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jueves, junio 3
Escoger un libro adecuado para un niño exige dos habilidades conocer al niño y conocer el texto.



La clasificación de los libros por niveles de lectura no obedece a edades ni a grados de escolaridad, obedece, en cambio, a sus niveles de desarrollo y competencias como lector.

Este tipo de clasificación se ha venido arraigando a través del trabajo de Jim Trelease, autor del libro: “Manual de la Lectura en Voz Alta” editado en Colombia por Fundalectura. Ateniéndose a esta filosofía la editorial Alfaguara en su colección “Nidos para la Lectura” sigue esta clasificación, de manera similar los libros infantiles del Fondo de Cultura Económica también tienen distinciones por niveles de lectura y no por edades.



PARA BEBÉS

Una de las preguntas más recurrentes de los padres es ¿desde qué edad puedo leerle a mi hijo?

Desde los cuatro meses de gestación. En el vientre materno el feto ya es capaz de captar ritmos, entonaciones y la prosodia de la voz. Lo que muchos padres olvidan con el paso del tiempo es que la promoción de lectura en niños y jóvenes no debe estar mediada en búsqueda de la utilidad de los textos, sino por el afecto.

Los bebés comienzan a leer a través de sus padres. La lectura, por supuesto, no se halla limitada a la decodificación de símbolos sino a la aprehensión del mundo y del tiempo. Leer entonces es contar cantar y jugar con el cuerpo. Los primeros libros pueden ser de tela o de plástico para acompañarlos en el sueño y la ducha. Un poquito más grandecitos los libros vienen a ser de cartoné (ese material duro y grueso que parece cartón fino). En esa época el libro es un juguete más al que se muerde, se tira al suelo y siempre se ojea. En esta época el niño, al igual que con otros muchos objetos, aprende a manejar el libro y a distinguir que existe una secuencia dentro de ellos.

La compañía del padre entonces ha de ser crucial para ellos, son los padres los que acompañan, los que guían los que relatan los libros de imágenes, los que les cantan y les cuentan el libro y el mundo.

Los libros deben ser sencillos y fuertes, capaces de aguantar el trato fuerte. Son libros de imágenes con colores en fuertes contrates y no muy detallados. En caso de tener texto, este suele ser de unas pocas frases.



PARA LOS PEQUEÑOS

Aún sin el conocimiento del alfabeto ya los niños comienzan a descifrar los libros. Es la época de la lectura en la noche, de la lectura pedida una y mil veces. Son los momentos en que a través de las imágenes los niños ya relatan historias. Es también la edad en que puede aparecer la poesía, esta aliada y compañera de la música. La poesía ocupa un lugar importante por su capacidad de jugar con el lenguaje. Es el tiempo de las adivinanzas y de los trabalenguas, de las retahílas y de los juegos de palabras que se pueden repetir ad absurdum pero que siempre les resultaran a los niños satisfactorios y divertidos.

Libros de poemas y narraciones cortas. Son libros de alta mortalidad sobre todo porque se escribe y se dibuja en ellos. Las imágenes ya son un poco más detalladas y las acciones que representan son más complejas.



PRIMEROS LECTORES

Cuando los niños alcanzan el alfabeto suele haber un desprendimiento de muchos padres de su papel de formadores en lectura. Precisamente esta es una de las razones que determina el inicio de la etapa escolar como una fase crítica en el desarrollo de los hábitos lectores.

Es aquí precisamente donde los niños más necesitan el acompañamiento de sus padres. Es una época de mucha ansiedad. Por una parte el niño ansía comenzar a dominar el alfabeto y por otra parte teme mucho hacerlo por las responsabilidades que ellos pueda implicar y porque puede perder los momentos compartidos alrededor del libro con su padres.

Es este momento ya se puede incentivar al niño a realizar sus primeras lecturas en silencio.

Ya pueden aparecer en este momento las primeras novelas cortas, las primeras colecciones de cuentos y los primeros libros informativos.



LECTORES EN MARCHA

Los libros de misterio, detectives y terror están a la orden del día. Los niños temen y aman a la noche. Los niveles de complejidad aumentan y los libros están divididos por capítulos cada vez más largos. En muchos casos (para disgusto de los padres) se comienzan a fijar los gustos en los libros con elementos sobrenaturales y monstruos tales como dragones, trolls y brujas.



JÓVENES LECTORES

Es el momento en que la reflexión comienza a hacer su aparición. Las estructuras de los textos son más complejas y el lector no depende de largas secuencias de acción para disfrutar el libro. Ahora es capaz de disfrutar las descripciones del paisaje y las dudas que pueden enfrentar sus protagonistas. La poesía, sobre todo la romántica, es importante en esta edad.

La función de los padres tanto en esta etapa como en la anterior está orientada a la conversación, al disfrute de tiempos de lectura en silencio. Eso no es óbice sin embargo para no leerles algo que les haya llamado la atención. Compartir una noticia del periódico, un poema o un artículo son actividades a ser disfrutadas de manera espontanea.



GRANDES LECTORES

Es el momento en que el lector en formación se abre ante estructuras muy complejas y alambicadas sólo por el gusto de sentirse retado. Se abre ante el libro y lo incorpora como un elemento positivo dentro de su vida.