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Los libros no son para bebés

Author: Diego Fernando Marín
lunes, febrero 9
El libro se llama “El Nacimiento”, es publicado por editorial La Galera y sus responsables son Pascale de Bourgoing y Nadine Hahn (aunque cosa curiosa, la portada reza eso, sin embargo en la hoja de presentación interior aparece como el posible ilustrador Eric Gasté, y de Nadine no se dice ni pío). El libro pertenece a la colección A través de la ventana y es recomendado para niños a partir de los dos años. A partir de los dos años. Esto es importante.
La idea de la colección es bonita. Las páginas están atravesadas por una lámina de acetato en la que se transporta un elemento entre las páginas enfrentadas. Por ejemplo, una bañera que está en un lado, se traslada al otro para que la mamá bañe al niño. En resumen parece tratarse de uno de esos libros irrisorios que aparecen en la historia de la literatura infantil, hasta que se llega a la última página.
“El nacimiento” relata todos los sucesos que traen consigo la llegada de un segundo hijo a la familia de los osos. La atención se centra en el bebé y trae consigo el apartamiento del hermano mayor, Martín. Cuando al fin la madre tiene tiempo para Martín, leemos la frase: “Mamá cuenta un cuento a Martín, ¡los cuentos no son para bebés!”
Todavía me pregunto, a quién en su sano juicio se le ocurrió la brillante idea de publicar un libro con esa idea digna del Medioevo. Si precisamente lo que se busca en este momento es que se les lea a los niños desde antes del nacimiento. Sin embargo, la idea va más allá, busca proseguir con esa tradición diabólica que pretende que sólo a determinadas edades se puede tomar cierto tipo de libros. Si proseguimos con al idea de “¡El nacimiento!”, a los dos años se leen cuentos para los niños (seguramente antes no se les lee porque se consideran que no entienden y ya), sólo a los dieciocho se podrán tomar libros como “los diarios” de Anais Nin o “Sexus” de Herman Miller o “La puta de Babilonia” de Vallejo. Claro, hay que tener cierta edad para leer ciertos libros. La consigna del libro, es la misma consigna de los educadores del Siglo XIX que perduraría hasta mediados del Siglo XX, la idea de que hay libros buenos y malos, la idea de perpetuar estructuras morales a través de los libros, la idea de que la única función de los libros es instruir.