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Amaranta Porqué

Author: Diego Fernando Marín
viernes, marzo 26
Autor: Nicolás Buenaventura Vidal

Ilustrado por: Mauricio Trejos

Editorial: Panamericana.

Libro ilustrado.

Recomendado para: Lectores en marcha.



Nicolás Buenaventura Vidal - hijo del reconocido director de teatro y escritor Enrique Buenaventura- es reconocido por su amor al escenario como actor pero también como narrador oral escénico. Gran parte de su vida la ha dedicado a viajar ya recolectar gran variedad de historias en lugares tan disimiles como África, India y el Pacífico Colombiano. Algunas de esas historias han terminado plasmadas en verdaderos espectáculos poéticos musicales como “La guerra de los cuervos y de los búhos” y “Los cuentos del espíritu para amar y pensar mejor”. Espectáculos que posteriormente han devenido en libros como “Cuando el hombre es su palabra” (publicado por editorial Norma).

En esta ocasión tenemos una historia única, cuya protagonista tiene esa cualidad divertida, irritante e insistente que presentan todos los niños a determinada edad. Es tan acusado ese rasgo en ella que termina haciendo parte de su nombre, Amaranta Porqué. Y es que Amaranta pregunta por qué a cada instante de su vida, hasta dormida cuestiona a las figuras de su sueño y, quizás, al mismo que nos sueña a todos.

Amaranta nace de las poblaciones negras al borde del mar pero es adaptado a nuestro mundo presuroso, esquizofrénico y sobrepoblado, en donde nos recuerda cual es el valor de escuchar una historia.

Nacido de la oralidad este texto tiene la facilidad de volver a ella en cualquier instante, es una historia que se niega a quedarse atrapada en el papel y buscar ir de boca en boca, de oído en oído para finalmente contagiar a todos de esa sonrisa sabia que se instala en los labios cada vez que conocemos una buena historia.

Narración oral y promoción de lectura

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 24
A menudo, cuando se habla de promoción de lectura y de escritura, se suelen dejar a un lado las prácticas orales. Se habla del libro y de las diversas tipologías textuales a las que el lector en formación se puede enfrentar, incluso se habla de los diversos formatos que soportan el texto, pero no se habla de oralidad. Ese es un asunto de bebés en exclusiva. Se ingresa al bebé al mundo del lenguaje a través de las canciones y las rondas y los juegos tradicionales. Sin embargo, cuando el bebé ya tiene la suficiente madurez para acceder al libro buscamos olvidar lo más pronto posible eso que se llama oralidad.
Quizás lo hacemos porque somos en exceso orales. Hablamos todo el tiempo, cantamos todo el tiempo, chismeamos todo el tiempo, jugamos todo el tiempo, narramos todo el tiempo. Es la forma en que privilegiamos la entrega del lenguaje, a través de la oralidad. Lo consideramos adecuando para el aula de clase, para la vida diaria pero no cuando hablamos de promoción de lectura y, mucho menos, de instituciones de promoción de lectura.
Olvidamos pronto que la palabra escrita es una tecnología desarrollada por el ser humano y que no le es natural. La palabra escrita requiere un esfuerzo enorme, una capacidad cognitiva avanzada, usar gran parte del cerebro. La escritura requiere una maduración motora y cognitiva avanzada. Por otro lado el uso del lenguaje oral es más connatural para el ser humano, hace parte de su esencia y se entrega de manera inmediata. No hay necesidad de una intermediación para la entrega de la oralidad.
Los promotores de lectura dirán que contar no es lo mismo que leer y tendrán razón. No se trata de la misma práctica. Sin embargo al contar estamos entregando la estructura de lo que es una narración; estamos entregando la naturaleza básica de lo narrado. Luego, al ingresar al texto escrito, el lector en formación podrá hallar elementos en común como el turista que ha oído hablar su vida entera de París y al llegar descubre que si hay Torre Eiffel (que parece un ave zancuda) y Arco del Triunfo y Museo del Louvre.
Por supuesto que la oralidad por sí sola no es suficiente para llevar a un lector en formación al mundo de las letras. Al contrario, algunos prácticas han mostrado que la narración oral no es una estrategia suficiente por sí sola para llevar al no lector ante un libro. Pero sí es un comienzo que le facilitará la vida para ingresar al mundo de las letras.
Para quienes estén interesados en ver algunos ejemplos de narración oral escénica, les recomiendo los siguientes vídeos: 
  

Narración Oral Escénica (N.O.E.) IV

Author: Diego Fernando Marín
viernes, marzo 19
Suele suceder que la primera vez el narrador intente contar la historia de memoria. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente esta técnica, proveniente de la Escuela cubana, busca que el narrador aprehenda la estructura básica del texto y no el texto mismo. Esto se traduce dentro del escenario  como una reinvención constante del cuento. Nunca un cuento se contará dos veces de la misma forma. Existen variaciones mínimas en algunos casos, grandes en otras. Algunas veces el narrado se siente creativo, más que de costumbre, e inventa escenas enteras que no existían. Otras veces siente que el cuento no funciona para el auditorio al que se dirige y modifica el cuento de tal forma que deja sólo su esencia.
La mayor dificultad que enfrenta quien aprende el cuento de memoria es olvidar una línea y ser incapaz de continuar. Una estructura brinda flexibilidad. Un cuento entero es una camisa rígida e incómoda.
Al contarse el cuento por vez primera y de manera fluida, el narrador se hallará en la posibilidad aún de añadir, modificar o incluso quitar partes que no le hayan gustado en esta primera narración. Se debe ser muy crítico en esta primera narración porque se trata del último momento que el narrador tendrá a solas con el cuento. Después pasara a contarlo ante un auditorio quien será el que juzgara si el narrador ha tenido o no éxito en la selección y adaptación del cuento.
Por supuesto el texto sufrirá modificaciones y reinvenciones a medida que pasa el tiempo. Pero no hay nada como esa primera vez ante el público. 
(En foto Nicolas BuenaventuraVidal, uno de los grandes narradores orales colombianos y latinoamericanos.

Narración Oral Escénica (N.O.E.) III

Author: Diego Fernando Marín
jueves, marzo 18

El escenario ha de estar limpio de objetos y de escenografía. Un narrador, un contador de historias, sólo necesita sus manos y su cuerpo para inventar un mundo al espectador. Tampoco su traje importa. De hecho al contar una historia debe desaparecer el narrador, él no es importante, lo importante es el cuento. En función de él puede existir el narrador.

Al comenzar la marcación de los diversos elementos del cuento ha de tenerse en cuenta donde se ubican los espacios. Dónde ha de estar el palacio o la escuela o el río. Las leyes físicas exigen que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio, y lo mismo sucede con las leyes de la narración. Si se ha ubicado en medio del escenario un río, no ha de poderse ubicar encima de él una montaña o una casa (a menos que haya una explicación sobre el hecho). Sí, en cambio, se puede poblar de sirenas y peces y mantarayas y cocodrilos y canoas.

Es muy importante poder ubicar los movimientos que hace el narrador sobre el escenario debido a que estos sólo deben responder a una necesidad. Si no hay necesidad de movimiento es mejor no moverse. Esos movimientos en que el narrador comienza a andar enloquecido de un lado a otro sin objeto alguno se conocen como movimientos parásitos y lo único que lograr es quitar atención al cuento para centrarla sobre el narrador. De hecho un narrador no necesita estar de pie para narrar, puede hacerlo sobre una sencilla butaca de madera.

Una vez se haya realizado la marcación de movimientos en el escenario el cuento estará preparado para contarse por vez primera, es decir al narrador mismo. Pero por supuesto esto lo veremos en la próxima jornada.
(En la foto Linda Gallo, una de las mejores narradoras orales de latinoamerica)

Narración Oral Escénica (N.O.E.) II

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 17
 De esta guisa obtenemos tres segmentos:

a) Desde el principio hasta el momento en que Carmela dispone de lo que Tío Lobo había pedido a cambio de la sartén.

b) Interludio entre los dos puntos de giro.

c) Desde el instante en que Tío Lobo promete comerse a Carmela hasta el final.

Podemos nombrar cada uno de estos segmentos con un pequeño título a modo de descripción y posteriormente pasamos a dividirlos en escenas. El número de escenas variará según el tipo de narración. Así mismo estas escenas serán tan sólo esbozadas en una frase. Recordemos que lo que nos interesa es la estructura.

Una vez dividido el texto en puntos de giro y escenas constituyentes pasamos a una parte asaz divertida, la reescritura o reconstrucción del texto. Este es el instante en que la historia como tal es adaptada, aquí puedo cambiar la historia y modelarla para mi gusto o el del público. Aquí se quitan o agregan escenas, se puede alterar el tiempo e incluso eliminar o añadir personajes.

Reescribir es adaptar, recrear. En función de narrar por supuesto.

Una vez realizada la reescritura paso a dividirla nuevamente en puntos de giro y en escenas. Como hemos modificado la historia podrían aparecernos nuevos puntos de giro o desaparecer alguno, lo mismo sucede con las diversas escenas.

Al final de esta primera parte del proceso debe quedarnos una estructura similar a un storyboard. Así llegamos al instante de la primera narración y la marcación de movimientos en el escenario. Que, por supuesto, trataremos en nuestra próxima sesión.

Narración Oral Escénica (N.O.E) I

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 16

A Juan Carlos Ballesteros por quien conocí esta técnica.
Hay muchas formas de narrar y muchas formas de contar. La Narración Oral Escénica proveniente de la escuela cubana es sólo una de ellas. La ventaja que tiene sobre otras formas de narración consiste en que su técnica busca un aprehendizaje de la estructura básica de la historia y no la memorización mecánica. Para lograr esto la historia ha de ser intervenida en al menos una ocasión.
Lo primero que debe hacerse es elegir una historia. Debe tenerse en cuenta que entra más movida sea una historia desde el principio más fácil habrá de ser su adaptación. Aquellas historias con un gran contenido reflexivo y pocos hechos son muy difíciles de adaptar.
Una vez elegida nuestra historia se procede a encontrarle los puntos de giro pertinentes. Un punto de giro es definido como aquel cambio brusco en la narración que estoy adaptando. La naturaleza de ese cambio puede ser comportamental o ambiental. Veamos un ejemplo:
En “Tío Lobo” (Adaptada por Xosé Ballesteros, ilustrada por Roger Olmos y publicada por la editorial Kalandraka) la historia comienza con Carmela, una niña que, cuando la profesora menciona en clase que al acabar los deberes invitará a todos los niños a comer buñuelos, pide permiso para ir al baño. Una vez en el baño se queda dormida y al despertarse y volver al salón descubre que es la única que no ha comido dulces. Desconsolada va donde la madre quien le dice que ella le preparara todos los buñuelos que quiera. Pero la madre se da cuenta que no tienen una sartén para  freír los buñuelos así que envía a Carmela que pida una  donde Tío Lobo. Éste le pide que a cambio debe traerle una docena de buñuelos, un pan de maíz y una  botella de vino. La niña se devuelve a casa. La madre hace los buñuelos, separa lo prometido para Tío Lobo y devuelve a la niña con la sartén y lo prometido para Tío Lobo. Carmela, con un agujero en el estomago, se come en el camino todo lo que lleva para el Tío Lobo. Muerta de susto ante lo que acaba de hacer repone los buñuelos por boñiga de burro, el vino con agua sucia y el pan con cemento de una obra. Esto se lo entrega a Tío Lobo quien insiste en probar las maravillas de la cocina de la madre de Carmela y se da cuenta de todas las triquiñuelas. Así que lleno de ira le promete a Carmela que esa noche se la va a comer. Y no cuento más para que lean la historia.
Este cuento posee múltiples y variadas escenas pero, hasta aquí sólo dos puntos de giro son apreciables: El momento en que Carmela se come todas las cosas que la madre ha enviado para Tío Lobo y el momento en que éste le promete que de esa noche no pasa.
(Continuaremos mañana, querido lector, con los pasos que componen esta deliciosa receta que culminará en narración. Si lo desea, elija su historia a adaptar entretanto.)

Ningún lugar está lejos

Author: Diego Fernando Marín
viernes, marzo 12


Autor: Richard Bach

Ilustrador: Ron Wegen

Editorial: Pomaire

Recomendado para: Lectores en marcha.



A Richard Bach hoy ya casi no se le nombra. Sin embargo, se trata de uno de los primeros escritores de esa llamada literatura de autosuperación. A diferencia de Og Mandino o Anthony de Mello, Bach no habló de las mejores formas de ventas o trabajó a partir de pequeñas historias traídas de oriente con aplicaciones a la vida diaria. Tampoco habló de la magia como forma de encarar las situaciones difíciles o de crecer espiritualmente. Bach pretendió hacer del vuelo una metáfora para la vida.

En sus historias abundan los pájaros y los biplanos, la desesperación, el dolor y una manera de mirar el mundo desde una suerte de budismo norteamericano. El mundo es una ilusión y estamos sólo aquí para perfeccionarnos diría en sus libros más reconocidos.

“Juan Salvador Gaviota” sería una de esas primeras obras de ventas millonarias que brindaría a muchos lectores una nueva manera de ver la vida, marcando pautas de comportamiento ante el día a día.

El libro que traemos a colación hoy no es quizás de los más reconocidos pero está edición en particular es una de sus más bellas publicaciones. Ilustrada por Ron Wegen, narra el viaje a través del corazón de los pájaros que hace una persona para ir al cumpleaños de su amiga Rae. Muchas preguntas se desprenden a partir de ese viaje, muy pocas de ellas con respuestas claras. Este punto en particular exige un mediador de lectura con la mente abierta y dispuesto a discutir sobre aquellos detalles en los que no podemos tener respuestas exactas: ¿Qué es el tiempo?, ¿la distancia?, ¿la amistad?, ¿el amor?

Hablar de una edición en especial me hace detener de nuevo en la importancia de los paratextos. Yo tuve y perdí mi edición de pomaire aproximadamente en el año 95. Desde entonces tarde cerca de 9 años en reencontrarlo. Mi búsqueda no estuvo atravesada sólo por el contenido alfabético del libro sino por el de las ilustraciones. No se trataba de cualquier edición sino de esta edición en particular.

Alejandro, el sobrino del que muchas veces he hablado, ya reconoce la importancia de los paratextos. En nuestra última visita a una biblioteca pública reconocía por igual el título del libro y el de sus autores.

El álbum de la película.

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 10


Me gusta el cine. Al igual que muchas personas estoy pendiente de los estrenos y de lo que pasa en el mundo de Hollywood. Me encantan las versiones de algunos libros y después de “El señor de los anillos” de Peter Jackson dejé de pelear con los directores porque no incluían todas las escenas que aparecen en el libro. Entiendo que existe algo llamado adaptación.

No soporto sin embargo la versión impresa de las películas. Detestó esos productos de marketing que las películas más exitosas pretenden pasar por libros y que se instalan a millares en las góndolas de los supermercados. Estos insufribles productos van desde los libros para colorear hasta los álbumes de las películas o los diarios de los directores (Stephenie Meyer amplió el espectro al diario de la autora en “Crespúsculo”).

Por supuesto que hay muchas razones para que estos productos sean exitosos. Por un lado los lectores en formación se encuentran con personajes y tramas predecibles a fuerza de conocidas, desde otro punto de vista buscan prolongar el placer y la emoción que otorga la película. En principio no habría nada de reprochable en estos pseudolibros, incluso son mucho más económicos que otro tipo de texto.

El problema se halla en el lenguaje. Al igual que una novela o una serie de televisión, el objetivo de este producto secundario del marketing es llegar al mayor espectro posible de público. Para ello el principal sacrificado es el lenguaje, tanto el gráfico como el alfabético. Esto es más evidente cuando se trata de películas con mayor elaboración argumental, lo que aparece entonces en juego son varios tomos que descomponen el argumento en secuencias narrativas más fáciles de seguir por el lector. El vocabulario es reducido para que pueda seguirlo tanto el niño de tres años como el de diez. Los gráficos se reducen a meros fotogramas de las películas sin aportar una mayor versión artística. No se trata en este caso de una adaptación sino de una reducción de lo cinematográfico a lo impreso. Pierden en este proceso tanto los cinéfilos como los lectores. Como consecuencia de esto tenemos lectores que se van formando en productos textuales fáciles y poco exigentes.

Encontrar este tipo de productos en las bibliotecas, tanto personales como públicas, es descorazonador en tanto tenemos la exigencia como padres, docentes, mediadores y promotores de lectura en rodear a los lectores en formación de los mejores textos posibles.

Bill Watterson y los libros electrónicos.

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 9

Una de las razones por la cual el creador de Calvin & Hobbes fue abandonando paulatinamente su tira cómica fue por la exagerada presión que recibía del sindicato de prensa de Estados Unidos para que conservara el formato de viñetas pre – establecido por los periódicos estadounidenses. De haberse mantenido fiel a esos estándares los seguidores jamás habríamos podido conocer la célebre escena del baile entre el niño y el tigre. Así, poco a poco, Bill se fue retirando al campo de los comic books y por último, después de 10 años de trabajo, Calvin & Hobbes desaparece del mundo de las tiras cómicas.

A diferencia de Garfield, Mafalda, Snoopy y tantos otros entrañables personajes los personajes de Watterson no continuaron su vida en series animadas, camisetas, mugs, avisos telefónicos o insulsas adaptaciones al cine. Lo que conocemos de ésta singular pareja se encuentra en una cantidad limitada de libros.

Una de las razones que me disgustaban de los lectores electrónicos como el de Amazon o el de Sony es que, más allá de la comodidad generada por su tinta electrónica o lo portable de su hardware, todos los libros parecían exactamente iguales. En los libros dirigidos a adultos ese no parece ser un problema grave, la mayoría de ellos usa fuentes similares encontrándose diferencia de tamaños en márgenes y gráficas según se tratase de una edición en tapa dura o rústica. Sin embargo los libros para niños poseen una estética diferente, abundan los colores, las diferencias de formatos y la intervención gráfica más allá de lo decorativo.


Parece ser que Penguin books (http://vimeo.com/9883606)  ha sabido dar respuesta a estos, y otros problemas, en los nuevos contenidos digitales que anuncia para el ipad. Se anuncian libros digitales que saltan fácilmente del formato vertical al apaisado, existe abundancia de colores y se puede intervenir los libros no sólo para subrayar sino para añadir notas, encontrar sonidos de animales o comunicarse con otros lectores en línea. Una de las primeras críticas que se le dio a este tipo de contenidos, cuando la editorial norteamericana dio a conocer algunos detalles en las redes sociales, es que muchos de estos adelantos ya se habían realizado en la web. Dicho de otra forma, que no se estaba presentando nada nuevo. Disiento, Penguin Books ha sabido presentar viejos contenidos con pocos adelantos técnicos como una forma de irse ganando a los lectores tradicionales al tiempo que brinda una gran versatilidad en línea y abre una gama de posibilidades que plantean nuevos límites y formas de narrar.

Por supuesto queda por saber qué pasará con textos como “La escoba de la viuda”, que en su formato impreso no se ajustaba a ninguna de las convenciones de publicación, o maravillosos libros juego como “El animalario del Profesor Revillod” con sus múltiples pestañas.

Me gusta pensar que con este nuevo tipo de propuestas tal vez Bill Watterson se sienta tentado a darle una nueva vida al incomparable, asombroso, inquieto y nunca jamás bien ponderado “Calvin & Hobbes”

El miedo al libro.

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 8
Leo “Caperucita Roja y el lobo” de Roald Dahl ante un grupo heterogéneo de docentes en formación. Me encanta la sensación que produce el cuento en el auditorio ante esos elementos discordantes que van surgiendo: la nevera, el oculista, el abrigo de piel y, finalmente, la pistola. Me solaza la estupefacción (leer en voz alta también es sorprender y divertirse).

Al terminar la lectura una mano se dispara de inmediato hasta casi llegar al techo, “¿Ese cuento para niños de qué edades es?, porque yo ese cuento no se lo leería a mi hijo”. Ahora el estupefacto soy yo. La dueña de la mano me observa y añade a modo de disculpa, “Es que es muy violento”.

Indago, pregunto, cuestiono. No sólo a quien ha intervenido sino al auditorio entero. La mayor parte de ellos son padres y madres de familia con hijos que oscilan entre los 3 y los 16 años de edad. La mayor parte de ellos comparte con sus hijos telenovelas como “El capo”, “Rosario Tijeras”, “El cartel de los sapos”, etc., la mayor parte de ellos les prohíbe a sus hijos menores de 10 años ver Cartoon Network porque sus series son muy violentas, la mayor parte de ellos quieren que sus hijos lean los clásicos y les compran, cuando lo hacen, libros de Barney, Elmer y álbumes de películas animadas.

Lo curioso sin embargo no es la contradicción sino lo que hay debajo de esa contradicción. El temor implícito a las letras de molde, a un texto que si lo borra el olvido puede simplemente tomarse de nuevo para recuperar el sabor de esas palabras. No se protege al niño, adolescente, adulto, lector en formación, de lo descrito en el texto sino de la facilidad con que puede volver a las palabras. A un hecho narrado en letras del molde siempre podremos volver. Eso emociona al lector (Borges se maravillaba de niño y volvía a abrir un libro una y otra y otra y otra vez, tan solo para confirmar el hecho de que las letras no se mezclaban entre sí una vez se hubiera cerrado el libro) que se hace repetir una y mil veces la misma historia para comprobar que no cambia, que es inmutable dentro de ese objeto determinado.

La mayor parte de los niños acompaña a sus padres mientras ve el noticiero o escucha las novelas pero ninguna madre o padre se ha levantado horrorizado ante la violencia que se encuentra en esos espacios. No se pregunta para qué edad es determinada emisión. Pero cuando encontramos lo mismo ante un libro nuestra reacción es otra.

Ninguna docente ha sido despedida por ver con sus alumnos una película con escenas fuertes o contenido violento. No dejo de recordar a la maestra que fue despedida de un colegio de Palmira por leer con sus alumnos “Sin tetas no hay paraíso”.

Biblioteca y web.

Author: Diego Fernando Marín
viernes, marzo 5
Escribo, opino, comparto, leo. Hago esto todos los días de una manera constante. Permanezco conectado a internet tanto para consultar mis dudas como para jugar o comunicarme con un amigo en Argentina o España (tengo limitaciones con el idioma). En mi red social tengo al menos medio centenar de amigos virtuales que incluyen editoriales, ilustradoras de libros infantiles, escritores en ciernes y una par de editores a los que les voy a hacer la propuesta de mi libro sobre promoción de lectura. Todo el día, todos los días. Por supuesto eso no me quita tiempo para mis otras actividades, trabajo, adelanto mis estudios de postgrado y tengo una vida familiar. Ah, y por supuesto, leo.

Se ven muchas cosas a diario en la red. Desde estudios en nuevas formas de narración (http://www.inms.umn.edu/elements/) hasta animaciones realizadas sobre los mitos de Cthulu (http://www.zappinternet.com/video/KoBqRavZez/Las-aventuras-del-Pequeno-Cthulhu). En todo esto se hallan involucradas una enorme cantidad de instituciones y gente. Se ven bancos, revistas, escritores en ciernes, supermercados, librerías y editoriales pero no se ven las bibliotecas. O mejor dicho si se ven. Se ven como esos monumentos nacionales que muchas veces están ahí por hacer presencia y nadie sabe que conmemoran.

La mayor parte de las páginas web de las bibliotecas pertenecen a décadas anteriores. Son páginas frías, desactualizadas, poco dinámicas e interactivas y sin interés de cambio. No ofrecen al usuario más que la posibilidad de consultar sus actividades culturales (presenciales por supuesto) y acceder a algunas bases de datos académicas. No hay libros electrónicos, no hay juegos basados en libros, no hay chats, no hay redes sociales de usuarios.

Hay unas cuantas que hacen esfuerzos por supuesto. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (http://www.loc.gov/index.html) tiene diversas aplicaciones según el perfil de quien la visite. La Biblioteca de Alejandría (http://www.bibalex.org/English/index.aspx) al menos tiene una gran cantidad de enlaces a otras páginas de interés y nos ofrece bellas fotos de su arquitectura y alrededores. La Biblioteca Luis Ángel Arango (http://www.lablaa.org/) tiene textos digitales de interés para el visitante virtual – que tengan la letra muy pequeña ya es otra cosa-. Y hay bibliotecarios que se esfuerzan a pesar de las instituciones. María, una bibliotecaria panameña adelanta su blog (http://panamaleescribe.blogspot.com/) con interesantes artículos y selecciones de textos que hablan sobre facetas de su país. María Fernanda Molano, una ex - bibliotecaria de Totoró, Cauca, le ha abierto un blog (http://bibliototoro.blogspot.com/) a una biblioteca que tenía más de 12 años sin abrirse. Los bibliotecarios tienen grandes ideas, magníficas ideas, excelentes ideas. Llevo más de cuatro años escuchando como la Biblioteca Departamental del Valle quiere renovar su página web para hacerla más dinámica y atractiva (incluso he visto los diseños) pero año tras año la página web sigue idéntica a sí misma porque no se destinan recursos para esa área.

La biblioteca, al igual que otras muchas instituciones, debe adaptarse. Eso se ha entendido desde hace algún tiempo. Se llevaron las aburridas mesas e incomodas sillas y se le ha inyectado color y alegría a las instituciones físicas. Lo misma ha de hacerse con su aspecto digital. Si se quiere formar lectores, crear hábitos de consumo de textos, ampliar bagajes culturales, las bibliotecas han de ingresar a la web 2.0.

Noche de tormenta

Author: Diego Fernando Marín
jueves, marzo 4

Autor: Michèle Lemieux

Lóguez Ediciones

Libro Álbum

Recomendado para: Lectores en marcha.



Las tormentas nos perturban. Ha de ser algún miedo atávico que nos recuerda lo peligrosas que eran para nosotros cuando aún vivíamos de lo que cazábamos o quizás nuestro miedo se deba a que se trata de un fenómeno que no podemos ni predecir ni controlar de algún modo. Una tormenta es la ira de la naturaleza restallando contra el mundo. Una ira que en muchas ocasiones nos cuestiona acerca de nuestro lugar en el universo.

Así sucede en este libro de Michèle Lemieux. Una niña y su perro van a la cama mientras afuera caen rayos y el viento arrecia contra los ventanales haciéndolos estremecer. Asistimos como espectadores a las diversas etapas del fenómeno climático, desde su inicio hasta su desvanecimiento, y como esta se refleja en las diversas preguntas que surgen en la cabeza de la niña.

“Noche de tormenta” inicia como una llovizna de cuestionamientos: ¿Dónde finaliza el infinito?, ¿habrá vida en otros planetas? Más a medida que la tormenta gana fuerza, las reflexiones de la protagonista, una niña sóla en su cuarto, acompañada tan sólo por su perro Fido, también son más acuciantes: Tengo miedo de la guerra, tengo miedo de los ladrones, de las bestias salvajes, de los monstruos y los ogros… Cuando la tormenta al fin pierde fuerza y se desvanece al llegar el día, sentimos esperanza y las reflexiones son menos sombrías.

En el libro tanto texto como ilustraciones parecen ser sencillas pero al sumarse nos brindan este precioso volumen que permite a mediadores y lectores en formación cuestionarse ante todo eso que normalmente damos por sentado.

El arte de preguntar (III)

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, marzo 3
Todo libro es falible. Algunos nos alcanzan en virtud de la edad en tanto otros nos son inaccesibles para siempre. Lo que un día leímos con entrega y devoción puede resultar despreciable hoy. La valoración que tenemos de una obra no siempre coincide con la del mundo cultural.

Para Harold Bloom la obra conjunta de Stephen King es pueril y deleznable. Para sus millones de fans en el mundo King es el no va más de la literatura. Bloom ataca los libros de King en términos de efectismo, la misma razón por la que sus seguidores lo adoran. Las razones de Bloom tienen que ver con esquemas, construcción de personajes, representaciones de mundo y valoración estética entre otras. Las razones de los fans se apoyan en las coincidencias que se encuentran entre los mundos de King y el nuestro. Los libros del célebre autor de terror son increíblemente actuales.

Las preguntas de Bloom y las preguntas de quienes leen a King son fundamentalmente diferentes. En ello no tiene que ver sólo la formación académica sino también los hábitos lectores.

El lector promedio de Harry Potter suele ser un fanático ciego a quien la palabra de su autora resulta una revelación. El conjunto de los siete volúmenes de Potter es perfecto e inatacable. Un lector crítico, un lector más minucioso, puede observar las irregularidades estilísticas de la saga del joven mago sin perder necesariamente su empatía con el joven mago.

Leer no significa seguir unas palabras. No significa tan sólo preguntarnos por su valor dentro del mundo representacional al que pertenece (técnico, especializado, informativo, narrativo, lírico, dramático, etc.) sino cuestionar la obra a cada paso que da, preguntarse y poder referir las razones de su funcionamiento.

El mediador de lectura en este nivel va más allá de la verificación de unos datos o de acompañar al lector en formación a realizar sus cuestionamientos sobre la arquitectura del texto para centrarse en sus capacidades argumentativas. Dentro de una lectura crítica la argumentación debe ir más allá del discurso de complicidad y empatía con el texto para adentrarse –o más bien para alejarse – en sus cualidades éticas, estéticas, argumentativas, narrativas, diégeticas, etc.

Así no se busca una correspondencia entre pregunta y dato sino que la valoración descansa sobre los argumentos que desarrolla el lector en formación.

Un niño de 4, 5, 6 años de edad puede ya dar argumentos a favor en contra de un libro. Para rápidamente de un simple me gusta a observar los colores, las relaciones entre los personajes, el autor y la complejidad de la historia que le narran. La lectura crítica también es la base por la que muchos adolescentes y jóvenes dejan a un lado determinadas obras cuando su argumento no les convence por fácil o por alejarse del mundo en que ellos viven.

El arte de preguntar (II)

Author: Diego Fernando Marín
martes, marzo 2
Cabe anotar que lo expuesto con anterioridad tiene ciertas limitaciones. La más importante de ellas es que no presentamos las mismas habilidades lectoras para los todos los tipos textuales. Mi habilidad no es necesariamente la misma al enfrentarme a una novela que a un libro especializado. O viceversa. Para un ingeniero electrónico descifrar una novela es un trabajo largo y penoso. Nuestras habilidades dependen de nuestros hábitos lectores. Se puede ser un lector crítico ante la poesía y ser un lector literal ante una obra que se consagre a los últimos descubrimientos de la física cuántica.

Por eso es tan importante la forma en que nos enfrentamos al texto, la forma en que lo cuestionamos.

La mayor parte de los mediadores de lectura se consagran a los datos. Fechas, horas, espacios, protagonistas. Es la forma más común de preguntar y no apunta tanto a la comprensión como a la capacidad de recuperar información. Esto no hace que la lectura literal sea exactamente deleznable. Debemos estar en la capacidad de saber que el personaje principal de “La Torre Oscura” es Rolando de Galaad y no el Topo Gigio. La dificultad estriba en que el mediador se acostumbra a que debe haber una correspondencia exacta entre pregunta y respuesta. Correspondencia que no sólo se aplica, en últimas, al texto sino al conocimiento en sí mismo.

Esto es evidente en la escuela. El docente pregunta y no espera una interpretación del texto por parte del alumno sino que el alumno conteste lo que el docente considera que es correcto. Según Alberto Rodríguez a esto se le llama avaluación(1).

La responsabilidad empero no es sólo del docentes es un vicio que se ha tomado las formas de producción del pensamiento y que busca una correspondencia exacta entre el texto y el mundo cuando se trata tan sólo del primer peldaño en el mundo de la lectura.

La segunda forma de preguntar apunta a la estructura íntima del texto, a la magia de su funcionamiento y parece estar sólo reservada a los niños de preescolar y a las novelas de detectives. Se refiere a nuestra capacidad de anticipación, de relación de información dentro del mismo texto y con otros tipos de lectura. Por ejemplo, para poder disfrutar de “Caperucita Roja y el lobo” de Roald Dahl he de conocer la historia arquetípica de la caperucita –bien haya sido perpetrada por los Grimm o por Perrault-. Sin punto de comparación no hay posibilidad cabal de captar el sentido paródico de esa niña superficial, gomela y salvaje que en que Dahl convierte al personaje.

Este tipo de preguntas apuntan también al qué va a pasar, al qué sucedería si determinado personaje o situación pueden ser modificadas. Qué pasaría si la bruja fuera Blancanieves y no la madrastra.

(1) Rodríguez, A; Osorio, M. Lectura y entendimiento. Editorial Schoeffer & Fust. Cali, 1996.

El arte de preguntar (I)

Author: Diego Fernando Marín
lunes, marzo 1

Leer puede ser muchas cosas. Un acto de decodificación, una interacción entre el texto y el lenguaje o una transacción entre el lector y el texto (Quintana, H.E.;? (1)), esto dependerá de la posición teórica que tomemos. Esta decisión también afectara las actividades que realizamos antes, durante y después de la lectura.

La posición más arraigada aún en nuestra cultura rara vez dialoga con el lector y pretende reducir la lectura a una transferencia de conocimientos fácilmente comprobable a través de un cuestionario que convierte al texto en una serie de nombres, lugares y fechas. Lo que importa en este caso no es lo que interprete el lector sino unos cuantos datos. Conforme aumenta la edad del lector disminuye el diálogo que se tiene con él, ya que una vez dominado el código la interpretación ha de ser la misma.

Con el transcurso del tiempo sin embargo, la posición ha mudado poco a poco y se toma en cuenta los intereses del lector a la hora de elegir un texto. Sin embrago una vez leído la forma de explorar en él sigue siendo la misma: fechas, lugares, nombres, las motivaciones de unas cuantas acciones.

Se lee para vomitarlo todo después en un examen, diría Zuleta, y darle la bienvenida al olvido. Desde este punto de vista ni siquiera se lee para sí mismo, se lee para otro, se lee para dar cuenta, se lee para un informe. No hay lugar para el disfrute ni para el placer, tampoco para la inferencia ni la anticipación ni la intertextualidad ni la crítica. El texto es una unidad monolítica que traduce lo mismo para el habitante del imperio egipcio que para el arrojado explorador marciano. El mismo por toda la eternidad.

La lectura literal es tan sólo el primer nivel de lectura posible, de hecho es el más básico. Es aquel que se detiene en la exploración de la información puntual. A continuación nos encontramos con la lectura inferencial y/o intertextual, aquella que pone el conocimiento precio del lector en relación con otro tipo de textos, sean o no alfabéticos, así mismo permite establecer inferencias sobre las intencionalidades de los personajes, las situaciones y el autor, entre otros elementos disponibles en la lectura. Un niño de cinco años establece ya inferencias sobre el texto.

El tercer nivel de lectura sería el crítico. Aquí se pretende que el lector tenga una visión crítica de la obra, que no trague entero, que pueda alejarse o acercarse a ella, que la observe desde la distancia y la pueda descomponer tanto en lo argumental como afectivamente. Hay novelas que se odian por mal escritas hay otras que se odian por las posiciones políticas asumidas por el autor, están las que se aman en un momento determinado y luego se olvidan.

El papel del mediador de lectura es presentar el texto ante el lector en formación y luego acompañarlo en su labor de preguntar.
(1) Quintana, H.E. en http://www.psicopedagogia.com/articulos/?articulo=394 revisado el 8 de febrero de 2008.