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Apocalipsis

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, junio 22
Autor: Mario Mendoza
Editorial: Planeta.
Recomendado para jóvenes lectores.
Novela.

Mario Mendoza ha ido construyéndose durante los últimos años como un obligado referente en la literatura colombiana. Los jóvenes acuden a él en busca de respuestas que le ayudan a comprender el mundo en el que se hallan inscritos. En este sector de la población se hallan inscritos sus más grandes fanáticos, aquellos que pueden reconocerse en muchas de sus líneas, en las ganas de mandar todo a la mierda y buscar escapar de nuestra opresiva sociedad capitalista. Los críticos literarios, por otro lado, no suelen gustar mucho de Mendoza, no les convencen sus diálogos acartonados –donde rara vez se puede diferenciar un personaje de otro-, ni su prosa tipo guión –como en Satanás- , ni sus artificios inverosímiles –como en Buda Blues-, sin embargo no pueden dejar de referirse a él una y otra vez.

Mendoza es en principio dos. Uno, él que habla. Un apasionado del anarcoprimitivismo y un profeta de la miseria. Otro, quien escribe. Un prosista desmañado a quien muchas veces parece ganarle la historia, parece que no tuviera los suficientes elementos para estructurarla, para encausarla, para darle una forma coherente.

Mendoza construye sus novelas a través de escaletas. Escribe como quien guioniza, eso es sobre todo patente en Satanás. Mendoza tuvo una enfermedad en la infancia en donde la fantasía se le confundió con la realidad. En donde sufrió una suerte de desdoblamiento. Mendoza fue marcado por su cercanía, indirecta, con Campo Elías, el protagonista de la masacre de Pozzetto en Bogotá. Esos son algunos de los elementos que lo marcan, que lo estigmatizan. Eso y su rostro de terrorista árabe a punto de volarlo todo con una carga de dinamita. Mendoza hace lo que pocos hacen hoy en día, hablan de la realidad del país, se atreve a opinar sobre política. A García Márquez se le olvidó eso hace tiempo. Al fin y al cabo él es ciudadano Cubano y si se le ofrece un premio puede cambiar de opinión.

Hace algún tiempo, en una entrevista realizada por John Harold Giraldo Herrera, Mendoza mencionó que “El realismo degradado es nuestra ciencia ficción latinoamericana” (quienes deseen leer la entrevista lo pueden hacer aquí: http://www.letralia.com/224/entrevistas01.htm), de hecho esa frase se convirtió en el titular de la entrevista. Se equivoca algunas veces Mendoza juega a ser profeta, no siempre acierta. El realismo degradado posee elementos que lo hacen cercano a la ciencia ficción política, la marginalidad y como elementos de la modernidad han ido configurando una posible distopía. Sin embargo es cara de la ausencia de elementos de extrapolación más constitutivos de la ciencia ficción. Mendoza profetiza, considera que dentro de algunos años los mendigos se tomarán las ciudades. ¿Cuál es la consecuencia de esto?, ¿dónde están esas historias? Mendoza las sugiere, no las cuenta. En lugar de la rabia para este tipo de historia, nos encontramos con la profecía, con el análisis. El realismo degradado se acerca a lo que puede ser una ciencia ficción colombiana, como la que promete Carlos Sánchez o David Vásquez, como la que prometo yo una vez nos dejemos de pendejadas.

A long, long time, Mendoza inició una serie de novelas, su objetivo eran diez, que hablaban sobre Bogotá y sus demonios. El final de ese ciclo se presenta con Apocalipsis.

Apocalipsis es una novela lúcida, cargada menos de panfletarismo que Buda Blues, que encara directamente los demonios que atormentan a Mendoza. Que se atreve a hablar de las hordas de neoneardentales que se hallan bajo nuestros puentes, Hay una Bogotá atiborrada de desharrapados hambientos que la cruzan de lado a lado en busca de un dolmen para pernoctar. Del hombre que se paró frente a las paredes de la cueva de Altamira y pintó el primer bisonte, al noctámbulo urbano que dibuja y grafitea los muros y los puentes en las horas de la madrugada (Mendoza, 2011; Pg. 163); que se hunde en la periferia de Bogotá y por ende la propia, Pero no quiero que me vayan a entender mal; esa lejanía con respecto a los demás no se experimenta con orgullo, como si uno fuera superior o como si se tratara de un ego crecido que mira con desdén al resto de la gente; no, es una distancia que duele, que hace daño, que nos hunde en una soledad malsana y destructiva. (Mendoza, 2011; Pg. 168); una ciudad a la que busca rescatar de las noticias para convertirla en un referente literario, ¿Cómo nombrar la ciudad, cómo darle a Bogotá una carta de identidad literaria, un tono que la haga única, que le otorgue un rostro, que la convierta en ella misma? (Mendoza, 2011; Pg. 247); que se ocupa de sus propias obsesiones y las rúbrica, les da forma, se las apropia con orgullo, (…)Satanás no es del mal, ni el demonio, ni la perversidad. Técnicamente hablando, Satanás soy yo, mi cuerpo anfibio, mi cuerpo larva y mariposa, mi cuerpo abeja, mi cuerpo mosca que durante cada narración sufrió metamorfosis de alta velocidad para poder transformarse de página en página y de capítulo en capítulo. (Mendoza, 2011; Pg. 248).

En las páginas de la novela Mendoza se sirve de sus propias vivencias para validar sus indagaciones. El recuerdo del delirio en su niñez, lo lleva a encontrarse con su obsesión sobre el desdoblamiento y lo lleva a cabo en la narración. Se convierte en varios personajes, quienes escriben las novelas por los que Mendoza ha ganado premios y reconocimiento. Se reconoce como varios, no como uno. Retoma los hilos de sus varias narraciones y les va dando forma, finaliza narraciones, metaficcionaliza sus razonamientos.

Apocalipsis vale leerse, no sólo por la historia que nos cuenta –que poco tiene que ver con la que nos refiere la contra carátula- sino por la profunda intertextualidad que tiene con sus otros historias y por la teoría estética que nos enrostra, incluso por esas claras y mezquinas cuentas de cobro personal que se atreve a realizar. Una obra que también nos dan ganas de revisitar las historias que nos hemos leído anteriormente y llegar a esos relatos que hemos descartado.
  1. Lo estoy leyendo y estoy atrapado. Anteriormente me empecé a leer Buda BLUES pero no lo terminé pero este me lo he devorado en menos de una semana, ha sido fascinante la trama.

  1. Me agrada ver que no he sido el único que ha sentido lo mismo con estas dos novelas. Una, Buda blues, leída a regañadientes; en tanto que con Apocalipsis me sentí más a gusto, leyendo a un gran narrador, en lugar de a alguien que quiere inculcarme sus ideas.
    Gracias por pasar por aquí.

  1. Excelente libro, lleno de referencias literarias. Me recuerda a cien años de soledad, cuando recopila las historias de Macondo. Hace años buscaba yo alguien que hablara de Bogotá como Gabo hablaba de la costa. Estas obras las logran los grandes escritores en lo más alto de su búsqueda literaria.

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