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El adulto y la promoción de lectura

Author: Diego Fernando Marín
viernes, enero 30
Me resulta paradójico encontrar que los esfuerzos visibles en promoción de lectura se encaminen a los niños y jóvenes en etapa escolar. Las propuestas para estas edades son más variadas, más atractivas, más ingeniosas y, con mucho, más interesantes.
Parece que nos hubiéramos rendido con los adultos. Parece que los adultos poco valieran la pena o que se hiciera demasiado caso del adagio popular, árbol que nace torcido nunca su tronco endereza.
Las gestiones en promoción de lectura deberían involucrar invariablemente a los adultos en su totalidad, porque eso significaría involucrar a la sociedad entera. Son los adultos quienes escriben los guiones de cine, son los adultos quienes escriben los libretos para telenovelas, son los adultos quienes hacen los videos musicales, son los adultos quienes dirigen los colegios y universidades, quienes hacen la publicidad, quienes controlan las empresas, quienes manejan el país. Es urgente que los adultos lean, sin importar su edad ni su posición social. Es urgente por la sencilla razón que quien tiene una pasión busca compartirla, la involucra en su quehacer diario, opina y se manifiesta sobre ella.
En Colombia es visible que los adultos leen poco porque en nuestra vida cotidiana vemos poca lectura. En nuestras películas, series y telenovelas es poco común encontrar escenas en librerías o bibliotecas, es poco común encontrar un personaje leyendo en algún momento algo que no sean informes o estadísticas. Es poco común encontrar adultos leyendo en las calles, en los parques o en los transportes públicos.
Dice Orson Scott Card que las historias crean comunidades de personas con recuerdos compartidos. Nos quejamos sobre las brechas generacionales cuando no nos hemos esforzado en encontrar historias, más allá de nuestra barbarie cotidiana, que nos involucren a todos.
Si nos fijamos en los hogares que han compartido los fenómenos editoriales de Harry Potter, “Crepúsculo” o tan siquiera Paulo Coehlo, encontramos hogares donde los canales de comunicación están abiertos porque hay historias compartidas. Me corrijo, historias significativas compartidas. Historias que se salen del estereotipo, de lo masificado, historias donde se encuentran elementos que tocan trasfondos esenciales en las personas.
Si necesitamos que los niños y jóvenes lean, también necesitamos interlocutores validos para esas lecturas y esos interlocutores validos deberían ser los adultos.
No nos quejemos entonces de brechas generacionales y de falta de comunicación cuando no estamos compartiendo historias que nos envuelven a todos.

Pequeño teatro de la crueldad.

Author: Diego Fernando Marín
jueves, enero 29

Entre Isabel, Andor y yo, hemos dado en armar un paquete de libros que llamamos en broma nuestro pequeño teatro de la crueldad. Son libros que hemos elegido porque no siempre tienen un final feliz o porque sus propósitos no son didácticos, pero sobre todo porque se animan a hablar sobre la tristeza, las limitaciones, los límites reales de los niños, es decir hablan de ese lado oscuro de la vida que muchas veces se les niegan a los niños.
Hace algunos días Andor me pasó un libro de Javier Marías en donde había subrayado el siguiente pasaje:
“No sé yo ahora, hay esa tendencia a encerrar a los niños en una burbuja de felicidad entontencedora y sosiego falso, a no ponerlos en contacto ni siquiera con lo inquietante, y a evitar que conozcan el miedo y hasta que sepan de su existencia creo que circulan por ahí, que hay quienes les dan a leer versiones censuradas, amañadas o edulcoradas de los cuentos clásicos de Grimm y de Perrault y Andersen, desprovistas de lo tenebroso y cruel, de lo amenazador y siniestro , a lo mejor hasta de los disgustos y de los engaños. Una estupidez descomunal desde mi punto de vista. Padres ñoños. Educadores irresponsables. Yo eso lo consideraría un delito, por desamparo y por omisión de ayuda. Porque a los niños los protege mucho percibir el miedo ajeno, y así concebirlo con serenidad, desde su seguridad de fondo; experimentarlo vicariamente, a través de otros, sobre todo por personajes de ficción interpuestos, como un contagio de corta duración. Y además sólo de prestado, y no tanto como fingido. Imaginarse algo es empezar a resistirlo y eso es también aplicable a lo ya sucedido: uno resiste mejor las desgracias si después logra imaginarlas, después de haberlas sufrido. Y claro, el recurso más común de la genta es relatarlas.”
Este párrafo de Marías resume muy bien el espíritu de nuestra pequeña selección de libros. El pequeño teatro de la crueldad no protege al niño sino que lo expone a esos temas que hacen o harán parte de su vida.
Uno de esos libros es Juul (realmente con él empezó todo) del que ya he hablado anteriormente. Otro es “El libro Triste” de Michael Rosen; un libro-álbum precioso donde un hombre da rienda suelta a las razones de su tristeza y porque no la considera algo malo. Por supuesto “Jesús Betz”, la historia de un hombre tronco a principios del siglo XX tenía que estar incluido, al igual que “Cuentos en verso para niños perversos” de Roald Dahl, donde el autor presenta la menos edulcorada de las versiones de los cuentos de hadas tradicionales. Así mismo hace parte “La melancólica muerte de Chico Ostra”, magnífico libro de Tim Burton aunque terriblemente traducido.
Hay un libro electrónico que merece aquí especial consideración, “13 muertes de Bubba”, la obra en verso e ilustración de un historietista mexicano cuyo nombre se me escapa y que también e puede conseguir en la red para descarga directa. Este tomo hace una reflexión sobre la muerte en trece magníficas viñetas acompañadas de unos versos preciosos y profundos.
Y como olvidar esa magnífica colección que Isabel descubrió extasiado y de la cual no hemos podido conseguir sino nueve de sus trece tomos, “Una serie de catastróficas desdichas”. En ella los hermanos Baudelaire se enfrentan a desgracia tras desgracia sin que parezca que alguna vez algo saldrá bien. Un libro increíblemente bien narrado y que subvierte gran parte de la tradición de la literatura infantil y juvenil.
No me detengo en libros como “El oso que no lo era”, “estaba oscuro y sospechosamente tranquilo”, "La isla" y “ahora no Bernardo”, entre otros, por falta de espacio y porque en el futuro tendremos que detenernos sobre ellos.
Constantemente vagamos por librerías y bibliotecas buscando nuevos temas, nuevos libros que nos hablen de esos temas catastróficos, fuertes, impresionantes y que estén bien escritos.
Si conoces alguno, amable lector, te invito a que nos lo compartas, así podremos ampliar nuestro pequeño teatro de la crueldad.

Juul y el Bullying

Author: Diego Fernando Marín
miércoles, enero 28

Hace poco tiempo vi en televisión una escena dantesca, un grupo de niñas en un colegio contemplaban y animaban a dos de sus compañeras que, literalmente, estaban arrancándose los cabellos mientras rodaban por las paredes de un baño y las decoraban con su sangre.
La escena que parece sacada de un libro de Stephen King (de “Carrie”, por ejemplo) pertenece sin embargo a una realidad cada vez más cotidiana, la del bullyng, que en Colombia ha venido tomando fuerza en los últimos años.
El Bullyng puede ser definido en palabras cotidianas como “matoneo”, es decir toda aquella actividad o acción, encaminada a disminuir, desprestigiar y reducir a un compañero o grupo social en la sociedad escolar. Y con toda actividad me refiero no sólo a acciones físicas sino también psicológicas.
Los nacidos en las épocas de los 70`s y 80`s aprendieron mucho de bullyng en los enlatados gringos donde la figura del “matón” escolar era familiar. De hecho es una figura cotidiana para millones de estudiantes norteamericanos que han crecido en medio de ellos sobreponiéndose cuando no siendo aplastados por completo.
En nuestra sociedad el bullyng llega por diversos motivos y se le trata como un fenómeno nuevo y desconcertante. No tiene nada de desconcertante si lo vemos como una característica adicional de esa colonización cultural a la que nos hemos venido sometiendo desde hace tantos años. Una colonización cultural que se ha acogido de manera permisiva junto con la adopción del inglés como lengua alterna (Ojo, no como segunda lengua sino como lengua que acompaña el desarrollo desde la más temprana infancia del niño).
Un libro que habla con valentía del bullyng y sus efectos es Juul. Creado por Gregie de Meyer y Koen Van Mechelen, relata como un niño ante las críticas y burlas de sus compañeros se va despedazando sin piedad hasta quedar reducido sólo a la cabeza. Los autores hicieron este libro cuando conocieron la noticia de un niño europeo que se suicidó lanzándose desde lo alto de un edificio por las críticas, burlas y hostigamiento constante de sus compañeros.
Juul no tiene compasión con el protagonista pero tampoco con quienes lo hostigan, no permite que ninguno de los responsables por acción y omisión deje de cuestionarse abiertamente.
He leído en voz alta Juul ante niños desde hace muchos años con muy buenos resultados. Primero siempre hay un coro de risas que luego se convierten en una mirada crítica sobre sus propias acciones, en las que se reconocen como víctimas y victimarios. Curiosamente quienes más rechazan a Juul no son los niños sino los padres quienes en muchas ocasiones pretenden mostrar libros que sólo hablen de lo bonito de la infancia y no de lo oscuro que pueda tener.
En nuestra época Juul se convierte en un libro indispensable para el trabajo con los niños, ya sea desde su sensibilización ante la consecuencia de sus actos, ya como una herramienta que nos permite reconocernos a todos como protagonistas de esas páginas.