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Un cuento de Roald Dahl

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 30

Oscuro, muy oscuro de Ruth Brown

Author: Diego Fernando Marín
jueves, julio 29

Un alto (breve) en el camino

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, julio 28
Este blog nació el 29 de enero de 2009. En el día de mañana estaremos cumpliendo exactamente un año y siete meses. Contamos hasta el momento con cerca de quince mil doscientas visitas y esperamos que sigan aumentando. Este es el momento de hacer un alto y dar agradecimientos a todos los que ahora nos han seguido:

A Martha Rengifo, Rosa Merino, Elizabeth Ruales, Juan Carlos Ballesteros, David Vásquez, Pollo Hipnótico, los muchachos de Pide Tu Libro, el grupo de Richard de Bury, a la Fundación Casa de la lectura y a muchos otros más que nos han seguido a lo largo de este tiempo. A todos ellos muchas gracias.

Es también época de iniciar una nueva fase en este proyecto que hasta ahora ha sido de realización solitaria. Por un lado tenemos la publicación semanal de los videos (amparados en el artículo 32 de la ley 23 de 1982 en la republica de Colombia, que permite la realización de este tipo de productos siempre y cuando su difusión sea gratuita y sus objetivos pedagógicos. Al menso eso es lo que mi leal saber entiende) y ahora se le sumaran los podcast –que pronto contaran con un canal propio en ivoox. Por supuesto nuestra lista de recomendados y nuestras largas parrafadas de reflexiones se seguirán sucediendo.

A esto se suma un nuevo proyecto. La realización del que esperamos sea el primer libro que sale de estas reflexiones constantes alrededor de la lectura. Para ello, lector constante (espero que King no haya patentado la formula, je je je), solicito también algo de tu colaboración. Aunque la temática central y la probable tabla de contenido del libro (que llevaría el mismo nombre del blog) ya están proyectadas, me encantaría saber cuáles serían los temas que te gustaría se vieran reflejados y ampliados, qué dudas se te presentan y quisieras ver cubiertas.

Gracias amable lector, por estar con nosotros este día y espero podamos seguir compartiendo largos días y placenteras noches…
martes, julio 27

Somos animales de relatos. Una vez en posesión del tiempo comenzamos a relatarnos el mundo, sus orígenes, su futuro, nuestro lugar en él. Los primeros relatos nos ayudaron a localizar el alimento, a delimitar nuestro mundo y a saber quiénes éramos y lo que nos hacía diferente. Los relatos pasarían de generación en generación, se modificarían; algunos se agrandarían y en otros casos desaparecerían. Los relatos nos explican a nosotros mismos y el entorno en el que nos movemos. Sí, los relatos nos hacen humanos. La literatura habla de relatos.
En nuestra vida el gran almacén de relatos de la humanidad pasa a través de la literatura, la cual explora no sólo nuestras posibilidades reales de acción, las que tenemos a mano, las que nos ocupan día a día, sino que nos permite explorar las otras, las remotas, aquellas que nos son ajenas e incluso imposibles. Es a través del relato que aprehendemos nuestras primeras emociones, lo que debemos sentir ante los monstruos y la oscuridad, ante los labios de la amada, ante el rostro desfigurado por la ira, ante la soledad del bosque De manera implícita, los relatos nos entregan el mundo y la cultura que habitamos.
La literatura se moviliza a través del lenguaje y desde el momento en que nacemos nos vemos involucrados con canciones, palabras, frases, cuentos, rimas y ritmos. Cada palabra narra una historia. Los bebés lo saben desde sus primeras palabras. Al principio -ya lo asegura Vigotsky en Lenguaje y Pensamiento-, es en realidad toda una secuencia de acciones cuya interpretación dependerá del lugar y el momento en que son pronunciadas. Una palabra como tete puede ser traducida como dame tete, quiero tete, no quiero tete o que terrible tetero con sabor a cal me han dado el día de hoy, ¡puaj¡ En esa secuencia de ideas ya se halla el germen del relato y de la literatura.
A través de los relatos exploramos la multiplicidad de posibilidades que nos brindan las relaciones de una manera implícita y por lo general amoral -la carga moral se la puede adjudicar el lector (a menos claro que se trate de literatura infantil donde se supone que los niños no pueden leer entre líneas) que por lo general simplemente la olvida. A través de las historias aprendemos sobre el poder, sobre la sexualidad, sobre los árboles, sobre el bosque, el cielo, el amor y el odio. Todo está ya allí. El Quijote no nos habla de la valentía, nos habla de las relaciones de un hombre con la lectura, con sus iguales y con su propio tiempo. Los Miserables nos habla de las múltiples formas del amor y de la misericordia. King nos habla desde el otro lado, nos pide que seamos valientes, que nos esforcemos, que nos aguantemos y que el resto es oscuridad. A través de estas y otras obras exploramos formas de relacionarnos diferentes aunque no vivamos en la España del renacimiento ni nos toque la Francia del Siglo XIX. Descubrimos que esas formas de relacionarnos siguen siendo validas.
La construcción del sentido de lo humano está permeada de manera constante por el uso del lenguaje que se perfecciona a través de la literatura, aún cuando no se sepa leer. Muchas de estas figuras literarias terminan haciendo parte del inconsciente colectivo y se convierten en referentes simbólicos constantes.
Claro, se puede alegar que existe el cine y la televisión y el teatro y la música y la danza. Por supuesto, pero vienen después. En el principio fue la palabra…

Una noche nauseabunda de Bill Watterson

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 23
jueves, julio 22


Martha y David –dos buenos amigos, dos asiduos lectores-, se han mostrado de acuerdo en hablar de su gusto por las letras como un acto por medio del cual se visitan otros mundos y, visitándolos, se logra aprender no sólo sobre los demás sino sobre sí mismo. Tal vez sea esta la función principal de la literatura universal, no sólo de la infantil. Veamos.

Aunque la literatura puede usarse con fines pedagógicos las intenciones de los autores por lo general trascienden esto. De hecho la literatura infantil y juvenil propiamente (es decir, aquella dirigida a un público infantil y/o juvenil con preferencia y arreglo al gusto de los adultos) nace en el siglo XIX. Los denominados cuentos de hadas recopilados por Perrault y los hermanos Grimm eran cuentos de la tradición oral francesa y alemana. Historias que habían transitado por décadas en los pueblos europeos y que beben de la mismas aguas que los mitos y la leyenda; relatos que se contaban entre los campesinos de la época sin importar si habían, o no, niños por allí. El pueblo poco sabe de censura. Muchas veces la moral no tiene mayor utilidad cundo al principal preocupación es la supervivencia. El mismo Perrault sería perseguido por publicar libros que escandalizaron a la cultura burguesa y aristócrata de esa época.

Lo que explora finalmente la literatura no es lo bueno y lo malo (aunque esté incluido) sino la naturaleza de las relaciones humanas. Más allá de cualquier otro arte, la literatura (comprendiendo en ella la manifestación de lo oral) ayuda en la construcción del sentido de lo humano a través de la exploración de las infinitas posibilidades de las relaciones. Bien sean las del hombre con su iguales, con su subordinados y/o con sus superiores; bien sea con las diferentes representaciones de la naturaleza e incluso de lo sobrenatural. La literatura brinda la oportunidad de realizar una exploración virtual a través de la palabra y de los hechos (verosímiles o inverosímiles) que relata.

miércoles, julio 21




Estaremos de acuerdo que reducir la literatura a un uso estrictamente pedagógico es reducir el ser humano a su esqueleto o a su bazo. ¿Qué nos enseña Bukowskii? ¿qué no hay que beber?, o al contrario, ¿qué si se quiere escribir poesía dolorosamente humana hay que beber hasta las heces? Pero planteada en forma de preguntas la cuestión no deja de ser un recurso retórico baladí. Así que entremos en materia.

La reducción del uso de la literatura en la escuela a la búsqueda exclusiva de valores es una cuestión de tipo moral. No podría ser de otra forma cuando, al menos en occidente, ha sido la iglesia católica a la que durante siglos le ha sido encomendada la educación. No ha mucho –de hecho aún hay padres que piden ese tipo de instituciones educativas- la corrección de los menores se hacía bajo el régimen de la biblia y la tabla. Se premiaba a quien se supiera –de memoria- mas salmos y más pasajes de la biblia (no el cantar de los cantares, ese no) y se despreciaba a quien pensara de otra forma. A estos últimos se les intentaba curar de su herejía bajo tiernos cuidados como el ayuno o haciéndolos arrodillar sobre granos de maíz sosteniendo con los brazos extendidos sendos libros de teología.

Pero la culpa no es de la iglesia. La iglesia hacia lo único que se podía hacer en tales casos, buscaba institucionalizar bajo un credo y un paradigma dominante que se consideraba correcto. El libro sagrado de la iglesia católica es la biblia. Es decir la verdad revelada. Es decir una palabra que no se puede discutir y cuya interpretación es de veras complicada. Cuando no se puede discutir sólo queda la opción de memorizar. ¿se nos hace conocido esto? Además de verdad revelada, la biblia cumple la función que toda mitología tiene, entrega un tratado moral a sus seguidores, les dice que está bien y que está mal, dice lo que se puede y no se puede hacer, lo que es propio de los hombres y lo que es propio de los dioses. Bajo de cientos de creencias, paganas o monoteístas, creer implica entregarse a una moral y a la práctica de unos valores. Valores positivos por supuesto; cristianaos, indiscutiblemente.

Estas valoraciones afectan así mismo la relación del lector con el libro. Cuando un libro no es interpretable sino memorizable, no se puede glosar, no se puede subrayar para recordar después (si se puede usar un separador, una biblia de antaño tenía una gran cantidad de cintas de tela que servían de separadores), es un objeto bello que no se puede profanar, que no se puede lanzar contra una pared en caso que nos aburra. Si se le pregunta a un niño que se es un libro nos lo reducirá a una biblia. Todo libro, para un niño pequeño, es una biblia. Sólo los lectores que han logrado introyectar su creencia de manera personal son capaces de subrayar una biblia. Sólo quienes introyectan la práctica de la lectura, superando la idea escolástica de la evaluación, se atreven a tener una relación íntima y personal con la lectura.

Heredamos de la iglesia (la culpa no es de la iglesia – este no es un alegato contra la iglesia-, ella es sólo un accidente) la forma de ver el mundo y por ende asumimos que, al igual que la biblia, toda literatura, todo relato, debe reflejar el mismo orden moral (¿Acaso lo alto no ha de ser reflejo de lo bajo?).
lunes, julio 19


Leemos a Shakespeare, a Borges, a Bolaño (y también a Bolaños), a Stevenson, a Lao- Tse, a King –por supuesto-, a Mendoza, a Benedetti, a García Márquez ;leemos interminablemente autores, relatos, crónicas, cuentos, novelas; leemos porque nos divierte, para estar al tanto de lo último que ha salido, porque algo tenemos que hacer en el baño entre tanto, porque la televisión está llena de programas tan malos que no hay más remedio, porque las filas son aburridorsísimas, para hacernos los interesantes, porque nos obsesiona, para no pensar; leemos porque somos animales de relatos, leemos porque podemos, porque somos humanos.

A menudo en nuestros años de formación nos hicieron leer fárragos enteros de cosas que nunca nos gustaron ni parecían tener nada que ver con nosotros (verbigracia, La Celestina. Como he odiado la condenada historia de Calisto y Melibea, tunantes indecisos). A menudo nos encontramos con tareas que tenían que ver con la disección de la obra (personajes principales, secundarios; ubicación de la trama; resumen, etc.) más que con su comprensión real y, por supuesto, no podía ser de otra forma, con la ubicación de los valores principales de la obra. En lo personal todavía estoy buscando los valores principales (la enseñanza si se quiere, al final todo tiene que apuntar a una enseñanza) de Cien años de soledad. He encontrado dos: No hay que tener sexo con los primos porque los hijos pueden nacer con cola de puerco (en mi caso porque mis primas son feísimas y la única bonita la vine a conocer a los diecisiete años cuando ella ya estaba esperando su primer hijo) y que las cucarachas se matan con el deslumbramiento solar (lo he comprobado con una lupa bajo el sol de verano, como se retuercen las condenadas). El libro tiene como quinientas hojas y de esas historias llenas de sexo y violencia no he podido sacar más enseñanzas. Curiosamente eso no parece quitarle nada de su valor literario.

Cada vez que me enfrento al comentario realizado por un docente – o futuro docente- sobre una obra cualquiera no puedo evitar sorprenderme frente a la infaltable aparición del valor de la obra: el cuento nos enseña…Hay casos peores sin embargo, relatos preciosos que terminan siendo condenados por la ausencia de una enseñanza palpable. Entonces los comentarios que surgen son por completo descalificatorios: no perdería el tiempo leyéndole este cuento a mi hijo (hija, alumno, hermana, cónyuge, etc.). En definitiva el libro – la historia, el relato literario- sólo puede subsistir cuando su enseñanza es palpable, mensurable, usable; el libro es sólo una excusa para hacer pedagogía (No hay que olvidar el revuelo causado por Donde viven los monstruos de Maurice Sendak, en el momento de ser publicado, ante todo porque su personaje principal –Max- no era castigado por sus acciones).

Y si la literatura, estimado lector, tiene beneficios que van más allá de su simple valor pedagógico, ¿cuáles serían estos? Intentaremos responder esta cuestión en las siguientes jornadas.

Donde viven los monstruos (Video)

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 16

La ciudad como texto: skateboard

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 13


“Con una tabla de patinar no se puede tener cuidado, hombre.”

Un Chico. It. Stephen King.

Tarde o temprano todos tuvimos la experiencia. Jugueteamos un poco con esa tabla de cuatro ruedas. La impulsamos, la giramos, nos dejamos caer por un declive hasta que al fin nos decidimos y comenzamos a intentar nuestras propias piruetas. Nada arriesgado por supuesto, quizás un derrape, saltar con ella. Entonces, por nada, la bendita tabla nos muerde las pantorrillas o nos hace probar el polvo. Nada que hacer, se acabaron los escarceos amorosos; los patines, las bicicletas son artefactos más seguros, veloces, autónomos y divertidos. Los más, desde la increíble cima de sabiduría que ostentamos a los doce años, abandonamos la tabla de patinaje y nos vamos a otra cosa. Pero hay otros, unos cuantos, los menos, que parecen haberse negado a envejecer, los que no se resignan, los que nunca aprenden a tener cuidado y terminan conquistando unas cumbres inmensas y aparecen sonrientes en ESPN antes de otorgar al mundo algo de gracia y belleza.

En Cali son pocos. En Nueva York, Estocolmo, París o Londres, pueden ser más. En cualquier parte parecen ser mirados como rebeldes sin causa con complejo de Peter Pan. Hay mucho de eso, por supuesto, ver a un hombre de 45 años, con pantalones cortos, rodilleras, coderas y casco mientras va impulsando una tabla de patinaje al borde de unas gradas no causa una buena impresión. Eso, en definitiva no puede ser serio. Excepto que es mortalmente serio, un deporte de competición en donde para poder triunfar se exige un desempeño y una sangre fría que rayan en el absurdo. Y si vamos a ridículos, qué puede ser más ridículo que un grupo de hombres panzones que se reúnen los fines de semana a correr detrás de un balón y celebrar cada gol con unas cervezas y el final del partido con una buena fritanga. Pero nos extraviamos.

Para el skateboard, aquel que se ha formado en la calle, aquel para quien su tabla de patinaje es una suerte de libertad, la ciudad entera es una pista de de entrenamiento diario. Sin embargo mientras el ciclista, el caminante o quien patina, buscan una vía suave y despejada de obstáculos sobre la cual desplazarse, el skateboard buscará unas gradas, unos pasamanos, una hondonada.

Esto por supuesto ha tenido sus inconvenientes. Los practicantes de skate son gregarios por naturaleza. Andan en grupos de 4 ó 5 personas, que se reúnen frente a un edificio o un centro comercial, practicando una y otra vez los mismos movimientos, hasta la perfección o el hartazgo. Siempre se ven los mismos tipos de pantalones, las mismas camisetas, los mismos rostros concentrados y hay quienes juran que tienen los mismos tatuajes. Eso por supuesto puede llegar a ser intimidante, sobre todo cuando toda la indumentaria está acompañada de un rostro feroz de determinación.

Si para un traceur la ciudad entera es un campo de entrenamiento, la ciudad de los skates es más parecida a minúsculas islas perdidas en océanos de nada. Las islas están constituidas por pequeños parques o estacionamientos donde los obstáculos puedan ser divertidos. Es curioso, porque los parques que se han diseñado para ellos se pierden devorados por la maleza. Eso sucede en Cali y en París. Los skates consideran esos espacios de la misma manera en que un conquistador pionero recorrería un parque botánico, espacios demasiados domesticados para que puedan ser divertidos y desafiantes. Hay parques, construido para el solaz de ancianos que van a alimentar palomas, que tienen bancas y bardas y escalones que pueden constituir un verdadero reto para los practicantes del skate. De alguna manera parece ser que en esos espacios los tubos están en el ángulo correcto o las escaleras tienen el número de escalones adecuados. Encontrar un lugar así puede llegar a ser una fuente de alegría, como si Moisés hubiese podido entrar a Nuevo Canaán.

Esto por supuesto ha llevado a que muchas ciudades emprendan una guerra silenciosa pero definitiva contra este deporte. La ciudad quiere deportistas domesticados (no se puede hacer nada contra un traceur cuando cada nuevo obstáculo pasaría a ser un nuevo reto), confinados en sus escenarios deportivos, verlos por ESPN no en los parques o en las calles. Así que si una barda, un arcén proporcionan un buen ángulo o una superficie de deslizamiento adecuada para congregar a un grupo de aficionados se le ponen de inmediato trabas, bandas de metal o interrupciones bruscas.

La ciudad parece estar ganando esta guerra. Quienes lo habitan parecen ser más felices de esta forma. Mientras tanto los skates siguen insistiendo en encontrar sus oasis, sus vías, sus pistas de entrenamiento conquistadas con esfuerzo arte y tesón, en medio del océano de concreto.

La ciudad como texto: Parkour

Author: Diego Fernando Marín
lunes, julio 12



El parkour nace en Francia a inicios de los años 90 y en conocido también como el arte del desplazamiento. Existen dos modalidades la rural y la urbana. La diferencia se encuentra en la naturaleza de los obstáculos que se puedan presentar (para saber más sobre el parkour y su historia puedes remitirte, amable lector, al artículo que wikipedia tiene sobre el tema).

Según la geometría euclidiana, la forma más rápida de llegar de un punto a otro es la línea recta, para la geometría no euclidiana es la curva y para la astrofísica está el hiperespacio. En el parkour no sólo importa la manera más rápida de llegar de un punto a otro sino que el desplazamiento ha de ser fluido y dotado de belleza. Así, lo que un observador externo puede ser significado como fanfarronería o gran habilidad es en realidad la búsqueda de una expresión estética a través del cuerpo como objeto de desplazamiento. Si se quiere se puede comparar al performance. Para el traceur (nombre que se le da al practicante de parkour) la ciudad es su hoja en blanco y su pluma es cuerpo que se desplaza.

El lector común de la ciudad la ve como un entramado de obstáculos a superar por medio de unas vías que tienen ciertas direcciones y señalizaciones. Para un traceur estos mismos elementos son vividos como una serie de oportunidades. En primer lugar porque las señalizaciones están hechas para que los grupos de personas que van a lugares similares puedan desplazarse sin fracasar en el intento, un simple ejercicio de convivencia ciudadana. Esto se traduce como una manera común de significar el espacio. El traceur tiene una visión diferente de ese mismo espacio, una visión más artística. En ella un auto que se atraviesa no debe ser necesariamente rodeado, puede ser saltado e incluso pasado por debajo. Es el mundo de quienes aplican una geometría no euclidiana en un espacio sumamente euclidiano.

Si el ciudadano común ve un edificio como un lugar de habitación donde se pasa de un piso a otro a través de las escaleras, el traceur bien puede hacer el mismo ejercicio subiendo por la fachada.

Hay una gran diferencia entre lo que vemos que se hace y lo que puede significar. Cuando un traceur escala la fachada de un edificio no está poniendo en peligro su vida. Él (o ella, dado el caso) se ha asegurado de tener el entrenamiento suficiente para abordar ciertos desafíos sin mayor peligro, o quizás con el mismo que asumimos los ciudadanos comunes al salir diariamente.

Si usted va a practicar parkour si le podemos asegurar que su vida como novato será difícil e incluso dolorosa ya que estamos acostumbrados a movernos de manera torpe y pesada en el mundo (A menos que usted emule a Billy Elliot). Pero el esfuerzo valdrá la pena ya que el parkour puede revelarle una manera nueva de ver esta ciudad que habitamos.

El aprendizaje amoroso (Video)

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 9


El material de un grafitero es la pared. Entre más visible a toda clase de público, mejor. No importa si se trata de un sucinto mensaje de amor o de una protesta social. Lo que importa es que sea visible. La pared de una ciudad se convierte así en una suerte de palimpsesto donde hay mensajes de tras de otros mensajes detrás de capas de pinturas. La pared es un material maleable pero su disponibilidad es permanente.

En muchos casos la ubicación de la pared también hace posible el mensaje. No es lo mismo un mensaje de protesta a favor de la educación en las paredes de una biblioteca pública que en un banco. No es lo mismo un mensaje de amor en un baño público que el mismo mensaje en la barda de un jardín botánico. Si se ha de leer la ciudad desde los grafitis que hay en sus paredes ha de tenerse en cuenta el muro en el que se haya inscrito y el posible destinatario.

Hay grafitis que parecen códigos secretos e intervenciones gráficas que, a la usanza del comic, siguen secuencias y se transforman de alguna manera en relatos con su propia forma de desarrollo e interpretaciones posibles. El papel y la muralla no fungen ya como papel del canalla sino como posibilidad expresiva e interpretativa, como una forma de exploración y crítica sobre y desde lo social. En este caso se asemejan a lo que en el terreno editorial se denomina libro-álbum ya que existe una fuerte interdependencia entre el texto alfabético (cuando lo hay), lo gráfico (cuando lo hay) y el medio en el que se inscribe (que siempre existe).

La ciudad como texto: Grafitis.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, julio 7



Creo que los grafitis han existido desde siempre. Imagino en la vieja Mesopotamia, algunos tipos cuneiformes inscritos con rapidez en algún muro de palacio diciendo, Abajo Nabucodonosor. Muerte al Tirano!!!!!!!!!! o algo por el estilo. De mi niñez recuerdo uno en especial. Skin was here, decía. Nunca supe quien era Skin, ni porque había estado ahí, pero las palabras me parecieron de alguna manera tan poderosas que terminé construyendo un cuento y luego toda una mitología alrededor de él. De la dichosa pintada no sé que haya sido, la mitología algún día –espero pronto- verá la luz.

De mis años mozos también recuerdo una película que narraba la historia de un grafitero que devenía en artista reconocido (Creo que la película era Basquiat pero no daría mi brazo derecho por ello). Sin embargo en mi ciudad los grafitis no pasaban de decir cosas como Punk not death y otras por el estilo. Después se convirtieron en consignas a favor de uno u otro equipo B.R.S y F.R.V. Las iniciales dieron orígenes a escatológicas interpretaciones cargadas de ingenio y acidez. Por supuesto también existían las consignas antigubernamentales que en el último lustro aparecían intervenidas con aerosol, desdibujando el nombre de nuestro último mandatario.

Hace cinco años, más o menos, el panorama comenzó a modificarse. En las calles y en las cabinas telefónicas comenzaron a aparecer stenciles con ilustraciones más similares a las historietas que al tradicional corazón tembloroso. Fuzil, arma gráfica, creo que cantaban. Con el paso del tiempo otro tipo de ilustraciones comenzaron a adornar las paredes, algunas tenían que ver algo con lo gore y otras simplemente no tenían nombre ni identidad alguna.

Hoy en Cali es común ver diversas intervenciones en paredes, puentes y cualquier espacio público vacío que exista. No sólo llenan de color la ciudad sino que muchas de ellas tienen un fuerte carácter de protesta, denuncia y afirmación de identidad latinoamericana. Su trabajo ha llegado a ser tan bueno que en algunos casos han sido llamados por las empresas de servicios públicos para realizar ilustraciones en relación con el reciclaje.

Es curioso que de niños nos recordaran mucho un viejo refrán, la pared y la muralla son el papel del canalla. Hoy en día muchas cosas han cambiado, las intervenciones en textos alfabéticos y gráficos nos recuerdan que somos fruto de un violento mestizaje o nos denuncia los abusos sexuales de un sacerdote (que terminó convirtiéndose en una escabrosa figura gótica que aletea sobre nuestra ciudad, le freak) o nos ilustra las virtudes del reciclaje. Nos ha enseñado que es posible inscribir la historia de otra manera en nuestra ciudad y que las formas de dar a conocer nuestro potencial no se hallan en el campo editorial exclusivamente.

Quienes hoy se asoman por las ventanillas del transporte público o privado pueden mirar con detenimiento la colorida figura de un indígena embera o la siniestra silueta de le freak. De una u otra forma sentirá que las paredes de la ciudad le están hablando.

La ciudad como texto: introducción.

Author: Diego Fernando Marín
martes, julio 6




Por lo general cuando se habla de lectura se suele pensar sólo en textos alfabéticos. Sin embargo la lectura es una competencia cognitiva que abarca lo semiológico. Cualquier signo que contenga u significado es objeto de lectura. Por supuesto, la ciudad no escapa de ello. Y no nos referimos en esta ocasión a la cantidad de signos y símbolos que se pueden encontrar en los trazados de las calles, las fachadas de las casas o sobre las mismas vías. Nos referimos a la ciudad como espacio, en su conjunto de señales de tránsito, carteles de publicidad, fachadas, diseños arquitectónicos, aglomeraciones, terrenos baldíos, rascacielos y rascasuelos, entre otras tantas cosas.

La ciudad es un texto que exige amplias competencias socioculturales de sus lectores. Es diferente para el lector que lo encara por primera vez o de manera ocasional, es un texto inhóspito para aquel que vive en sus calles y uno salvaje para aquel que conduce en horas punta de camino al trabajo o de vuelta a él. Los ciclistas leen la ciudad de una manera diferente a como lo hacen los peatones y/o los mensajeros. Si lo viésemos desde el aire quizás nos parecería un aviso o una advertencia.

Esta semana trabajaremos alrededor de tres fenómenos que afectan la lectura que hacemos de la ciudad y, por ende, también su forma de inscribirnos en ella. Trabajaremos acerca de las intervenciones gráficas (grafitis), el parkour (deporte extremo urbano) y el skateboard (deporte urbano). A partir de estas tres visiones de la ciudad esperamos que el lector reconstruya con nosotros ese ambiente que tiene por rutinario e incluso aburrido. Buscaremos compartir otras formas de leer el espacio en que habitamos y elevaremos un punto más, al menos eso esperamos, nuestra definición de lectura y, por ende, de escritura.

Esperamos tu colaboración, lector constante, así como tus experiencias, comentarios y digresiones.

Antón y los dragones, un libro sobre Gaudí.

Author: Diego Fernando Marín
viernes, julio 2



Autor: Annika Holm

Ilustrador: Fibben Hald

Editorial: Serres.

Libro álbum

Recomendado para: Lectores en Marcha

Hablar de de Serres es hablar de arte. De libros que son en sí mismos expresiones artísticas de gran calidad, o de libros que hablan sobre pintura, museos y, en este caso, arquitectos.

La vida y obra de Gaudí ha generado siempre controversia por la naturaleza y realización de sus obras, por su proyección descomunal (La sagrada familia aún no se ha terminado de construir) y por el aura de misterio que generan en Barcelona.

A partir de ahí Annika hold y Fibben Hald deciden llevar al lector de paseo entre las grandes obras de Gaudí, usando como hilo conductor el tema de los dragones. El resultado es un libro sencillo de seguir, a medias entre el relato de descubrimiento y el libro informativo, que sin duda se convierte en un buen punto de partida para que el lector se interese aún más en la obra de Gaudí, en particular, y en la arquitectura, en general.

Las ilustraciones son preciosas, aunque en algunos momentos Fibben Hald parezca desconfiar de la magia de sus trazos y decida compartir directamente algunas fotografías de los elementos arquitectónicos. Esta decisión tiene sus más y sus menos. Como punto a favor tendremos la posibilidad de mirar el trabajo de Gaudí sin pensar en los artificios del ilustrador. Sin embargo, desde el punto de vista gráfico, la sensación que queda es que la ilustración no alcanza a desarrollar una identidad propia.

Antón y los dragones, libro que mezcla arquitectura con ilusión poética bien puede brindarnos un dato de esparcimiento y un buen punto de entrada para explorar la obra de Gaudí.

El gigante de la historia

Author: Diego Fernando Marín
jueves, julio 1

Autor: Brian Patten (Inglés)

Editorial: Diagonal junior

Cuentos entrelazados

Recomendado para: Lectores en marcha.

Siempre buscamos historias. En los programas de concurso, en los juegos a mitad de la noche, en los comics, en las canciones y en las pinturas buscamos historias. No tenemos opción Homo sapiens sapiens es otra forma de decir, humanoide que busca historias. El gigante de la historia trata sobre eso.

Con Elizabeth vimos hace mucho tiempo el libro y ella se prendó de inmediato (yo estaba viendo si la librería conocía de ciencia ficción algo de Scott Card que no fuera El juego de Ender). Aquel día no lo llevamos porque el dinero no nos alcanzaba. Luego, por supuesto, lo olvidamos. Había otras cosas que hacer, ir al cine, salir a comer, comprar libros de ciencia ficción (No de Scott Card sino de Williamson), cosas así. Meses después regresamos a la misma librería y el bello tomo seguía ahí. Elizabeth no lo dudo, juntamos la calderilla y salimos sin dinero pero radiantes. Casi como si se tratase de un cuento de hadas.

Leímos con deleite las historias del libro, que se entrelazan alrededor de una historia central como en las mil y unas noches y una vez cerrados, nos dimos cuenta que el libro crecía en nuestro interior, como en aquella historia de Galeano.

El gigante de la historia narra la desesperada búsqueda que emprende el guardián de las historias (verbigracia, el gigante) en busca de una narración que le es desconocida y en la que debe encontrar su sentido y el sentido de la existencia. Para ello convoca en sueños a cuatro niños provenientes de los cuatro puntos cardinales para que le ayuden en su búsqueda. El relato se puede leer de manera lineal o independientemente. Muchos recordaran algunas de estas historias, retomadas de la sabiduría ancestral de los pueblos del mundo.

No lo sabes, amable lector, pero en tú biblioteca hay un espacio esperando por este libro.

El último elfo.

Author: Diego Fernando Marín




Autor: Silvana di Mari (Italia)

Editorial: Grupo Editorial Norma

Novela

Recomendado para: Lectores en marcha.

Uno de los libros en los que coincidimos Elizabeth y yo es este. Ambos recorrimos maravillados sus líneas y fuimos conmovidos capítulo a capítulo por los sucesos protagonizados por el último elfo, dos humanos (que están seguros de haber vendido, quemado, vendido o mutilado a su madre) y un perro que termina llamándose Fido. Luego leímos la continuación, El último Orco (que ya comentaré más adelante) y actualmente estamos ansiosos esperando lo que quizás sea la última parte. Pero la autora se muestra avara ante nuestros deseos.

Después de Tolkien comenzó a aparecer una suerte de literatura al estilo del señor de los anillos, es decir plagada de orcos, anillos, espadas mágicas y magos de larga barba. Como si antes de Tolkien ninguno de estos personajes hubiese existido.

En el último elfo no tendremos ningún atisbo del mundo de Tolkien. Sí, habrá un dragón; sí, habrán profecías; sí, el lector se encontrará en un mundo medieval y épico fantástico. Pero la esencia es diferente, quizás más cercana a la Saga de los confines de Liliana Bodoc antes que a la literatura fantástica europea posterior a El señor de los anillos. Así que quienes busquen a Legolas en estas líneas no lo encontraran. Aunque se trata de un elfo y es hermoso, sabio y eterno, es muy diferente a cualquier elfo descrito con anterioridad, quizás porque aún es uno nacido hace poco.

Quien se acerqué a este libro podrá hallar no sólo un momento de esparcimiento sino de reflexión.