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Lectura vs. Práctica Letrada.

Author: Diego Fernando Marín
lunes, mayo 4

Liliana Moreno es la directora de la Fundación Letra Viva de Bogotá, es quien se ha puesto en la tarea de realizar un encuentro anua de promotores de lectura y a través de una red social (ver vínculo en el menú a mano derecha) ha querido lograr que los promotores de lectura de las diferentes partes del país se conozcan e intercambien sus opiniones. Fue a Liliana a quien le escuche una curiosa reflexión, que sin embargo no tiene nada de curiosa y es estrictamente válida. Decía Liliana, Será que en Colombia, al igual que en otros países (pongamos España) lo que importa es el número de libros leídos al año en lugar de las practicas letradas, que son con mucho más importantes cuando se habla de creación de sentido. Me disculpo con Liliana si no fue eso exactamente lo que dijo, pero es, verbigracia, más o menos lo que recuerdo.

Durante los últimos seis años Colombia ha tenido avances interesantes en materia de uso de libros por persona. Se dice que ya llegamos a los dos libros por años por habitante (al menos se lee dos veces al años) en la población adulta, en tanto los niños (población hasta los once años de edad) están leyendo al menos un libro a la semana. Según la Cámara Colombiana del Libro y las entidades estatales esto asegura que la lectura está en franca mejoría en comparación con otros tiempos. Significa que se consumirán más libros en Colombia y que el mercado editorial sufrirá una gran mejora en sus ingresos. Pero la gente no sólo lee y escribe libros.

Creo que el concepto de práctica letrada se le debe a Daniel Cassany (puedo equivocarme por supuesto) y se refiere a todas aquellas prácticas relacionadas con la lectura y la escritura, lectura y escritura, debe entenderse, llenas de sentido. Este enfoque parte desde el paradigma socio cultural y propone un sentido de la lectura y la escritura que va más allá del consumo editorial. Según este concepto, leer correos electrónicos es algo tan válido como leer una novela siempre y cuando esto tenga un sentido. Es tan válido el grafitti como el cuento de Edgard Allan Poe. Por supuesto, visto así, de manera tan ligera en el momento podría llevar al rechazo, así que sugiero al amable lector interesado en el tema que no me crea y que lea directamente a Cassany.

Lo interesante de este concepto es que valida las prácticas de la gente común ante el lector de Shakespeare.

A finales de la semana pasada me encontré con un hecho interesante (que junto con las palabras de Liliana dispararon esta reflexión) y es que al estar junto a un grupo de docentes en formación les pregunté sobre sus hábitos de lectura y hallé, lo que parecía lógico que tan sólo dos o tres leían un libro al menos cada dos meses. Sin embargo al indagar más, se trataba de estudiantes universitarios que al menos copias deben leer, también hallé que para ellos libros era sólo aquel material textual con tapas y lomo, que superaba un número simbólico de páginas y que no fuera infantil. De hecho después de media hora de discusión una docente sacó entre avergonzada y divertida “Choco encuentra una mamá” de Keiko Kasza. Esta docente consume un promedio de un libro infantil semanal que comparte con sus alumnos. Sin embargo no tienen esto en cuenta como lectura porque se trata de literatura infantil. Así mismo hay quienes leen a Paulo Coehlo u Og Mandino y no lo cuentan como lectura porque nos hemos encargado de arrebatarles el valor social que pueda tener la lectura de esos libros.

Personalmente puedo decir que mis hábitos lectores superan con mucho los 84-90 libros por año. Por supuesto no tengo en cuenta sólo los libros de literatura “adulta” que leo sino también los libros técnicos y la literatura “infantil” que consumo. Sería más si hubiese alguna forma de incluir los blogs que sigo, las decenas de correos electrónicos que me llegan semanalmente (incluidas listas de intercambio de libros digitales), las revistas que leo (recordemos que Vanidades hacía gala de llevar a sus lectores una novela de Corín Tellado por entregas), las historietas, electrónicas o impresas, que  devoró con fruición en cuento me cabe la oportunidad.

En el campo de la promoción de lectura esto implica dar un salto conceptual desde un  psicolingüístico a uno sociocultural, con todo lo que ello implica. Significa compartir no sólo libros sino otros materiales de lectura tanto impresos como electrónicos como murales (o de otro tipo. Keats ya se había adelantado al concepto cuando escribió su propio epitafio: Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua), entre otros. Significa que escribir no sólo se refiere al papel sino también a la participación en comunidades virtuales bien sea en Internet o con mensajes de texto entre otras posibilidades.

Lo que importa no es un número de páginas recorridos sino la capacidad que se tenga para adentrarse en verdad en un texto sin importar su formato.