mundo que George R. R. Martin plasma en Canción de hielo y fuego. Es la segunda vez que Elizabeth llega a una obra literaria a través de su recreación audiovisual. Su primera vez fue con El señor de los anillos, incluso se resistió durante algún tiempo, pensando que una vez vista la película para qué leerse el libro. Tolkien le mostró el poder de las palabras y todo el encanto de personajes como Tom Bombadil. Ahora, después de ver la primera temporada de Juego de tronos, ambos nos hemos lanzado sobre su origen literario.

Elizabeth lee ahora en el Kindle la versión electrónica de la novela (que me gustaría saber cuando llega impresa a Cali). Es decir, sigue las mismas palabras que se pueden hallar en el formato impreso. Sin embargo se resiste a decir que está leyendo un libro. Dice que sigue una lectura, dice que está leyendo a Martin, pero no que está leyendo un libro. Es comprensible, afirma, es extraño, no es lo mismo. La expresión de Elizabeth no tiene nada de particular, es la misma que tienen ahora miles o millones de personas que están leyendo en el formato electrónico; la misma sensación que tienen las editoriales (que incluso sienten que están perdiendo dinero: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/08/cultura/1310109890.html [8/7/11]), la misma que siento cuando miro la vitrina de una librería y siento que en internet tengo más posibilidades, aunque no sea capaz aún de hacer compras virtuales por temor y desconocimiento. Muchos de nosotros no nos habíamos sentido tan golpeados por la tecnología. Nosotros, los hijos de la década de los setentas y posteriores, crecimos medianamente cerca a un computador. Sin embargo, la revolución de los libros electrónicos es algo que nos ha llegado  tarde y que nos produce extrañeza y una suerte de desconcierto. Hasta aquí, sin embargo, estamos hablando de la extrañeza generada por el Kindle y lectores electrónicos similares; la situación es más radical cuando hablamos de los libros como aplicaciones de los tablets.

Hace algún tiempo, en una discusión con los amigos de Pidetulibro, uno de los participantes del foro reclamaba que leer en un formato electrónico, no era de ninguna manera lo mismo que leer en formato impreso. Algo así como que el libro y lo que se hacía con él cambiaba drásticamente al leerlo en un dispositivo electrónico. Esa sensación de pérdida, tanto en el sentido de apropiación (no es lo mismo decir que se tienen mil libros virtuales que mil libros físicos, no existe la misma vergüenza al afirmar que el 10% de la biblioteca está sin leer cuando se trata de e-books que de libros de papel) como en el sentido de la sensación (navegar en los dos formatos es por completo diferente) se acentúa más cuando hablamos de los libros disponibles para las tablets, en general, y para los ipads, en particular. A pesar de todo esto, considero que el futuro del formato electrónico no se encuentra en el Kindle sino en los tablets. Esto a raíz de las grandes posibilidades que se encuentran en elementos como la interactividad y la multimodalidad.

Estamos claros que hay un abismo entre el libro tradicional y el libro como aplicación de las tablets. Mi última gran sorpresa ha sido la adaptación de El corazón y la botella de Oliver Jeffers, que cuenta no sólo con posibilidades de interacción sino también con el acompañamiento en audio de Helena Bonham Carter. He disfrutado horrores esta historia de Jeffers, pero cuando veo las posibilidades que brinda su versión electrónica en verdad me relamo como gato goloso. De alguna manera siento que el libro se enriquece. Los puristas no estarán de acuerdo con mi actitud, por supuesto, es por completo comprensible; y de hecho la adaptación no aporta ninguna fuerza narrativa al relato, no lo modifica sustancialmente, pero lo hace cómplice, lo acerca a esa posibilidad, tan pocas veces aprovechada en el campo editorial, que se denomina libro-juego. El libro deja así, de ser un solemne objeto, a ser un artículo lúdico.

Este paso a un libro más lúdico y menos solemne es también un paso que se gana en el campo de la promoción de lectura, y es un paso que le cuesta enormemente al académico y al purista.