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Una visita.

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 31
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Leí Vampyr hace casi un año. Me deje llenar la cabeza de imágenes que evocaban una europa decimonónica y aunque lo consideré como otro libro sobre vampiros (uno más que en ese momento decoraban-miento como un bellaco al hablar en pasado- las estanterías de las librerías del país) admiré su estilo y su valentía de retornar a la imagen del vampiro clásico, tan malo como Caín, surcando una Europa supersticiosa y elegante.

Mi sorpresa estaba aumentada al darme cuenta que la escritora era una joven colombiana –caleña para más señas- que se había sumergido en la factura de su primera novela durante cuatro meses, durante los cuales durmió entre cuatro y cinco horas diarias. Claro, labores de parto, labor de escritor.

Por cosas de la vida, Carolina Andujar visitó en Halloween – al menos para el calendario escolar- las instalaciones de la biblioteca escolar donde laboro. Llegó vestida de negro de pies a cabeza, estuvo simpática, fue amable –no le gustó mi propuesta de fotografía mordiéndonos los cuellos-, leyó un poema incluido en el libro, respondió a los niños –uno de los cuales apareció, de 9 años, emocionadísimo cuando ya ella había terminado su presentación lo cual no impidió que le dedicará unas palabras. En fin, se dedicó a realizar esas actividades que las editoriales de ahora le cargan a todo autor nuevo. Debo señalar que lo hizo con gusto.

Si me he demorado tanto en describir la vista de una escritora a una biblioteca escolar es porque se trata de una de las acciones de promoción de lectura más eficaces que se puedan realizar. Es una suerte de posibilidad de tener un universo perfectamente planeado y luego decirle a los lectores, este fue el dios que lo hizo posible todo. Sin embargo hay escritores y escritores. Un mes antes de la visita de Andujar nos visitó la autora de un reconocidísimo libro infantil que debe mucho al Lazarillo de Tormes y creo que al periquillo, que se mostró parca y displicente y con menos carisma que un limón seco, llegando incluso a no comentar libros infantiles que no pertenecieran a su editorial (Lo gracioso es que tampoco fue capaz de señalar libros infantiles que pertenecieran a su casa editorial). Por supuesto no se le pueden pedir peras al olmo. Así que una de las recomendaciones que me atrevería a hacer este tipo de visitas, es asegurarse en lo posible del carisma del escritor a invitar, ante todo si se trata de libros infantiles. Una persona cálida –Andujar lo fue- puede abrir toda una bitácora de viajes maravillosos para quienes interactúan con ella.

P.D. Espero sepan disculpar la calidad del video. aquí tenemos a Carolina andujar leyendo el poema que les comenté. Un poema burlesco precioso.

Días de letras.

Author: Diego Fernando Marín
domingo, octubre 24
Empieza desde la noche anterior. Hago un rastreo entre mis libros para saber que les leo a mis estudiantes (Me refiero a las lecturas regalo por supuesto, las obligatorias ya están en el orden del día). A veces elijo “Una caperucita roja” (Océano-Travesía) o “El enemigo” (SM). Pero los Libros-álbum no siempre son efectivos. De hecho he tenido que dedicarle una hora a la semana para poder compartir con ellos textos más extensos. Hemos leído “La sirena del faro” de Ray Bradbury (SM) y “La peor señora del Mundo” de Hinojosa (FCE). Las primeras veces que lo hice ellos estaban con su eterna posición de estudiantes, cabeza hacia el frente, manos sobre la mesa -evitando manosear el blackberry-, los ojos atentos, la cabeza… no podría apostar sobre el lugar en el que se hallaba su cabeza. Me harte de verlos así cuando empecé a leerles el cuento de Bradbury. Recordé que una de las cosas que nunca le pude perdonar a mi colegio y a las bibliotecas fue obligarme a leer de determinadas maneras. Yo mismo he preferido las posiciones más insólitas para sumergirme en el mundo de mis autores favoritos. Así que me dije al diablo, si aparece mi jefe les diré que están buscando un lente de contacto. Cuando les dí la libertad de asumir las posiciones que quisieran casi todos se lanzaron al piso. Unos sentados, otros acostados. Un nudo gordiano de brazos y piernas, una orgía de cabezas y zapatos, una comunión estrecha contra un piso lleno de bacterias. A medida que pasaba el tiempo algunos cerraron los ojos, otros se miraban cada tanto y se sonreían e incluso estaba la que no me despegaba los ojos de encima, atenta a cada palabra, cada frase, cada repetición rítmica. Nos sumergimos en el texto (uno de los primeros con los que Elizabeth llegó a disfrutar de la ciencia ficción) y recordé muchas cosas también. De hecho que siempre me gustó más la versión del cuento cuando la baje por internet que la del libro que tengo ahora entre mis manos. La diferencia es una sola. En la versión de internet el texto se titula simple y llanamente, “La sirena”; en la versión del libro –no entiendo porque- aparece el apellido “del faro”, como si el contexto no permitiera inferirlo.

Termino el texto. Alguien encontró el lente de contacto perdido. Las miradas se encuentran satisfechas, los brazos se estiran perezosos, de un bostezo escapa un chicle. Mi duendecillo (puedo jurar que se pone la capucha del saco y se parece a un duendecillo) me dice que no le gustan esos textos tan fantasiosos (no entiendo como a un duendecillo no le gustan los cuentos fantásticos). Me prometo a mí mismo que en una próxima oportunidad elegiré un texto más cercano al realismo. Estoy pensando en “Diles que no me maten” de Rulfo, estoy pensando en algo de Arguedas…pero acabo de leer la “Trilogía de Nueva York” de Auster, pero acabo de disfrutar “Seda” de Baricco. ¿Será muy temprano sumergirlos en ese torrente de fragilidad y erotismo de Baricco? ¿Deberé esperar más? No lo sé. Esta noche cuando vuelva a desordenar mi biblioteca para ponerla a su servicio (ellos aún no lo saben pero lo intuyen) decidiré si se antepone el erotismo o la prudencia.

Me pregunto, ¿estarán listos para su primera novela corta por entregas?

Tres perlas de Barbara Fiore Editora.

Author: Diego Fernando Marín
martes, octubre 5
Aparte de realizar una lectura sistemática de Delirio, con mis alumnos de noveno, y de romances con los de décimo, es poco lo que he podido enfrentarme a mis amadas letras. Mentiras, me he escabullido a los oscuros cuartos de baño, aprovechado mis largos viajes en transporte público masivo (que es de todos menos MIO) y robándole, como siempre, tiempo a mi matrimonio, a la televisión, y –sí, cómo no- al trabajo. Nunca como antes he tenido que aplicar la máxima que reza: Todo tiempo de lectura es robado (y sigo releyendo Los hombres que no amaban a las mujeres, sencillamente espectacular).

Teniendo como cómplices a Elizabeth, mi esposa, y a Danny, mi bibliotecario alcahueta he realizado una revisita a una editorial que no aparecía en mis listados, Barbara Fiore Editora. De esta editorial quiero comentar hoy tres libros.

El primero de ellos se llama La fuga de Pascal Blanchet, un bello relato gráfico acerca de la vida cotidiana y ordinaria de un músico, que intuimos clásico. La historia es contada a partir de unos pocos trazos que se diversifican y se materializan en una verdadera sinfonía de colores y figuras. Una obra recomendada para todos aquellos, que sin importar la edad, disfruten de las buenas historias.


El segundo es un relato sobrecogedor que destaca tanto por su buena factura editorial como por la profundidad de su mensaje como la singularidad de su estructura narrativa, El tirano, el luthier y el tiempo. El texto es de Crhistian Grenier y las ilustraciones de François Schmidt. Narra la historia de un tirano que quería saberlo todo, observarlo todo, dominarlo todo y de cómo un luthier le ayudó en ello. Su estructura literaria nos deja un sabor a romance medieval que el lector agradece. Ante todo deja un sabor a tristeza e incertidumbre que nos recuerdan las viejas biblioteca y los atardeceres.



Por último quiero hablar de un autor que es nuevo para mí pero que me ha conmovido profundamente, Jimmy Liao. La obra de Liao es un entramado de dibujo y poesía que conforman un todo, llamado en este caso, Hermosa soledad. Utilizando como excusa un percance de salud sobre el que nunca es explicito, el autor se adentra en la soledad y la melancolía que contrasta con la vitalidad de sus versos (libres) y la expresividad e sus ilustraciones.

Los tres textos me fueron presentados sin ningún preámbulo y de sopetón. En todos ellos primaba una visión editorial diferente y exigente tanto en su parte gráfica como en la elección del papel y los formatos elegidos. No creo que sean libros económicos pero sin duda son libros que vale la pena tener en cualquier biblioteca.